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jueves, 11 de julio de 2013

¡Hasta siempre!, Bernie Dwryer



 
Ayer, cuando la noche aparecía con timidez en La Habana, dejó de existir mi entrañable amiga Bernie Dwyer, destacada luchadora por la libertad de nuestros Cinco Héroes, entrañable solidaria con Cuba y periodista llena de compromisos y consecuencias. Batalló en silencio como una heroína y no tuve tiempo de decirle: ¡Hasta siempre!


La recuerdo, siempre ofreciéndome una sonrisa al encontrarnos e impregnándome de su terco optimismo y amor a la vida.

La recuerdo, como la fundadora -como ella jocósamente me decía-, del Club de mis ¨Fans¨, integrado también por otras bellas e inolvidables amigas que me han sido arrebatadas por la muerte.

Yo, amenazado también por la enfermedad y por un traicionero cuerpo cansado, al que empujo y convenzo a diario para que no se rinda, no puedo llorar a la amiga querida que se me fue. La llevaré en el corazón mientras quede en mí un hálito de vida y sea consciente de que nunca me rendiré ni al cansancio  ni a tanta injusta muerte que me golpea. Llevaré, simplemente, su sonrisa como brújula.

Escribo esta nota con letras rojas, eludiendo el negro luctuoso de una letra que rehuye a mostrar su nombre y mi dolor, vencidos ante la tristeza. Escribo en rojo, como la sangre, como las banderas que levantamos más de una vez en nuestras vidas.

Percy Francisco Alvarado Godoy 
 

 

martes, 30 de abril de 2013

La muerte de Chávez y las guerras silenciosas (I)


BarrieTrower
Barrie Trower fue agente de inteligencia inglés
Los dispositivos para el rastreo de personas, la manipulación remota del comportamiento y la inducción de enfermedades son tecnologías con medio siglo de desarrollo científico. Tienen patentes registradas, permisos legales y proveedores oficiales. ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de la historia?

 “La tecnología pondrá a disposición de los líderes de las principales naciones una amplia gama de técnicas para llevar a cabo guerras secretas, para las cuales se necesitará de apenas un mínimo de fuerzas de seguridad en el campo”.
Zbigniew Brzezinski, “Entre dos edades: el rol de los Estados Unidos en la era tecnotrónica”. 1970

Por Claudio Fabian Guevara
Por estos días me gustaría hablar con Barrie Trower sobre sus temas favoritos. Le preguntaría qué avances se han logrado en los últimos años en la guerra de las microondas y su arsenal de armas encubiertas, que las potencias desarrollan desde hace décadas para objetivos tan variados como dispersar manifestantes, abatir moralmente a disidentes o inducir cáncer y otras enfermedades. Le preguntaría cómo cree que fue atacado Hugo Chávez, si sospecha que también Fidel fue víctima de esta brutal ingeniería para la muerte, y cuán seguros pueden estar otros líderes del mundo.
Muchas voces descalificaron como “no científica” la posibilidad de “inoculación” de un cáncer en el fallecido presidente Chávez, tal cual sugirió el vice Maduro horas antes del deceso del líder venezolano. “Inocular” no parece la palabra apropiada en este caso. Pero descartar como “no científica” la posibilidad de un sofisticado ataque para “inducir” una enfermedad mortal en un líder político de la talla de Chávez, ignora décadas de experimentos y estudios científicos del más alto nivel que han establecido protocolos y tecnologías para lograr estos objetivos. Y otros, igual de horrendos: inducir al suicidio, provocar depresión, trastornos mentales o cambios en la personalidad. En la literatura especializada se denominan “armas psicotrónicas". En el hipócrita lenguaje de los documentos oficiales, “armas no letales".
Entre otros, Barrie Trower habla de estas cosas. Es un personaje poco conocido, y no es fácil explicar quién es. Trabajó como agente británico diez años, en el área de “microwave warfare”, interrogando espías extranjeros atrapados in fraganti en la tarea de irradiar targets enemigos. Hoy en día, en sus entrevistas y ponencias en diferentes partes del mundo, habla sobre el devastador efecto de las tecnologías inalámbricas en las personas, que se basan en microondas. Precisamente, llegué a su testimonio estudiando la influencia de los campos electromagnéticos en la salud, para una investigación de la Universidad Veracruzana de México.
Trower también explica que las potencias trabajan desde hace más de medio siglo en el desarrollo de armas encubiertas con variados fines. Esta tecnologías abarcan, por ejemplo, la escalofriante “skull voice”, que proyectada sobre la víctima, le hace escuchar voces dentro de su cráneo. Sirve para telecomandar a un asesino, o para aterrorizar a un enemigo, entre otras “aplicaciones útiles”. También hay dispositivos de rastreo de personas, lectura del pensamiento, manipulación remota del comportamiento y las emociones, y por supuesto, inducción de enfermedades mortales en víctimas escogidas.
No se trata de ciencia ficción, ni de “teorías de la conspiración”. Son hechos plasmados en documentos oficiales. Hay patentes registradas, referencias legales y proveedores oficiales de los Estados que incluyen las “armas no letales” entre su oferta.
Hasta donde sabemos, estas tecnologías aparecieron casi por casualidad en la Segunda Guerra Mundial. Una de las primeras pistas para el inicio de la investigación con fines bélicos la proporcionó Allan Frey en 1962, que reportó el “efecto auditivo” que producían las microondas y los radares entre personal militar que circulaba cerca de las torres de transmisión.
Media siglo después, sabemos de programas de investigación militar, ensayos prácticos y fundamentos teóricos que condujeron al desarrollo de “armas no letales”, basadas en frecuencias, ultrasonidos y microondas, que no dejan rastros en sus víctimas.
Aquello que se conoce públicamente data de décadas atrás. No sabemos qué tecnologías pueden constituir el “state of the art" de la guerra encubierta en 2013. Sólo tenemos algunas pistas, y no son nada tranquilizadoras.
Las tecnologías de hace 40 años, diseñadas para ser aplicadas a cualquier organismo en general, y por lo tanto, de éxito dispar, hoy pueden ser personalizadas a partir del ADN de la víctima para que su efectividad sea fulminante.
Por lo tanto, la pregunta no es si esto puede suceder o no. La pregunta es, ¿Cómo lo hacen? ¿Hasta donde han llegado? ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de los acontecimientos históricos?

El valor estratégico de la invisibilidad
Para el ciudadano común es doloroso admitir la posibilidad de que nuestros Estados, a los que identificamos de alguna manera con nuestros padres, puedan estar implicados en crímenes tan monstruosos. Pero si nos desapegamos de esta postura ingenua, y estudiamos en detalle el caso, veremos que la voluntad política de eliminar el disenso, incluso por vías violentas, es indisimulado, sobre todo en las facciones más extremistas de la elite gobernante.
Una estadística simple nos permitirá observar que hasta los 70, las personas socialmente influyentes o peligrosas para el status quo tenían una alta posibilidad de morir violentamente en un atentado o en un “accidente”. Pero a partir de entonces, los agentes del cambio social son muchísimo más propensos a morir como consecuencia de enfermedades misteriosas, muertes súbitas, posibles envenenamientos imposibles de rastrear, y sobre todo, cáncer. “Es como si tener tendencias izquierdistas fuera peligroso para la salud de una persona", arriesga Charles Kong Soo, que enumera un listado elocuente de muertes de este tipo en los últimos 20 años.[1]
Cuando Chávez en vida arriesgó la posibilidad de que hubiera un sabotaje contra los presidentes latinoamericanos, se daba la curiosa coincidencia de que padecían cáncer el ex presidente argentino Néstor Kirchner (cáncer de colon), la presidente Dilma Rousseff de Brasil (cáncer de linfoma), su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (cáncer de garganta), el propio Chávez (no revelado), el ex presidente cubano Fidel Castro (cáncer de estómago), el presidente boliviano Evo Morales (cáncer nasal) y el presidente de Paraguay, Fernando Lugo (cáncer de linfoma). Posteriormente también sufrió un tumor Cristina Fernández, esposa de Kirchner y su sucesora. No eran todos peligrosos revolucionarios antiimperialistas, pero tenían algo en común: formaban un bloque compacto con acuerdos comunes frente a la prepotencia del Norte. El balance tres años después: Chavez fue devorado por la enfermedad, Kirchner falleció repentina y misteriosamente, Fidel sigue debilitado y Lugo fue derrocado.
Habitualmente, incluso personas de alto discenimiento se encogen de hombros, escépticos, ante la insinuación de que estas cadenas de acontecimientos, y otras realidades sugestivas, puedan responder a un diseño. “Si ciertas potencias gozan de este poderío, por qué no lo usan para eliminar definitivamente a todos sus enemigos”?, se pregunta.
La respuesta es obvia. La guerra encubierta es un concepto sólo aplicable para inducir ciertos acontecimientos en silenciosa reserva, mostrar un poderío disuasivo, condicionar y persuadir secretamente a ciertos enemigos. Tan pronto como un arma encubierta se utiliza abusivamente para provocar cambios violentos que son advertidos por el grueso de la población, es puesta en evidencia y deja de serlo, perdiendo su principal valor estratégico: la invisibilidad.

Nuestro ser bioeléctrico
La base científica de las armas psicotrónicas reside en la dimensión bioeléctrica de nuestra vida. La tierra, nuestro ambiente natural, es una enorme caja de resonancias, y nuestros cerebros están “sintonizados” en su frecuencia. Nuestras células se comunican entre sí mediante señales de radio. El DNA, como muestra la investigación del ruso Piotr Garvagej, es una antena que dialoga con su entorno mediante señales y sonidos. Biólogos y físicos coinciden: radiofrecuencias y campos magnéticos tienen una influencia decisiva en los sistemas vivientes.[2] Por eso la medicina de frecuencias ya desarrolla métodos de curación de una extensa gama de enfermedades basado en campos pulsátiles de baja frecuencia.[3]
Así como hay campos electromagnéticos curativos, hay campos patógenos, hoy conocidos como contaminación electromagnética. Y también existen frecuencias diseñadas intencionalmente paa provocar ciertos daños o efectos. Pequeñas dosis de energía electromagnética provocan cambios en las emociones, en el funcionamiento del cerebro y la salud general de las personas.[4] Estas ondas son direccionables a distancia, invisibles e indetectables, lo cual las convierten en la materia prima ideal de la nueva guerra fría.
Hace muchas décadas que las potencias desarrollan programas orientadas a desarrollar este tipo de armamento con fines de espionaje, defensa nacional o seguridad interior. Esto no es novedad para nadie que realmente estudie el tema.
Los primeros emergentes datan de 1965, cuando el doctor David Krech de la Universidad de Berkeley, EE.UU., habló en el New York Times de la posibilidad de controlar la mente con fines militares. Años después, Paul Tyler, médico responsable de la investigación de la Marina norteamericana de los efectos de las radiaciones sobre los seres humanos, reconocería en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial que “se pueden alcanzar efectos biológicos precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas”.
Elizabeth Rauscher, física nuclear del Laboratorio de Investigación Tecnológica de San Leandro (EE.UU), fue más allá, y halló frecuencias específicas que permiten desarrollar desde náuseas hasta estados de euforia, lo cual la llevó a alardear: “Si me dieran los fondos suficientes, podria modificar el comportamiento del 80 por ciento de los habitantes de una ciudad sin que lo sepan. Los podria hacer más felices o más agresivos”.
Richard Cesaro, director del Proyecto Pandora, admitió la posibilidad de “controlar el comportamiento humano mediante microondas de baja intensidad”. Y dentro de su proyecto trabajó el español José Manuel Rodriguez Delgado, de la Universidad de Yale, famoso por la invención del Estimociver, un aparato que permite la estimulación del cerebro por control remoto. Rodríguez Delgado demostró que es posible influir en el comportamiento autónomo, somático y motor, modificar manifestaciones psicológicas como la ansiedad o la agresividad, o producir una variedad de efectos, entre ellos agradables sensaciones, alegría, concentración, sentimientos extraños, relax, visiones de color y otras respuestas. “La energía para activar el cerebro del transmisor se transmite por medio de radiofrecuencias", decía Delgado"[5]. Fue uno de los científicos más activos del denominado "Proyecto Pandora", que consistía en modular voces y sonidos en la cabeza de los soldados, por medio de campos electromagnéticos.
Hay más, mucho más. El neurocientífico Michael Persinger investigó los efectos de las radiaciones electomagnéticas para un programa de armas del Pentágono. Persinger, en un estudio publicado en 1985, habló sobre la posibilidad de crear experiencias sensoriales, es decir, engañar a la mente, mediante el uso de ondas electromagnéticas. Persinger sostiene que cualquier estado mental puede ser creado por una fuente exterior. Y que los medios operativos para conseguir ya están disponibles a nivel global, porque los niveles de potencia necesarios son similares a los sistemas de radio y telecomunicaciones.[6]
Los párrafos precedentes sólo son una introducción sumaria. El canadiense John McMurtry recopila cerca de 200 referencias técnicas, legales y bibliográficas sobre el tema, además de precisas descripciones sobre las bases de funcionamiento de distintas tecnologías, en un breve artículo titulado “Evidencias de técnicas de influencia remota sobre el comportamiento” [7]
No se trata de experimentos o teorías sin aplicaciones prácticas. Como veremos, hay varios capítulos en la historia donde estas armas se aplicaron. Al punto que varias mociones en el Parlamento europeo piden hoy por su regulación y control.



PROXIMOS CAPITULOS
Casos testigo:
El ataque a la embajada norteamericana en Moscu
La dispersión de las pacifistas de Berkshire
Cuando el suicidio inducido es un “éxito"


[1] “Cancer the secret weapon?" February 27, 2012, Charles Kong Soo, The Trinidad & Tobago Guardian. http://guardian.co.tt/lifestyle/2012-02-27/cancer-secret-weapon
[2] “Seres electricos y vibracionales”, Claudio Fabian Guevara, en vibromancia.com: http://www.vibromancia.com/~ti000021/index.php/ipa/introduccion/237-iii-el-misterio-de-lo-intangible50
[3] Muchos investigadores llevan a cabo con éxito tratamientos novedosos en base a campos electromagnéticos y frecuencias:
Valerie Hunt, Dr. Philpot (EEUU), Dra. Graciela Pérez (Argentina), Dr. Zayas (Cuba), Ing. Antonio Gómez Yepez (México)
[4] Para información científica sobre el tema, puede consultarse fuentes al final del artículo.
[5] Fuente: Cannon; Delgado, JMR, "Radio intracerebral Estimulación y grabación gratuita a los pacientes," en Schwitzgebel y Schwitzgebel (eds.))
[6] “Se estan usando ya armas psicotrónicas”? Rafael Palacios, Discov ery Salud, Abril de 2009.
[7] http://www.deepblacklies.co.uk/remote_behavioral_techology.htm.

Tomado de  http://elnuevocronista.com.ar

sábado, 6 de abril de 2013

Confirmando una hipótesis: Chávez fue asesinado por la CIA.



El desarrollo acelerado de las tecnologías vinculadas a la guerra ha tenido un auge acelerado en las últimas décadas, como resultado de cuantiosas sumas de capital dentro de los Complejos Militares Industriales y Centros de Investigación, particularmente en los Estados Unidos. De tal forma, el empleo de armas biológicas a escala global dejó de ser hipotético ultimátum para convertirse en una amenaza real y preocupante.

La Humanidad actual olvida, por ignorancia o a sabiendas, los peligros que ella misma genera mediante la guerra biológica o el bioterrorismo, según quiera identificársele. Empero,  el uso irracional de microorganismos patógenos, toxinas o sustancias dañinas contra la población o personas, con el objetivo de generar enfermedad, muerte, pánico y terror, es un reto actual cada vez más urgente. El peligro se hace mayor cuando esta actividad se desarrolla en las sombras, fuera de la censura pública, por agencias gubernamentales que cuentan con elevados presupuestos, falta de escrúpulos y luz verde por parte de sus gobiernos. La CIA, el Pentágono  y el Mossad son, hoy por hoy, elocuentes ejemplos de ese desprecio de la ética humanista.

Sin embargo, la guerra biológica no es nueva. Data de la antigüedad y desde que algunos hombres miraron a sus congéneres con odios animales y la cordura les cegó el alma, les despobló el corazón de la nobleza y la ética, haciéndolos seres inescrupulosos en la búsqueda de una pronta victoria.

Muchos ejemplos abundan. Como señala Héctor Carmona Casado en el sitio http://matap.dmae.upm.es, la propia conquista del Nuevo Mundo por las naciones europeas fue, de hecho, una forma de guerra biológica, en cuanto diezmó a miles de indígenas con agentes infecciosos como la viruela. Él cita como ejemplo, el siguiente: “gracias a la epidemia de viruela entre los soldados del Imperio Inca, Francisco Pizarro, con sólo pocos soldados, fue capaz de derrotar al ejército de 80 000 soldados de Atahualpa (siglo V).”

Adolf Hitler, durante la Segunda Guerra Mundial, también empleó criminalmente este tipo de armas de destrucción masiva. Relata el citado autor que: “Durante la Segunda Guerra Mundial prisioneros en campos de concentración Nazis fueron expuestos a Ricketsia prowazekii, al virus de la hepatitis A y Plasmodium spp, con el objetivo de crear sulfonamidas y vacunas contra estas infecciones. Sin embargo, no existe evidencia alguna de que estos experimentos fueron llevados a cabo para la creación de armas biológicas por parte del Gobierno de Adolf Hitler.”

No obstante, a pesar del detestable uso de este tipo de arma a lo largo de la historia, han sido los Estados Unidos quienes han hecho un uso más demencial de la misma.

- ¿Hay antecedentes de guerra bioterrorista en América Latina?

Existen muchos antecedentes que pueden mostrar la falta de ética militar de EE UU, no tan solo en la fase de investigación y prueba de las armas biológicas en otras naciones, sino contra sus propios ciudadanos. En mi artículo “Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?¨, expongo varios ejemplos, desde que el Pentágono convirtió a Fort Detrick en su centro para el desarrollo de la investigación de las armas biológicas:

1947- La CIA comenzó a estudiar el Ácido Lisérgico (LSD) para emplearlo como arma biológica contra seres humanos. En 1960, el Equipo Asistente Principal de la Inteligencia del Ejército (ACSI), autorizó el empleo del LSD en Europa y en el Lejano Oriente, para evaluar las reacciones en humanos. Ambos proyectos fueron codificados como Tercera Oportunidad y Sombrero de Hongo, respectivamente.

1953- La CIA inició el Proyecto MK ULTRA, el cual se extendió durante once años de investigación, siendo concebido para producir y probar drogas y microorganismos para controlar la mente y modificar la conducta de los seres humanos, sin el consentimiento de los mismos.

1965- La CIA y del Departamento de Defensa comenzaron el Proyecto MK SEARCH, con el fin de manipular la conducta humana a través del uso de drogas psicodélicas.

1966- La CIA inició el Proyecto MK OFTEN, dirigido a probar los efectos toxicológicos de ciertas drogas en los humanos y los animales.

1966- El Pentágono hizo quebrar varias ampollas con la bacteria Bacillus Subtilis en las rejas de ventilación del metro de Nueva York, exponiendo a más de un millón de civiles de forma deliberada.

1967- La CIA y el Departamento de Defensa implementaron el Proyecto MK NAOMI, sucesor del MK ULTRA, diseñado para mantener, reservar y probar las armas biológicas y químicas.
1970- La División de Operaciones Especiales en el Fuerte Detrick, desarrolló técnicas de biología molecular para producir retrovirus. (VIH).

1970- La CIA y el Pentágono desarrollaron "armas étnicas", diseñadas para eliminar grupos étnicos específicos, susceptibles por sus diferencias genéticas y las variaciones en el ADN.

1977- Audiencias del Senado, en la Comisión Investigación Científica y de Salud, confirmaron la contaminación deliberada por parte del Pentágono y la CIA de 239 poblaciones con agentes biológicos, entre 1949 y 1969, fundamentalmente en San Francisco, Washington, D.C., Centro-Oeste de EE.UU., Ciudad de Panamá, Minneapolis y St. Louis.

1987- El Departamento de Defensa admitió la investigación y el desarrollo de agentes biológicos en 127 laboratorios y universidades alrededor de EE UU.

1990- Aplicación en Los Ángeles a más de 1500 bebes negros e hispanos, de seis meses de edad, de una vacuna "experimental" del sarampión, no autorizada por la CDC.

1994- Se descubrió, mediante una técnica llamada "rastreador de genes", por parte del Dr. Garth Nicolson, científico del Centro del Cáncer MD Anderson de Houston, que los soldados la Tormenta del Desierto fueron infectados con una cadena alterada de Micoplasma Incognitus, una bacteria normalmente utilizada en la producción de armas biológicas, la cual contiene un 40 por ciento de la proteína del virus del SIDA. Luego, en 1996, se admitiría que cerca de 20 000 soldados fueron afectados.

1995- El Gobierno americano admitió que había ofrecido a los criminales de guerra y científicos japoneses sueldos e inmunidad de prosecución a cambio de los datos de sus investigaciones sobre guerra biológica.

1995- El Dr. Garth Nicolson reveló evidencia de que los agentes biológicos usados durante la Guerra del Golfo habían sido manufacturados en Houston, (Texas) y Boca Ratón, (Florida) y probados en prisioneros en el Departamento Correccional de Texas.

1996- El Departamento de Defensa admitió que soldados de la Tormenta de Desierto fueron expuestos a agentes químicos, lo que condujo a que 88 miembros del Congreso firmaran una carta, un año después, exigiendo una investigación sobre el uso de armas biológicas la Guerra del Golfo.

Cuba ha sido la principal víctima del terrorismo y, particularmente de la guerra biológica. La CIA, empleando elementos contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos, para introducir material biológico con agentes fitopatógenos, enfermedades cuadragenarias, insumos químicos o cualquier otro tipo de material que atente contra la vida y la salud de las personas y los recursos naturales como plantas alimenticias.

He aquí un breve recuento de estas atrocidades:

La Operación Mangosta de la CIA había concebido en su tarea número 33, luego del fracaso de Playa Girón, el uso criminal de la guerra biológica contra Cuba, estrenada con la introducción del virus patógeno New Castle.

Años después, en 1978, la CIA introdujo en la Isla la epifitia Roya de la Caña, afectando las áreas cañeras del país.

La CIA también introdujo la Fiebre Porcina Africana, aparecida inicialmente en 1971 y que obligó a sacrificar más de 700 cerdos, y que reapareció entre 1979 y 1980. En el caso del Moho Azul del tabaco, introducido a Cuba dentro de la tela de tapado de los cultivos importados de Estados Unidos, destruyendo más del 85% de las plantaciones de esa planta. La consecuencia fue que Cuba no pudo exportar uno de sus principales reglones.

La acción más condenable de la guerra biológica contra Cuba fue la introducción del virus del Dengue Hemorrágico en 1981, ocasionando la muerte a 158 cubanos, de ellos 61 niños. Ese mismo año, la CIA introdujo el virus de la Conjuntivitis Hemorrágica y, poco después, la Seudodermatosis Nodular Bovina, cuyo agente etiológico fue aislado en el laboratorio de Camp Ferry, en New York.

Cuba también fue agredida con la epifitia exótica Sigatoca Negra, con afectación en la masa ganadera y, en 1994, la CIA introdujo la exótica Hemorragia Viral del conejo. Dos años después, en 1996, nuevamente la Agencia la Varroasis y el Thrips Palmi, afectando a la actividad de obtención de miel de abeja, en el primer caso, y a las producciones de frijol, la papa, pimiento y otros cultivos, en el segundo caso.

Baste señalar que en la década de los 90 del pasado siglo, la CIA promovió 25 agresiones, de ellas 12 contra plantas y cultivos, mientras 9 afectaron a animales productivos y 4 a la población, representando cuantiosos daños materiales,  muertes y penosas secuelas físicas y sicológicas en el pueblo cubano. Mucho luto hubo en los hogares cubanos y aún se recuerda a las víctimas, niños en su gran mayoría.

Es de destacar la eficaz respuesta de las autoridades cubanas a estas agresiones biológicas perpetradas desde 1961 contra plantas (48 %), animales (36 %) y seres humanos (16 %).

Aún hoy, de manera particular, albergo mis dudas sobre el origen de los brotes de cólera, dengue y tuberculosis en Cuba, los que están siendo neutralizados por las autoridades sanitarias cubanas, luego de haber aparecido varios focos de estas enfermedades en el 2012. Yo, sinceramente, pienso que estos brotes obedecen a una acción de guerra biológica, cuyos hechos deben ser profundamente investigados.

- ¿En las investigaciones para bioterrorismo está incluida la generación de cáncer? Científicamente, ¿cómo se puede generar un cáncer?

Mientras que el Pentágono utiliza la guerra biológica contra las fuerzas vivas del enemigo, la CIA ejecuta principalmente acciones selectivas contra personas o acciones secretas para provocar el caos económico de naciones a las que en muchos casos los EE UU no les han declarado la guerra. Esto, no obstante, reafirma una verdad: el Pentágono realiza las investigaciones de guerra biológica y ejecuta algunas, mientras la CIA se dedica a la ejecución de planes bioterroristas específicamente. Este criminal accionar de la CIA fue puesto al descubierto por la Asociación para el Disenso Responsable, la que estimó que, ya en 1987, seis millones de personas habían sido asesinadas como resultado de las operaciones encubiertas de la CIA. Hoy, a mediados de 2013, esa cifra ha crecido enormemente.

Varios laboratorios de la CIA y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos dedican desde hace décadas cuantiosos recursos al bioterrorismo y, particularmente, en la búsqueda de inoculación de enfermedades como el cáncer, así como otros tipos de virus o bacterias, capaces de infligir daño masivo sobre personas específicas, fuerzas militares y ciudadanos comunes, violando las prohibiciones establecidas por las Naciones Unidas. La guerra biológica o bacteriológica, concebida como un arma de alta efectividad, se implementa mediante el diseño de bombas y otros tipos de agentes de esparcimiento de las enfermedades. De esos laboratorios han salido el napalm, el agente naranja, la cepa del ántrax, la gripe AH1N1, la gripe porcina, así como otros virus letales como el VIH y el ébola.

En el caso particular del cáncer se conoce que, desde 1975, se ha empleado el Fuerte Detrick como instalación donde radica una sección especial dentro del Departamento Virus del Centro para la Investigación de Guerra Biológica, conocida como "Instalaciones Fredrick para la Investigación del Cáncer", bajo supervisión del Departamento de Defensa, de la CIA y del Instituto Nacional del Cáncer. Las investigaciones ultra secretas están encaminadas a desarrollar un programa especial de virus del cáncer, sumamente agresivo y letal, para el que existe inmunidad y fue identificado como Virus Humano de la célula T de Leucemia (HTLV).

La insistencia de estos laboratorios de lograr los mecanismos para elaborar artificialmente células malignas o cancerígenas, sumamente invasivas y capaces de propagarse en el organismo desarrollando una metástasis incontenible, se ha mantenido a lo largo de más de cuatro décadas.

De acuerdo con estos proyectos, las enfermedades cancerígenas serían capaces de inhibir cualquier defensa ante su ataque al organismo humano, diseminándose a través de la sangre o de la linfa, luego de ser inoculadas en el mismo mediante diversas vías.

La alteración del material genético de las células humanas que provoca el cáncer por vía artificial en estos laboratorios, son la premisa básica de esta arma desarrollada con la venía del gobierno norteamericano. Para ello se elaboran células madres o stem cells, mediante mutaciones monitoreadas y preconcebidas, convirtiéndolas en un fenotipo maligno más heterogéneo de rápido desarrollo.

Otro elemento sobre el desarrollo de la guerra biológica por parte del gobierno norteamericano, particularmente relacionado con el cáncer, lo es el testimonio grabado del Dr. Maurice Hilleman, prestigioso investigador en vacunas de los Laboratorios Merck, donde admite que sus laboratorios produjeron vacunas contaminadas con leucemia y virus de cáncer en la década de los setenta, las que fueron administradas deliberadamente a ciudadanos soviéticos. Este hecho macabro salió a la luz gracias al Dr. Len Horowitz, investigador de la guerra biológica de la CIA, quien lo plasmó en su documental In Lies We Trust: The CIA, Hollywood, and Bioterrorism, estrenado el año 2007.

La CIA ha perfeccionado sus métodos para asesinar, particularmente induciendo el cáncer en determinadas personas. Ha dejado atrás, por citar un ejemplo, el método empleado contra Jack Leon Ruby, mafioso que asesinó al presunto homicida del presidente John F. Kennedy, y quien muriera en prisión, supuestamente por un cáncer, el 3 de enero de 1967. En realidad, Ruby murió a causa de una intoxicación con Talio, la que le produjo un deterioro acelerado de su salud y su muerte en poco tiempo.

Las administraciones norteamericanas han cuidado celosamente sus programas súper secretos de guerra biológica, al extremo de que, según un informe elaborado por el escritor Steve Quayle para Free Press International, en marzo del 2006, sugirió que cerca de 40 microbiólogos murieron sospechosamente entre el 2002 y ese año. En todos los casos, no se han encontrado culpables de las muertes, sospechosos suicidios o accidentes llenos de interrogantes.

- Usted dice que EEUU realiza investigaciones para desarrollar leucemia. ¿Por qué leucemia? ¿Por qué sería inoculado ese cáncer mediante un virus? ¿Y cómo se inocula o se "siembra" el cáncer?

Evidentemente, lo reafirmo. Empero hay que aclarar que tanto el cáncer como, particularmente la leucemia, no pueden ser inoculados ni ser contagiados, según se ha confirmado científicamente. Eso no descarta que existan realmente posibilidades de inducirlo en personas específicas mediante radiaciones o en aquellas que sufran, como paso previo, un ataque a su sistema inmunológico. Son, en realidad, dos momentos de un mismo ataque: una fase destinada a socavar su sistema inmune que permita asimilar a células madres cancerígenas altamente invasivas y capaces de generar una rápida metástasis.

Los cuadros de stress permanente que sufren ciertas personas con altas responsabilidades, las particularidades del sistema inmunológico de cada cual, así como los padecimientos de ciertas enfermedades provenientes de distintos virus, pueden crear las condiciones para que las células madres o stem cells cancerígenas sean aceptadas por el organismo y no combatidas por dicho sistema. Es cierto que la mayoría de los científicos descartan la inducción del cáncer, pero me pregunto: ¿conocen ellos realmente la actividad secreta de los laboratorios del Instalaciones Fredrick para la Investigación del Cáncer? ¿Ha llegado la comunidad científica a conocer al detalle las alteraciones del material genético que se realizan en el más absoluto secreto en Fort Detrick? Creo que muchos se sorprenderían del alcance logrado en esos laboratorios con la investigación relacionada con ciertos virus oncogénicos o químicos cancerígenos.

Las formas de inducción más efectivas y menos detectables, podrían ser, siguiendo esta hipótesis, mediante la ingesta de alimentos o por vía aérea, logrando un mayor resultado mediante la repetición planificada de dicho proceso. El efecto deseado, repito, depende del nivel previo de debilitamiento del sistema inmunológico, de las peculiaridades de cada organismo y de la repetividad de la acción agresiva.

- ¿Cree que el cáncer del Comandante está relacionado con los casos de cáncer de otros dirigentes revolucionarios latinoamericanos?

El presidente Hugo Chávez destapó, en diciembre de 2011, la Caja de Pandora al exponer su sospecha sobre el inusual padecimiento de cáncer por parte de varios mandatarios y personalidades progresistas latinoamericanos en los últimos tiempos, entre los que se destacan su propia persona, la presidenta argentina Cristina Fernández, el mandatario paraguayo Fernando Lugo, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Lugo, entre otros. En esa ocasión dijo: "Es muy difícil explicar a estas alturas ya con la ley de las probabilidades, por ejemplo, lo que nos ha estado aconteciendo a algunos de nosotros (líderes) en América Latina".

Ciertamente estos dirigentes padecieron diferentes tipos de cáncer, unos menos agresivos que otros y con diferentes respuestas inmunológicas. Sin embargo, este hecho no fue casual.

La obsesión mostrada por la CIA por eliminar físicamente a dos de los más notables líderes latinoamericanos, Fidel y Chávez, levanta suspicacias sobre las causas reales que originaron el deceso físico del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías.

Fidel, conocedor hasta la médula de la actividad de la CIA al ser sobreviviente de más de 638 planes diversos de atentado, alertó a Chávez en su momento, al decirle: “Chávez, ten cuidado... mira, cuidado esta gente ha desarrollado tecnologías... cuidado con lo que te dan de comer. Cuidado con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué”.

No he sido solo yo quien mantiene un fuerte recelo sobre el cáncer. Otros también han cuestionado a la CIA como victimario. También el periódico inglés The Guardian se ha hecho eco de esta hipótesis y desenterró otras muertes provocadas por cánceres repentinos, como la del músico Bob Marley. Otros medios de Irán y otras naciones han aumentado sus cuestionamientos tras la aciaga muerte física del líder bolivariano.

En estos últimos días de pleno dolor, el presidente ejecutivo Nicolás Maduro declaró: “Nosotros no tenemos ninguna duda y llegará el momento indicado de que se pueda conformar una junta médica que confirme que él (Chávez) fue atacado. Buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante. Tendrá que ser investigado por una comisión especial. Ya tenemos pistas y llegará el momento de realizar estas investigaciones.”

- Si el Presidente fue asesinado al generarle cáncer, ¿será posible demostrarlo? Es decir, con base en la información que usted maneja, ¿es posible determinar si el cáncer fue provocado?

No me cabe la menor de las dudas que la mano que asesinó al Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías apunta a la CIA y a Fort Detrick, donde radica  el Comando Médico del Ejército de los Estados Unidos, particularmente a los científicos del Centro nacional del Cáncer, del Comando de material e investigación médica del ejército (USAMRMC), del Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército (USAMRIID), del Instituto Nacional del Cáncer-Frederick1 y del Campus de Biodefensa Nacional Interagencias.

Para demostrar esta aseveración se requiere un serio estudio de las muestras guardadas por los más eminentes científicos no comprometidos con estos programas o esperar, al menos, que alguno de los involucrados, si no es asesinado previamente, saque a la luz la verdad. Es realmente una cuestión de tiempo.

Sin embargo, la verdad está por encima de todo y quienes conocemos de cerca a la CIA, siempre mantendremos una duda razonable, una sospecha permanente.

Tras este doloroso episodio solo podemos sacar una lección: es deber de los revolucionarios cuidar permanentemente a sus dirigentes, al mismo tiempo que estos deben saber que siempre hay que estar atentos y vigilantes, pues su vida no les pertenece solo a ellos sino es parte del valioso tesoro político de sus pueblos.

Percy Francisco Alvarado Godoy

Esbozo de una entrevista concedida a Vanessa Antonieta, para El Correo del Orinoco



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