Por estos días proliferan por doquier en San Juan de
Puerto Rico y otras ciudades de la isla anuncios de la puesta en venta de
viviendas fijados por más de 144.000 puertorriqueños que están abandonando la
isla para marchar al exterior en busca de empleo. Algunos de estos carteles
expresan, como pretendida represalia a los causantes de su desgracia:
“SE VENDE ESTA CASA, PERO NO A LOS AMERICANOS”
La grave situación actual de Puerto Rico, por dolorosa
que sea, pudiera constituir el augurio de un nuevo despertar de la conciencia
patriótica del pueblo borinqueño que le abra merecido paso a su plena inclusión
en la parte de América a que pertenece por derecho propio.
No se puede responsabilizar por desgracias como la actual
crisis a los puertorriqueños, cuando el comercio exterior, la moneda, las
comunicaciones, las leyes y procedimientos de ciudadanía y nacionalidad, la
navegación interna y externa, los procedimientos migratorios, laborales y
salariales, la tierra, los espacios aéreos, las costas y fronteras, los
puertos, los bosques, el subsuelo mineral, así como el servicio militar
ciudadano y la defensa del país, son de la incumbencia de un poder extranjero.