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miércoles, 3 de diciembre de 2014

La CIA, la mafia de Miami y el terrorismo contra Cuba



Hoy más que nunca estoy convencido que todo lo sucedido en la vida tiene un por qué capaz de explicarlo o darle una respuesta, no importa si para ello es necesario el transcurrir del tiempo  o la sucesión de acontecimientos aparentemente distanciados entre sí a los que un día logra entrelazar.

Cuando amanecía aquel 23 de diciembre del 1963 en la dársena de la Siguanea, ubicada en la antigua Isla de Pinos, los moradores del lugar no imaginaban que en breves instantes aquel sería sacudido por dos explosiones, una de menor intensidad, a la que seguiría otra aún más poderosa. La criminal mano de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos había seleccionado cuidadosamente su objetivo: una unidad de la Marina de Guerra Revolucionaria de reciente creación.

Todo se desarrolló de manera bien pensada y sin que a los asesinos les preocupara el daño que provocarían. Un equipo de hombres rana de la CIA colocó, de manera subrepticia, dos mortíferas cargas submarinas debajo de la lancha torpedera LT-85, la que se encontraba fondeada al lado de otra de su tipo, la LT-94. La primera, como ya apunté, provocó una pequeña explosión y, cuando decenas de personas se acercaron al lugar de los hechos, sobrevino la segunda, la que provocaría realmente el mayor daño. Y así fue. La poderosa onda expansiva lanzó a cuerpos mutilados y amasijos de hierro hacia todas direcciones. Diecisiete fueron los heridos y perecieron cuatro personas: los marineros Jesús Mendoza Larosa, Fe de la Caridad Hernández Jubán y Andrés Gavilla Soto, así como el alférez de fragata   Leonardo Luberta Noy.

El criminal atentado llenaría de tristeza a los cubanos precisamente cuando hacían su cercano anuncio las festividades de fin de año. Fue, como justamente señaló Fidel en aquella ocasión, “un ataque criminal, un ataque cobarde… el regalo de la CIA al pueblo cubano”.

Poco después se sabrían los detalles de tan criminal acción. Los saboteadores habían zarpado desde el buque madre “Rex”, empleado por la CIA para perpetrar acciones terroristas contra el territorio cubano. Era, sin lugar a dudas, parte de la estrategia de terror implementada por la CIA para acabar con el proceso revolucionario cubano.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/da/JMWAVEreduced.GIF
Se conocería, por ejemplo, que cada una de estas criminales acciones se planificaban y organizaban desde el mismo territorio norteamericano, particularmente desde la estación JM/WAVE, ubicada en Miami, y que era la encargada de dirigir las actividades de grupos terroristas contra la Isla. Desde este centro de terror ubicado en terrenos alquilados en las áreas de la Universidad de Miami y bajo la pantalla pertenecer a una firma nombrada Zenith Internacional, un alto oficial de la Agencia, Ted Shackley, dirigía a más de 300 oficiales y 4,000 terroristas de origen cubano, contando con un alto presupuesto superior  a los 50 millones de dólares anuales. Todos en Miami conocían, pues, que ese complejo de edificaciones ubicados en un área de 1,571 acres, fortificado y con acceso restringido, era sólo la cabeza de decenas de casas de seguridad dispersas por toda la ciudad, de campos de entrenamiento, marinas y aeródromos, desde los cuales se gestaban planes violentos y partían los que ejecutarían las actividades terroristas en territorio cubano.

Además de aeronaves y el más sofisticado armamento de la época, JM/WAVE contaba con una flota de naves encargadas de llevar a cabo agresiones contra objetivos situados en las costas cubanas, infiltrar terroristas y provocadores, así como ejecutar el abastecimiento a las bandas de alzados dispersas en distintos puntos del territorio cubano.

Esta flotilla a cargo de la CIA contaba con varios buques madres similares al “REX”, entre los que se encontraban el “Leda”, el “Villaro”, el “Explorer II”, el “Tejana III”, así como los cargueros “Joanne” y “Santa María”, todos dotados indistintamente con cañones de 40 y 20 milímetros, ametralladoras calibre 50 y otros medios. Disponía la CIA, igualmente, de varias naves como el “Dart”, el “Barb”, el USS “Oxford” y el USS “Piccono”, cuya misión era realizar misiones de espionaje electrónico, los dos primeros en las aguas del río Miami y los dos últimos desde aguas internacionales situadas cerca de las costas cubanas.

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