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jueves, 17 de julio de 2014

7 formas de la CIA para arruinar Oriente Medio

7 formas de la CIA para arruinar Oriente Medio

EE.UU. tiene la mala costumbre de injerirse en distintas partes del mundo, pero su historial en Oriente Medio y el Norte de África es particularmente oscuro. ¿Cómo se las ha arreglado la CIA para destrozar la región?

Estas son algunas de las formas, recuerda el portal World.Mic, de las que se ha valido la CIA en la historia reciente para arruinar Oriente Medio.  

1. Orquestando golpes de Estado  

En 1947 la CIA ayudó a derrocar el Gobierno de Siria, mientras que en 1953 jugó un papel en el derrocamiento del Gobierno en Irán.

Soldados persas persiguen a los manifestantes durante los disturbios civiles en Teherán en agosto de 1953.

 
En ambos golpes de Estado EE.UU. actuó movido únicamente por sus propios intereses y los de sus aliados occidentales.
 
En el caso de Siria, el Gobierno derrocado limitaba las inversiones petroleras de EE.UU. y sus aliados occidentales; mientras que en Irán el objetivo, en el que trabajaban EE.UU. y el Reino Unido, era promover en el Gobierno un nuevo primer ministro prooccidental.

Sin embargo, estos esfuerzos fracasaron totalmente y con bastante rapidez, pues los oficiales finalmente asesinaron al nuevo presidente de Siria y la revolución de 1979 en Irán derrocó el Gobierno prooccidental de Irán.

2. Ayudando a Irak a llevar a cabo un ataque letal contra Irán. 

Mucho antes de la invasión de EE.UU. de Irak y el derrocamiento de Sadam Husein, Washington lo apoyó.

El 22 de octubre de 1980. Tanques iraquíes intentan cruzar el río Karun durante la guerra entre Irán e Irak.


En los años 80, cuando tuvo lugar una disputa fronteriza entre Irak e Irán, la CIA ayudó a Sadam Husein a defender su país. Con la ayuda de la inteligencia estadounidense, Husein llevó a cabo un ataque exitoso con gases letales contra Irán. La inteligencia de EE.UU. le entregó los planes militares de Irán, dándole literalmente 'un plan de ataque' con un gas nervioso mortal contra Irán.

3. Respaldando un intento de debilitar a su viejo amigo-enemigo.

Esta lista no estaría completa sin la injerencia de EE.UU. en Irak. Mucho antes de la invasión estadounidense en 2003, la CIA dirigió una campaña de bombardeos destinada a derrocar a Sadam Husein en los años 90.


 
El Acuerdo Nacional Iraquí, encabezado por Ayad Allawi (que finalmente sirvió como primer ministro interino del país después de la caída de Sadam), efectuó bombardeos en Bagdad. Inicialmente, apuntaron contra los blancos gubernamentales, pero luego su campaña tomó un giro diferente, cuando comenzaron a atacar los autobuses escolares y salas de cine.
 
Lo más probable es que estos ataques se cobraran las vidas de civiles, pero no fue confirmado. 

4. Con torturas, detenciones e interrogatorios ilegales en sitios secretos.

En un esfuerzo por capturar y obtener información de los sospechosos de terrorismo, la CIA llegó a niveles extremos al construir una red de prisiones secretas. El uso de la tortura para obtener información viola los derechos humanos básicos, el derecho internacional e inspira el extremismo.

 

En la prisión de Abu Ghraib en Irak los presos fueron sometidos a ahogamiento simulado, torturas acústicas y otras tácticas de tortura inhumanas. El Gobierno de EE.UU. afirma haber sido engañado por la CIA y no estar al tanto de sus tácticas de interrogatorio.

5. Violando las leyes internacionales en nombre de la lucha contra el terrorismo.

Varios países de Oriente Medio y el Norte de África han ayudado a Estados Unidos a burlarse de la ley internacional para perseguir presuntos terroristas e incluso torturarlos. Egipto, por ejemplo, tiene un largo historial de cooperación con la CIA en la captura de presuntos terroristas.



La CIA los habría enviado allí en aviones estadounidenses para luego interrogarlos utilizando tácticas extremas y peligrosas.

Otros países, como Jordania, Yemen, Marruecos, Argelia, Libia y Siria han participado en un programa masivo de la CIA en el marco del cual habrían enviado a "presuntos terroristas" para someterlos luego a los interrogatorios y detenciones. Estas prácticas comenzaron durante el mandato de Clinton para continuar en los tiempos de la llamada "guerra contra el terror".

6. Con ataques aéreos con 'drones', alimentando el antiamericanismo.   
 Lanzando ataques aéreos con drones que la CIA lleva a cabo junto con el Gobierno de EE.UU. afectan a algunos países del Medio Oriente como Irak y Yemen. No obstante, el impacto más devastador se ha sentido fuera de la región, en lugares como Pakistán y Afganistán.



Así, solamente en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, en el noroeste de Pakistán, en más de 380 ataques con drones han perdido la vida unas 3.500 personas, de las que al menos 200 eran niños. Además, durante la última década los ataques de drones estadounidenses en Pakistán han tenido como blanco viviendas en un 60% de los casos, según la investigación realizada por los especialistas de la Agencia Periodística de Investigación.

7. Armando y entrenando a los rebeldes sirios

Uno de los ejemplos más recientes de la participación de la CIA en Oriente Medio lo representa su esfuerzo por armar a los grupos rebeldes sirios, que comenzaron con el suministro de armas ligeras y no letales en otoño de 2013.

 

Esta semana el Pentágono ha presentado un programa de suministro de armas y entrenamiento militar para 2.300 rebeldes sirios que se prolongará por un año y medio. El costo del programa será de 500 millones de dólares.
 
Rusia Today

lunes, 14 de julio de 2014

¿Quién es el nuevo embajador USA en Perú?


Recientemente inició su gestión diplomática en el Perú el nuevo embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, el señor Brian A. Nichols, que reemplaza en el cargo a la señora Rose M. Likins.

Su presentación pública -luego de la formal entrega de credenciales en Palacio de Gobierno ante el jefe del Estado Peruano- fue hecha a través de “El Komercio” -con la “K” de Keiko- que se ha convertido en los últimos años en el vocero más calificado del pensamiento yanqui en nuestro suelo. Solo algunos días después, visitó “La República”

Es relevante el que el nuevo representante de la Casa Blanca considerara como su primera prioridad, visitar las instalaciones de ese diario, donde fue recibido “por todo lo alto” por el Presidente del Directorio, José Antonio García Miró y los Directores Interinos, Juan Paredes Castro y Mario Cortijo, a más de otras destacadas personalidades de ese Grupo Editorial.

Como se sabe, el señor Nichols fue en el siglo pasado, Cónsul de la embajada USA en Lima a partir de 1989, es decir, al final del primer gobierno de Alan García, y disfrutó del escenario nacional hasta después del Golpe de Estado del 5 de abril de 1992 que -perpetrado por Alberto Fujimori en complicidad con la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos- impuso en el Perú el “modelo” Neo Liberal tan caro a las expectativas de la Casa Blanca y tan dolorosamente sufrido por la inmensa mayoría de los peruanos. 

Cumplida su misión aquí, desplegó actividades similares en varios países, entre los que cabe destacar El Salvador, en ese entonces escenario de una cruenta guerra librada por el pueblo contra el régimen corrupto de dominación sometido a los designios del Imperio. Allí, con seguridad, asimiló lecciones que, de alguna manera, sintetiza en las reflexiones que nos entrega desde las páginas del Decano de la Prensa Nacional y que ponen como punto de partida los “recursos de la Inteligencia”.

“Traemos -nos dice- herramientas de inteligencia policial”, como si ese fuera el principal de sus aportes en nuestro tiempo. Y aunque muestra empeño en asegurar una adecuada política Antidrogas, no soslaya que pondrá interés en los temas de la “seguridad ciudadana”, que forman parte más bien de otro escenario: el combate a la delincuencia común. 

No hay que perder de vista que el nuevo diplomático es un típico exponente de la “gestión Obama”. Y que buscará afirmar el derrotero de la política del Imperio hacia nuestro país, en el marco de la situación latinoamericana.

Tan sólo en lo que va del 2014, Estados Unidos ha sufrido cinco contrastes en la región situada entre el río Bravo y la Patagonia. La elección en El Salvador, concluida con la elección de Comandante Sánchez Cerén del Farabundo Martí para la Liberación Nacional, refleja la afirmación de un cambio en la política centroamericana, iniciado ya con la recuperación del régimen Sandinista en Managua. A esta elección hay que añadir el relevo de Laura Chinchilla y la victoria de Luis Guillermo Solís en Costa Rica y la derrota de Martinelli -sirviente de los yanquis- en Panamá, donde ganó Juan Carlos Varela.

Aunque los gobiernos de estos dos últimos países no pueden ser considerados propiamente “de izquierda”, es claro que su elección constituyó un duro revés para la Casa Blanca, que respaldo abiertamente a candidatos que perdieron precisamente por su obsecuente adhesión al Imperio.

A esto hay que sumar el ascenso de Michelle Bachelet, en Chile, que implica un nuevo esfuerzo mapochino por diseñar un rumbo distinto a las administraciones precedentes, en particular la desplegada por Sebastián Piñera, sensiblemente sometimiento a Washington.

De todos los contrastes registrados por la Casa Blanca, el más sonado y trascendente, ha sido, sin embargo, el ocurrido en Colombia, que derivó en la derrota del candidato de Uribe y en la ratificación del Presidente Santos en la Casa de Nariño, en Bogotá.

No porque Santos represente una corriente progresista en la patria de Gaitán; sin porque simbolizó dos claves en la política colombiana: el requerimiento ciudadano de poner fin a la guerra que sufre ese país desde hace más de 50 años, y el rechazo a la política terrorista que generó la administración Uribe, señalado unánimemente como el responsable de la guerra sucia en el Cauca.

Bajo la gestión de Uribe, en efecto, se ejecutaron bombardeos a las zonas consideradas “infectadas” por las FARC, se atacó a patrullas en la frontera con Ecuador, causando la muerte de personas y violando incluso la soberanía de ese país; se consagró el uso de “falsos positivos”, calificados tales como supuestos “guerrilleros abatidos” cuando eran simplemente campesinos pobres brutalmente asesinados por el régimen; y se consagró la desaparición de personas y el crimen contra dirigentes sindicales y trabajadores.

Pero Uribe, además de reconocido gestor y autor de políticas genocidas, asumió la tarea de impulsar su “modelo” a otros países. Y escogió el nuestro como una manera de representar un “exitoso mensaje de pacificación” que se sintetizaba en la conocida frase de la paz de cementerios que buscaba construir desde Bogotá. García, fue un amigo entusiasta de Alvaro Uribe, en tanto que Keiko Fujimori, en la campaña electoral del 2011, tuvo la desfachatez de anunciar la aplicación del “modelo uribista” como “estrategia de pacificación” en el caso de ganar los comicios de ese año, lo que, felizmente, nunca ocurrió.

Para la hija del “chinito de la yuca”, era “ideal” una política que bombardeara las aldeas, desapareciera campesinos, asesinara dirigentes sindicales; y sirviera, rodilla en tierra, los intereses del Imperio. Después de todo, ése era el contenido fundamental, la esencia de su mensaje: Israel en Gaza..

Pero Uribe buscaba más: llevar como furgón de cola a la mayor cantidad de países de América tras el “dictak” imperial y, para eso, se valió de la llamada “Alianza del Pacífico”, un acuerdo con el cual gobiernos muy afines: García, Piñera, Uribe y el mandatario mejicano de turno; buscaban contrarrestar la influencia creciente de UNASUR y a CELAC, expresiones verdaderas de la unidad continental. Y Cuba en la mira, siempre.

Ahora, derrotada la alternativa Uribe en Colombia, Washington busca otra ruta. Y todo indica que ha resuelto afincar sus expectativas en el presidente peruano, Ollanta Humala, promoviéndolo como un supuesto “cautelador” de los intereses del Imperio en la región.

Los retrocesos recientes, advertidos en la política exterior peruana y la constante presencia del Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos en nuestra patria, son factores claves para entender ese proceso.

Más allá del hecho que Humala “no calza” propiamente en los zapatos de Uribe ni se comprometió nunca a jugar ese papel; lo real es que la Casa Blanca busca alentarlo a actuar en esa dirección. Y, lo más probable, es que haya encomendado la tarea a su nuevo embajador en Lima, Brian A, Nicholson. En todo caso, debemos considerarnos advertidos.

Un hecho pequeño podría servir como derrotero para conocer las líneas de acción del flamante diplomático yanqui. En el evento desarrollado el pasado 5 de julio, ante a residencia del embajador de los Estados Unidos, el dueño de casa comisionó a “agentes de seguridad” identificados como tañes, para que exigieran su “identificación” a los concurrentes por razones de “información, seguridad e inteligencia” apremiantes en su servicio.

El Parque Washington, es territorio peruano y no pertenece a la embajada de los Estados Unidos, como tampoco pertenecen a ella las avenidas que la circundan. Los peruanos tenemos el derecho inalienable a transitar libremente por allí, y a decir nuestro voz sin rendir cuenta a nadie. Las “herramientas de inteligencia policial” a las que aludiera el señor Nicholson, nada tienen que ver con la capacidad de nuestro pueblo a expresar sus opiniones.

En uso legítimo de soberanía y en defensa de nuestra independencia, debemos repudiar esa injerencia yanqui que viene en sobre diplomático pero que encierra una amenaza concreta. 

Por Gustavo Espinoza M. (*)


(*)Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera: http://nuestrabandera.lamula.pe

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