Existen fuertes indicios
que circulan en el mundo del espionaje sobre un plan para asesinar al
recientemente electo premier griego Alexis Tsipras, luego de que la Coalición
de Izquierda radical (Syriza) obtuviera una contundente y sorpresiva victoria
electoral en su país.
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sábado, 31 de enero de 2015
lunes, 24 de noviembre de 2014
Legitimidad de EEUU se deteriora por la farsa de 11s
Un general retirado del Ejército de Estados Unidos dice que el país
norteamericano debe celebrar audiencia pública para investigar los
atentados de11s y las guerras que desencadenaron.
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jueves, 17 de julio de 2014
7 formas de la CIA para arruinar Oriente Medio
Reuters / AFP / RT
EE.UU. tiene la mala costumbre de injerirse en
distintas partes del mundo, pero su historial en Oriente Medio y el
Norte de África es particularmente oscuro. ¿Cómo se las ha arreglado la
CIA para destrozar la región?
Estas son algunas de las formas, recuerda el portal World.Mic, de las que se ha valido la CIA en la historia reciente para arruinar Oriente Medio.
1. Orquestando golpes de Estado
En 1947 la CIA ayudó a derrocar el Gobierno de Siria, mientras que en 1953 jugó un papel en el derrocamiento del Gobierno en Irán.
1. Orquestando golpes de Estado
En 1947 la CIA ayudó a derrocar el Gobierno de Siria, mientras que en 1953 jugó un papel en el derrocamiento del Gobierno en Irán.
© AFP
Soldados persas persiguen a los manifestantes durante los disturbios civiles en Teherán en agosto de 1953.
En ambos golpes de Estado EE.UU. actuó movido únicamente por sus propios intereses y los de sus aliados occidentales.
En el caso de Siria, el Gobierno derrocado limitaba las inversiones petroleras de EE.UU. y sus aliados occidentales; mientras que en Irán el objetivo, en el que trabajaban EE.UU. y el Reino Unido, era promover en el Gobierno un nuevo primer ministro prooccidental.
Sin embargo, estos esfuerzos fracasaron totalmente y con bastante rapidez, pues los oficiales finalmente asesinaron al nuevo presidente de Siria y la revolución de 1979 en Irán derrocó el Gobierno prooccidental de Irán.
2. Ayudando a Irak a llevar a cabo un ataque letal contra Irán.
Mucho antes de la invasión de EE.UU. de Irak y el derrocamiento de Sadam Husein, Washington lo apoyó.
En el caso de Siria, el Gobierno derrocado limitaba las inversiones petroleras de EE.UU. y sus aliados occidentales; mientras que en Irán el objetivo, en el que trabajaban EE.UU. y el Reino Unido, era promover en el Gobierno un nuevo primer ministro prooccidental.
Sin embargo, estos esfuerzos fracasaron totalmente y con bastante rapidez, pues los oficiales finalmente asesinaron al nuevo presidente de Siria y la revolución de 1979 en Irán derrocó el Gobierno prooccidental de Irán.
2. Ayudando a Irak a llevar a cabo un ataque letal contra Irán.
Mucho antes de la invasión de EE.UU. de Irak y el derrocamiento de Sadam Husein, Washington lo apoyó.
© AFP
El 22 de octubre de 1980. Tanques iraquíes intentan cruzar el río Karun durante la guerra entre Irán e Irak.
En los años 80, cuando tuvo lugar una disputa fronteriza
entre Irak e Irán, la CIA ayudó a Sadam Husein a defender su país. Con
la ayuda de la inteligencia estadounidense, Husein llevó a cabo un ataque exitoso
con gases letales contra Irán. La inteligencia de EE.UU. le entregó los
planes militares de Irán, dándole literalmente 'un plan de ataque'
con un gas nervioso mortal contra Irán.
3. Respaldando un intento de debilitar a su viejo amigo-enemigo.
Esta lista no estaría completa sin la injerencia de EE.UU. en Irak. Mucho antes de la invasión estadounidense en 2003, la CIA dirigió una campaña de bombardeos destinada a derrocar a Sadam Husein en los años 90.
3. Respaldando un intento de debilitar a su viejo amigo-enemigo.
Esta lista no estaría completa sin la injerencia de EE.UU. en Irak. Mucho antes de la invasión estadounidense en 2003, la CIA dirigió una campaña de bombardeos destinada a derrocar a Sadam Husein en los años 90.
© AFP
El Acuerdo Nacional Iraquí, encabezado por Ayad Allawi (que finalmente
sirvió como primer ministro interino del país después de la caída de
Sadam), efectuó bombardeos en Bagdad. Inicialmente, apuntaron contra los
blancos gubernamentales, pero luego su campaña tomó un giro diferente,
cuando comenzaron a atacar los autobuses escolares y salas de cine.
Lo más probable es que estos ataques se cobraran las vidas de civiles, pero no fue confirmado.
4. Con torturas, detenciones e interrogatorios ilegales en sitios secretos.
En un esfuerzo por capturar y obtener información de los sospechosos de terrorismo, la CIA llegó a niveles extremos al construir una red de prisiones secretas. El uso de la tortura para obtener información viola los derechos humanos básicos, el derecho internacional e inspira el extremismo.
Lo más probable es que estos ataques se cobraran las vidas de civiles, pero no fue confirmado.
4. Con torturas, detenciones e interrogatorios ilegales en sitios secretos.
En un esfuerzo por capturar y obtener información de los sospechosos de terrorismo, la CIA llegó a niveles extremos al construir una red de prisiones secretas. El uso de la tortura para obtener información viola los derechos humanos básicos, el derecho internacional e inspira el extremismo.
© Ahmad al-Rubaye
En la prisión de Abu Ghraib en Irak los presos fueron sometidos a
ahogamiento simulado, torturas acústicas y otras tácticas de tortura
inhumanas. El Gobierno de EE.UU. afirma haber sido engañado por la CIA y
no estar al tanto de sus tácticas de interrogatorio.
5. Violando las leyes internacionales en nombre de la lucha contra el terrorismo.
Varios países de Oriente Medio y el Norte de África han ayudado a Estados Unidos a burlarse de la ley internacional para perseguir presuntos terroristas e incluso torturarlos. Egipto, por ejemplo, tiene un largo historial de cooperación con la CIA en la captura de presuntos terroristas.
5. Violando las leyes internacionales en nombre de la lucha contra el terrorismo.
Varios países de Oriente Medio y el Norte de África han ayudado a Estados Unidos a burlarse de la ley internacional para perseguir presuntos terroristas e incluso torturarlos. Egipto, por ejemplo, tiene un largo historial de cooperación con la CIA en la captura de presuntos terroristas.
© AFP Jim Watson
La CIA los habría enviado allí en aviones estadounidenses para luego interrogarlos utilizando tácticas extremas y peligrosas.
Otros países, como Jordania, Yemen, Marruecos, Argelia, Libia y Siria han participado en un programa masivo de la CIA en el marco del cual habrían enviado a "presuntos terroristas" para someterlos luego a los interrogatorios y detenciones. Estas prácticas comenzaron durante el mandato de Clinton para continuar en los tiempos de la llamada "guerra contra el terror".
6. Con ataques aéreos con 'drones', alimentando el antiamericanismo.
Lanzando ataques aéreos con drones que la CIA lleva a cabo junto con el Gobierno de EE.UU. afectan a algunos países del Medio Oriente como Irak y Yemen. No obstante, el impacto más devastador se ha sentido fuera de la región, en lugares como Pakistán y Afganistán.
Otros países, como Jordania, Yemen, Marruecos, Argelia, Libia y Siria han participado en un programa masivo de la CIA en el marco del cual habrían enviado a "presuntos terroristas" para someterlos luego a los interrogatorios y detenciones. Estas prácticas comenzaron durante el mandato de Clinton para continuar en los tiempos de la llamada "guerra contra el terror".
6. Con ataques aéreos con 'drones', alimentando el antiamericanismo.
Lanzando ataques aéreos con drones que la CIA lleva a cabo junto con el Gobierno de EE.UU. afectan a algunos países del Medio Oriente como Irak y Yemen. No obstante, el impacto más devastador se ha sentido fuera de la región, en lugares como Pakistán y Afganistán.
© AFP A MAJEED
Así, solamente en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, en el noroeste de Pakistán, en más de 380 ataques con drones han perdido la vida unas
3.500 personas, de las que al menos 200 eran niños. Además, durante la
última década los ataques de drones estadounidenses en Pakistán han tenido como blanco viviendas en un 60% de los casos, según la investigación realizada por los especialistas de la Agencia Periodística de Investigación.
7. Armando y entrenando a los rebeldes sirios
Uno de los ejemplos más recientes de la participación de la CIA en Oriente Medio lo representa su esfuerzo por armar a los grupos rebeldes sirios, que comenzaron con el suministro de armas ligeras y no letales en otoño de 2013.
7. Armando y entrenando a los rebeldes sirios
Uno de los ejemplos más recientes de la participación de la CIA en Oriente Medio lo representa su esfuerzo por armar a los grupos rebeldes sirios, que comenzaron con el suministro de armas ligeras y no letales en otoño de 2013.
© AFP Karam Jamal
Esta semana el Pentágono ha presentado un programa de suministro de armas y entrenamiento militar para 2.300 rebeldes sirios que se prolongará por un año y medio. El costo del programa será de 500 millones de dólares.
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martes, 3 de junio de 2014
Archivo: Mi… ‘¿Querido?’… FBI. (XI) Matar a Fidel a toda costa (I)
El FBI y sus confabulaciones y ceguera ante los planes magnicidas contra Fidel (I)
Desde el mismo triunfo
revolucionario de 1959 en Cuba, e incluso un tiempo antes, Fidel fue el centro
de varias maquinaciones para atentar contra su vida, originadas desde la
Oficina Oval de la Casa Blanca, cuyo huésped en esos momentos era Dwight
Eisenhower, según lo comprobó el Church's Select Committee, que pudo recabar
información sobre ocho intentonas contra el líder rebelde y, posteriormente,
primer ministro por esos tiempos. La CIA, la naciente contrarrevolución mafiosa
de origen cubano que se hacinaba en Miami, New Jersey y otras ciudades de la
unión, en connivencia con la ultraderecha norteamericana y la Cosa Nostra, no
vacilaron en recurrir a los más increíbles medios para lograr tan siniestro
objetivo: el empleo de emboscadas, colocación de artefactos explosivos,
bazoocazos, francotiradores fijos y en plena marcha vehicular, diversos tipos
de venenos y nocivos medios bacteriológicos, atentados contra su imagen
pública, hasta ataques ideológicos directos y prematuros contra su persona,
tildándolo de comunista.
Invitado por la Asociación
de Editores de Periódicos de EE UU, Fidel arribó a ese país el 15 de abril de
1959. La estancia de Fidel entre el 15 y el 27 de abril representó un
desplazamiento de buena voluntad a los EE. UU., con carácter no oficial. A
pesar de ello, la curiosidad que despertó el líder cubano en las altas esferas
del poder norteamericanos propició un encuentro entre Fidel y el vicepresidente
Richard Nixon, el 19 de abril. Este encuentro fue crucial pues marcaría, para
siempre, en lo más íntimo de Richard Nixon la convicción de que Fidel no se plegaría
nunca ante EE UU y Nixon sellaba a partir de ahí su sentencia de muerte.
Mientras tanto, Eisenhower jugaba al golf, ignorando deliberadamente la visita
del mandatario cubano. Mientras tanto, Fidel aprovechó la estadía para visitar
la ciudad de Washington, desarrollando diversas visitas a mausoleos como el de
George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y la tumba del soldado
desconocido en el Cementerio Nacional de Arlington. Asimismo asistió a la
Lawrenceville School, en Nueva Jersey, a las Universidades de Princeton y
Harvard; encontrándose en Nueva York con el Secretario General de Naciones
Unidas, Dag Hammarskjöld. Posteriormente y antes de partir a Houston, Texas,
estuvo en un mitin en Central Park, el día 24, escenario del que se sería el
primer atentado contra él en suelo norteamericano. Asediado por centenares de
personas, Fidel pudo evitar una muerte segura cuando se descubrió una poderosa
bomba debajo de la tribuna, ubicada en el Central Park, la cual fue detectada y
desactivada de inmediato. Fue la única oportunidad en que el FBI y,
particularmente, la NYPD, hizo algo para impedir su asesinato.
Desde los lujosos y sórdidos
salones de la Casa Blanca, el gobierno norteamericano de Ike Eisenhower dio luz
verde a la Agencia Central de Inteligencia para desarrollar un sinnúmero de
planes dirigidos al asesinato de Fidel Castro, en muchos de los cuales
participarían durante décadas Antonio Veciana, Luis Posada Carriles, Pedro Luis
Díaz Lanz y otros terroristas de origen cubano. Uno de estos planes iníciales
tuvo lugar en marzo de 1959, bajo la anuencia del jefe de la estación CIA en la
Habana, James Arthur Noel, y del oficial de esta agencia nombrado David
Morales. El fallido plan involucró al contrarrevolucionario Frank Sturgis, al
traidor Pedro Luis Díaz Lanz y al norteamericano Patrick Gerry Hemmings y
consistió en la colocación de una bomba que explotaría cuando Fidel asistiera a
una reunión con personal de la fuerza aérea. Las fuertes medidas de seguridad
adoptadas en esos momentos, hicieron desistir a los complotados, incapaces de
poner en juego su vida en el siniestro empeño.
Meses después, en diciembre
de 1959, con la anuencia de Allen Dulles, entonces jefe de la CIA, se autorizó
un nuevo plan a ejecutarse en febrero de 1960, el cual consistió en asesinar a
Fidel durante una visita que realizaría a la casa del entonces jefe de la
seguridad cubana, Comandante Ramiro Valdés. Los complotados, neutralizados por
las autoridades cubanas por la penetración de agentes dentro del grupo, fueron el
agregado militar de la embajada norteamericana, mayor Robert van Horn, así como
la norteamericana Geraldine Shamman y los nacionales Fernando López, Pablo
Márquez y Homero Gutiérrez. Los nacientes órganos de la seguridad cubana ponían
a prueba la efectividad de su trabajo con su agentura. A partir de ahí, la
penetración de los grupos terroristas sería una costumbre operativa para
proteger al líder cubano.
En la obcecada intención por
destruir a la Revolución mediante el asesinato de su líder, doce nuevos planes
de atentado serían preparados por la CIA en el transcurso del año 1960, entre
los que se destacaron:
● Intento de asesinar a
Fidel en la Universidad de la Habana, en abril de 1960, por parte de Manuel
Guillot Castellanos, Rafael Sintairos Santiso y otros involucrados, bajo la
dirección de Manuel Artime Buesa, quien por ese entonces se encontraba en
Miami.
● Plan de asesinato contra
Fidel a su salida del Palacio Presidencial en agosto de 1960, intento que se
planificara en varias oportunidades, como parte de un vasto plan de alzamiento,
atentados y otras actividades contrarrevolucionarias, desarrollado por un grupo
integrado por Galo Martínez Chapman, Fernando Mancheco, Alfredo Curí y otros
contrarrevolucionarios.
● Intentos de asesinato
contra Fidel por parte de la CIA y la mafia norteamericana, durante la visita
del mismo para asistir al 15 Período de Sesiones de la ONU, el 18 de septiembre
de 1960. Los planes consistían en envenenar al dirigente cubano con puros
infectados con botulina sintética, colocar sales de talio en sus zapatos que le
provocaran la pérdida total de su cabello y barba, así como hacerlo fumar un
puro con la droga LSD. Prácticamente expulsado por la dirección del hotel
Shelbourne, se trasladó al Hotel Theresa, en Harlem, donde se encontró con al
presidente soviético Nikita Jrushchov, el presidente egipcio Gamal Abdel
Nasser, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru y el dirigente negro Malcolm
X. Jrushchov. Allí se sintió feliz conviviendo y confraternizando con lo más
humilde del pueblo norteamericano. En esta oportunidad, Fidel salvó la vida de
un atentado planificado por la CIA y la Cosa Nostra, que planearon lanzar
contra su auto una pelota de solftball, cargada de explosivos y con detonadores
de contacto, y que ejecutaría el criminal Richard Cain.
● Ese mismo mes, ya Fidel en
Cuba, se planificó otro intento de asesinarlo a la salida del Palacio
Presidencial por parte de cuatro contrarrevolucionarios, nombrados Indalecio
Pérez, Rafael Pérez, Carlos Rivero y Manuel Suárez.
Lo significativo de estos
planes es que en algunos casos se hicieron mediante la infiltración en Cuba de
servidores de la CIA, provenientes de los Estados Unidos e infiltrados mediante
el uso del canal ilegal marítimo. En otros casos se realizaron de forma
coordinada con la estación de la CIA, radicada en la embajada de Estados Unidos
en la Habana, empleando a contrarrevolucionarios internos. Significativa
también fue la alianza de la CIA con el crimen organizado para provocar la
muerte de Fidel Castro. Fue, sin lugar, una alianza entre dos mafias existentes
en Estados Unidos: la mafia oscura y tenebrosa de las calles y la mafia de
cuello blanco detentora del poder político. Por su parte, el Buró Federal de
Investigaciones, dirigido en ese entonces por John Edgar Hoover hasta 1972, y
su representación en la Habana, con pleno conocimiento de estos planes
magnicidas, ni informaron a las autoridades cubanas, ni hicieron algo por
neutralizarlos. Por el contrario, según un memorando enviado al director de la
CIA Richard Helms y firmado por el director de Seguridad J. Howard Osborn,
fechado el 19 de noviembre 1970, se esclareció que en agosto de 1960 uno de los
jefes de la CIA, Richard Bissel, contactó al coronel Sheffield Edwards, de la
Oficina de Seguridad, para que contactara a Robert A. Maheu, ex agente del
Buró, vinculado al multimillonario Howard Hughes, amigo de J. Edgar Hoover,
jefe del FBI, para planificar el asesinato de Castro usando a la Cosa Nostra.
Maheu contactó para ello con Johnny Roselli, un mafioso de Las Vegas y
vinculado a la CIA en la Operación 40, ofreciéndole 150 000 USD por el
asesinato de Fidel Castro. Roselli, a su vez contactó con Salvador Giancana,
jefe de la Cosa Nostra en Chicago y con Santos Trafficante, ex dueño del
Cabaret Sans Souci en Cuba.
Los planes de la CIA para
asesinar a Fidel se incrementaron en 1961 con respecto al año anterior,
estimulados por la frustración y el odio irracional, así como la desesperanza
que les sembró la inutilidad de tanto plan macabro. En esta ocasión, entre los
meses de enero a diciembre de 1961, fueron descubiertos 18 planes de atentado
contra el líder revolucionario, quien emergía para los cubanos como el legítimo
sucesor de José Martí.
Kennedy heredaría la
Operación 40 de la CIA, ideada por Nixon y quien hizo uso de un grupo de
figuras de origen tejano como el propio George Bush, padre; al petrolero Jack
Crichton; así como al general la US Air Force Charles Cabel. Muchos de ellos
estarían en el amplio marco de las sospechas sobre el asesinato de JFK un tiempo
después. Eran, sin lugar a dudas, parte de la conexión tejana del oscuro mundo
mafioso y terrorista de la CIA.
HOOVER Y EL CHANTAJE A LOS
PRESIDENTES DE EE UU.
El poderoso J. Edgar Hoover,
acostumbrado a hurgar en las intimidades de las figuras públicas
norteamericanas, sabedor de que disponer de información es una forma sólida de
controlar y ejercer poder sobre los demás, llegó incluso a chantajear a los
propios presidentes de Estados Unidos. Hoy no es un secreto que espió a
presidentes y a primeras damas de EE UU, incluso al propio Franklin Delano
Roosevelt y a su esposa, sobre quienes poseía un abultado dossier de informes
sobre su vida íntima y aventuras extra conyugales. Solo Eleanor Roosevelt tenía
un dossier en manos de Hoover con alrededor de 450 páginas. Por su parte,
Dwight Eisenhower padeció también el permanente chantaje de Hoover, sobre todo
por su relación extramarital con Kay Summersby, su asistente a partir de 1942.
El centro del chantaje más
significativo por parte de Hoover fue la familia Kennedy, de los que llegó a
edificar amplios dossiers sobre sus vínculos con la Cosa Nostra durante la
campaña electoral de John F. Kennedy, así como sobre la controvertida vida
amorosa de JFK con la periodista danesa Inga Arvard, cuando el futuro presidente
laboraba el Departamento de Inteligencia Naval, con sede en Washington y su
amante era sospechosa de ser espía de Hitler. Casado ya, JFK fue el centro del
más ruin espionaje de Hoover, en relación con sus affaires extra matrimoniales
con Judith Campbell, vinculada amorosamente alguna vez con el mafioso Sam
Giancana; así como sus aventuras con otras 30 mujeres, entre las que se
encontraba las actrices Angie Dickinson y Marilyn Monroe. Mediante Judith
Campbell, JFK le pidió a Giancana el apoyo de la mafia en su campaña electoral,
así como detener los planes de asesinato contra Fidel orquestados por la
administración de Dwight Eisenhower junto con la CIA y la Cosa Nostra. A
cambio, Giancana le pidió que su hermano, Robert Kennedy, elegido Fiscal General,
se hiciera de la vista gorda sobre sus actividades que comprometían, incluso,
al padre de estos: Joseph Kennedy.
Hoover también chantajeó a
Lyndon B. Johnson, vicepresidente en el mandato de Kennedy y su sustituto en la
Oficina Oval con posterioridad a su asesinato. Johnson también mantuvo algunas
aventuras amorosas fuera de su matrimonio, como fue el caso de Madeleine Brown,
lo que unido a sospechosos nexos con la mafia en Texas y su posible implicación
en el asesinato de Kennedy, le sirvieron para mantenerse al mando del FBI desde
1924 hasta su muerte en 1972. Richard Nixon padeció también los chantajes de
Hoover por una aventura con Marianna Lu, una aeromoza natural de Hong Kong, así
como por los vínculos de Nixon con la mafia de Las Vegas y Chicago, con el
corrupto sindicalista Jimmy Hoffa, al igual que por su supervisión directa en
varios planes de atentado contra Fidel Castro cuando era vicepresidente durante
el mandato de Eisenhower.
Lo importante del poder
adquirido de manera sucia por Hoover, no solo estaba dirigido a mantenerse como
un poder oculto sobre el gobierno norteamericano, sino también para actuar con
total impunidad en muchas de sus actividades, entre las que se encontraba su
confabulación con la CIA, la Cosa Nostra y la mafia anticubana para asesinar a
Fidel Castro, cuyo antecedente inicial fue el caso de Robert Nye, así como con
la promoción de una invasión a Cuba.
ROBERT NYE Y LOS PRIMEROS
INTENTOSDE ASESINAR A FIDEL POR PARTE DEL FBI.
Tal como señalamos en otra
parte de esta serie de artículos, uno de los antecedentes de los planes
magnicidas contra Fidel tuvo lugar un tiempo antes del triunfo revolucionario
de 1959 y sería ejecutado por Alan Robert Nye, agente encubierto del FBI quien,
luego de infiltrar a grupos de revolucionarios radicados en La Florida, arribó
a Cuba para perpetrar su crimen. Su plan, salido a luz pública en la edición
del periódico Revolución, con fecha 3 de febrero de 1959, implicó a Nye con los
órganos de inteligencia y represión de la dictadura de Fulgencio Batista. Todo
radicaba en asesinar a Fidel en plena Sierra Maestra, para lo cual el criminal
contaba con un fusil con mira telescópica y otra arma ligera.
En toda la fase de
preparación del plan participó el FBI de J Edgar Hoover junto al BRAC y el SIM
cubanos. El Buró creó la leyenda de Nye como un militar aparentemente
simpatizante de la causa rebelde en Cuba y el mismo arribó a la Isla el 12 de
noviembre de 1958, hospedándose en el Hotel Comodoro con la identidad apócrifa
a nombre de G. Collins. Por supuesto, su habitación había sido pagada por los
coroneles Carlos Tabernilla y Orlando Piedra, quienes le visitaron y le
prometieron el pago de 50 000 USD por cumplir su tenebrosa misión.
Capturado Nye al intentar
infiltrarse en la zona rebelde el 20 de diciembre de 1958, fue mantenido
prisionero por las fuerzas insurgentes hasta que fue trasladado a la Habana
luego del triunfo de enero de 1959. Tras ser interrogado y procesado, Alan
Robert Nye, fue condenado y, posteriormente, enviado a su país de origen. Con
su caso se iniciaría una de las cacerías más abominables relacionadas con una
figura política en toda la historia de la humanidad.
EL FBI, LOS KENNEDY Y FIDEL
CASTRO
Edgar Hoover estaba al tanto
de los trapos sucios de los Kennedy y usó el chantaje contra ellos para
favorecer a los planes de la CIA, montados durante el mandato de Eisenhower,
para destruir a la Revolución Cubana, incluidos los planes magnicidas contra
Fidel. Para lograr estos objetivos la CIA convenció a Kennedy a dar luz verde a
una invasión a Cuba en una reunión sostenida a inicios de 1961, cuando todo el
tinglado estaba montado a sus espaldas. Tras el bochornoso fracaso posterior de
la brigada 2506, por supuesto, Kennedy desconfió de la CIA y de todo aquel que
estuvo alguna vez implicado en la guerra sucia contra Cuba. Robert Kennedy
atacó a la Cosa Nostra, particularmente a Giancana. JFK y su hermano se habían
ganado dos poderosos enemigos que labrarían el camino hacia su ulterior
desaparición física. Sin embargo, Kennedy, trató de navegar a salvo en mar
revuelto, manteniendo su hostilidad hacia Cuba mediante una nueva escalada de
guerra sucia contenida en la Operación Mangosta, aprobada el 30 de noviembre de
1961 y a un costo de 100 millones de USD. JFK puso al general del la US Air
Force, Edward Lansdale, a cargo de la nueva operación.
Mientras tanto, Hoover se
mantuvo recabando información en un amplio dossier de 761 páginas sobre los
planes de Kennedy contra Cuba, limitándose al papel de oportunista observador,
mientras la CIA y la Cosa Nostra actuaban con total impunidad, muchas veces
apoyados por Hoover en su “batalla” contra los hermanos Kennedy y facilitando
los planes magnicidas contra Fidel Castro.
LA CAZA DE UN HOMBRE Y LA
APATIA DEL FBI
Luego, 1963, la CIA dirigió
una última misión destinada a matar a Fidel Castro dentro del mandato de los
Kennedy. La Agencia planeó emplear a Rolando Cubela, ligado a la Revolución y
con una relativa posición dentro del gobierno, como asesino a sueldo. El primer
contacto de Cubela con la CIA tuvo lugar el primero de agosto de 1963, en
Helsinki, Finlandia. Sin reparo alguno, Cubela aceptó el encargo que, a la
postre, no pudo cumplir luego de ser capturado.
Otro plan de asesinato
fraguado contra Fidel ocurrió en 1963, cuando un camarero del entonces hotel Habana
Libre sería el encargado de colocar una cápsula de botulina que bebería Fidel
Castro. El plan falló al inutilizarse las cápsulas dentro de la nevera donde
las había ocultado el potencial magnicida.
Asesinado Kennedy y en pleno
mandato de Lyndon B. Johnson, otro plan de atentado contra Fidel fue organizado
por Raúl Sanjenis en enero de 1964, quien fungió como oficial CIA durante la
Operación 40 y estuvo vinculado a la preparación de un grupo especial de la
brigada 2506. Este nuevo plan sería ejecutado por varios contrarrevolucionarios
en Cuba, entre los que hallaban Bernardo Milanés López, Mario Salabarría,
Roberto Sabater y otros elementos quienes, al transitar la caravana de Fidel
Castro por la Quinta Avenida, en el barrio habanero de Miramar, le dispararían
con una ametralladora calibre 30 mm, desde un camión de la empresa telefónica.
Por otra parte, uno de los
jefes de Luis Posada Carriles en la CIA, David Atlee Philips, abochornado por
los innumerables fracasos, planificó un nuevo atentado contra Fidel, a
realizarse en octubre de 1968, mientras éste asistiera al acto por el
Centenario de las Guerras de independencia el 10 de ese mes, en Manzanillo,
antigua provincia de Oriente. Dicho plan, elaborado por el propio Atlee
Phillips, contemplaba la infiltración de un grupo de terroristas por la Base
Naval de Guantánamo. Todo lo tuvo en cuenta el obcecado oficial de la CIA,
menos las contingencias ocasionales que llevaron al fracaso de la operación.
Incansables en su
enfebrecida obsesión por asesinar a Fidel Castro, la CIA, Posada Carriles y
otros contrarrevolucionarios de origen cubano, prepararon cuatro planes de
atentado contra Fidel Castro en 1971, a raíz de su visita a Chile, cuando el
mismo fue invitado por el gobierno de la Unidad Popular. Con él se encontraron
involucrados en una complicada madeja de opciones criminales David Atlee
Phillips y Antonio Veciana. El primero de estos planes se realizaría en los
momentos en que Fidel se asomara a un balcón del Palacio de la Moneda. Un
francotirador dispararía un fusil con mira telescópica desde una habitación del
hotel Carreras Hilton, aledaño a la casa presidencial.
De fallar el primero, el
segundo atentado tendría lugar en el momento en que Fidel ofreciera una
conferencia de prensa y dos contrarrevolucionarios de origen cubano, Marcos
Rodríguez y Diego Medina, acreditados legalmente como periodistas de la cadena
de televisión “Venevisión”, de Venezuela, dispararían dos armas de fuego
ocultas entre sus cámaras de televisión. El general de los carabineros chilenos
José María Sepúlveda, implicado también en el plan de la CIA, sería quien
facilitaría a los asesinos el acceso al lugar. Los otros dos atentados contra
Fidel en esa ocasión se trataron de realizar en Lima, Perú, y en Quito,
Ecuador, durante el periplo de regreso del gobernante cubano. En el primer
caso, el plan contemplaba el lanzamiento de explosivos desde la terraza del
aeropuerto por parte de tres contrarrevolucionarios, entre los que se
encontraban Eusebio Ojeda, ex capitán del Segundo Frente Nacional del
Escambray. El otro plan, a realizarse en Ecuador, preveía el empleo de un fusil
de mira telescópica para asesinar a Fidel, disparándole desde un avión
parqueado en una zona aledaña al suyo, perteneciente a los hermanos Guillermo y
Roberto Verdaguer. El propio Luis Posada Carriles, en unión de Osiel González,
dispararía contra el mandatario. Todos fracasaron por diversos motivos,
fundamentalmente por el miedo de sus ejecutores a perder la vida en el intento.
Unos días antes de la visita
de Fidel a Chile, se reunieron en Caracas varios de los anteriormente
mencionados, a los que se sumó Gerry Hemmings, para ultimar los detalles del
macabro plan. No cabe duda que Posada Carriles supo hacer uso adecuado de su
cargo dentro de la DISP y de su posición privilegiada en Venezuela, para hacer
de este país una base segura de operaciones contra Cuba.
Varios elementos deben ser
tenidos en cuenta al evaluar el fracaso de estas intentonas de magnicidio,
además de la cobardía y el miedo de sus potenciales ejecutores. Todo el plan
fue urdido en Miami por varios oficiales CIA y contrarrevolucionarios cubanos,
con pleno conocimiento del FBI, tanto de sus oficiales en la sede de Miami como
los Legats acreditados en las embajadas norteamericanas en esos países como Chile
y Venezuela. El propio Posada, quien era ya un probado informante del FBI, no
informó a sus superiores de este plan y se limitó a facilitar las credenciales
de Venevisión a los asesinos potenciales. Hoy se conoce ampliamente que estas
cuatro operaciones, incluidas la de Perú y Ecuador, fueron inicialmente
preparadas en una reunión realizada en una casa de seguridad de la CIA en Miami
en la que participaron, entre otros, David Atlee Phillips, Luis Posada
Carriles, Antonio Veciana, Frank Sturgis, Joaquín Sanjenis, Ricardo Morales
Navarrete y Orlando Bosch Ávila.
En ese período,
particularmente en 1977, varios terroristas vinculados a Gaspar Jiménez
Escobedo y Luis Posada Carriles planificaron el asesinato de Fidel durante su
primera visita a la isla Caribeña de Jamaica, invitado por el Primer Ministro
Michael Manley.
Los planes de asesinato
contra Fidel continuaron en forma de una enfebrecida cacería. Apenas dos meses
después de la fundación de la CORU y unas semanas antes de que se llevara a
cabo el atroz atentado contra un avión de Cubana de Aviación en Barbados,
Orlando Bosch llegó a Caracas, luego de efectuar un amplio periplo por Chile,
República Dominicana y Nicaragua. Esta visita estaba relacionada con la
participación suya y de Posada Carriles en un atentado contra Fidel durante la
visita del mismo a Angola, en septiembre de 1976. Dicho plan fue neutralizado
por la seguridad cubana en la fase de preparación. Otra vez se quedarían con
las ganas confusos y frustrados.
Por su parte, Antonio
Veciana Blanch, socio de Posada Carriles en los frustrados atentados contra
Fidel en 1971, preparó un nuevo atentado contra éste en octubre de 1979, en
unión del jefe de Alpha 66, Andrés Nazario Sargent. El plan magnicida consistía
en lanzar una pelota de softball, que escondía una bomba de contacto contra el
auto del dignatario cubano que asistió 34vo. Período de Sesiones de la ONU. Fue
éste otro de los pocos planes contra Fidel neutralizado por el FBI, al igual
que en 1959.
Posada Carriles, uno de los
más dementes y obcecados terroristas implicados en los planes magnicidas contra
Fidel, participó desde El Salvador en la organización de un plan de atentado
contra Fidel Castro en noviembre de 1988, en complicidad con Gaspar Jiménez
Escobedo y el contrarrevolucionario Orlando Mendoza. El plan contemplaba
asesinar al mandatario cuando el mismo realizara una visita a Brasil. Varios
días después se vio envuelto junto a Orlando Bosch, Gaspar Jiménez Escobedo,
Pedro Corzo Eves y otros individuos, en otro plan de atentado contra Fidel a
realizarse en diciembre de 1988, cuando éste asistiera a la toma de Posesión de
Carlos Andrés Pérez, en Caracas, Venezuela.
Gaspar Jiménez Escobedo se
enfrascó en un frustrado atentado contra la vida del Comandante Fidel Castro en
julio de 1991, en ocasión de su participación en la Primera Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, celebrada en Guadalajara, México.
En esta oportunidad, Gasparito ideó derribar el avión en que se trasladaría
Fidel empleando un cohete tierra aire. El dirigente cubano asistió al evento
con vistas a apoyar este importante mecanismo de consulta entre los jefes de
estado y de gobierno de América Latina y España, promovido por Brasil, España y
México. De la reunión salió el acuerdo de realizar la Segunda Cumbre en España,
en 1992, y la Tercera en Brasil, en 1993. Los enemigos de la Revolución se
congratularon de encontrar espacios idóneos para atentar contra Fidel cuando
asistiera a estos eventos.
En aquel entonces, el hoy
propietario de la empresa panameña Longlac Enterprise, dedicada a la
comercialización de armamento, Mario Delamico, se encargó de transportar hacia
Nicaragua y otros destinos centroamericanos grandes cantidades de armas
procedentes de los Estados Unidos. Luego del escándalo Irán-Contras, Delamico
devino en abastecedor de Posada para la consumación de sus planes terroristas
contra Cuba, incluida la eterna intención de matar a Fidel a toda costa, como
ocurrió en los planes para eliminar al líder cubano durante una posible visita
a El Salvador, en ocasión de la toma de posesión del presidente Reina, el
atentado frustrado contra el líder cubano en Cartagena de Indias, en Colombia,
durante 1994, e, incluso, uno de los tres planes preparados contra Fidel
durante su visita a República Dominicana en 1998.
A inicios de los años
noventa, las intentonas contra la vida de Fidel fueron en aumento, de forma tal
que solo en ese tiempo se fraguaron 16 nuevos atentados contra su vida y 8
contra otros dirigentes cubanos. En todos estos casos, así como en 108
atentados de todo tipo, estuvo involucrada la FNCA y Posada Carriles, con pleno
conocimiento de los Agentes Especiales a Cargo del FBI en la sede de Miami.
Uno de estos planes de
atentado contra Fidel se fabricó en 1991, para realizarse cuando el mismo
visitara a España el próximo año, involucrando directamente en el mismo a los
líderes de la FNCA Francisco José Hernández Calvo y Roberto Martín Pérez. Lo
realmente absurdo del rol del FBI en relación con este plan es que, cinco meses
después de la entrevista de Posada con el FBI en la embajada norteamericana en
Tegucigalpa, éste fue visitado por Gaspar Jiménez Escobedo el 15 de julio de
1992, con la finalidad de coordinar el atentado contra Fidel Castro. De acuerdo
con este plan magnicida, Posada Carriles se encargaría de conseguir un
lanzacohetes RPG-7, de fabricación soviética, para atentar contra el avión del
mandatario cubano durante su visita a España, en ocasión de celebrarse allí la
II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, entre los días 23 y 24 de julio de
1992. Otra vez los vínculos entre Posada y la FNCA se volvían a materializar en
una nueva conspiración contra Fidel. Otra vez la sádica perseverancia sería
premiada con el fracaso.
Por su parte, ya instalado
Posada, en enero de 1994, en el apartamento 401 del Edificio Moncada, ubicado
en la Avenida Juan Lido, Colonia Ninites, en Tegucigalpa, preparó un nuevo
atentado contra Fidel Castro, considerando su posible asistencia a la toma de
posesión del electo presidente Carlos Roberto Reina. Para ejecutar este plan,
la FNCA desembolsó 20 000 dólares y planificó el empleo de un francotirador
quien dispararía contra ambos mandatarios con un fusil dotado de mirilla
telescópica. Junto a Posada Carriles estuvieron involucrados Roberto Martín,
Ramón Orosco, Gaspar Jiménez Escobedo y Francisco Castro Paz. El tirador sería
el propio Posada.
Sin cejar en su permanente
intento de agredir a la Revolución Cubana y de asesinar a su máxima figura,
Posada Carriles, en unión de cinco terroristas fracasó una vez más en la
realización de un atentado contra Fidel en Cartagena de Indias, Colombia,
durante la celebración de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado.
Celebrada entre los días 14 y 15 de junio de 1994, dicho plan preveía
ejecutarse cuando el jefe de estado cubano realizara un paseo por la ciudad en
compañía del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Abundante dinero
desembolsó la FNCA, cerca de 50 000 dólares, para adquirir diversos medios de
guerra, entre los que se encontraban bazookas, armas largas y explosivos. El
plan contemplaba asimismo el empleo de un fusil Barrett, calibre 50, enviado
desde Miami, con el que se dispararía contra el mandatario cubano. Hoy se
conoce que Posada Carriles contó con la ayuda de Alberto Hernández, Félix
Rodríguez Mendigutía, Gaspar Jiménez Escobedo, Ramón Orosco Crespo, Roberto
Martín Pérez y Raúl Valverde.
Durante ese mismo tiempo,
Arnaldo Monzón Plasencia y la FNCA planeaban otro plan alterno que incluía la
preparación y ulterior infiltración de un team integrado Santos Armando
González Rueda y José Francisco Ramírez Oro, cubanos residentes en Estados
Unidos, para enviarlos a Cuba a atentar contra instalaciones turísticas y
ejecutar el asesinato del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Ambos terroristas
se infiltraron por Puerto Padre, provincia de Las Tunas, el 2 de marzo de 1995,
logrando enterrar 51 libras de explosivo plástico C-4 y otros medios. Fueron
traídos en una embarcación tripulada por varios miembros de la FNCA, entre los
que se encontraba José Pujol, uno de los tripulantes que en el 2005
introdujeron ilegalmente a Luis Posada Carriles en Estados Unidos utilizando el
“Santrina”.
Los dos criminales
infiltrados en Cuba trajeron, y enterraron, 22,12 kilogramos de C-4, otra
pequeña bolsa con 1,383 kilogramos de ese mismo explosivo, 12 detonadores
eléctricos, 3 relojes marca Cosmo Quartz, 25,5 metros de cordón detonante, 2
pistolas rusas marca Baikal, 75 cartuchos de 9 mm. Lo interesante del caso fue
que ambos terroristas portaban un teléfono celular marca CELLSTAR de la NEC,
número 03171115H3, entregado anteriormente a mi persona por Pepe Hernández para
mis tareas operativas en la Habana a favor de la FNCA y que les había yo
devuelto hacía apenas tres meses.
Meses después, en agosto de
1995, Roberto Martín Pérez, Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo,
Eugenio Llaneras y otros miembros de la FNCA se involucraron en un plan de
atentados contra Fidel Castro durante la celebración de la V Cumbre de Jefes de
Estado a realizarse en San Carlos de Bariloche, República Argentina. Lo mismo
ocurrió en noviembre de 1996, cuando Posada Carriles y Félix Rodríguez
Mendigutía organizaron un nuevo intento de magnicidio contra Fidel durante su
visita a Chile para participar en la VI Cumbre de Jefes de Estado de
Iberoamérica.
Mientras tanto, muchos de
los agentes del FBI en la División de Miami, como el propio Paul R. Philip, el
agente especial en el cargo de la oficina de Miami del FBI; el Agente Especial
Raúl Fernández, asignado a la Dirección Operativa de Miami desde 1987; David A.
Cardona, agente especial a cargo de Supervisión; el Agente Especial Joseph
Persichini, Jr.; el Agente Especial de Supervisión de la Ley contra la
Corrupción Pública y programas del Fraude Gubernamentales; el Agente especial
del FBI James Pat Laflin, así como los agentes D. Keith Bryars, Keith Slotter,
Robert E. Casey, Sean Joyce, y muchos otros, enfrascados algunos en la lucha
contra el crimen, ignoraron deliberadamente por órdenes de sus jefes las
actividades magnicidas y terroristas de los mafiosos cubanos asentados en
Miami. Como una tradición, el propio Paul R. Philip, al igual que los harían
sus sucesores Héctor Pesquera y Salomon, confraternizó sistemáticamente con los
contrarrevolucionarios ejecutores de un descarado terrorismo contra Cuba,
ignorando deliberadamente sus criminales actividades. Fidel continuaba en la
mira de sus obcecados enemigos.
Percy Francisco Alvarado Godoy
21 de mayo de 2010
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lunes, 2 de junio de 2014
Archivo: Mi… “¿Querido?”… FBI. (Novena parte)
PUERTO RICO, EL FBI Y LOS
CRIMENES DE LA CONTRARREVOLUCION ANTICUBANA.
Cuando aún se mantiene el
dolor en los familiares, amigos y compañeros de Carlos Muñiz Varela, asesinado
el 28 de abril de 1979, y permanece vivo el reclamo de justicia luego de 31
años de este execrable hecho, se confirma todavía más el oscuro compromiso
entre la mafia terrorista anticubana y el FBI en relación con tan lamentable
asunto: los primeros ejecutaron el crimen con total impunidad, mientras el Buró
nada hizo por esclarecerlo u ocultó deliberadamente la identidad de los
responsables del crimen.
El hijo de Carlos, cuyo
único delito fue propiciar en acercamiento con la Patria amada, dijo en el
homenaje de recordación: “Vamos a seguir insistiendo como un asunto ético de
nosotros de recordarle a las autoridades que tienen que cumplir su deber
ministerial de hacer justicia”.
El arquitecto Carlos Muñiz
Pérez, hijo de Muñiz Varela y portavoz del Comité de Amigos y Familiares de
Carlos Muñiz Varela, tiene toda la razón. Muchos han sido los reclamos por
encontrar a los culpables y la infructuosa búsqueda de los mismos siempre ha
chocado contra un poderoso muro de silencio e indiferencia por parte de las
autoridades boricuas, incluyendo la Oficina del FBI en San Juan, Puerto Rico,
así como las otras cuatro oficinas residentes asentadas en Aguadilla, Fajardo,
Ponce, San Thomas y San Croix, la primera de ellas dirigida a partir del 12 de
abril de 2004 por Luis S. Fraticelli, desde su sede en el Edificio de Oficinas
Federales, Suite 526, Hato Rey, Puerto Rico, extendiendo también su autoridad
en las Islas Vírgenes.
Lo sorprende de la
reticencia del FBI y las autoridades a esclarecer el asesinato de Carlos Muñiz
Varela fue recientemente denunciado por Jean-Guy Allard en un artículo
publicado el 28 de abril de 2010, en el que denunció que, desde el 2008, el
propio ASC del FBI en San Juan, Luis S. Fraticelli, había reconocido que el
Buró disponía de suficiente evidencia e información para esclarecer este caso,
lo que presupone conocimiento sobre la autoría de los criminales, motivaciones,
afiliación y fuentes de financiamiento. Transcurridos dos años de las
declaraciones de Fraticelli, el FBI permanece en silencio y no ha tomado acción
alguna. Otros dos elementos muestran también el interés de las autoridades
estaduales y federales por acallar el caso. El 11 de febrero de 2010 el
estrenado Secretario de Justicia ad ínterin de Puerto Rico, Guillermo Somoza
Colombani, se comprometió con los reclamantes del Comité de Amigos y
Familiares, el realizar: “una evaluación en su totalidad del expediente
investigativo, a los fines de determinar si quedan gestiones que realizar y
sobre todo darle seguimiento a una solicitud efectuada al FBI.” Todavía más
asombroso resultó que ni el propio Obama, luego de recibir una misiva fechada
el 15 de diciembre del 2008 y enviada a él por el ex gobernador boricua Acevedo
Vilá, confirmando el conocimiento absoluto del FBI y del propio Fraticelli
sobre el asesinato de Muñiz Varela, ha emitido una orden para esclarecerlo.
LA OFICINA DEL FBI EN PUERTO
RICO
La Oficina de Campo de San
Juan tiene jurisdicción en más de 280 tipos de casos, relacionados con las
violaciones de los derechos civiles, el terrorismo interno, el crimen
organizado, el narcotráfico, el crimen violento, robo de bancos, el secuestro,
la extorsión, la piratería aérea, el fraude de atención médica, fraude
bancario, la delincuencia de cuello blanco, la corrupción pública y la
seguridad nacional, aunque su eficacia en cuanto a temas relacionados con la
lucha contra el terrorismo y las violaciones de los derechos humanos ha sido
puesta en duda de manera reiterada, confabulándose, incluso, en el amparo de
los ejecutores de estas actividades.
Para el 18 de marzo de 2000
mucha gente no se sorprendió que el Director del FBI en esos momentos, Luis
Freeh, reconociera públicamente, ante una Audiencia ante la Comisión de
Apropiaciones de la Cámara de Representantes, el papel cómplice del FBI en la
violenta persecución contra dirigentes del movimiento pro independentista
durante las décadas de los cincuenta y los sesenta del pasado siglo. Varios hechos
se reconocieron por Freeh en esta audiencia: la disposición del FBI de
torpedear las investigaciones que realizaran por su cuenta los grupos
independentistas desde 1977 y la existencia de cerca de 150 mil expedientes
abiertos sobre independentistas boricuas. La orden para recrudecer tan
descarado espionaje, y para acciones para desarticular el movimiento
independista, había partido del director Hoover a partir del 12 de abril de
1960.
Sin embargo, a pesar de la
promesa de Freeh, se puso conocer que el FBI continuó espiando descaradamente a
muchos boricuas, armando 2 000 expedientes que recogen llamadas telefónicas
entre el año 2000 y el 2006, escudándose en su supuesta lucha contra el
terrorismo, según lo denunció el Washington Post el 18 de enero de 2010.
No se habló sin embargo, ni
por Freeh ni por los miembros de la Cámara de Representantes, sobre el
cuestionado e ineficaz papel del FBI en el esclarecimiento de muchos de los
crímenes cometidos por la contrarrevolución de origen cubano y la ola de atentados
perpetrados por ellos en Puerto Rico, de manera descarada y con total
impunidad, entre los que sobresalieron:
● 7 de enero de 1969: Es
colocada una bomba en el auto del Secretario General del Movimiento
Independista Puertorriqueño, Juan Mari Brás, estacionado frente a su casa. El
artefacto explosivo fue desactivado.
● 31 de mayo de 1969:
Desconocidos envían por correo explosivos antipersonales a las oficinas del
M.P.I., ubicadas en Río Piedras, San Juan.
● 12 de noviembre de 1971:
Intento de atentado contra la vida del Presidente del Partido Independentista
Puertorriqueño, Rubén Berríos Martínez, cuando éste viajaba hacia Caguas,
ocasión en que fue encañonado con armas de fuego desde otro auto en marcha.
Pudo evadir la amenaza.
● 13 de noviembre de 1971:
Fue tiroteada la Oficina del Comité Central Partido Independentista
Puertorriqueño, presumiblemente por el contrarrevolucionario de origen cubano
Luis Fathel Catasú. Fue capturado y, posteriormente, puesto en libertad de
forma absurda e impune. Es el primer incidente probado del empleo de la mafia
terrorista cubana en actos de este tipo.
● 11 de marzo de 1973: Una
bomba fue hecha detonar en el cuarto piso de la Facultad de Estudios Sociales
de la Universidad de Puerto Rico. El FBI nunca dio a conocer el resultado de
sus pesquisas con respecto a este caso.
● 24 de junio de 1973:
Varios dirigentes del PSP como Miguel Cabrera Figueroa, Ángel Luis Gandía y
Edwin Reyes Cabrera, son víctimas de un atentado contra sus vidas, saliendo
herido uno de ellos.
● 25 de julio de 1973: Fue
colocada una bomba en la oficina del Comité Central del Partido Socialista
Puertorriqueño, en Río Piedras. El hecho se lo adjudicó el Ejército Cubano
Secreto, una mascarada de Omega 7.
● 5 de agosto de 1973: Omega
7 hizo estallar una bomba en el Consulado de Venezuela en San Juan, Puerto
Rico.
● 11 de enero de 1975: Un
poderoso artefacto explosivo causa dos muertos, Eddie Román Torres y Ángel Luis
Charbonier, así como 12 heridos, en un acto del P.S.P. en la Plaza de la ciudad
de Mayagüez.
● 24 de marzo de 1976: Fue
asesinado Santiago “Chagüi” Mari Pesquera, hijo del Secretario General del
P.S.P. y candidato a la Gobernación de Puerto Rico, Juan Mari Brás.
EL COINTELPRO Y SU EMPLEO
CONTRA LA CAUSA INDEPENDENTISTA.
El desarrollo del programa
de contra inteligencia conocido como COINTELPRO para investigar, desactivar y
denigrar a luchadores y personalidades pro independentistas en Puerto Rico, se
extendió desde los años 50 hasta los 80, cuando su uso fue declarado
inconstitucional, primero por el Procurador General de los EE.UU., Edward Levi,
en 1976, y luego por , la Corte Suprema de Puerto Rico, hasta que una
iniciativa del congresista demócrata de origen puertorriqueño José E. Serrano,
logró la liberación de los Archivos del FBI. Desde luego, no todo salió a la
luz y no aparece en el sitio web del Centro de Estudios Puertorriqueños. Muchos
hechos permanecieron en los oscuros almacenes del FBI, como es el caso de la
información relacionada con el asesinato de Carlos Muñiz Varela.
La justificación de la
aplicación de COINTELPRO, la dio el propio director del FBI entre 1924 y 1971,
y fallecido en 1972, J. Edgar Hoover, cuando expresó en una orden interna del
Buró sobre la actividad de espionaje a los dirigentes independentistas: "Debemos
tener información relativa a sus debilidades, la moral, antecedentes penales,
esposos, hijos, vida familiar y las actividades personales que no sean
actividades de la independencia".
En este sentido, el FBI
elaboró documentos desde la creación de su oficina en San Juan en 1935, muchos
de ellos desclasificados, que abarcaron casi dos millones de páginas, en los
que se pueden diferenciar informaciones agrupadas en tres categorías: personas
de interés, organizaciones y programas de lucha de las mismas. No escaparon a
la sucia indagación figuras de posiciones tan opuestas como Pedro Albizu Campos
y Luis Muñoz Marín.
Otra destacada figura
asediada por el FBI fue Juan Mari Brás, lo que incluyó el espionaje contra su
organización, el Partido Socialista Puertorriqueño, así como a su propia
familia. Particular conmoción causó la desclasificación de un Memo sobre el
asesinato de su hijo Santiago "Chagui" Mari Pesquera, ocurrido en
1976. De igual forma se intentó difamar al desatacado político en falsos affaires
amorosos.
COINTELPRO dio luz verde a
irregularidades anticonstitucionales por parte del FBI como lo fueron la
interceptación de conversaciones telefónicas, campañas para denigrar a figuras
independentistas y sembrar conflictos entre ellas mediante cartas y documentos
apócrifos y anónimos, difamación mediante fotos falsas y la ridiculización
mediante caricaturas, la infiltración de informantes provocadores y falsarios,
así como la realización de sabotajes, amenazas e, incluso, asesinatos.
COINTELPRO también se aplicó
a la comunidad boricua residente en Estados Unidos, cumpliendo una indicación
del propio Hoover en la que se expresó: “Debido al gran número de
puertorriqueños que residen en Nueva York, y el hecho de que un número de
organizaciones independentistas están activas en Nueva York, las oficinas de
Nueva York y San Juan deberán intercambiar ideas sobre tácticas y técnicas que
sean efectivas en sus divisiones.”
FBI: ¿INCAPACIDAD O
CONFABULACION?
No solo los asesinatos de
Santiago "Chagui" Mari Pesquera y de los mártires de Cerro Maravilla
fueron los únicos asesinatos políticos ocurridos en Puerto Rico. El crecimiento
de este fenómeno alcanzó su más notable parangón en la década de los setenta
cuando ocurrieron otros crímenes como el del dirigente sindical Juan Caballero,
el de Carlos Muñiz Varela, el del militante socialista Ángel Charbonier y el
del prisionero político Ángel Rodríguez Cristóbal, nada menos que dentro de una
cárcel norteamericana. Junto a estos hechos, ocurrieron cerca de 170 actos de
terror contra oficinas del Partido Independentista Puertorriqueño, el Partido
Socialista Puertorriqueño, periódicos, imprentas y otras instalaciones. Nunca
el FBI esclareció alguno de estos hechos de forma real y efectiva.
EL ASESINATO DE FILIBERTO OJEDA
Y LA REPRESION DEL FBI EN PUERTO RICO.
El 23 de septiembre de 2005,
sobre las 4:30 p.m., un descomunal despliegue del FBI que involucró a con
helicópteros, vehículos militares, ametralladoras y francotiradores, sacudió al
pueblo de Hormigueros, en el oeste de Puerto Rico, irrumpió en el hogar de
Filiberto Ojeda Ríos y de su esposa, Elma Beatriz Rosado. Un centenar de
proyectiles impactaron en la vivienda donde el líder independentista se
defendió como pudo, logrando herir a uno de los agentes federales. Filiberto
conminó a su esposa a abandonar la vivienda, ocasión en que fue ultrajada y
aprehendida por la fuerza. A partir de ese momento se ejecutó el crimen. Luego
de esperar casi 24 horas, el FBI penetró a la vivienda y encontró el cuerpo de
Filiberto desangrado. De inmediato, su cadáver fue trasladado a la Unidad
Forense del Departamento de la Policía de Puerto Rico.
Decenas de personas trataron
de acceder al lugar, pero el FBI les impidió el acceso. Entre ellos estaba el
doctor Héctor Pesquera.
El brutal asesinato
conmocionó a toda la sociedad borinqueña, sin distinción de afiliación
política. Muchas fueron las voces que repudiaron el crimen de alguna manera,
como la del Arzobispo católico, Roberto González Nieves; la de Ricardo Santos,
presidente del sindicato de electricistas; la del ex gobernador Rafael
Hernández Colón; la de Rubén Berríos, presidente del Partido Independentista
Puertorriqueño; e, incluso, la de Tomás Rivera Shatz, presidente titular del
Partido Nuevo Progresista. Sin embargo, fue la voz de su pueblo amado la que
más se hizo sentir: cerca de un millar de personas se concentró en el estadio
Hirám Bithorn, para manifestar su repudio por el asesinato de Ojeda. Fue su
marcha valiente hasta la Corte Federal y otras manifestaciones de protesta, las
que obligaron al gobierno a autorizar la presencia del doctor Héctor Pesquera,
miembro del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, en la autopsia
oficial del cuerpo de Filiberto.
La verdad sobre lo ocurrido
en el brutal ataque contra la vivienda de Filiberto saldría a la luz por boca
del doctor Pesquera: “Filiberto Ojeda Ríos recibió un disparo cerca de la
clavícula derecha. “El proyectil le penetró a la altura de la clavícula derecha,
ingresó al pulmón y salió por la espalda, donde la bala se quedó alojada entre
su espalda y el chaleco antibalas que llevaba puesto. No murió por el fallo de
ningún órgano comprometido por la herida. Murió porque lo dejaron desangrar.”
(…) “La razón porque el FBI no permitió a los doctores entrar a la casa es
porque querían a Filiberto muerto. En mi opinión a Filiberto le disparó un
francotirador y lo dejaron desangrar hasta la muerte; esto fue un asesinato por
parte del FBI”.
Miles de boricuas dieron la
última despedida al cuerpo de Filiberto Ojeda Ríos en el Ateneo Puertorriqueño
y, posteriormente, en el Colegio de Abogados en San Juan. Allí estuvieron
presentes los militantes y líderes del Partido Nacionalista de Puerto Rico, del
Partido Independentista Puertorriqueño, del Movimiento Independentista Nacional
Hostosiano y del Frente Socialista de Puerto Rico, así como personalidades de
la talla de lolita Lebrón, Danny Rivera, Roy Brown, Julio Murientes, el ex
gobernador Rafael Hernández Colon, el Arzobispo Roberto González, entre otros.
El 10 de febrero de 2006, un
grupo del task force del FBI realizó un descomunal operativo contra muchos
ciudadanos boricuas que protestaron por el brutal asesinato de Filiberto Ojeda,
invadiendo violentamente sus hogares y oficinas, bajo la amenaza de fuerza
bruta y desmedida, violentando sus archivos personales y robándoles sus
computadoras. Algunos de los ciudadanos hostigados fueron varios dirigentes
sindicales, la profesora de sociología Liliana Laboy, así como Norberto Cintrón
Fiallo, organizador del funeral de Ojeda Ríos. No era, por supuesto, una
inusual redada. Ya en agosto y octubre del 2004, el FBI usó este brutal
despliegue de fuerza contra ciudadanos boricuas miembros de la Unión
Independiente Auténtica (UIA).
El 9 de agosto de 2006, por
primera vez, el FBI dio a conocer su versión de los hechos en su sitio www.fbi.gov, mediante un
comunicado de la Oficina Nacional de Prensa del FBI, en respuesta al Informe de
la Oficina del Inspector General (OIG), acerca de las circunstancias que
mediaron durante el intento por capturar a Filiberto Ojeda Ríos, titulado:
"Una Revisión del Incidente de disparos en el cual estuvieron
Involucrados el Negociado Federal de Investigaciones y Filiberto Ojeda Ríos en
Septiembre de 2005."
En una parte del informe se
trata, desde luego, de culpar a Filiberto por el inicio del tiroteo, lo que no
ha sido comprobado por entidades ajenas al Buró:
“En su extenso informe, la
OIG confirmó la secuencia de eventos que los oficiales del FBI describieron
después del incidente. La OIG llegó a la conclusión de que Ojeda Ríos inició el
tiroteo y abrió fuego contra los agentes del FBI mientras éstos intentaban
entrar a la residencia. Ojeda Ríos disparó 19 balas, 8 de las cuales alcanzaron
a agentes del FBI. Un agente fue herido de gravedad en el abdomen. Los agentes,
miembros del especializado Equipo de Rescate de Rehenes (Hostage Rescue Team –
HRT), devolvieron entonces el fuego. La OIG determinó que los agentes
devolvieron el fuego justificadamente y que el uso de fuerza por los agentes en
el operativo de Ojeda Ríos, incluyendo el tiro que mató a Ojeda Ríos, no violó
la Política de Fuerza Letal del Departamento de Justicia de los Estados
Unidos.”
El factor esencial, la
muerte deliberada de Filiberto a falta de asistencia médica, se trató de
justificar de la siguiente manera:
“La OIG también llegó a la
conclusión de que la demora en entrar a la casa de Ojeda Ríos después que Ojeda
Ríos fue alcanzado por una bala estuvo basada en una preocupación legítima por
la seguridad de los agentes.”
Por último, para no lavarse
las manos descaradamente como Poncio Pilatos, el FBI se hace una velada y
tímida autocrítica cuando expresó:
“El informe establece una
serie de recomendaciones, mayormente con relación al operativo de arresto de
Ojeda Ríos, las cuales serán revisadas y consideradas cuidadosamente. El FBI
reconoce la importancia de incrementar la comunicación y coordinación entre la
Oficina Central del FBI, el HRT y nuestras oficinas de campo durante
operaciones significativas de esta naturaleza. Agradecemos el informe de la OIG
sobre este incidente.”
EL FBI DE PUERTO RICO,
COMPLICE DEL TERRORISMO CONTRA CUBA.
Puerto Rico fue escenario de
la actividad de los grupos terroristas anticubanos desde los primeros años que
sucedieron al triunfo revolucionario en Cuba, el 1 de enero de 1959. Hacia allí
marcharon decenas de esbirros, lumpen y burgueses, cargando en sus corazones un
odio insensato hacia la revolución triunfante. Otros, los que escogieron a
Miami y Nueva Jersey como futuras guaridas, se trasladarían hacia la Isla del
Encanto en múltiples oportunidades para fraguar todo tipo de fechorías e
implementar un terrorismo irracional contra sus conciudadanos y contra aquellos
boricuas que admiraban los logros cubanos y mostraban simpatía hacia ellos.
Algunos hechos demuestran esta enfermiza actividad:
● El 10 de noviembre de 1960
fue herido un funcionario del Banco de Comercio Exterior de Cuba, al ser
agredido por elementos terroristas en San Juan, Puerto Rico.
● El 22 de agosto de 1962,
fue dañado con sustancias letales en San Juan, Puerto Rico, un cargamento de
azúcar procedente de Cuba, que se encontraba en el barco británico S.S.
Streatham Hill, fletado por la Unión Soviética.
● El 13 de septiembre de
1968 fue dinamitado el buque español Coromoto, en Puerto Rico.
Durante las décadas de los
años 60 y 70, se organizaron y reorganizaron múltiples organizaciones del
exilio cubano de derecha, partir del criterio de convertir a esta zona como
zona de guerra contra Cuba, destacándose una de las organizaciones
contrarrevolucionarias que surgió en Puerto Rico en los años 60, auto
denominada Alpha 66, creada con ese nombre por ser la letra Alpha la primera
letra del alfabeto griego, que significa comienzo, punto de partida. El número
66 lo tomaron del hecho de que fueron sesenta y seis personas las que la
integraron en un inicio, según lo recogió el FBI en su archivo R-759-1-57. En
el comienzo, Alpha había estado compuesta por gente de diversa procedencia:
tímidos luchadores contra Batista, como el propio Andrés Nazario y
Eloy Gutiérrez Menoyo, que luego se sintieron traicionados por la
radicalización del proceso revolucionario y optaron por abandonar el país,
rumbo a Estados Unidos. Hoy existen fuertes evidencias que tanto Nazario Sargén
y Antonio Veciana Blanch, dos de los fundadores de Alpha 66, fueron informantes
del FBI, tal como puede atestiguarse en los archivos del Buró clasificados como
R-759-4-153 / 5 y R-759-1-125/2-27. Antonio Veciana Blanch (alias Víctor), por
su parte, estuvo vinculado en Cuba a los sabotajes contra El Encanto y otras
tiendas, así como los frustrados intentos por quemar Sear´s, J. Vallés y Fin de
Siglo. En esta etapa se unió al Segundo Frente Nacional del Escambray, dirigido
por Eloy Gutiérrez Menoyo.
La penetración del FBI
dentro de Alpha 66 fue permanente y el Buró estuvo al tanto de la actividad
terrorista desatada por terroristas como Nazario Sargén, Antonio Veciana, Eloy
Gutiérrez Menoyo y otros. [FBI-R-759-2-23],
[FBI-R-759-1-?], Name change to Commando 66 (30 Oct 1962) [R-759-1-72]; however
the FBI reconsiders on ½/63 and maintains separate files. [R-759-1-181]
[FBI-R-759-1-72], [FBI-R-759-1-181] Cuba, por su parte, había penetrado a Alpha
66 con el agente del G-2 Enoel Salas Santos, entre otros, y pudo conocer desde
temprano la total impunidad del grupo terrorista ante las autoridades del FBI.
Las actividades del Alpha 66
en Puerto Rico quedaron evidenciadas el 13 de septiembre de 1962, cuando
Veciana manifestó al San Juan Star, que disponía de 300 hombres, cerca de 100
mil USD y armamento suficiente para su contingencia contra Cuba, según lo
recogió el FBI en su informe R-759-1-24. Al día siguiente, Veciana manifestó
que Alpha 66 ejecutaría contra Cuba, en octubre de 1962, las operaciones “Acción
Antonieta” y “Acción Carmen”. [R-759-1-28/33] [FBI-R-759-1-28/33]
El primer ataque de Alpha 66
contra Cuba se realizó por Isabela de Sagua, al norte de Las Villas, en octubre
de 1962. Allí dinamitaron una vivienda que, según ellos, era del G-2. Partieron
desde la base que habían creado en Key Williams, en las Bahamas; el grupo
estaba integrado por Nicolás Salado, Colo; Zenén Castillo; Publio Ruiz y
Julio Cruz. [FBI-R-759-2-114], [FBI-R-759-2-1127] Eso los estimuló y dos meses
más tarde, en diciembre de 1962, atacaron la playa de Juan Francisco, en
Caibarién, también en el norte de Las Villas. Aquí no fueron tan atrevidos.
Pusieron una granada en la orilla y de inmediato se perdieron, no sin antes
tirotear la zona. La lancha de cerca de 15 pies que los trajo, los trasladó
rápidamente hacia cayo Williams. Junto a Colo, vinieron en esta oportunidad
Cecilio Vázquez, José Casanovas y Ramón Quesada. [FBI-R-759-2-117]
En mayo de 1963 atacaron el
campamento de becados de Tarará. [FBI-R-759-3-120] Esta vez no vino Colo, pero
sí Julio Cruz y Zenén Castillo, que habían venido en octubre y Ramón Quesada
Gómez, que lo había hecho en diciembre. Los otros dos miembros del comando eran
Agustín Gutiérrez y Elio Grillo. Ese mismo año tirotearon el barco inglés New
Lane, fondeado en Caibarién. En este caso fue Veciana el que consiguió las
armas y equipamiento necesario y realizaron el ataque la gente que después
integraría los llamados “Comandos L”: Tony Cuesta, Antonio Quesada y Ángel
Pouxés, en compañía de otra persona. Todos vinieron en una embarcación tipo
V-18, equipada con una ametralladora calibre cincuenta.
En 1964 pretendieron
desarrollar una operación en gran escala, que conllevaría la infiltración de
cerca de 50 hombres bajo la cobertura de un llamado “Plan Omega”.
[FBI-R-759-5-63], [FBI-R-759-5-75], [FBI-R-759-6-137] y [FBI-R-759-6-139]. En
realidad, desembarcaron, el 28 de diciembre, cuatro personas en las costas
punta Caletas, Baracoa, en la provincia de Oriente, capitaneados por Eloy
Gutiérrez Menoyo, quien en ese entonces vivía en el 201 SW 12 avenida, en
Miami. Habían salido en una embarcación de 25 metros de eslora, proveniente de
Puerto Manzanillo, en República Dominicana. Este comando estaba integrado
además por Ramón Quesada Gómez (ex comandante del Directorio Revolucionario 13
de Marzo), Domingo Ortega Acosta (ex capitán de la comandancia de William
Morgan) y Enoel Salas Santos, quien resultó ser un miembro de la Seguridad del
Estado cubana. Habían partido desde una base de entrenamiento radicada en
República Dominicana, la cual cerró posteriormente, luego de quedar al desnudo
el apoyo dominicano a la gente del Alpha. Fueron detenidos el 23 de enero del
1965 en Aguada de Palmas, Imías, con material de guerra, equipos de
comunicación y otros de subsistencia. El cabecilla fue sancionado a treinta
años de prisión en la causa 83/65. Gutiérrez Menoyo recibió la tarea de
organizar desde la cárcel diversas células de Alpha 66, captó desde 1970 a
varios reclusos en la prisión de Boniato y en otro reclusorio en el que estuvo
antes, siempre con el auxilio de su amante Isabel Rodríguez.
El fracaso de Gutiérrez
Menoyo había quedado atrás. Tras diversos intentos de llevarlo a cabo en 1969,
cuando Méndez fue ascendido a coronel, se lanzaron de nuevo a la misma aventura
en tierras orientales. El día 17 de abril de 1970, rememorando el desembarco de
Girón, volvieron otra vez a la Isla. En esta ocasión desembarcaron en Baracoa
un total de 13 hombres, con el propósito de internarse en las montañas. De
inmediato fueron aniquilados. Luego de diversos encuentros en la zona, al final
fueron capturados. Fue el 24 de abril de 1970. Alpha 66 recibió ese día un golpe
demoledor. Un mes después, en mayo de 1970, fueron capturados por comandos del
Alpha los pesqueros Plataforma I y Plataforma IV. Los 11
tripulantes fueron detenidos y abandonados en cayo Andros, en las Bahamas.
Otra de las organizaciones
terroristas de origen cubano que operó en Puerto Rico fue el Frente de
Liberación Nacional Cubano, fundado en Octubre de 1973, a partir de una
veintena de individuos provenientes de un grupo entrenado por la CIA y
autodenominado los Halcones Dorados, quienes se experimentaron en actividades
de paracaidismo en infiltración por aire. Su fundador y líder fue Frank Eulalio
Castro Paz, también identificado como Frank Castro, quien incorporó al FLNC a
individuos como Antonio Néstor Izquierdo, ex mercenario de la Brigada 2506 y
agente de la CIA; Luis Alberto Crespo del Valle, terrorista a quien le explotó
una bomba que preparaba junto a Humberto López para atentar contra objetivos
relacionados con Cuba; y Rolando Otero Hernández, responsable de varias oleadas
terroristas en Estados Unidos y Puerto Rico, así como en otros países.
Según un informe del FBI,
numerado como File #105-22478, un comunicado del FLNC dado a publicidad en
octubre de 1975, reclamó la autoría de varios atentados terroristas como la
colocación de una bomba, en septiembre de 1975, contra la embajada Soviética en
Bogotá y otra contra un Festival de Cine Cubano en la misma ciudad. Por otra
parte, el FLNC también se adjudicó la autoría de la explosión en el Teatro
Modelo de Río Piedras y el de Mayagüez, ambos en Puerto Rico, el 8 de octubre
de 1974, durante la realización de un Festival de Cine Cubano.
Otra de las organizaciones
terroristas que actuaron en Puerto Rico fue la Agrupación Abdala, presentada
por algunos como apéndice del FLNC y que fue fundada en 1968 en Nueva York y
New Jersey, por Gustavo Bienvenido Marín Duarte, René Fernández del Valle,
Enrique Encinosa Canto, Leonardo Viota, entre otros, así como su representante
en Puerto Rico y actual jefe de un grupúsculo denominado Frente para la Liberación
Total de Cuba, Sergio Ramos Suárez. Abdala fue responsable de varios hechos
criminales, entre ellos la colocación de una bomba el 13 de julio de 1978, en
un hotel donde se alojaba una delegación artística cubana en Puerto Rico. La
Agrupación Abdalá, destacada por su enseñamiento contra quienes promovían los
viajes de los emigrados a Cuba, realizó una veintena de agresiones terroristas
contra embarcaciones cubanas entre 1972 y 1975., a la par que se dedicó a crear
provocaciones contra funcionarios y sedes diplomáticas de Cuba ante la ONU, tal
como ocurrió en dos ocasiones durante el año 1978. Particularmente
desfachatadas fueron sus provocaciones contra el equipo cubano de fútbol en
California, EE UU, y la provocación montada contra ese mismo grupo de deportistas
días después, el 5 y el 9 de abril de ese mismo año, en Atlanta y Chicago,
respectivamente.
También como apéndice del
FLNC actuó en Borinquén la Acción Sindical Independiente, dirigida por Pedro
Hernández.
El FLNC cobró notoriedad con
la colocación de una poderosa bomba en el Colegio de Abogados de Puerto Rico,
el 14 de enero de 1980, ocasión en que participaron el propio líder del grupo
terrorista Frank Castro Paz, René Fernández del Valle y Roberto López González.
Por ese tiempo, estos individuos planificaron el asesinato de otro hijo de Juan
Mari Brás, Raúl Mari Pesquera, mediante la voladura en pleno vuelo de un avión
de la compañía Vieques Airlink.
Otro connotado miembro del
FLNC fue Reynol Rodríguez González, actual jefe de Alpha 66, quien de acuerdo
al FBI tenía en esos momentos como misión la custodia de parte del armamento
del FLNC, consistente en 4 ametralladoras de diverso calibre, entre ellas, una
calibre 50 mm, así como un cañón de 20 mm, fusiles y abundante explosivo
plástico.
Fue el propio FBI, en uno de
sus documentos desclasificados, de fecha 20 de mayo de 1975, el que se refiere
a una reorganización dentro del FLNC donde se intenta crear una estructura
política, además de fortalecer la rama militar, nombrándose a Frank Castro como
Coordinador Internacional del aparato militar. Por su parte, Reynol Rodríguez
González, residente en la isla boricua pasó a ser el Coordinador de la Sección
de Acción de Sabotaje del FLNC. De esas reuniones, transcurridas en los meses
anteriores, salió una declaración de abierta beligerancia contra las fuerzas
progresistas y pro independentistas de Puerto Rico, particularmente el PSP.
Lo sorprendente de la
actuación del FBI y de las fuerzas policiales en Puerto Rico es que, a la par
que se fraguaba el asesinato del joven Carlos Muñiz Varela, éste era
investigado por la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico,
referida al período del año 1979. Con la misma siniestra confabulación se actuó
en el caso del asesinato de Santiago “Chagüi” Mari Pesquera. El FBI arrestó a
Henry Walter Coira Story como único ejecutor del crimen, aunque las evidencias
apuntaron a una conspiración en la que participaron varios miembros del FLNC
como Reynol Rodríguez, José Dionisio Suárez Esquivel y Pedro Crispín Remón.
El accionar de los grupos
terroristas en la década de los 70 se desarrolló con total impunidad, ante la
complacencia del FBI y las autoridades policiales boricuas, como lo demuestran
algunos de los hechos ocurridos en esta época:
● El 16 de septiembre de
1973 explotó una bomba en el parqueo del Coliseo Roberto Clemente, en los
momentos en que se realizaba un partido de baloncesto entre los equipos de Cuba
y Venezuela.
● En enero 1974 fue
tiroteado el consulado Argentino, tras el anuncio de una posible venta de
carros Ford y Chevy a Cuba.
● El 22 de abril de 1974
explotó una en el Consulado Argentino en San Juan en repudio a la posición
argentina de restablecer relaciones con Cuba.
● El 6 agosto 1974 explotó
otra bomba, esta vez contra el Consulado Venezolano en San Juan.
● El 8 de agosto de 1978
explotó una bomba en la Universidad de San Juan durante la actuación allí del
Ballet Nacional de Cuba, reclamando su autoría el llamado Comando Pedro Luis
Boitel (CPLB).
● El 9 de octubre de 1974
fue colocado un artefacto explosivo en las oficinas de Mejicana de Aviación en
San Juan, como protesta por los vuelos de ésta compañía a Cuba.
● El 29 de diciembre de 1977
fue puesta una bomba en el Consulado Venezolano en San Juan para protestar por
la detención de Posada Carriles y Orlando Bosch por su participación en el
atentado contra una aeronave cubana en Barbados.
● El 7 de octubre de 1978
estalló una bomba en la agencia de Viajes Girasol, cuya autoría fue reclamada
por parte de la organización terrorista Abdala.
● El 4 de enero de 1979 fue
puesta una bomba en la Viajes Varadero. Otro artefacto explotó el 19 de enero
de 1980, reclamando su autoría Omega 7.
● El 28 de abril de 1979 fue
asesinado Carlos Muñiz Varela, presidente de Viajes Varadero. En este
abominable hecho, cometido a mansalva, participó un grupo de criminales
autodenominado “Los Amigos de la Democracia”, integrado por los ya fallecidos
Julio Labatut Escarra, Waldo Pimental Amesto y José “Pepe” Canosa Rodríguez,
así como Reynol Rodríguez González, José Dionisio Suárez Esquivel y Pedro
Crispín Remón Rodríguez. Uno de estos tres último fue el ejecutor material del
asesinato del joven integrante de la Brigada Antonio Maceo.
La permanente y legítima
repulsa de todo el mundo ante el asesinato de Carlos Muñiz Varela aún sigue
permanente. El 28 de abril de 2010, Andrés Gómez, director de Areíto Digital,
escribió un artículo titulado “Nuestro perenne compromiso con Carlos Muñiz”,
en el que expresó la verdad innegable y la magnitud de ese repudio: “Escandalosamente,
jamás sus asesinos han sido encausados por las autoridades, ni las insulares
-las de la colonia-, ni las federales -las de los ocupantes. Aunque el atentado
ocurrió a plena luz del día, en una urbanización del municipio de Guaynabo,
parte del área metropolitana de San Juan, -con vecinos presentes, quienes, como
testigos de los hechos, dieron la información pertinente a los peritos de la
policía encargados de la investigación del asesinato.”
“Desde entonces las
autoridades tienen las descripciones físicas de los terroristas. Inclusive, uno
de ellos, consciente de su inmunidad, se atrevió a sacar medio cuerpo, a través
de una de las ventanillas del automóvil desde el cual dispararon a Carlos, para
dispararle un tiro final, para así asegurarse de su muerte. Del auto utilizado
también las autoridades tienen la descripción pertinente.”
EL FBI CIEGO ANTE NUEVOS
PLANES TERRORISTAS.
A pesar del historial de
muerte sembrado por la mafia anticubana en Puerto Rico, nunca el FBI tomó
cartas en el asunto o se confabuló para proteger a criminales y terroristas,
tal como ocurrió en el caso de los complotados del yate “La Esperanza”, en
1997, cuya finalidad era asesinar a Fidel durante su asistencia a la VII Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado, a realizarse entre los días 8 y 9 de
noviembre, en Islas Margarita, Venezuela.
El destape ocurrido en el 22
de junio 2006 por José Antonio Llamas, ex directivo de la Fundación Nacional
Cubano Americana, de los planes de su organización para llevar a cabo una serie
de actividades violentas contra Cuba en la década de los 90, elaborados en
junio de 1992 en Naples, Florida, involucró nuevamente a Puerto Rico con la
actividad del terrorismo mafioso de Miami. En 1993, en una reunión de la Junta
de Directores de la FNCA celebrada en Puerto Rico, se formó el grupo de la
célula paramilitar que se encargaría de llevar a cabo la nueva guerra sucia
contra Cuba, la que estaría dirigida por Francisco José Hernández Calvo y fue
integrada por Elpidio Núñez, Horacio García y Luis Zúñiga, Erelio Peña y Raúl
Martínez, de Miami; Arnaldo Monzón Plasencia y Ángel Alfonso Alemán, Fernando
Ojeda, Fernando Canto. Luis Prieto, Miguel Ángel Martínez, Fermín Pernas
Roberto Martín Pérez, Ninoska Pérez Castellón, Domingo Sadurní y Luis Botifoll.
Los primeros pasos
conllevaron a adquirir un helicóptero de carga, 10 aviones ultralivianos con
control remoto, siete embarcaciones y abundante material explosivo. Los
primeros fueron encargados a la firma Nautical Sports Inc, de la Florida y a
Refri Auto, radicada en República Dominicana, mientras que los explosivos los
consiguió Raúl López, propietario de una firma autorizada al efecto en ese
entonces y mediante un préstamo del Ready State Bank, de Miami, por decisión
del propio Pepe Hernández. El plan, sin embargo, falló y José Antonio Llamas
perdió más de un millón de dólares invertidos en el mismo.
Estos planes, que
desembocaron a la larga en la oleada de atentados contra instalaciones
turísticas cubanas, así como en la planificación de atentados contra Fidel en
las Cumbres VII, VIII y X Iberoamericanas de Jefes de Estado, fueron
ampliamente conocidos por el FBI, particularmente por sus oficinas de Miami y
San Juan, en Puerto Rico. Sin embargo, otra vez el FBI se alineó con el
terrorismo. Sobran los comentarios.
Percy Francisco Alvarado Godoy
6 de mayo de 2010
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