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sábado, 31 de enero de 2015

¿Quién quiere matar a Alexis Tsipras?




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Existen fuertes indicios que circulan en el mundo del espionaje sobre un plan para asesinar al recientemente electo premier griego Alexis Tsipras, luego de que la Coalición de Izquierda radical (Syriza) obtuviera una contundente y sorpresiva victoria electoral en su país.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Legitimidad de EEUU se deteriora por la farsa de 11s

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Un general retirado del Ejército de Estados Unidos dice que el país norteamericano debe celebrar audiencia pública para investigar los atentados de11s y las guerras que desencadenaron.

jueves, 17 de julio de 2014

7 formas de la CIA para arruinar Oriente Medio

7 formas de la CIA para arruinar Oriente Medio

EE.UU. tiene la mala costumbre de injerirse en distintas partes del mundo, pero su historial en Oriente Medio y el Norte de África es particularmente oscuro. ¿Cómo se las ha arreglado la CIA para destrozar la región?

Estas son algunas de las formas, recuerda el portal World.Mic, de las que se ha valido la CIA en la historia reciente para arruinar Oriente Medio.  

1. Orquestando golpes de Estado  

En 1947 la CIA ayudó a derrocar el Gobierno de Siria, mientras que en 1953 jugó un papel en el derrocamiento del Gobierno en Irán.

Soldados persas persiguen a los manifestantes durante los disturbios civiles en Teherán en agosto de 1953.

 
En ambos golpes de Estado EE.UU. actuó movido únicamente por sus propios intereses y los de sus aliados occidentales.
 
En el caso de Siria, el Gobierno derrocado limitaba las inversiones petroleras de EE.UU. y sus aliados occidentales; mientras que en Irán el objetivo, en el que trabajaban EE.UU. y el Reino Unido, era promover en el Gobierno un nuevo primer ministro prooccidental.

Sin embargo, estos esfuerzos fracasaron totalmente y con bastante rapidez, pues los oficiales finalmente asesinaron al nuevo presidente de Siria y la revolución de 1979 en Irán derrocó el Gobierno prooccidental de Irán.

2. Ayudando a Irak a llevar a cabo un ataque letal contra Irán. 

Mucho antes de la invasión de EE.UU. de Irak y el derrocamiento de Sadam Husein, Washington lo apoyó.

El 22 de octubre de 1980. Tanques iraquíes intentan cruzar el río Karun durante la guerra entre Irán e Irak.


En los años 80, cuando tuvo lugar una disputa fronteriza entre Irak e Irán, la CIA ayudó a Sadam Husein a defender su país. Con la ayuda de la inteligencia estadounidense, Husein llevó a cabo un ataque exitoso con gases letales contra Irán. La inteligencia de EE.UU. le entregó los planes militares de Irán, dándole literalmente 'un plan de ataque' con un gas nervioso mortal contra Irán.

3. Respaldando un intento de debilitar a su viejo amigo-enemigo.

Esta lista no estaría completa sin la injerencia de EE.UU. en Irak. Mucho antes de la invasión estadounidense en 2003, la CIA dirigió una campaña de bombardeos destinada a derrocar a Sadam Husein en los años 90.


 
El Acuerdo Nacional Iraquí, encabezado por Ayad Allawi (que finalmente sirvió como primer ministro interino del país después de la caída de Sadam), efectuó bombardeos en Bagdad. Inicialmente, apuntaron contra los blancos gubernamentales, pero luego su campaña tomó un giro diferente, cuando comenzaron a atacar los autobuses escolares y salas de cine.
 
Lo más probable es que estos ataques se cobraran las vidas de civiles, pero no fue confirmado. 

4. Con torturas, detenciones e interrogatorios ilegales en sitios secretos.

En un esfuerzo por capturar y obtener información de los sospechosos de terrorismo, la CIA llegó a niveles extremos al construir una red de prisiones secretas. El uso de la tortura para obtener información viola los derechos humanos básicos, el derecho internacional e inspira el extremismo.

 

En la prisión de Abu Ghraib en Irak los presos fueron sometidos a ahogamiento simulado, torturas acústicas y otras tácticas de tortura inhumanas. El Gobierno de EE.UU. afirma haber sido engañado por la CIA y no estar al tanto de sus tácticas de interrogatorio.

5. Violando las leyes internacionales en nombre de la lucha contra el terrorismo.

Varios países de Oriente Medio y el Norte de África han ayudado a Estados Unidos a burlarse de la ley internacional para perseguir presuntos terroristas e incluso torturarlos. Egipto, por ejemplo, tiene un largo historial de cooperación con la CIA en la captura de presuntos terroristas.



La CIA los habría enviado allí en aviones estadounidenses para luego interrogarlos utilizando tácticas extremas y peligrosas.

Otros países, como Jordania, Yemen, Marruecos, Argelia, Libia y Siria han participado en un programa masivo de la CIA en el marco del cual habrían enviado a "presuntos terroristas" para someterlos luego a los interrogatorios y detenciones. Estas prácticas comenzaron durante el mandato de Clinton para continuar en los tiempos de la llamada "guerra contra el terror".

6. Con ataques aéreos con 'drones', alimentando el antiamericanismo.   
 Lanzando ataques aéreos con drones que la CIA lleva a cabo junto con el Gobierno de EE.UU. afectan a algunos países del Medio Oriente como Irak y Yemen. No obstante, el impacto más devastador se ha sentido fuera de la región, en lugares como Pakistán y Afganistán.



Así, solamente en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, en el noroeste de Pakistán, en más de 380 ataques con drones han perdido la vida unas 3.500 personas, de las que al menos 200 eran niños. Además, durante la última década los ataques de drones estadounidenses en Pakistán han tenido como blanco viviendas en un 60% de los casos, según la investigación realizada por los especialistas de la Agencia Periodística de Investigación.

7. Armando y entrenando a los rebeldes sirios

Uno de los ejemplos más recientes de la participación de la CIA en Oriente Medio lo representa su esfuerzo por armar a los grupos rebeldes sirios, que comenzaron con el suministro de armas ligeras y no letales en otoño de 2013.

 

Esta semana el Pentágono ha presentado un programa de suministro de armas y entrenamiento militar para 2.300 rebeldes sirios que se prolongará por un año y medio. El costo del programa será de 500 millones de dólares.
 
Rusia Today

martes, 3 de junio de 2014

Archivo: Mi… ‘¿Querido?’… FBI. (XI) Matar a Fidel a toda costa (I)



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El FBI y sus confabulaciones y ceguera ante los planes magnicidas contra Fidel (I)

Desde el mismo triunfo revolucionario de 1959 en Cuba, e incluso un tiempo antes, Fidel fue el centro de varias maquinaciones para atentar contra su vida, originadas desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, cuyo huésped en esos momentos era Dwight Eisenhower, según lo comprobó el Church's Select Committee, que pudo recabar información sobre ocho intentonas contra el líder rebelde y, posteriormente, primer ministro por esos tiempos. La CIA, la naciente contrarrevolución mafiosa de origen cubano que se hacinaba en Miami, New Jersey y otras ciudades de la unión, en connivencia con la ultraderecha norteamericana y la Cosa Nostra, no vacilaron en recurrir a los más increíbles medios para lograr tan siniestro objetivo: el empleo de emboscadas, colocación de artefactos explosivos, bazoocazos, francotiradores fijos y en plena marcha vehicular, diversos tipos de venenos y nocivos medios bacteriológicos, atentados contra su imagen pública, hasta ataques ideológicos directos y prematuros contra su persona, tildándolo de comunista.

Invitado por la Asociación de Editores de Periódicos de EE UU, Fidel arribó a ese país el 15 de abril de 1959. La estancia de Fidel entre el 15 y el 27 de abril representó un desplazamiento de buena voluntad a los EE. UU., con carácter no oficial. A pesar de ello, la curiosidad que despertó el líder cubano en las altas esferas del poder norteamericanos propició un encuentro entre Fidel y el vicepresidente Richard Nixon, el 19 de abril. Este encuentro fue crucial pues marcaría, para siempre, en lo más íntimo de Richard Nixon la convicción de que Fidel no se plegaría nunca ante EE UU y Nixon sellaba a partir de ahí su sentencia de muerte. Mientras tanto, Eisenhower jugaba al golf, ignorando deliberadamente la visita del mandatario cubano. Mientras tanto, Fidel aprovechó la estadía para visitar la ciudad de Washington, desarrollando diversas visitas a mausoleos como el de George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y la tumba del soldado desconocido en el Cementerio Nacional de Arlington. Asimismo asistió a la Lawrenceville School, en Nueva Jersey, a las Universidades de Princeton y Harvard; encontrándose en Nueva York con el Secretario General de Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld. Posteriormente y antes de partir a Houston, Texas, estuvo en un mitin en Central Park, el día 24, escenario del que se sería el primer atentado contra él en suelo norteamericano. Asediado por centenares de personas, Fidel pudo evitar una muerte segura cuando se descubrió una poderosa bomba debajo de la tribuna, ubicada en el Central Park, la cual fue detectada y desactivada de inmediato. Fue la única oportunidad en que el FBI y, particularmente, la NYPD, hizo algo para impedir su asesinato.

Desde los lujosos y sórdidos salones de la Casa Blanca, el gobierno norteamericano de Ike Eisenhower dio luz verde a la Agencia Central de Inteligencia para desarrollar un sinnúmero de planes dirigidos al asesinato de Fidel Castro, en muchos de los cuales participarían durante décadas Antonio Veciana, Luis Posada Carriles, Pedro Luis Díaz Lanz y otros terroristas de origen cubano. Uno de estos planes iníciales tuvo lugar en marzo de 1959, bajo la anuencia del jefe de la estación CIA en la Habana, James Arthur Noel, y del oficial de esta agencia nombrado David Morales. El fallido plan involucró al contrarrevolucionario Frank Sturgis, al traidor Pedro Luis Díaz Lanz y al norteamericano Patrick Gerry Hemmings y consistió en la colocación de una bomba que explotaría cuando Fidel asistiera a una reunión con personal de la fuerza aérea. Las fuertes medidas de seguridad adoptadas en esos momentos, hicieron desistir a los complotados, incapaces de poner en juego su vida en el siniestro empeño.

Meses después, en diciembre de 1959, con la anuencia de Allen Dulles, entonces jefe de la CIA, se autorizó un nuevo plan a ejecutarse en febrero de 1960, el cual consistió en asesinar a Fidel durante una visita que realizaría a la casa del entonces jefe de la seguridad cubana, Comandante Ramiro Valdés. Los complotados, neutralizados por las autoridades cubanas por la penetración de agentes dentro del grupo, fueron el agregado militar de la embajada norteamericana, mayor Robert van Horn, así como la norteamericana Geraldine Shamman y los nacionales Fernando López, Pablo Márquez y Homero Gutiérrez. Los nacientes órganos de la seguridad cubana ponían a prueba la efectividad de su trabajo con su agentura. A partir de ahí, la penetración de los grupos terroristas sería una costumbre operativa para proteger al líder cubano.

En la obcecada intención por destruir a la Revolución mediante el asesinato de su líder, doce nuevos planes de atentado serían preparados por la CIA en el transcurso del año 1960, entre los que se destacaron:

● Intento de asesinar a Fidel en la Universidad de la Habana, en abril de 1960, por parte de Manuel Guillot Castellanos, Rafael Sintairos Santiso y otros involucrados, bajo la dirección de Manuel Artime Buesa, quien por ese entonces se encontraba en Miami.

● Plan de asesinato contra Fidel a su salida del Palacio Presidencial en agosto de 1960, intento que se planificara en varias oportunidades, como parte de un vasto plan de alzamiento, atentados y otras actividades contrarrevolucionarias, desarrollado por un grupo integrado por Galo Martínez Chapman, Fernando Mancheco, Alfredo Curí y otros contrarrevolucionarios.

● Intentos de asesinato contra Fidel por parte de la CIA y la mafia norteamericana, durante la visita del mismo para asistir al 15 Período de Sesiones de la ONU, el 18 de septiembre de 1960. Los planes consistían en envenenar al dirigente cubano con puros infectados con botulina sintética, colocar sales de talio en sus zapatos que le provocaran la pérdida total de su cabello y barba, así como hacerlo fumar un puro con la droga LSD. Prácticamente expulsado por la dirección del hotel Shelbourne, se trasladó al Hotel Theresa, en Harlem, donde se encontró con al presidente soviético Nikita Jrushchov, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru y el dirigente negro Malcolm X. Jrushchov. Allí se sintió feliz conviviendo y confraternizando con lo más humilde del pueblo norteamericano. En esta oportunidad, Fidel salvó la vida de un atentado planificado por la CIA y la Cosa Nostra, que planearon lanzar contra su auto una pelota de solftball, cargada de explosivos y con detonadores de contacto, y que ejecutaría el criminal Richard Cain.

● Ese mismo mes, ya Fidel en Cuba, se planificó otro intento de asesinarlo a la salida del Palacio Presidencial por parte de cuatro contrarrevolucionarios, nombrados Indalecio Pérez, Rafael Pérez, Carlos Rivero y Manuel Suárez.

Lo significativo de estos planes es que en algunos casos se hicieron mediante la infiltración en Cuba de servidores de la CIA, provenientes de los Estados Unidos e infiltrados mediante el uso del canal ilegal marítimo. En otros casos se realizaron de forma coordinada con la estación de la CIA, radicada en la embajada de Estados Unidos en la Habana, empleando a contrarrevolucionarios internos. Significativa también fue la alianza de la CIA con el crimen organizado para provocar la muerte de Fidel Castro. Fue, sin lugar, una alianza entre dos mafias existentes en Estados Unidos: la mafia oscura y tenebrosa de las calles y la mafia de cuello blanco detentora del poder político. Por su parte, el Buró Federal de Investigaciones, dirigido en ese entonces por John Edgar Hoover hasta 1972, y su representación en la Habana, con pleno conocimiento de estos planes magnicidas, ni informaron a las autoridades cubanas, ni hicieron algo por neutralizarlos. Por el contrario, según un memorando enviado al director de la CIA Richard Helms y firmado por el director de Seguridad J. Howard Osborn, fechado el 19 de noviembre 1970, se esclareció que en agosto de 1960 uno de los jefes de la CIA, Richard Bissel, contactó al coronel Sheffield Edwards, de la Oficina de Seguridad, para que contactara a Robert A. Maheu, ex agente del Buró, vinculado al multimillonario Howard Hughes, amigo de J. Edgar Hoover, jefe del FBI, para planificar el asesinato de Castro usando a la Cosa Nostra. Maheu contactó para ello con Johnny Roselli, un mafioso de Las Vegas y vinculado a la CIA en la Operación 40, ofreciéndole 150 000 USD por el asesinato de Fidel Castro. Roselli, a su vez contactó con Salvador Giancana, jefe de la Cosa Nostra en Chicago y con Santos Trafficante, ex dueño del Cabaret Sans Souci en Cuba.

Los planes de la CIA para asesinar a Fidel se incrementaron en 1961 con respecto al año anterior, estimulados por la frustración y el odio irracional, así como la desesperanza que les sembró la inutilidad de tanto plan macabro. En esta ocasión, entre los meses de enero a diciembre de 1961, fueron descubiertos 18 planes de atentado contra el líder revolucionario, quien emergía para los cubanos como el legítimo sucesor de José Martí.

Kennedy heredaría la Operación 40 de la CIA, ideada por Nixon y quien hizo uso de un grupo de figuras de origen tejano como el propio George Bush, padre; al petrolero Jack Crichton; así como al general la US Air Force Charles Cabel. Muchos de ellos estarían en el amplio marco de las sospechas sobre el asesinato de JFK un tiempo después. Eran, sin lugar a dudas, parte de la conexión tejana del oscuro mundo mafioso y terrorista de la CIA.

HOOVER Y EL CHANTAJE A LOS PRESIDENTES DE EE UU.

El poderoso J. Edgar Hoover, acostumbrado a hurgar en las intimidades de las figuras públicas norteamericanas, sabedor de que disponer de información es una forma sólida de controlar y ejercer poder sobre los demás, llegó incluso a chantajear a los propios presidentes de Estados Unidos. Hoy no es un secreto que espió a presidentes y a primeras damas de EE UU, incluso al propio Franklin Delano Roosevelt y a su esposa, sobre quienes poseía un abultado dossier de informes sobre su vida íntima y aventuras extra conyugales. Solo Eleanor Roosevelt tenía un dossier en manos de Hoover con alrededor de 450 páginas. Por su parte, Dwight Eisenhower padeció también el permanente chantaje de Hoover, sobre todo por su relación extramarital con Kay Summersby, su asistente a partir de 1942.

El centro del chantaje más significativo por parte de Hoover fue la familia Kennedy, de los que llegó a edificar amplios dossiers sobre sus vínculos con la Cosa Nostra durante la campaña electoral de John F. Kennedy, así como sobre la controvertida vida amorosa de JFK con la periodista danesa Inga Arvard, cuando el futuro presidente laboraba el Departamento de Inteligencia Naval, con sede en Washington y su amante era sospechosa de ser espía de Hitler. Casado ya, JFK fue el centro del más ruin espionaje de Hoover, en relación con sus affaires extra matrimoniales con Judith Campbell, vinculada amorosamente alguna vez con el mafioso Sam Giancana; así como sus aventuras con otras 30 mujeres, entre las que se encontraba las actrices Angie Dickinson y Marilyn Monroe. Mediante Judith Campbell, JFK le pidió a Giancana el apoyo de la mafia en su campaña electoral, así como detener los planes de asesinato contra Fidel orquestados por la administración de Dwight Eisenhower junto con la CIA y la Cosa Nostra. A cambio, Giancana le pidió que su hermano, Robert Kennedy, elegido Fiscal General, se hiciera de la vista gorda sobre sus actividades que comprometían, incluso, al padre de estos: Joseph Kennedy.

Hoover también chantajeó a Lyndon B. Johnson, vicepresidente en el mandato de Kennedy y su sustituto en la Oficina Oval con posterioridad a su asesinato. Johnson también mantuvo algunas aventuras amorosas fuera de su matrimonio, como fue el caso de Madeleine Brown, lo que unido a sospechosos nexos con la mafia en Texas y su posible implicación en el asesinato de Kennedy, le sirvieron para mantenerse al mando del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. Richard Nixon padeció también los chantajes de Hoover por una aventura con Marianna Lu, una aeromoza natural de Hong Kong, así como por los vínculos de Nixon con la mafia de Las Vegas y Chicago, con el corrupto sindicalista Jimmy Hoffa, al igual que por su supervisión directa en varios planes de atentado contra Fidel Castro cuando era vicepresidente durante el mandato de Eisenhower.

Lo importante del poder adquirido de manera sucia por Hoover, no solo estaba dirigido a mantenerse como un poder oculto sobre el gobierno norteamericano, sino también para actuar con total impunidad en muchas de sus actividades, entre las que se encontraba su confabulación con la CIA, la Cosa Nostra y la mafia anticubana para asesinar a Fidel Castro, cuyo antecedente inicial fue el caso de Robert Nye, así como con la promoción de una invasión a Cuba.

ROBERT NYE Y LOS PRIMEROS INTENTOSDE ASESINAR A FIDEL POR PARTE DEL FBI.

Tal como señalamos en otra parte de esta serie de artículos, uno de los antecedentes de los planes magnicidas contra Fidel tuvo lugar un tiempo antes del triunfo revolucionario de 1959 y sería ejecutado por Alan Robert Nye, agente encubierto del FBI quien, luego de infiltrar a grupos de revolucionarios radicados en La Florida, arribó a Cuba para perpetrar su crimen. Su plan, salido a luz pública en la edición del periódico Revolución, con fecha 3 de febrero de 1959, implicó a Nye con los órganos de inteligencia y represión de la dictadura de Fulgencio Batista. Todo radicaba en asesinar a Fidel en plena Sierra Maestra, para lo cual el criminal contaba con un fusil con mira telescópica y otra arma ligera.

En toda la fase de preparación del plan participó el FBI de J Edgar Hoover junto al BRAC y el SIM cubanos. El Buró creó la leyenda de Nye como un militar aparentemente simpatizante de la causa rebelde en Cuba y el mismo arribó a la Isla el 12 de noviembre de 1958, hospedándose en el Hotel Comodoro con la identidad apócrifa a nombre de G. Collins. Por supuesto, su habitación había sido pagada por los coroneles Carlos Tabernilla y Orlando Piedra, quienes le visitaron y le prometieron el pago de 50 000 USD por cumplir su tenebrosa misión.

Capturado Nye al intentar infiltrarse en la zona rebelde el 20 de diciembre de 1958, fue mantenido prisionero por las fuerzas insurgentes hasta que fue trasladado a la Habana luego del triunfo de enero de 1959. Tras ser interrogado y procesado, Alan Robert Nye, fue condenado y, posteriormente, enviado a su país de origen. Con su caso se iniciaría una de las cacerías más abominables relacionadas con una figura política en toda la historia de la humanidad.

EL FBI, LOS KENNEDY Y FIDEL CASTRO

Edgar Hoover estaba al tanto de los trapos sucios de los Kennedy y usó el chantaje contra ellos para favorecer a los planes de la CIA, montados durante el mandato de Eisenhower, para destruir a la Revolución Cubana, incluidos los planes magnicidas contra Fidel. Para lograr estos objetivos la CIA convenció a Kennedy a dar luz verde a una invasión a Cuba en una reunión sostenida a inicios de 1961, cuando todo el tinglado estaba montado a sus espaldas. Tras el bochornoso fracaso posterior de la brigada 2506, por supuesto, Kennedy desconfió de la CIA y de todo aquel que estuvo alguna vez implicado en la guerra sucia contra Cuba. Robert Kennedy atacó a la Cosa Nostra, particularmente a Giancana. JFK y su hermano se habían ganado dos poderosos enemigos que labrarían el camino hacia su ulterior desaparición física. Sin embargo, Kennedy, trató de navegar a salvo en mar revuelto, manteniendo su hostilidad hacia Cuba mediante una nueva escalada de guerra sucia contenida en la Operación Mangosta, aprobada el 30 de noviembre de 1961 y a un costo de 100 millones de USD. JFK puso al general del la US Air Force, Edward Lansdale, a cargo de la nueva operación.

Mientras tanto, Hoover se mantuvo recabando información en un amplio dossier de 761 páginas sobre los planes de Kennedy contra Cuba, limitándose al papel de oportunista observador, mientras la CIA y la Cosa Nostra actuaban con total impunidad, muchas veces apoyados por Hoover en su “batalla” contra los hermanos Kennedy y facilitando los planes magnicidas contra Fidel Castro.

LA CAZA DE UN HOMBRE Y LA APATIA DEL FBI

Luego, 1963, la CIA dirigió una última misión destinada a matar a Fidel Castro dentro del mandato de los Kennedy. La Agencia planeó emplear a Rolando Cubela, ligado a la Revolución y con una relativa posición dentro del gobierno, como asesino a sueldo. El primer contacto de Cubela con la CIA tuvo lugar el primero de agosto de 1963, en Helsinki, Finlandia. Sin reparo alguno, Cubela aceptó el encargo que, a la postre, no pudo cumplir luego de ser capturado.

Otro plan de asesinato fraguado contra Fidel ocurrió en 1963, cuando un camarero del entonces hotel Habana Libre sería el encargado de colocar una cápsula de botulina que bebería Fidel Castro. El plan falló al inutilizarse las cápsulas dentro de la nevera donde las había ocultado el potencial magnicida.
Asesinado Kennedy y en pleno mandato de Lyndon B. Johnson, otro plan de atentado contra Fidel fue organizado por Raúl Sanjenis en enero de 1964, quien fungió como oficial CIA durante la Operación 40 y estuvo vinculado a la preparación de un grupo especial de la brigada 2506. Este nuevo plan sería ejecutado por varios contrarrevolucionarios en Cuba, entre los que hallaban Bernardo Milanés López, Mario Salabarría, Roberto Sabater y otros elementos quienes, al transitar la caravana de Fidel Castro por la Quinta Avenida, en el barrio habanero de Miramar, le dispararían con una ametralladora calibre 30 mm, desde un camión de la empresa telefónica.

Por otra parte, uno de los jefes de Luis Posada Carriles en la CIA, David Atlee Philips, abochornado por los innumerables fracasos, planificó un nuevo atentado contra Fidel, a realizarse en octubre de 1968, mientras éste asistiera al acto por el Centenario de las Guerras de independencia el 10 de ese mes, en Manzanillo, antigua provincia de Oriente. Dicho plan, elaborado por el propio Atlee Phillips, contemplaba la infiltración de un grupo de terroristas por la Base Naval de Guantánamo. Todo lo tuvo en cuenta el obcecado oficial de la CIA, menos las contingencias ocasionales que llevaron al fracaso de la operación.

Incansables en su enfebrecida obsesión por asesinar a Fidel Castro, la CIA, Posada Carriles y otros contrarrevolucionarios de origen cubano, prepararon cuatro planes de atentado contra Fidel Castro en 1971, a raíz de su visita a Chile, cuando el mismo fue invitado por el gobierno de la Unidad Popular. Con él se encontraron involucrados en una complicada madeja de opciones criminales David Atlee Phillips y Antonio Veciana. El primero de estos planes se realizaría en los momentos en que Fidel se asomara a un balcón del Palacio de la Moneda. Un francotirador dispararía un fusil con mira telescópica desde una habitación del hotel Carreras Hilton, aledaño a la casa presidencial.
De fallar el primero, el segundo atentado tendría lugar en el momento en que Fidel ofreciera una conferencia de prensa y dos contrarrevolucionarios de origen cubano, Marcos Rodríguez y Diego Medina, acreditados legalmente como periodistas de la cadena de televisión “Venevisión”, de Venezuela, dispararían dos armas de fuego ocultas entre sus cámaras de televisión. El general de los carabineros chilenos José María Sepúlveda, implicado también en el plan de la CIA, sería quien facilitaría a los asesinos el acceso al lugar. Los otros dos atentados contra Fidel en esa ocasión se trataron de realizar en Lima, Perú, y en Quito, Ecuador, durante el periplo de regreso del gobernante cubano. En el primer caso, el plan contemplaba el lanzamiento de explosivos desde la terraza del aeropuerto por parte de tres contrarrevolucionarios, entre los que se encontraban Eusebio Ojeda, ex capitán del Segundo Frente Nacional del Escambray. El otro plan, a realizarse en Ecuador, preveía el empleo de un fusil de mira telescópica para asesinar a Fidel, disparándole desde un avión parqueado en una zona aledaña al suyo, perteneciente a los hermanos Guillermo y Roberto Verdaguer. El propio Luis Posada Carriles, en unión de Osiel González, dispararía contra el mandatario. Todos fracasaron por diversos motivos, fundamentalmente por el miedo de sus ejecutores a perder la vida en el intento.

Unos días antes de la visita de Fidel a Chile, se reunieron en Caracas varios de los anteriormente mencionados, a los que se sumó Gerry Hemmings, para ultimar los detalles del macabro plan. No cabe duda que Posada Carriles supo hacer uso adecuado de su cargo dentro de la DISP y de su posición privilegiada en Venezuela, para hacer de este país una base segura de operaciones contra Cuba.

Varios elementos deben ser tenidos en cuenta al evaluar el fracaso de estas intentonas de magnicidio, además de la cobardía y el miedo de sus potenciales ejecutores. Todo el plan fue urdido en Miami por varios oficiales CIA y contrarrevolucionarios cubanos, con pleno conocimiento del FBI, tanto de sus oficiales en la sede de Miami como los Legats acreditados en las embajadas norteamericanas en esos países como Chile y Venezuela. El propio Posada, quien era ya un probado informante del FBI, no informó a sus superiores de este plan y se limitó a facilitar las credenciales de Venevisión a los asesinos potenciales. Hoy se conoce ampliamente que estas cuatro operaciones, incluidas la de Perú y Ecuador, fueron inicialmente preparadas en una reunión realizada en una casa de seguridad de la CIA en Miami en la que participaron, entre otros, David Atlee Phillips, Luis Posada Carriles, Antonio Veciana, Frank Sturgis, Joaquín Sanjenis, Ricardo Morales Navarrete y Orlando Bosch Ávila.

En ese período, particularmente en 1977, varios terroristas vinculados a Gaspar Jiménez Escobedo y Luis Posada Carriles planificaron el asesinato de Fidel durante su primera visita a la isla Caribeña de Jamaica, invitado por el Primer Ministro Michael Manley.

Los planes de asesinato contra Fidel continuaron en forma de una enfebrecida cacería. Apenas dos meses después de la fundación de la CORU y unas semanas antes de que se llevara a cabo el atroz atentado contra un avión de Cubana de Aviación en Barbados, Orlando Bosch llegó a Caracas, luego de efectuar un amplio periplo por Chile, República Dominicana y Nicaragua. Esta visita estaba relacionada con la participación suya y de Posada Carriles en un atentado contra Fidel durante la visita del mismo a Angola, en septiembre de 1976. Dicho plan fue neutralizado por la seguridad cubana en la fase de preparación. Otra vez se quedarían con las ganas confusos y frustrados.

Por su parte, Antonio Veciana Blanch, socio de Posada Carriles en los frustrados atentados contra Fidel en 1971, preparó un nuevo atentado contra éste en octubre de 1979, en unión del jefe de Alpha 66, Andrés Nazario Sargent. El plan magnicida consistía en lanzar una pelota de softball, que escondía una bomba de contacto contra el auto del dignatario cubano que asistió 34vo. Período de Sesiones de la ONU. Fue éste otro de los pocos planes contra Fidel neutralizado por el FBI, al igual que en 1959.

Posada Carriles, uno de los más dementes y obcecados terroristas implicados en los planes magnicidas contra Fidel, participó desde El Salvador en la organización de un plan de atentado contra Fidel Castro en noviembre de 1988, en complicidad con Gaspar Jiménez Escobedo y el contrarrevolucionario Orlando Mendoza. El plan contemplaba asesinar al mandatario cuando el mismo realizara una visita a Brasil. Varios días después se vio envuelto junto a Orlando Bosch, Gaspar Jiménez Escobedo, Pedro Corzo Eves y otros individuos, en otro plan de atentado contra Fidel a realizarse en diciembre de 1988, cuando éste asistiera a la toma de Posesión de Carlos Andrés Pérez, en Caracas, Venezuela.

Gaspar Jiménez Escobedo se enfrascó en un frustrado atentado contra la vida del Comandante Fidel Castro en julio de 1991, en ocasión de su participación en la Primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, celebrada en Guadalajara, México. En esta oportunidad, Gasparito ideó derribar el avión en que se trasladaría Fidel empleando un cohete tierra aire. El dirigente cubano asistió al evento con vistas a apoyar este importante mecanismo de consulta entre los jefes de estado y de gobierno de América Latina y España, promovido por Brasil, España y México. De la reunión salió el acuerdo de realizar la Segunda Cumbre en España, en 1992, y la Tercera en Brasil, en 1993. Los enemigos de la Revolución se congratularon de encontrar espacios idóneos para atentar contra Fidel cuando asistiera a estos eventos.

En aquel entonces, el hoy propietario de la empresa panameña Longlac Enterprise, dedicada a la comercialización de armamento, Mario Delamico, se encargó de transportar hacia Nicaragua y otros destinos centroamericanos grandes cantidades de armas procedentes de los Estados Unidos. Luego del escándalo Irán-Contras, Delamico devino en abastecedor de Posada para la consumación de sus planes terroristas contra Cuba, incluida la eterna intención de matar a Fidel a toda costa, como ocurrió en los planes para eliminar al líder cubano durante una posible visita a El Salvador, en ocasión de la toma de posesión del presidente Reina, el atentado frustrado contra el líder cubano en Cartagena de Indias, en Colombia, durante 1994, e, incluso, uno de los tres planes preparados contra Fidel durante su visita a República Dominicana en 1998.

A inicios de los años noventa, las intentonas contra la vida de Fidel fueron en aumento, de forma tal que solo en ese tiempo se fraguaron 16 nuevos atentados contra su vida y 8 contra otros dirigentes cubanos. En todos estos casos, así como en 108 atentados de todo tipo, estuvo involucrada la FNCA y Posada Carriles, con pleno conocimiento de los Agentes Especiales a Cargo del FBI en la sede de Miami.

Uno de estos planes de atentado contra Fidel se fabricó en 1991, para realizarse cuando el mismo visitara a España el próximo año, involucrando directamente en el mismo a los líderes de la FNCA Francisco José Hernández Calvo y Roberto Martín Pérez. Lo realmente absurdo del rol del FBI en relación con este plan es que, cinco meses después de la entrevista de Posada con el FBI en la embajada norteamericana en Tegucigalpa, éste fue visitado por Gaspar Jiménez Escobedo el 15 de julio de 1992, con la finalidad de coordinar el atentado contra Fidel Castro. De acuerdo con este plan magnicida, Posada Carriles se encargaría de conseguir un lanzacohetes RPG-7, de fabricación soviética, para atentar contra el avión del mandatario cubano durante su visita a España, en ocasión de celebrarse allí la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, entre los días 23 y 24 de julio de 1992. Otra vez los vínculos entre Posada y la FNCA se volvían a materializar en una nueva conspiración contra Fidel. Otra vez la sádica perseverancia sería premiada con el fracaso.

Por su parte, ya instalado Posada, en enero de 1994, en el apartamento 401 del Edificio Moncada, ubicado en la Avenida Juan Lido, Colonia Ninites, en Tegucigalpa, preparó un nuevo atentado contra Fidel Castro, considerando su posible asistencia a la toma de posesión del electo presidente Carlos Roberto Reina. Para ejecutar este plan, la FNCA desembolsó 20 000 dólares y planificó el empleo de un francotirador quien dispararía contra ambos mandatarios con un fusil dotado de mirilla telescópica. Junto a Posada Carriles estuvieron involucrados Roberto Martín, Ramón Orosco, Gaspar Jiménez Escobedo y Francisco Castro Paz. El tirador sería el propio Posada.

Sin cejar en su permanente intento de agredir a la Revolución Cubana y de asesinar a su máxima figura, Posada Carriles, en unión de cinco terroristas fracasó una vez más en la realización de un atentado contra Fidel en Cartagena de Indias, Colombia, durante la celebración de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado. Celebrada entre los días 14 y 15 de junio de 1994, dicho plan preveía ejecutarse cuando el jefe de estado cubano realizara un paseo por la ciudad en compañía del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Abundante dinero desembolsó la FNCA, cerca de 50 000 dólares, para adquirir diversos medios de guerra, entre los que se encontraban bazookas, armas largas y explosivos. El plan contemplaba asimismo el empleo de un fusil Barrett, calibre 50, enviado desde Miami, con el que se dispararía contra el mandatario cubano. Hoy se conoce que Posada Carriles contó con la ayuda de Alberto Hernández, Félix Rodríguez Mendigutía, Gaspar Jiménez Escobedo, Ramón Orosco Crespo, Roberto Martín Pérez y Raúl Valverde.

Durante ese mismo tiempo, Arnaldo Monzón Plasencia y la FNCA planeaban otro plan alterno que incluía la preparación y ulterior infiltración de un team integrado Santos Armando González Rueda y José Francisco Ramírez Oro, cubanos residentes en Estados Unidos, para enviarlos a Cuba a atentar contra instalaciones turísticas y ejecutar el asesinato del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Ambos terroristas se infiltraron por Puerto Padre, provincia de Las Tunas, el 2 de marzo de 1995, logrando enterrar 51 libras de explosivo plástico C-4 y otros medios. Fueron traídos en una embarcación tripulada por varios miembros de la FNCA, entre los que se encontraba José Pujol, uno de los tripulantes que en el 2005 introdujeron ilegalmente a Luis Posada Carriles en Estados Unidos utilizando el “Santrina”.

Los dos criminales infiltrados en Cuba trajeron, y enterraron, 22,12 kilogramos de C-4, otra pequeña bolsa con 1,383 kilogramos de ese mismo explosivo, 12 detonadores eléctricos, 3 relojes marca Cosmo Quartz, 25,5 metros de cordón detonante, 2 pistolas rusas marca Baikal, 75 cartuchos de 9 mm. Lo interesante del caso fue que ambos terroristas portaban un teléfono celular marca CELLSTAR de la NEC, número 03171115H3, entregado anteriormente a mi persona por Pepe Hernández para mis tareas operativas en la Habana a favor de la FNCA y que les había yo devuelto hacía apenas tres meses.

Meses después, en agosto de 1995, Roberto Martín Pérez, Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo, Eugenio Llaneras y otros miembros de la FNCA se involucraron en un plan de atentados contra Fidel Castro durante la celebración de la V Cumbre de Jefes de Estado a realizarse en San Carlos de Bariloche, República Argentina. Lo mismo ocurrió en noviembre de 1996, cuando Posada Carriles y Félix Rodríguez Mendigutía organizaron un nuevo intento de magnicidio contra Fidel durante su visita a Chile para participar en la VI Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica.

Mientras tanto, muchos de los agentes del FBI en la División de Miami, como el propio Paul R. Philip, el agente especial en el cargo de la oficina de Miami del FBI; el Agente Especial Raúl Fernández, asignado a la Dirección Operativa de Miami desde 1987; David A. Cardona, agente especial a cargo de Supervisión; el Agente Especial Joseph Persichini, Jr.; el Agente Especial de Supervisión de la Ley contra la Corrupción Pública y programas del Fraude Gubernamentales; el Agente especial del FBI James Pat Laflin, así como los agentes D. Keith Bryars, Keith Slotter, Robert E. Casey, Sean Joyce, y muchos otros, enfrascados algunos en la lucha contra el crimen, ignoraron deliberadamente por órdenes de sus jefes las actividades magnicidas y terroristas de los mafiosos cubanos asentados en Miami. Como una tradición, el propio Paul R. Philip, al igual que los harían sus sucesores Héctor Pesquera y Salomon, confraternizó sistemáticamente con los contrarrevolucionarios ejecutores de un descarado terrorismo contra Cuba, ignorando deliberadamente sus criminales actividades. Fidel continuaba en la mira de sus obcecados enemigos.


Percy Francisco Alvarado Godoy

21 de mayo de 2010 

lunes, 2 de junio de 2014

Archivo: Mi… “¿Querido?”… FBI. (Novena parte)



http://themilitant.com/2005/6939/Puerto39.jpg

PUERTO RICO, EL FBI Y LOS CRIMENES DE LA CONTRARREVOLUCION ANTICUBANA.

Cuando aún se mantiene el dolor en los familiares, amigos y compañeros de Carlos Muñiz Varela, asesinado el 28 de abril de 1979, y permanece vivo el reclamo de justicia luego de 31 años de este execrable hecho, se confirma todavía más el oscuro compromiso entre la mafia terrorista anticubana y el FBI en relación con tan lamentable asunto: los primeros ejecutaron el crimen con total impunidad, mientras el Buró nada hizo por esclarecerlo u ocultó deliberadamente la identidad de los responsables del crimen.
El hijo de Carlos, cuyo único delito fue propiciar en acercamiento con la Patria amada, dijo en el homenaje de recordación: “Vamos a seguir insistiendo como un asunto ético de nosotros de recordarle a las autoridades que tienen que cumplir su deber ministerial de hacer justicia”.
El arquitecto Carlos Muñiz Pérez, hijo de Muñiz Varela y portavoz del Comité de Amigos y Familiares de Carlos Muñiz Varela, tiene toda la razón. Muchos han sido los reclamos por encontrar a los culpables y la infructuosa búsqueda de los mismos siempre ha chocado contra un poderoso muro de silencio e indiferencia por parte de las autoridades boricuas, incluyendo la Oficina del FBI en San Juan, Puerto Rico, así como las otras cuatro oficinas residentes asentadas en Aguadilla, Fajardo, Ponce, San Thomas y San Croix, la primera de ellas dirigida a partir del 12 de abril de 2004 por Luis S. Fraticelli, desde su sede en el Edificio de Oficinas Federales, Suite 526, Hato Rey, Puerto Rico, extendiendo también su autoridad en las Islas Vírgenes.
Lo sorprende de la reticencia del FBI y las autoridades a esclarecer el asesinato de Carlos Muñiz Varela fue recientemente denunciado por Jean-Guy Allard en un artículo publicado el 28 de abril de 2010, en el que denunció que, desde el 2008, el propio ASC del FBI en San Juan, Luis S. Fraticelli, había reconocido que el Buró disponía de suficiente evidencia e información para esclarecer este caso, lo que presupone conocimiento sobre la autoría de los criminales, motivaciones, afiliación y fuentes de financiamiento. Transcurridos dos años de las declaraciones de Fraticelli, el FBI permanece en silencio y no ha tomado acción alguna. Otros dos elementos muestran también el interés de las autoridades estaduales y federales por acallar el caso. El 11 de febrero de 2010 el estrenado Secretario de Justicia ad ínterin de Puerto Rico, Guillermo Somoza Colombani, se comprometió con los reclamantes del Comité de Amigos y Familiares, el realizar: “una evaluación en su totalidad del expediente investigativo, a los fines de determinar si quedan gestiones que realizar y sobre todo darle seguimiento a una solicitud efectuada al FBI.” Todavía más asombroso resultó que ni el propio Obama, luego de recibir una misiva fechada el 15 de diciembre del 2008 y enviada a él por el ex gobernador boricua Acevedo Vilá, confirmando el conocimiento absoluto del FBI y del propio Fraticelli sobre el asesinato de Muñiz Varela, ha emitido una orden para esclarecerlo.
LA OFICINA DEL FBI EN PUERTO RICO
La Oficina de Campo de San Juan tiene jurisdicción en más de 280 tipos de casos, relacionados con las violaciones de los derechos civiles, el terrorismo interno, el crimen organizado, el narcotráfico, el crimen violento, robo de bancos, el secuestro, la extorsión, la piratería aérea, el fraude de atención médica, fraude bancario, la delincuencia de cuello blanco, la corrupción pública y la seguridad nacional, aunque su eficacia en cuanto a temas relacionados con la lucha contra el terrorismo y las violaciones de los derechos humanos ha sido puesta en duda de manera reiterada, confabulándose, incluso, en el amparo de los ejecutores de estas actividades.
Para el 18 de marzo de 2000 mucha gente no se sorprendió que el Director del FBI en esos momentos, Luis Freeh, reconociera públicamente, ante una Audiencia ante la Comisión de Apropiaciones de la Cámara de Representantes, el papel cómplice del FBI en la violenta persecución contra dirigentes del movimiento pro independentista durante las décadas de los cincuenta y los sesenta del pasado siglo. Varios hechos se reconocieron por Freeh en esta audiencia: la disposición del FBI de torpedear las investigaciones que realizaran por su cuenta los grupos independentistas desde 1977 y la existencia de cerca de 150 mil expedientes abiertos sobre independentistas boricuas. La orden para recrudecer tan descarado espionaje, y para acciones para desarticular el movimiento independista, había partido del director Hoover a partir del 12 de abril de 1960.
Sin embargo, a pesar de la promesa de Freeh, se puso conocer que el FBI continuó espiando descaradamente a muchos boricuas, armando 2 000 expedientes que recogen llamadas telefónicas entre el año 2000 y el 2006, escudándose en su supuesta lucha contra el terrorismo, según lo denunció el Washington Post el 18 de enero de 2010.
No se habló sin embargo, ni por Freeh ni por los miembros de la Cámara de Representantes, sobre el cuestionado e ineficaz papel del FBI en el esclarecimiento de muchos de los crímenes cometidos por la contrarrevolución de origen cubano y la ola de atentados perpetrados por ellos en Puerto Rico, de manera descarada y con total impunidad, entre los que sobresalieron:
● 7 de enero de 1969: Es colocada una bomba en el auto del Secretario General del Movimiento Independista Puertorriqueño, Juan Mari Brás, estacionado frente a su casa. El artefacto explosivo fue desactivado.
● 31 de mayo de 1969: Desconocidos envían por correo explosivos antipersonales a las oficinas del M.P.I., ubicadas en Río Piedras, San Juan.
● 12 de noviembre de 1971: Intento de atentado contra la vida del Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño, Rubén Berríos Martínez, cuando éste viajaba hacia Caguas, ocasión en que fue encañonado con armas de fuego desde otro auto en marcha. Pudo evadir la amenaza.
● 13 de noviembre de 1971: Fue tiroteada la Oficina del Comité Central Partido Independentista Puertorriqueño, presumiblemente por el contrarrevolucionario de origen cubano Luis Fathel Catasú. Fue capturado y, posteriormente, puesto en libertad de forma absurda e impune. Es el primer incidente probado del empleo de la mafia terrorista cubana en actos de este tipo.
● 11 de marzo de 1973: Una bomba fue hecha detonar en el cuarto piso de la Facultad de Estudios Sociales de la Universidad de Puerto Rico. El FBI nunca dio a conocer el resultado de sus pesquisas con respecto a este caso.
● 24 de junio de 1973: Varios dirigentes del PSP como Miguel Cabrera Figueroa, Ángel Luis Gandía y Edwin Reyes Cabrera, son víctimas de un atentado contra sus vidas, saliendo herido uno de ellos.
● 25 de julio de 1973: Fue colocada una bomba en la oficina del Comité Central del Partido Socialista Puertorriqueño, en Río Piedras. El hecho se lo adjudicó el Ejército Cubano Secreto, una mascarada de Omega 7.
● 5 de agosto de 1973: Omega 7 hizo estallar una bomba en el Consulado de Venezuela en San Juan, Puerto Rico.
● 11 de enero de 1975: Un poderoso artefacto explosivo causa dos muertos, Eddie Román Torres y Ángel Luis Charbonier, así como 12 heridos, en un acto del P.S.P. en la Plaza de la ciudad de Mayagüez.
● 24 de marzo de 1976: Fue asesinado Santiago “Chagüi” Mari Pesquera, hijo del Secretario General del P.S.P. y candidato a la Gobernación de Puerto Rico, Juan Mari Brás.
EL COINTELPRO Y SU EMPLEO CONTRA LA CAUSA INDEPENDENTISTA.
El desarrollo del programa de contra inteligencia conocido como COINTELPRO para investigar, desactivar y denigrar a luchadores y personalidades pro independentistas en Puerto Rico, se extendió desde los años 50 hasta los 80, cuando su uso fue declarado inconstitucional, primero por el Procurador General de los EE.UU., Edward Levi, en 1976, y luego por , la Corte Suprema de Puerto Rico, hasta que una iniciativa del congresista demócrata de origen puertorriqueño José E. Serrano, logró la liberación de los Archivos del FBI. Desde luego, no todo salió a la luz y no aparece en el sitio web del Centro de Estudios Puertorriqueños. Muchos hechos permanecieron en los oscuros almacenes del FBI, como es el caso de la información relacionada con el asesinato de Carlos Muñiz Varela.
La justificación de la aplicación de COINTELPRO, la dio el propio director del FBI entre 1924 y 1971, y fallecido en 1972, J. Edgar Hoover, cuando expresó en una orden interna del Buró sobre la actividad de espionaje a los dirigentes independentistas: "Debemos tener información relativa a sus debilidades, la moral, antecedentes penales, esposos, hijos, vida familiar y las actividades personales que no sean actividades de la independencia".
En este sentido, el FBI elaboró documentos desde la creación de su oficina en San Juan en 1935, muchos de ellos desclasificados, que abarcaron casi dos millones de páginas, en los que se pueden diferenciar informaciones agrupadas en tres categorías: personas de interés, organizaciones y programas de lucha de las mismas. No escaparon a la sucia indagación figuras de posiciones tan opuestas como Pedro Albizu Campos y Luis Muñoz Marín.
Otra destacada figura asediada por el FBI fue Juan Mari Brás, lo que incluyó el espionaje contra su organización, el Partido Socialista Puertorriqueño, así como a su propia familia. Particular conmoción causó la desclasificación de un Memo sobre el asesinato de su hijo Santiago "Chagui" Mari Pesquera, ocurrido en 1976. De igual forma se intentó difamar al desatacado político en falsos affaires amorosos.
COINTELPRO dio luz verde a irregularidades anticonstitucionales por parte del FBI como lo fueron la interceptación de conversaciones telefónicas, campañas para denigrar a figuras independentistas y sembrar conflictos entre ellas mediante cartas y documentos apócrifos y anónimos, difamación mediante fotos falsas y la ridiculización mediante caricaturas, la infiltración de informantes provocadores y falsarios, así como la realización de sabotajes, amenazas e, incluso, asesinatos.
COINTELPRO también se aplicó a la comunidad boricua residente en Estados Unidos, cumpliendo una indicación del propio Hoover en la que se expresó: “Debido al gran número de puertorriqueños que residen en Nueva York, y el hecho de que un número de organizaciones independentistas están activas en Nueva York, las oficinas de Nueva York y San Juan deberán intercambiar ideas sobre tácticas y técnicas que sean efectivas en sus divisiones.”
FBI: ¿INCAPACIDAD O CONFABULACION?
No solo los asesinatos de Santiago "Chagui" Mari Pesquera y de los mártires de Cerro Maravilla fueron los únicos asesinatos políticos ocurridos en Puerto Rico. El crecimiento de este fenómeno alcanzó su más notable parangón en la década de los setenta cuando ocurrieron otros crímenes como el del dirigente sindical Juan Caballero, el de Carlos Muñiz Varela, el del militante socialista Ángel Charbonier y el del prisionero político Ángel Rodríguez Cristóbal, nada menos que dentro de una cárcel norteamericana. Junto a estos hechos, ocurrieron cerca de 170 actos de terror contra oficinas del Partido Independentista Puertorriqueño, el Partido Socialista Puertorriqueño, periódicos, imprentas y otras instalaciones. Nunca el FBI esclareció alguno de estos hechos de forma real y efectiva.
EL ASESINATO DE FILIBERTO OJEDA Y LA REPRESION DEL FBI EN PUERTO RICO.
El 23 de septiembre de 2005, sobre las 4:30 p.m., un descomunal despliegue del FBI que involucró a con helicópteros, vehículos militares, ametralladoras y francotiradores, sacudió al pueblo de Hormigueros, en el oeste de Puerto Rico, irrumpió en el hogar de Filiberto Ojeda Ríos y de su esposa, Elma Beatriz Rosado. Un centenar de proyectiles impactaron en la vivienda donde el líder independentista se defendió como pudo, logrando herir a uno de los agentes federales. Filiberto conminó a su esposa a abandonar la vivienda, ocasión en que fue ultrajada y aprehendida por la fuerza. A partir de ese momento se ejecutó el crimen. Luego de esperar casi 24 horas, el FBI penetró a la vivienda y encontró el cuerpo de Filiberto desangrado. De inmediato, su cadáver fue trasladado a la Unidad Forense del Departamento de la Policía de Puerto Rico.
Decenas de personas trataron de acceder al lugar, pero el FBI les impidió el acceso. Entre ellos estaba el doctor Héctor Pesquera.
El brutal asesinato conmocionó a toda la sociedad borinqueña, sin distinción de afiliación política. Muchas fueron las voces que repudiaron el crimen de alguna manera, como la del Arzobispo católico, Roberto González Nieves; la de Ricardo Santos, presidente del sindicato de electricistas; la del ex gobernador Rafael Hernández Colón; la de Rubén Berríos, presidente del Partido Independentista Puertorriqueño; e, incluso, la de Tomás Rivera Shatz, presidente titular del Partido Nuevo Progresista. Sin embargo, fue la voz de su pueblo amado la que más se hizo sentir: cerca de un millar de personas se concentró en el estadio Hirám Bithorn, para manifestar su repudio por el asesinato de Ojeda. Fue su marcha valiente hasta la Corte Federal y otras manifestaciones de protesta, las que obligaron al gobierno a autorizar la presencia del doctor Héctor Pesquera, miembro del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, en la autopsia oficial del cuerpo de Filiberto.
La verdad sobre lo ocurrido en el brutal ataque contra la vivienda de Filiberto saldría a la luz por boca del doctor Pesquera: “Filiberto Ojeda Ríos recibió un disparo cerca de la clavícula derecha. “El proyectil le penetró a la altura de la clavícula derecha, ingresó al pulmón y salió por la espalda, donde la bala se quedó alojada entre su espalda y el chaleco antibalas que llevaba puesto. No murió por el fallo de ningún órgano comprometido por la herida. Murió porque lo dejaron desangrar.” (…) “La razón porque el FBI no permitió a los doctores entrar a la casa es porque querían a Filiberto muerto. En mi opinión a Filiberto le disparó un francotirador y lo dejaron desangrar hasta la muerte; esto fue un asesinato por parte del FBI”.
Miles de boricuas dieron la última despedida al cuerpo de Filiberto Ojeda Ríos en el Ateneo Puertorriqueño y, posteriormente, en el Colegio de Abogados en San Juan. Allí estuvieron presentes los militantes y líderes del Partido Nacionalista de Puerto Rico, del Partido Independentista Puertorriqueño, del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano y del Frente Socialista de Puerto Rico, así como personalidades de la talla de lolita Lebrón, Danny Rivera, Roy Brown, Julio Murientes, el ex gobernador Rafael Hernández Colon, el Arzobispo Roberto González, entre otros.
El 10 de febrero de 2006, un grupo del task force del FBI realizó un descomunal operativo contra muchos ciudadanos boricuas que protestaron por el brutal asesinato de Filiberto Ojeda, invadiendo violentamente sus hogares y oficinas, bajo la amenaza de fuerza bruta y desmedida, violentando sus archivos personales y robándoles sus computadoras. Algunos de los ciudadanos hostigados fueron varios dirigentes sindicales, la profesora de sociología Liliana Laboy, así como Norberto Cintrón Fiallo, organizador del funeral de Ojeda Ríos. No era, por supuesto, una inusual redada. Ya en agosto y octubre del 2004, el FBI usó este brutal despliegue de fuerza contra ciudadanos boricuas miembros de la Unión Independiente Auténtica (UIA).
El 9 de agosto de 2006, por primera vez, el FBI dio a conocer su versión de los hechos en su sitio www.fbi.gov, mediante un comunicado de la Oficina Nacional de Prensa del FBI, en respuesta al Informe de la Oficina del Inspector General (OIG), acerca de las circunstancias que mediaron durante el intento por capturar a Filiberto Ojeda Ríos, titulado: "Una Revisión del Incidente de disparos en el cual estuvieron Involucrados el Negociado Federal de Investigaciones y Filiberto Ojeda Ríos en Septiembre de 2005."
En una parte del informe se trata, desde luego, de culpar a Filiberto por el inicio del tiroteo, lo que no ha sido comprobado por entidades ajenas al Buró:
“En su extenso informe, la OIG confirmó la secuencia de eventos que los oficiales del FBI describieron después del incidente. La OIG llegó a la conclusión de que Ojeda Ríos inició el tiroteo y abrió fuego contra los agentes del FBI mientras éstos intentaban entrar a la residencia. Ojeda Ríos disparó 19 balas, 8 de las cuales alcanzaron a agentes del FBI. Un agente fue herido de gravedad en el abdomen. Los agentes, miembros del especializado Equipo de Rescate de Rehenes (Hostage Rescue Team – HRT), devolvieron entonces el fuego. La OIG determinó que los agentes devolvieron el fuego justificadamente y que el uso de fuerza por los agentes en el operativo de Ojeda Ríos, incluyendo el tiro que mató a Ojeda Ríos, no violó la Política de Fuerza Letal del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.”
El factor esencial, la muerte deliberada de Filiberto a falta de asistencia médica, se trató de justificar de la siguiente manera:
“La OIG también llegó a la conclusión de que la demora en entrar a la casa de Ojeda Ríos después que Ojeda Ríos fue alcanzado por una bala estuvo basada en una preocupación legítima por la seguridad de los agentes.”
Por último, para no lavarse las manos descaradamente como Poncio Pilatos, el FBI se hace una velada y tímida autocrítica cuando expresó:
“El informe establece una serie de recomendaciones, mayormente con relación al operativo de arresto de Ojeda Ríos, las cuales serán revisadas y consideradas cuidadosamente. El FBI reconoce la importancia de incrementar la comunicación y coordinación entre la Oficina Central del FBI, el HRT y nuestras oficinas de campo durante operaciones significativas de esta naturaleza. Agradecemos el informe de la OIG sobre este incidente.”
EL FBI DE PUERTO RICO, COMPLICE DEL TERRORISMO CONTRA CUBA.
Puerto Rico fue escenario de la actividad de los grupos terroristas anticubanos desde los primeros años que sucedieron al triunfo revolucionario en Cuba, el 1 de enero de 1959. Hacia allí marcharon decenas de esbirros, lumpen y burgueses, cargando en sus corazones un odio insensato hacia la revolución triunfante. Otros, los que escogieron a Miami y Nueva Jersey como futuras guaridas, se trasladarían hacia la Isla del Encanto en múltiples oportunidades para fraguar todo tipo de fechorías e implementar un terrorismo irracional contra sus conciudadanos y contra aquellos boricuas que admiraban los logros cubanos y mostraban simpatía hacia ellos. Algunos hechos demuestran esta enfermiza actividad:
● El 10 de noviembre de 1960 fue herido un funcionario del Banco de Comercio Exterior de Cuba, al ser agredido por elementos terroristas en San Juan, Puerto Rico.
● El 22 de agosto de 1962, fue dañado con sustancias letales en San Juan, Puerto Rico, un cargamento de azúcar procedente de Cuba, que se encontraba en el barco británico S.S. Streatham Hill, fletado por la Unión Soviética.
● El 13 de septiembre de 1968 fue dinamitado el buque español Coromoto, en Puerto Rico.
Durante las décadas de los años 60 y 70, se organizaron y reorganizaron múltiples organizaciones del exilio cubano de derecha, partir del criterio de convertir a esta zona como zona de guerra contra Cuba, destacándose una de las organizaciones contrarrevolucionarias que surgió en Puerto Rico en los años 60, auto denominada Alpha 66, creada con ese nombre por ser la letra Alpha la primera letra del alfabeto griego, que significa comienzo, punto de partida. El número 66 lo tomaron del hecho de que fueron sesenta y seis personas las que la integraron en un inicio, según lo recogió el FBI en su archivo R-759-1-57. En el comienzo, Alpha había estado compuesta por gente de diversa procedencia: tímidos luchadores contra Batista, como el propio Andrés Nazario y Eloy Gutiérrez Menoyo, que luego se sintieron traicionados por la radicalización del proceso revolucionario y optaron por abandonar el país, rumbo a Estados Unidos. Hoy existen fuertes evidencias que tanto Nazario Sargén y Antonio Veciana Blanch, dos de los fundadores de Alpha 66, fueron informantes del FBI, tal como puede atestiguarse en los archivos del Buró clasificados como R-759-4-153 / 5 y R-759-1-125/2-27. Antonio Veciana Blanch (alias Víctor), por su parte, estuvo vinculado en Cuba a los sabotajes contra El Encanto y otras tiendas, así como los frustrados intentos por quemar Sear´s, J. Vallés y Fin de Siglo. En esta etapa se unió al Segundo Frente Nacional del Escambray, dirigido por Eloy Gutiérrez Menoyo.
La penetración del FBI dentro de Alpha 66 fue permanente y el Buró estuvo al tanto de la actividad terrorista desatada por terroristas como Nazario Sargén, Antonio Veciana, Eloy Gutiérrez Menoyo y otros. [FBI-R-759-2-23], [FBI-R-759-1-?], Name change to Commando 66 (30 Oct 1962) [R-759-1-72]; however the FBI reconsiders on ½/63 and maintains separate files. [R-759-1-181] [FBI-R-759-1-72], [FBI-R-759-1-181] Cuba, por su parte, había penetrado a Alpha 66 con el agente del G-2 Enoel Salas Santos, entre otros, y pudo conocer desde temprano la total impunidad del grupo terrorista ante las autoridades del FBI.
Las actividades del Alpha 66 en Puerto Rico quedaron evidenciadas el 13 de septiembre de 1962, cuando Veciana manifestó al San Juan Star, que disponía de 300 hombres, cerca de 100 mil USD y armamento suficiente para su contingencia contra Cuba, según lo recogió el FBI en su informe R-759-1-24. Al día siguiente, Veciana manifestó que Alpha 66 ejecutaría contra Cuba, en octubre de 1962, las operaciones “Acción Antonieta” y “Acción Carmen”. [R-759-1-28/33] [FBI-R-759-1-28/33]
El primer ataque de Alpha 66 contra Cuba se realizó por Isabela de Sagua, al norte de Las Villas, en octubre de 1962. Allí dinamitaron una vivienda que, según ellos, era del G-2. Partieron desde la base que habían creado en Key Williams, en las Bahamas; el grupo estaba integrado por Nicolás Salado, Colo; Zenén Castillo; Publio Ruiz y Julio Cruz. [FBI-R-759-2-114], [FBI-R-759-2-1127] Eso los estimuló y dos meses más tarde, en diciembre de 1962, atacaron la playa de Juan Francisco, en Caibarién, también en el norte de Las Villas. Aquí no fueron tan atrevidos. Pusieron una granada en la orilla y de inmediato se perdieron, no sin antes tirotear la zona. La lancha de cerca de 15 pies que los trajo, los trasladó rápidamente hacia cayo Williams. Junto a Colo, vinieron en esta oportunidad Cecilio Vázquez, José Casanovas y Ramón Quesada. [FBI-R-759-2-117]
En mayo de 1963 atacaron el campamento de becados de Tarará. [FBI-R-759-3-120] Esta vez no vino Colo, pero sí Julio Cruz y Zenén Castillo, que habían venido en octubre y Ramón Quesada Gómez, que lo había hecho en diciembre. Los otros dos miembros del comando eran Agustín Gutiérrez y Elio Grillo. Ese mismo año tirotearon el barco inglés New Lane, fondeado en Caibarién. En este caso fue Veciana el que consiguió las armas y equipamiento necesario y realizaron el ataque la gente que después integraría los llamados “Comandos L”: Tony Cuesta, Antonio Quesada y Ángel Pouxés, en compañía de otra persona. Todos vinieron en una embarcación tipo V-18, equipada con una ametralladora calibre cincuenta.
 En 1964 pretendieron desarrollar una operación en gran escala, que conllevaría la infiltración de cerca de 50 hombres bajo la cobertura de un llamado “Plan Omega”. [FBI-R-759-5-63], [FBI-R-759-5-75], [FBI-R-759-6-137] y [FBI-R-759-6-139]. En realidad, desembarcaron, el 28 de diciembre, cuatro personas en las costas punta Caletas, Baracoa, en la provincia de Oriente, capitaneados por Eloy Gutiérrez Menoyo, quien en ese entonces vivía en el 201 SW 12 avenida, en Miami. Habían salido en una embarcación de 25 metros de eslora, proveniente de Puerto Manzanillo, en República Dominicana. Este comando estaba integrado además por Ramón Quesada Gómez (ex comandante del Directorio Revolucionario 13 de Marzo), Domingo Ortega Acosta (ex capitán de la comandancia de William Morgan) y Enoel Salas Santos, quien resultó ser un miembro de la Seguridad del Estado cubana. Habían partido desde una base de entrenamiento radicada en República Dominicana, la cual cerró posteriormente, luego de quedar al desnudo el apoyo dominicano a la gente del Alpha. Fueron detenidos el 23 de enero del 1965 en Aguada de Palmas, Imías, con material de guerra, equipos de comunicación y otros de subsistencia. El cabecilla fue sancionado a treinta años de prisión en la causa 83/65. Gutiérrez Menoyo recibió la tarea de organizar desde la cárcel diversas células de Alpha 66, captó desde 1970 a varios reclusos en la prisión de Boniato y en otro reclusorio en el que estuvo antes, siempre con el auxilio de su amante Isabel Rodríguez.
El fracaso de Gutiérrez Menoyo había quedado atrás. Tras diversos intentos de llevarlo a cabo en 1969, cuando Méndez fue ascendido a coronel, se lanzaron de nuevo a la misma aventura en tierras orientales. El día 17 de abril de 1970, rememorando el desembarco de Girón, volvieron otra vez a la Isla. En esta ocasión desembarcaron en Baracoa un total de 13 hombres, con el propósito de internarse en las montañas. De inmediato fueron aniquilados. Luego de diversos encuentros en la zona, al final fueron capturados. Fue el 24 de abril de 1970. Alpha 66 recibió ese día un golpe demoledor. Un mes después, en mayo de 1970, fueron capturados por comandos del Alpha los pesqueros Plataforma I y Plataforma IV. Los 11 tripulantes fueron detenidos y abandonados en cayo Andros, en las Bahamas.
Otra de las organizaciones terroristas de origen cubano que operó en Puerto Rico fue el Frente de Liberación Nacional Cubano, fundado en Octubre de 1973, a partir de una veintena de individuos provenientes de un grupo entrenado por la CIA y autodenominado los Halcones Dorados, quienes se experimentaron en actividades de paracaidismo en infiltración por aire. Su fundador y líder fue Frank Eulalio Castro Paz, también identificado como Frank Castro, quien incorporó al FLNC a individuos como Antonio Néstor Izquierdo, ex mercenario de la Brigada 2506 y agente de la CIA; Luis Alberto Crespo del Valle, terrorista a quien le explotó una bomba que preparaba junto a Humberto López para atentar contra objetivos relacionados con Cuba; y Rolando Otero Hernández, responsable de varias oleadas terroristas en Estados Unidos y Puerto Rico, así como en otros países.
Según un informe del FBI, numerado como File #105-22478, un comunicado del FLNC dado a publicidad en octubre de 1975, reclamó la autoría de varios atentados terroristas como la colocación de una bomba, en septiembre de 1975, contra la embajada Soviética en Bogotá y otra contra un Festival de Cine Cubano en la misma ciudad. Por otra parte, el FLNC también se adjudicó la autoría de la explosión en el Teatro Modelo de Río Piedras y el de Mayagüez, ambos en Puerto Rico, el 8 de octubre de 1974, durante la realización de un Festival de Cine Cubano.
Otra de las organizaciones terroristas que actuaron en Puerto Rico fue la Agrupación Abdala, presentada por algunos como apéndice del FLNC y que fue fundada en 1968 en Nueva York y New Jersey, por Gustavo Bienvenido Marín Duarte, René Fernández del Valle, Enrique Encinosa Canto, Leonardo Viota, entre otros, así como su representante en Puerto Rico y actual jefe de un grupúsculo denominado Frente para la Liberación Total de Cuba, Sergio Ramos Suárez. Abdala fue responsable de varios hechos criminales, entre ellos la colocación de una bomba el 13 de julio de 1978, en un hotel donde se alojaba una delegación artística cubana en Puerto Rico. La Agrupación Abdalá, destacada por su enseñamiento contra quienes promovían los viajes de los emigrados a Cuba, realizó una veintena de agresiones terroristas contra embarcaciones cubanas entre 1972 y 1975., a la par que se dedicó a crear provocaciones contra funcionarios y sedes diplomáticas de Cuba ante la ONU, tal como ocurrió en dos ocasiones durante el año 1978. Particularmente desfachatadas fueron sus provocaciones contra el equipo cubano de fútbol en California, EE UU, y la provocación montada contra ese mismo grupo de deportistas días después, el 5 y el 9 de abril de ese mismo año, en Atlanta y Chicago, respectivamente.
También como apéndice del FLNC actuó en Borinquén la Acción Sindical Independiente, dirigida por Pedro Hernández.
El FLNC cobró notoriedad con la colocación de una poderosa bomba en el Colegio de Abogados de Puerto Rico, el 14 de enero de 1980, ocasión en que participaron el propio líder del grupo terrorista Frank Castro Paz, René Fernández del Valle y Roberto López González. Por ese tiempo, estos individuos planificaron el asesinato de otro hijo de Juan Mari Brás, Raúl Mari Pesquera, mediante la voladura en pleno vuelo de un avión de la compañía Vieques Airlink.
Otro connotado miembro del FLNC fue Reynol Rodríguez González, actual jefe de Alpha 66, quien de acuerdo al FBI tenía en esos momentos como misión la custodia de parte del armamento del FLNC, consistente en 4 ametralladoras de diverso calibre, entre ellas, una calibre 50 mm, así como un cañón de 20 mm, fusiles y abundante explosivo plástico.
Fue el propio FBI, en uno de sus documentos desclasificados, de fecha 20 de mayo de 1975, el que se refiere a una reorganización dentro del FLNC donde se intenta crear una estructura política, además de fortalecer la rama militar, nombrándose a Frank Castro como Coordinador Internacional del aparato militar. Por su parte, Reynol Rodríguez González, residente en la isla boricua pasó a ser el Coordinador de la Sección de Acción de Sabotaje del FLNC. De esas reuniones, transcurridas en los meses anteriores, salió una declaración de abierta beligerancia contra las fuerzas progresistas y pro independentistas de Puerto Rico, particularmente el PSP.
Lo sorprendente de la actuación del FBI y de las fuerzas policiales en Puerto Rico es que, a la par que se fraguaba el asesinato del joven Carlos Muñiz Varela, éste era investigado por la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico, referida al período del año 1979. Con la misma siniestra confabulación se actuó en el caso del asesinato de Santiago “Chagüi” Mari Pesquera. El FBI arrestó a Henry Walter Coira Story como único ejecutor del crimen, aunque las evidencias apuntaron a una conspiración en la que participaron varios miembros del FLNC como Reynol Rodríguez, José Dionisio Suárez Esquivel y Pedro Crispín Remón.
El accionar de los grupos terroristas en la década de los 70 se desarrolló con total impunidad, ante la complacencia del FBI y las autoridades policiales boricuas, como lo demuestran algunos de los hechos ocurridos en esta época:
● El 16 de septiembre de 1973 explotó una bomba en el parqueo del Coliseo Roberto Clemente, en los momentos en que se realizaba un partido de baloncesto entre los equipos de Cuba y Venezuela.
● En enero 1974 fue tiroteado el consulado Argentino, tras el anuncio de una posible venta de carros Ford y Chevy a Cuba.
● El 22 de abril de 1974 explotó una en el Consulado Argentino en San Juan en repudio a la posición argentina de restablecer relaciones con Cuba.
● El 6 agosto 1974 explotó otra bomba, esta vez contra el Consulado Venezolano en San Juan.
● El 8 de agosto de 1978 explotó una bomba en la Universidad de San Juan durante la actuación allí del Ballet Nacional de Cuba, reclamando su autoría el llamado Comando Pedro Luis Boitel (CPLB).
● El 9 de octubre de 1974 fue colocado un artefacto explosivo en las oficinas de Mejicana de Aviación en San Juan, como protesta por los vuelos de ésta compañía a Cuba.
● El 29 de diciembre de 1977 fue puesta una bomba en el Consulado Venezolano en San Juan para protestar por la detención de Posada Carriles y Orlando Bosch por su participación en el atentado contra una aeronave cubana en Barbados.
● El 7 de octubre de 1978 estalló una bomba en la agencia de Viajes Girasol, cuya autoría fue reclamada por parte de la organización terrorista Abdala.
● El 4 de enero de 1979 fue puesta una bomba en la Viajes Varadero. Otro artefacto explotó el 19 de enero de 1980, reclamando su autoría Omega 7.
● El 28 de abril de 1979 fue asesinado Carlos Muñiz Varela, presidente de Viajes Varadero. En este abominable hecho, cometido a mansalva, participó un grupo de criminales autodenominado “Los Amigos de la Democracia”, integrado por los ya fallecidos Julio Labatut Escarra, Waldo Pimental Amesto y José “Pepe” Canosa Rodríguez, así como Reynol Rodríguez González, José Dionisio Suárez Esquivel y Pedro Crispín Remón Rodríguez. Uno de estos tres último fue el ejecutor material del asesinato del joven integrante de la Brigada Antonio Maceo.
La permanente y legítima repulsa de todo el mundo ante el asesinato de Carlos Muñiz Varela aún sigue permanente. El 28 de abril de 2010, Andrés Gómez, director de Areíto Digital, escribió un artículo titulado “Nuestro perenne compromiso con Carlos Muñiz”, en el que expresó la verdad innegable y la magnitud de ese repudio: “Escandalosamente, jamás sus asesinos han sido encausados por las autoridades, ni las insulares -las de la colonia-, ni las federales -las de los ocupantes. Aunque el atentado ocurrió a plena luz del día, en una urbanización del municipio de Guaynabo, parte del área metropolitana de San Juan, -con vecinos presentes, quienes, como testigos de los hechos, dieron la información pertinente a los peritos de la policía encargados de la investigación del asesinato.”
“Desde entonces las autoridades tienen las descripciones físicas de los terroristas. Inclusive, uno de ellos, consciente de su inmunidad, se atrevió a sacar medio cuerpo, a través de una de las ventanillas del automóvil desde el cual dispararon a Carlos, para dispararle un tiro final, para así asegurarse de su muerte. Del auto utilizado también las autoridades tienen la descripción pertinente.”
EL FBI CIEGO ANTE NUEVOS PLANES TERRORISTAS.
A pesar del historial de muerte sembrado por la mafia anticubana en Puerto Rico, nunca el FBI tomó cartas en el asunto o se confabuló para proteger a criminales y terroristas, tal como ocurrió en el caso de los complotados del yate “La Esperanza”, en 1997, cuya finalidad era asesinar a Fidel durante su asistencia a la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, a realizarse entre los días 8 y 9 de noviembre, en Islas Margarita, Venezuela.
El destape ocurrido en el 22 de junio 2006 por José Antonio Llamas, ex directivo de la Fundación Nacional Cubano Americana, de los planes de su organización para llevar a cabo una serie de actividades violentas contra Cuba en la década de los 90, elaborados en junio de 1992 en Naples, Florida, involucró nuevamente a Puerto Rico con la actividad del terrorismo mafioso de Miami. En 1993, en una reunión de la Junta de Directores de la FNCA celebrada en Puerto Rico, se formó el grupo de la célula paramilitar que se encargaría de llevar a cabo la nueva guerra sucia contra Cuba, la que estaría dirigida por Francisco José Hernández Calvo y fue integrada por Elpidio Núñez, Horacio García y Luis Zúñiga, Erelio Peña y Raúl Martínez, de Miami; Arnaldo Monzón Plasencia y Ángel Alfonso Alemán, Fernando Ojeda, Fernando Canto. Luis Prieto, Miguel Ángel Martínez, Fermín Pernas Roberto Martín Pérez, Ninoska Pérez Castellón, Domingo Sadurní y Luis Botifoll.
Los primeros pasos conllevaron a adquirir un helicóptero de carga, 10 aviones ultralivianos con control remoto, siete embarcaciones y abundante material explosivo. Los primeros fueron encargados a la firma Nautical Sports Inc, de la Florida y a Refri Auto, radicada en República Dominicana, mientras que los explosivos los consiguió Raúl López, propietario de una firma autorizada al efecto en ese entonces y mediante un préstamo del Ready State Bank, de Miami, por decisión del propio Pepe Hernández. El plan, sin embargo, falló y José Antonio Llamas perdió más de un millón de dólares invertidos en el mismo.
Estos planes, que desembocaron a la larga en la oleada de atentados contra instalaciones turísticas cubanas, así como en la planificación de atentados contra Fidel en las Cumbres VII, VIII y X Iberoamericanas de Jefes de Estado, fueron ampliamente conocidos por el FBI, particularmente por sus oficinas de Miami y San Juan, en Puerto Rico. Sin embargo, otra vez el FBI se alineó con el terrorismo. Sobran los comentarios. 

Percy Francisco Alvarado Godoy

6 de mayo de 2010 

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