Hay quienes piensan
que el anuncio de la recientes desclasificación de documentos puede significar
el cambio tan esperado por Cuba en las posiciones de EEUU con respecto al
terrorismo contra nuestra Patria. De ser así, cabe la posibilidad de que se
reabra el Gran Jurado de Nueva Jersey y se puedan interponer querellas contra los
terroristas y prófugos de la justicia cubana que aún caminan impunes por Miami
y otras ciudades.
Por lo menos, ayer
supe de primera mano que existe una clara intranquilidad entre los terroristas
y que ya han reclamado a sus socios mafiosos en el Congreso oponerse a cualquier
medida que apunte a esa dirección.
Poco, o casi nada, reveló el reciente informe
desclasificado hace unos días por el Departamento de Estado, a no ser la “conjetura”
de la CIA en que se estima que Luis Posada Carrilles pudo haber estado
vinculado a la explosión en pleno vuelo de un avión de Cubana de aviación en
Barbados el 6 de octubre de 1976.
A pesar de desnudar algunas partes de un viejo
informe ya desclasificado, todavía se mantienen ocultos en los archivos de la
CIA los vínculos de esta agencia con grupos terroristas asentados en EEUU.
También se trata de impostar la idea de que la CIA no supo anticipadamente la
realización de este macabro plan que costó la vida a 73 personas.
Fidel nunca se equivocó. Aunque se niegue, y haya
que esperar muchos años más, la mano de la CIA estuvo implicada en este hecho.