Somalia se ha convertido en un caldo de cultivo para las operaciones
negras de Washington desde 2001, mientras el país africano sufre
pérdidas humanas debido a las políticas hegemónicas de Estados Unidos.
Sólo recientemente, se ha puesto de manifiesto que los EE.UU.
enviaron en secreto dos docenas de efectivos bajo el disfraz de asesores
militares. Es ingenuo pensar que los EE.UU. no tienen más intenciones
que dar pistas de asesoramiento a los militares en Somalia o proteger la
seguridad de los pueblos africanos.
En 1993, los EE.UU. se embarcaron en una expedición militar llamada
Operación Serpiente Gótica en Somalia, con el pretexto de eliminar a un
caudillo somalí, una operación que lamentablemente dejó grandes pérdidas
humanas. Como es natural, los EE.UU., rápidamente, se eximieron de toda
responsabilidad y lo atribuyeron a un paso en falso.
Según Charles William Maynes, editor de Foreign Policy, agentes de
la CIA reconocen en privado que el Ejército estadounidense pudo haber
“matado de 7000 a 10 000 somalíes durante su misión. Estados Unidos
perdió sólo 34 soldados. A pesar de la extraordinaria disparidad, la
decisión fue retirarse.” Por lo tanto, las estimaciones entregadas por
los medios de comunicación estadounidenses han sido pasadas por alto o
subestimadas drásticamente.
El hecho es que no hay justificación alguna para esta catástrofe
humana. Sin embargo, como es su costumbre, los funcionarios de
Washington, descaradamente, insisten en que su misión era capturar al
caudillo somalí, Mohammed Farah Aidid, quien se oponía abiertamente a la
presencia de los EE.UU. en Somalia.
Más tarde, para gran decepción de muchos, esta farsa militar fue
desgraciadamente glorificada en la pantalla por Ridley Scott, en una
película llamada Caída del Halcón Negro (2001).
Entre otras de las operaciones negras en Somalia se encuentra una
serie de incursiones de aviones no tripulados asesinos que los EE.UU.
habían estado llevando a cabo durante años, sin reconocer abiertamente
el hecho. Fue en 2012 cuando la Casa Blanca, finalmente, reveló el
secreto de sus operaciones encubiertas en el Cuerno de África y admitió
el delito por primera vez.
La excusa de los EE.UU. para lanzar esos ataques es la misma vieja historia: la erradicación de elementos de Al-Qaeda.
Un recuento hecho por la Oficina de Periodismo de Investigación con
sede en Londres afirma que los ataques con aviones no tripulados
realizados por Estados Unidos llevan hasta el momento al menos 112
militantes somalíes. Esta cifra traicioneramente dudosa excluye a los 60
civiles que murieron en los ataques con aviones no tripulados asesinos.
El método empleado por Washington para distinguir entre civiles y no
civiles es comprensiblemente extraño. Aquellos que son adultos son no
civiles y aquellos que no, son civiles.
Es interesante señalar que los EE.UU. prefería una política de
negación respecto a los ataques con aviones no tripulados, hasta hace
unos meses, cuando la CIA reconoció que, en Somalia y en otras partes de
África, estos se llevaron a cabo bajo la supervisión de la agencia de
espionaje.
Además de esto, hay una estación activa de la CIA en Mogadiscio. En
agosto, Jeremy Scahill informó sobre el complejo de la CIA en el
aeropuerto internacional de Mogadiscio Aden Adde, agregando que "la
instalación se ve como una pequeña comunidad cerrada, con más de una
docena de edificios detrás de grandes muros de protección y asegurados
por torres de vigilancia en cada una de sus cuatro esquinas. En la
instalación, la CIA lleva a cabo un programa de entrenamiento contra el
terrorismo para los agentes de inteligencia somalíes y operativos
destinados a la construcción de una fuerza de ataque local capaz de
lanzar operaciones y enfocar objetivos de "combate" contra miembros de
Al Shabab."
Según Scahill, la CIA no está ni remotamente interesada en tratar de
forma directa con los líderes políticos somalíes, de quienes dicen que
son corruptos y poco fiables. En cambio, los Estados Unidos tienen
agentes de inteligencia somalíes en su nómina. Fuentes somalíes con
conocimiento del programa describen a los agentes haciendo fila para
recibir los 200 dólares en efectivo de paga mensual de parte los
estadounidenses. "Ellos nos apoyan en gran medida económicamente", dice
el alto funcionario de inteligencia de Somalia. "Son los mayores
[financiadores] por el momento."
¿Qué están haciendo realmente los EE.UU. en Somalia?
Una mirada a los recursos naturales de este país es suficiente para
dar una respuesta a esta pregunta. Un artículo de LA Times revela que
casi dos tercios de los recursos de Somalia fueron asignados a las
gigantes petroleras estadounidenses Conoco, Amoco, Chevron y Phillips en
los últimos años, antes de que el presidente pro EE.UU., Mohamed Siad
Barre, fuera derrocado y el país se sumiera en el caos en enero de 1991.
Fuentes de la industria dijeron que las empresas titulares de los
derechos sobre las concesiones más prometedoras esperan que la decisión
de la Administración Bush de enviar tropas estadounidenses para proteger
los envíos de ayuda a Somalia, también, ayuden a proteger sus
inversiones multimillonarias allí. Oficialmente, la Administración y el
Departamento de Estado insisten en que la misión militar de EE.UU. en
Somalia es estrictamente humanitaria. Voceros de la industria petrolera
consideraron como "absurdas" y "sin sentido" las denuncias de expertos
en ayuda, veteranos analistas para África del Este y varios prominentes
somalíes de que el presidente Bush, un expetrolero de Texas, fue
impulsado a actuar en Somalia, al menos en parte, por los intereses de
las corporaciones del petróleo norteamericanas.
De acuerdo con un informe emitido por Range Resources, existen
algunas filtraciones enormes de petróleo en el norte de Somalia
(Somalilandia) y en el suroeste, donde convergen Etiopía, Kenia y
Somalia.
Las nuevas estimaciones de las reservas petroleras del país, costa
adentro y costa afuera, hablan incluso de hasta 110 mil millones de
barriles. Según informes, es probable que existan vastas reservas de gas
natural en aguas somalíes del Océano Índico. Todo esto junto a una
serie de campos que se han encontrado fuera de Mozambique y Tanzania, y
que contienen un estimado de 100 billones de pies cúbicos de gas.
Bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo, el lacayo del
imperialismo interviene y justifica sus ataques con drones asesinos y
otras operaciones negras inhumanas, y no escatima esfuerzos en
aprovecharse de los beneficios mal habidos en su lujuria militar en
tierras musulmanas.
HispanTV