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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuba y su diplomacia del Ébola

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“Incluso en esta época de coaliciones internacionales, la que se ha formado en contra la epidemia de Ébola en el África Occidental es impresionante. En el mes de septiembre, más de ciento treinta naciones votaron en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a favor de una resolución que declaró al virus, que está rampante en Liberia, Guinea y Sierra Leona, una amenaza a la seguridad internacional y la creación de la Misión de las Naciones Unidas para la Respuesta de Emergencia al Ébola (UNMEER), consagrada a combatir la epidemia. La misión fue puesta bajo el control de Anthony Banbury, un veterano solucionador de problemas, quien esperaba entrar al trabajo sin la burocracia que frecuentemente atasca a las misiones de la ONU. En una semana, Banbury ha armado un equipo de miles de voluntarios de la miríada de agencias de la ONU y se fue a poner en marcha las operaciones en su nuevo cuartel de campo en Accra, Ghana.
 
El presidente Obama también hizo del Ébola un asunto prioritario, ordenando a sesenta y cinco profesionales de la salud, apoyados por cuatro mil miembros de tropas, ir a Liberia para ayudar a supervisar la construcción de dieciocho clínicas móviles. El Reino Unido ha tomado una iniciativa similar, enviando setecientas cincuenta tropas y equipos médicos a Sierra Leona, una antigua colonia británica. Otros países, incluyendo Japón y la India, han hecho donaciones de dinero, equipos y pequeños grupos de personal médico. La última semana, después de ser criticada por no haber hecho más, China anunció que enviará a su propio contingente militar y cuerpos de médicos a la región.

Pero, en cierto modo, todos estos países están siguiendo el liderazgo de Cuba. El 12 de septiembre, el ministro de salud del presidente Raúl Castro anunció que Cuba enviaría cerca de quinientos profesionales de la salud a África Occidental. Desde entonces, ciento sesenta y cinco cubanos han llegado a Sierra Leona y un segundo grupo de ochenta y tres han llegado a Liberia y Guinea. Y se esperan doscientos más. Ningún otro país, hasta la fecha, ha contribuido con tantos profesionales de la salud en la crisis del Ébola como lo ha hecho Cuba. (El único paralelo más cercano al esfuerzo de Cuba puede ser el de Médicos Sin Fronteras, la organización humanitaria radicada en Francia, la cual tiene más de doscientos cincuenta médicos internacionales en la región, al igual que más de tres mil trabajadores locales).

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mandela y Fidel: lo que no se dice



La muerte de Nelson Mandela ha precipitado una catarata de interpretaciones sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica pero sin atentar contra vidas humanas.

Foto: Juvenal BalánEl expresidente sudafricano Nelson Mandela junto al líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, en la Cumbre de los No Alineados, en Durban, Sudáfrica, en 1998. 

Mandela recorrió diversos países de África en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y, poco después, se le condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención.

Mandela, por lo tanto, no fue un "adorador de la legalidad burguesa" sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el odioso apartheid sudafricano, lo cual es una verdad a medias.

La otra mitad del mérito le corresponde a Fidel y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por Estados Unidos a través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del apartheid sudafricano.

Por eso, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar "la Stalingrado africana" fue "el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del apartheid". La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar, terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios.

Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de 1995 Mandela diría que "los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el apartheid... Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo". Es un buen recordatorio para quienes ayer y todavía hoy hablan de la "invasión" cubana a Angola.


Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en África. Entre 1975 y 1991 cerca de 450 000 hombres y mujeres de la Isla pasaron por Angola jugándose en ello su vida. Poco más de 2 600 la perdieron luchando para derrotar el régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

ATILIO BORÓN

Granma 

jueves, 3 de octubre de 2013

Carta de despedida del Che a Fidel

"Año de la Agricultura"
Habana


Fidel:



Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la Direccón del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.

Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.

He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.

Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario,

martes, 9 de abril de 2013

Ulises Estrada: las memorias de un internacionalista cubano



Dámaso José Lescaille Tabares (Santiago de Cuba, 1934), es uno de los más extraordinarios combatientes internacionalistas cubanos, más conocido por su nombre de guerra de Ulises Estrada Lescaille, durante la Guerra Fría fue un verdadero azote para los servicios de inteligencia de Occidente.
Estrada se ubica en la genealogía de la familia de patricios cubanos Maceo Grajales, como bisnieto de María Baldomera Maceo y tataranieto de Mariana Grajales y Marcos Maceo.
En su natal Santiago de Cuba desde muy joven se entregó a la causa revolucionaria, al incorporarse a las filas del Movimiento 26 de Julio en la lucha clandestina contra el General Fulgencio Batista.
Desde 1960 tomó parte activa en el aplastamiento de “la Guerra sucia”, fomentada por las guerrillas aupadas y mantenidas en toda la isla por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), estuvo al lado del Comandante Manuel Piti Fajardo cuando este fue emboscado y muerto en Escambray y él mismo se encargó de capturar al asesino.
Por sus méritos en esa epopeya pasó a integrar los Organos de la Seguridad del Estado, en el Departamento Técnico del Ministerio del Interior y a las órdenes del legendario Comandante Manuel Piñeiro.
Como director general de la Dirección V, encargada del apoyo solidario de la Revolución Cubana a los Movimientos de Liberación Nacional de África y Medio Oriente, desarrolló sus funciones en lo adelante.
El internacionalismo cubano nace con Joaquín Infante, el cubano que combatió bajo la égida de Simón Bolívar y el mexicano-español Francisco Javier Mina, en la Revolución de 1810, después se extiende al dominicano Máximo Gómez, los más de mil cubanos que lucharon en las filas de los republicanos españoles y los estudiantes que defendieron a Costa Rica de la voracidad de Somoza.
Ulises recuerda con admiración el desembarco cubano del 14 de junio de 1959 en las localidades dominicanas de Constanza, Maimón y Estero Hondo, que provocaron a fin de cuentas el ajusticiamiento del dictador y asesino Rafael Leónidas Trujillo, también evoca el buque Bahía de Nipe, que en 1961 llevó armas a los guerrilleros argelinos que combatían contra el colonialismo francés y regresó a Cuba con una preciosa carga de heridos y enfermos de ese conflicto.
“Fidel –precisó Lescaille- en todo momento dirigió esos esfuerzos y lo secundaron al mayor nivel el Che Guevara y el Comandante Manuel Piñeiro”.
Estrada rememoró el trabajo de los internacionalistas y dejó bien claro que: ¡Cuba no exportó la revolución, los revolucionarios nos solicitaban la ayuda que nunca negamos y por nuestra parte asumimos la responsabilidad con el ejemplo que emanaba de la Revolución cubana”.
Acerca del trabajo con intelectuales mencionó a los franceses Regis Debray, y y Francois Masperó y al italiano Gian Giacomo Feltrinelli, “no nos acercamos a estos como aparato de inteligencia sino como políticos y revolucionarios. Por respeto nunca realizamos inteligencia con ellos”, señaló.
Evocó la primera tarea que le encomendó el Che en Colombia de ayuda a unos revolucionarios que le pidieron ayuda. “Eran jóvenes del Movimiento Obrero Estudiantil de Colombia que fracasaron y luego crearon el Ejército de Liberación Nacional (ELN)”.
Aseveró que las principales dificultades radicaban en los Partidos Comunistas que abogaban por la vía electoral frente a la opción armada que emanaba de la experiencia cubana.
Por otra parte mencionó tres acciones que se realizaron desde Bolivia a inicios de los 60, y que fueron los traslados de tres focos guerrilleros desde este país hacia Perú, comandados por Guillermo Lobatón, Héctor Béjar y Luis de la Puente Uceda.
Mencionó a la guerrilla que dirigiría el argentino Jorge Ricardo Massetti, el primer director de la agencia de noticias Prensa Latina, cuya operación monitoreó personalmente el Che Guevara, el sitio escogido fueron las selvas de Salta, colindantes con Bolivia,. El trayecto hacia estas sería a través de Argelia que se ocuparía del internacionalismo cubano en América Latina, mientras Cuba se haría cargo de los intereses de esa nación árabe en Africa.
“Los compañeros que tuvieron a su cargo por la parte cubana la exploración de esos territorios lo fueron el actual ministro del interior cubano Abelardo Colomé Ibarra y el internacionalista José María Martínez Tamayo (Embili en la selva congolesa y Ricardo, Papi o Chinchú en la guerrilla boliviana).
“El Che designó a sus hombres de confianza para aquella experiencia –subrayó Estrada- estaban los capitanes Hermes Peña y Alberto Castellanos invasores con el Che desde la Sierra Maestra hasta Santa Clara”.
Según el disertante, Castellanos, en una exploración fue prisionero del ejército, que lo condenó a prisión, “y milagrosamente pudo sostener la identidad peruana que le habíamos facilitado durante sus cuatro años de prisión argentina, gracias al pasaporte y la leyenda de un estudiante peruano que estudiaba en Cuba y se le parecía físicamente”, sostuvo el disertante.
El internacionalista cubano recordó la preparación de la guerrilla boliviana del Che, el trabajo febril de los comunistas del Beni, Inti y Coco Peredo, y Rodolfo Saldaña, y la preparación esmerada que le dieron a los agentes encubiertos Tamara Bunke Bider (Tania la guerrillera) y Renán Montero.
El balance de aquellos años lo calificó de glorioso pero doloroso, la guerrilla de Salta se perdió, murieron Massetti y el cubano Hermes Peña, los focos de los peruanos Béjart, Lobatón y De La Puente Uceda fueron aniquilados y el magnífico y sensible poeta Javier Heraud caído en combate.
Por una provocación montada por los servicios de inteligencia del imperialismo a Ulises Estrada lo expulsaron de Bolivia, y ya en Cuba fue castigado por su amigo, el capitán Carlos Chaín, segundo de Manuel Piñeiro “Barbarroja” en el viceministerio técnico.
Después pasó en su discurso a Centroamérica y la actitud partidaria de la lucha armada del comunista salvadoreño Shafick Handal, esclareció los matices entre los sandinistas nicaragüenses Daniel Ortega, Jaime Wheelock y Henry Ruiz, y destacó el apoyo de los comunistas costarricenses dirigidos por Manuel Mora Valverde.
Evocó el asalto al palacio presidencial somocista, que los sandinistas no revelaron a nadie, el encarcelamiento previo del futuro jefe del comando Edén Pastora en Panamá a pedido de las autoridades norteamericanas que preparaban el viaje de Jimmy Carter a ese país, la feliz toma del palacio y la salida en libertad de los sandinistas presos.
Sobre el Che recordó que este trató de incorporarse a la guerrilla venezolana, pero la acción recibió la negativa del partido Comunista de ese país, evocó su partida para el Congo en operación preparada por el capitán Osmany Cienfuegos, en aquel momento secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista cubano, habló acerca del fracaso de aquella contienda, los disfraces del Guerrillero Heroico, y su negativa a regresar a Cuba por petición expresa de Fidel después de la publicación de su carta de despedida el 4 de octubre de 1965.
La permanencia del Che en Praga, fue otro momento importante en la exposición pues hacia ese país centroeuropeo debió partir por las posibilidades de permanencia incógnita en la ciudad del barrio de La Mala Strana, y la imposibilidad de hacer lo mismo con los soviéticos porque estos no aprobaban la actividad internacionalista armada de la Revolución cubana.
Estrada solía hacerle escuchar Los Beatles y Miriam Makeba al Che, el argentino rechazaba a los ingleses por “imperialistas” y prefería a Mamá Africa, pero al final le dijo “ponme a los imperialistas que me están gustando”.
A esa altura de las cosas, Ulises Estrada dijo algo muy interesante: “la idea de la guerrilla en Bolivia partió de los bolivianos, de Mario Monge y la dirigencia del partido comunista, el Che se incorporó a ese proyecto y se entrenó en Cuba, posteriormente llegaron las discrepancias con el Che porque el liderato del partido del país sudamericano pretendía dirigir desde la ciudad la lucha armada a lo que el guerrillero argentino-cubano se opuso.
Cuando se produce la muerte del Che se estaban preparando en Cuba unos guerrilleros uruguayos para que se le incorporaran, aunque el partido comunista dirigido por el inolvidable Rodney Arismendi, no consideraba al país del litoral como adecuado para ese tipo de lucha, ellos permitieron la participación en la contienda armada de luchadores del país de José Gervasio Artigas.
Estrada Lescaille mencionó la labor unitaria de Cuba en la Guyana de Jagan y Burham, con el Panamá de Torrijos y el partido comunista del istmo, y entre los sandinistas.
Recordó el impacto internacional del líder de Guinea Bissau y Cabo Verde, Amilcar Cabral, quien se convirtió en algo así como la estrella de la Conferencia Tricontinental, y la entrada como embajador en Guinea Conakry del diplomático cubano Oscar Oramas Oliva, quien fungió como traductor en las conversaciones del líder africano con Fidel Castro en la Sierra del Escambray.
Seguidamente volvió al Ministerio de Interior, la separación del Viceministerio técnico del área de Liberación comandada por Manuel Piñeiro y la posterior creación del Departamento América del Comité Central, revivió las protestas de los antiguos miembros del MININT a dejar sus uniformes verde olivo por la vestimenta formal del funcionariado, sus carnéts y merecidos grados militares.
Estrada rememoró los días luminosos y tristes del Chile de Allende, los contactos con Miguel Enríquez y Andrés Pascal Allende, dirigentes del MIR, el pedido a estos de que apoyaran al presidente y la aceptación entusiasta de estos.
Rememoró el golpe de estado, la valiente resistencia cubana en la embajada a metrallazo limpio de fusiles Kahlasnikov, el vuelo de las trazadoras y el susto del ejército chileno que pensaba le tiraban con lanzallamas, la partida del personal cubano a regañadientes del embajador soviético, la negativa de un funcionario de la aviación rusa a llevar carga cubana y la decisiva ayuda de un agente de la desaparecida KGB a los isleños.
Las Memorias de Ulises Estrada, uno de los grandes internacionalistas cubanos, y el novio de la famosa Tania la Guerrillera, conmovieron a todos los presentes en la Sala Simón Bolívar del Centro de Estudios Martianos, sede de esa jornada, ante la presencia de Armando Hart y un grupo de distinguidos miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Ulises Estrada había llegado a la conferencia muy delicado de salud, cojeando y casi sin el poder debido en las piernas para sentarse, como consecuencias de la diabetes que padece, a medida que fluyó su discurso la fuerza acudió a él, recordó como era o como sigue siendo. Y fue el mismo Ulises que luchó contra Batista, combatió a los alzados, o luchó en el Congo al lado del Che.

js

22 de marzo de 2012


http://www.josemarti.cu/index.php?q=node/5439
 

jueves, 2 de febrero de 2012

LA HISTORIA NO CONTADA DEL AGENTE “MERCY” DE LA SEGURIDAD CUBANA.

Mi padre junto al comandante Piñeiro
Por estos días varios blogs contrarrevolucionarios como Nueva Acción Cubana y Superpolítico, así  como varios mercenarios anticubanos en la Red Social Facebook, no se han contentado con amenazarme reiteradamente, al igual que a mi familia. En sus ataques han tomado a la figura de mi padre, sencillo y anónimo revolucionario latinoamericano, para falsear su honestidad y entrega a la Revolución Cubana.

Carlos Alvarado Marín, el agente "Mercy", fue en realidad tal vez el primer colaborador en la historia de la Seguridad Cubana en trabajar en el exterior. Toda su vida la entregó sin pedir honor a cambio. Por ello retomo este pasado artículo, escrito por mí hace algún tiempo, para vindicar  a su persona y a su entrega incondicional a la lucha de nuestros pueblos y, particularmente, a su Cuba amada.

Quien trata de ofenderme, denigrándolo, pierde su tiempo. Él vive en mí como ejemplo. Cada acto mío es para honrarlo aún más, aunque ya no pueda expresárselo directamente.

Sirva esta nota para honrar también al entrañable amigo, José Gómez Abad (Pepe), a quien le fallé en su momento final y no pude acompañarle en el momento de su deceso, pues el dolor de verlo terminar su fructífera vida era una carga muy pesada para mí.

Remembranzas sobre mi padre.

Percy Francisco Alvarado Godoy
11 de noviembre de 2010.

La muerte sorprendió a mi padre, Carlos Conrado de Jesús Alvarado Marín, un infausto día de noviembre de 1997, cerrando ese día una larga y provechosa vida. Luchador infatigable, enfrentó a la parca con el pecho desnudo, como lo hacen los hombres, y de esa manera se nos fue, combatiendo aún por la liberación de nuestra América y siempre fiel a su Cuba amada, a la que defendió durante 37 años en el más absoluto anonimato.

La muerte precipitada, cuando aún combatía por su amada Guatemala como sencillo combatiente del Ejército Guerrillero de los Pobres, con sus 75 años a cuestas, no nos dejó, sin embargo, con las manos vacías. Nos legó su historia llena de heroicos pasajes que lo hicieron ser un participante activo en las luchas de su tiempo, aunque mucho de lo que hizo deba permanecer aún en el más absoluto silencio. Ese largo avatar, iniciado desde la más profunda pobreza, le llevó un día a ser uno de los pocos hombres, de los últimos, que combatieron a las hordas mercenarias que derrocaron salvajemente al gobierno de Jacobo Árbenz.

Luego vendría el exilio en la Argentina en que reforzaría sus convicciones revolucionarias junto a un valioso grupo de compañeros que, posteriormente, como Luis de la Puente Uceda y muchos más, le encaminarían al bello camino en que el humanismo y la solidaridad mueven cada parte de nuestros corazones. Por ese entonces, ya había conocido a Ernesto Guevara de la Serna, el  futuro Guerrillero Heroico, con el que trabó una inolvidable amistad.

Fue, sin embargo, un hombre de privilegios. La lucha lo llevó a conocer a hombres y mujeres como el propio Che, como a Manuel Piñeiro Lozada, como Bernardo Alvarado Monzón, Manuel Galich, Tamara Bunke Bider (Tania)  y otros, con los que combatió en unos casos y en otros les sirvió de sostén en sus luchas. Tuvo también el privilegio de ser uno de los primeros hombres de la Seguridad cubana que marchó al exterior a defender al maravilloso y amado pueblo que lo recibió como a un hijo. Fue quien comunico a la heroica guerrillera las principales tareas asignadas a ella para cumplir su misión en Bolivia y le dio el entrenamiento necesario en sus nuevas condiciones de trabajo.

La enorme modestia que lo caracterizó le impidió hablar a sus hijos, que lo veían irse y desaparecer durante largos años, sobre el combate anónimo que libraba. Para sus compañeros fue leal y modesto, sencillo y tenaz, y, sobre todo, capaz de crecerse ante las adversidades y cualquier error cometido.

Muchas ciudades del mundo lo vieron deambular usando múltiples identidades, aunque sus compañeros solían nombrarlo con seudónimos como Mercy, Juan, el Don, el Doctor, el Viejo, el Maestro, Felipe y muchas denominaciones de acuerdo con la ocasión. Su vocación esencial, empero, a pesar de ser un internacionalista por convicción, fue siempre amar a Cuba, a Fidel y, particularmente, al Che.

Uno de sus compañeros, José Gómez Abad, lo caracterizó en las páginas de un libro titulado “Cómo el Che burló a la CIA”, editado por la Editorial Capitán San Luis no hace mucho, con las siguientes palabras, en relación con su ingreso a la Seguridad en 1963: “En ese momento, al llevarse a cabo el acto de proposición y aceptación como colaborador de los órganos de la Seguridad del Estado (reclutamiento), se produjo el eterno abrazo internacionalista de Carlos Alvarado Marín, Mercy, con la causa de la Revolución Cubana, mediante la defensa de la misma de las agresiones de sus enemigos internos y externos y el apoyo solidario a la lucha de los pueblos explotados de América Latina”.

Posteriormente, escribió sobre mi padre: “Mercy o Juan, como operativamente lo llamábamos, con la perspectiva de los años transcurridos, resulta de admirar en él, cómo a pesar de duplicarnos en edad a la mayoría de los compañeros que con él trabajábamos, siempre mantuvo una relación de mucho respeto, siendo muy disciplinado y generando constantes iniciativas para perfeccionar el trabajo. En él se destacaba también su incondicionalidad militante con la Revolución Cubana y al Comandante en Jefe, su sentido autocrítico, laboriosidad, la relación abierta y sincera con los compañeros y su sagacidad operativa”.

Finalmente, Pepe Abad, ya fallecido, caracterizó a mi padre con emotivas palabras: “Ni los años, como tampoco los múltiples sinsabores y riesgos que afrontó en su larga y azarosa vida, habían hecho mella en su vitalidad excepcional y asombrosa lucidez. Hasta sus últimos momentos fue un enamorado de la vida y de todas sus bellezas”.

Por mi parte le recuerdo, con su tabaco siempre, rebuscando en su memoria tanto recuerdo, mientras se balaceaba en una mecedora de metal en el patio trasero de mi casa. Su mirada recaía en mí, con reprimida tristeza al verme pasar, pensando que su hijo, acomodado y con una actitud cuestionable ante la Revolución, traicionaba lo que más amaba. Le recuerdo también adolorido por sus errores, a él que siempre luchó por ser un hombre perfecto y cargaba sobre sí el peso tremendo de su propio sentido autocrítico.

Murió, como dije, tal como vivió: sencillo y anónimo, ajeno a las glorias y a los reconocimientos públicos. Aún recuerdo aquella noche triste en la funeraria de Calzada y K, cuando inexplicablemente para los presentes le fueron retiradas sus condecoraciones, algunas ofrendas de los líderes de nuestra Revolución y se decidió no hacerle la guardia de honor que se merecía. Muchos lloraron de rabia ante este sorprendente hecho, entre ellos mis hermanos y sus compañeros. El propio José Abad explicó el suceso en su libro: “Al fallecer, circunstancias que él también conocía, impidieron rendirle el público homenaje que se merecía y que el propio comandante Manuel Piñeiro Lozada quería hacerle. De haberse violado en ese momento esas limitaciones, se ponían en riesgo importantes trabajos de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba y, sobre todo, la vida de personas que él mejor que nadie conocía y deseaba preservar” (…)”La circunstancia a que he hecho mención era que su hijo mayor, Percy  Francisco Alvarado Godoy, el Agente “Fraile” de la Seguridad de Cuba, se encontraba en esos momentos infiltrado dentro de las organizaciones terroristas en La Florida.”

Confieso que mi dolor se hizo mayor al saber que en parte era responsable de que mi padre no fuera acreedor del honor ganado en su largo batallar por la vida. Sin embargo, me reconfortaron las emocionadas palabras de Manuel Piñeiro que,  reprimiendo las lágrimas con toda la fuerza de su probada hombría, exclamó al despedir el duelo: “Hoy dejamos aquí a Carlos, con la certeza de que algún día los pioneros cubanos podrán conocer mejor la vida de este hombre, que fue modelo a seguir por todos los revolucionarios latinoamericanos. A todos nos queda el compromiso de hablar de él, cuando se pueda hacerlo, y decir quién fue este hombre en realidad”.

Hoy, padre mío, compañero mío de combate, cumplo con ese mandato del Comandante Piñeiro, para que  Cuba y el mundo te conozcan finalmente.

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