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jueves, 19 de febrero de 2015

Revolucionarios hablan sobre la militancia en la guerrilla boliviana del Che

Alejandro Catalán fue prisionero político durante 6 años, y Julio Ulloa sufrió 12 años de a cautiverio. Ambos son chilenos y en los años de plomo fueron militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile, MIR, y participaron del proceso guerrillero que inició Ernesto Guevara en Bolivia, cuya primera etapa terminó con el asesinato del legendario cubano-argentino la primera semana de octubre de 1967.


juventudrebelde.cu
Combatientes de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia

martes, 21 de octubre de 2014

Panetta se enfrentó a la CIA por sus memorias

http://images.politico.com/global/2012/02/120220_leon_panetta_reuters_328.jpg

El exdirector de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense de EE.UU. (CIA) Leon Panetta (2009-2011) se enfrentó al servicio de espionaje y autorizó que se imprimieran sus recién publicadas memorias antes de recibir autorización final, reveló hoy el Washington Post.

Harto de los retrasos y las peticiones por parte del panel de la CIA que analiza el contenido de las publicaciones de sus antiguos empleados antes de que salgan a la luz, Panetta recurrió al actual director, John Brennan, y le amenazó con publicarlas sin el visto bueno, según indicaron al diario fuentes conocedoras del proyecto.

domingo, 12 de enero de 2014

Estrellas de Hollywood realizan actividades de espionaje


Un nuevo libro de memorias del exasesor legal interino de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés), John Rizzo, afirma que muchas celebridades de la industria del entretenimiento, sobre todo de Hollywood, llevan a cabo actividades de inteligencia mientras están en el extranjero.

"A Hollywood le encanta una buena historia de espionaje. Pero también es cierto que los encargados del 'showbusiness' regularmente realizan actividades de espionaje en la vida real", informa el diario 'Los Angeles Times'.

El libro 'Hombre de la compañía: Treinta años de crisis y controversia en la CIA' ('Company Man: Thirty Years of Crisis and Controversy in the CIA' sostiene que pese a que no puede dar nombres porque están clasificados, y la CIA se negó a comentar la reciente obra, sí proporciona algunos detalles sobre los tipos de ayuda que la Agencia solicitaba a Hollywood.

A veces, les pedía a los cineastas el permiso para que un agente de la CIA se hiciera pasar por un miembro del equipo de la película, sobre todo, si se filmaba en un país donde la inteligencia norteamericana tenía dificultades para operar.

La CIA también reclutaba agentes para dar más visibilidad a los proyectos de propaganda en el extranjero, así, por ejemplo, fue producido en secreto un documental por parte de la Agencia, dijo Rizzo.

"Las personalidades de Hollywood son glamorosas. Tienen acceso a personas en el extranjero, a las cuales el Gobierno de EE.UU. no puede acercarse", aseveró el abogado, quien trabajó en la CIA durante 34 años.

Algunas de estas celebridades, incluso, ofrecen sus servicios gratuitamente, movidos por sus sentimientos patrióticos, escribió Rizzo.

El exfuncionario aseguró que esto sucedía aún dimitió en 2009, agregando que las actividades de inteligencia realizadas por las personalidades de la industria del entretenimiento continúan.

Telesur

jueves, 9 de enero de 2014

La entrada de Fidel en La Habana


Las puertas de las bodegas, restaurantes, cafés, tiendas, bancos, instituciones económicas, ministerios y otras muchas dependencias amanecieron cerradas en La Habana el jueves 8 de enero de 1959. La venta de bebidas alcohólicas quedó prohibida.

Las principales calles se engalanaron colocando banderas cubanas y del 26 de Julio en dependencias estatales, en comercios y viviendas. Así se dispuso para que todo el pueblo pudiese dar una calurosa y hermosa bienvenida a Fidel Castro y los barbudos de la Sierra Maestra.

Siete días tardó Fidel Castro, luego del Primero de Enero, en llegar a La Habana. Salió de Santiago de Cuba el 2 y entró en la capital del país el 8.

Encima de tanques y otros equipos blindados del Ejército de Batista, acompañado por mil combatientes rebeldes, incluidos los integrantes de la Columna Uno José Martí de la Sierra Maestra y también por alrededor de unos dos mil soldados del ejército vencido, Fidel encabezó la Marcha de la Libertad, la Caravana de la Victoria o la Caravana de la Libertad como la llamaron indistintamente en aquellos días los periódicos. En definitiva, Caravana de la Libertad es el nombre que ha quedado registrado para identificar ese acontecimiento.

En esos días, en cada ciudad y en cada pueblo por donde avanzaba la caravana, multitudes gigantescas dieron su saludo a Fidel, que calificó aquello de “un baño de multitudes, un baño de pueblo”. Todo el pueblo quería ver a Fidel y a los combatientes que habían dado la libertad a Cuba.

Lo recibían enarbolando banderas cubanas y del 26 de Julio, lanzando flores sobre los tanques, jeeps y camiones, y gritando sin cesar ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel! En cada lugar la caravana hacía un alto y Fidel aprovechaba la oportunidad para decir al pueblo que únicamente habíamos conquistado el derecho a comenzar y les hablaba del futuro y de los sueños de la Revolución para mejorar la vida del pueblo y llevarle bienestar y felicidad en una nueva Cuba.

Recuerdo que el capitán Jorge Enrique Mendoza contaba que cuando llegó a El Cotorro, Fidel se reunió con los que trabajaron en la Radio Rebelde, entre ellos el propio Mendoza, Orestes Valera y Ricardo Martínez, y les encomendó una misión que para ellos resultó sorprendente pues no tenía que ver con la función que habían tenido en la Sierra Maestra.

Dirigirse al campamento militar de Columbia, donde se efectuaría la concentración popular del pueblo habanero, y cuidar que a los micrófonos no se acercase nadie que el Movimiento 26 de Julio había decidido que fueran los oradores. Había noticias de que viejas figuras de la politiquería criolla estaban planeando hablar en ese acto.

Y, efectivamente, ese día llegaron al campamento de Columbia el ex presidente Carlos Prío Socarrás y Tony Varona, ambos del Partido Auténtico, a quienes por supuesto se les permitió asistir a la concentración y ocupar un lugar en la presidencia, pero no estar entre los oradores. Ya el politiquero Tony Varona había enseñado de lo que era capaz cuando, en pose de libertador, intentó asumir la guarnición militar de Camagüey, lo que se lo impidieron las fuerzas del 26 de Julio.

Sobre su entrada en La Habana, el periódico El Crisol escribió: “Todos los sonidos de la ciudad se unieron al vocerío de las muchedumbres: las sirenas de los barcos, las campanas de las iglesias, las bocinas de los autos, los silbatos de las fábricas. Se escucharon las salvas de 21 cañonazos disparados por dos fragatas de la Marina de Guerra…La garganta del pueblo enronquecía en un grito: ¡Viva Fidel! ¡Viva Cuba Libre! ¡Viva la Revolución!”

Antes de enfilar rumbo a Columbia, la caravana se detuvo primero en el edificio de la Marina de Guerra y, luego de saludar a su oficialidad, se dirigió hacia el muelle cercano y subió nuevamente al histórico yate Granma, 767 días después de su desembarco en Las Coloradas.

“Me siento orgulloso de poder estar con ustedes en estos momentos y junto a los marinos –les dijo Fidel–, pues con el desembarco del Granma comenzó, para suerte de Cuba, la insurrección que acaba de obtener la victoria y abrir el camino a la Revolución…”

En Palacio, a donde llegó a las 3 y 50 de la tarde, saludó al presidente provisional Manuel Urrutia. Cuando iba a salir, una gigantesca multitud en la Avenida de las Misiones hacía casi infranqueable el retorno de Fidel a los vehículos de la caravana que esperaban para la continuación de la marcha.

Alguien comentó a Fidel que iban a necesitar miles de soldados rebeldes armados para abrir el paso. Y Fidel dijo: No hace falta ningún soldado ni ninguna arma, yo pediré al pueblo que abra una larga fila y voy a atravesar solo por esa senda…Y así ocurrió.

Quien esto les cuenta vio en una transmisión de la televisión a esa multitud abrir paso para que Fidel pasase y pudiese llegar hasta el jeep que lo aguardaba en la avenida…Esa imagen jamás se me ha borrado de la mente.

La caravana continuó su recorrido triunfal por el Malecón habanero, la calle 23 y la Avenida de Columbia (hoy calle 31) con rumbo al campamento militar. Las crónicas de los periódicos señalan que también debió hacer numerosas paradas, pues la multitud se le encimaba para saludarlo y rendirle sincero homenaje.

COLUMBIA ES DEL PUEBLO

Cumpliendo una orden de Fidel, el comandante Camilo Cienfuegos entró en el campamento militar de Columbia apenas llegó a La Habana. Fue el primer jefe del Ejército Rebelde que lo hizo. Y ocupó ese bastión militar sin disparar un tiro.

Un periodista del periódico La Tarde, que tuvo corta vida, contó que Camilo dio un paseo por los jardines de la residencia que fuera de Batista y se dirigió a una jaula donde había varios pájaros, abrió de par en par sus puertas, y dijo: “Desde este momento hasta los pájaros tienen libertad en Cuba”.

El 8 de enero Camilo fue al Cotorro a recibir a Fidel, y se incorporó a la caravana de la libertad. A partir de ahí todo el tiempo permaneció junto al líder de la Revolución. Testimonio de ello son las históricas fotos y películas de aquel día.

Y la más significativa: a su lado en la tribuna de Columbia, mientras Fidel hablaba al pueblo, y tres palomas blancas, una de ellas sobre el hombro de Fidel, y dos en el pasamano de la glorieta. ¿Quién no recuerda aquel momento en que Fidel se inclina hacia Camilo, y le susurra: “Voy bien, Camilo”?

De todos los preparativos para la concentración en ese campamento militar se encargó Camilo. Dispuso que el pueblo entrase por la posta 3, situada frente al obelisco en memoria de Carlos J. Finlay, y que lo hicieran ordenadamente, de cinco en cinco. Que no entrase al polígono ningún vehículo, a excepción de los de los medios de comunicación. Que se colocase una mesa frente a la tribuna para que la prensa pudiese reportar el acontecimiento.

Y en esta mesa también tomó asiento un equipo de taquígrafos que había estado al servicio del Estado Mayor del Ejército de Batista, encabezado por el primer teniente Rafael Usatorres. Que al fondo de la tribuna presidencial se colocasen las banderas de las 21 repúblicas americanas y la del 26 de Julio.

Fidel llegó a Columbia pasadas las 8 de la noche. Casi tres cuartos de hora le llevó trasladarse hasta la tribuna, pues el pueblo se le encimaba, lo abrazaba y lo vitoreaba y no lo dejaba avanzar. Al llegar a la tribuna, saludó al presidente Urrutia y a los miembros de su gabinete, así como al cuerpo diplomático.

El acto se inició con las notas del Himno Nacional cantado por la multitud. Antes de que Fidel hablase, hubo dos oradores: Juan Nuiry, recientemente fallecido, y Luis Orlando Rodríguez. Ambos estuvieron en la Sierra Maestra.

Juan Nuiry, destacado dirigente de la FEU, comenzó diciendo: “Cuba es territorio libre, por la voluntad de sus hombres, de sus mujeres, de los niños, que prefirieron vivir de pie y morir por la libertad”.

Recordó la figura de José Antonio Echeverría y las luchas de los estudiantes de la Universidad de La Habana para combatir la dictadura de Batista, y al final de su breve discurso hizo referencia a una respuesta que dio en cierta ocasión a un periodista que le preguntó ¿con quién piensan ustedes ganarle la guerra a Batista?, y le dije: con la vergüenza de los cubanos, y vamos a ganar la paz con esa misma vergüenza.

El comandante Luis Orlando Rodríguez, uno de los fundadores de la Radio Rebelde, con un largo historial revolucionario de luchas contra Machado y Batista, quien había dirigido el periódico La Calle, clausurado por Batista tras los sucesos del Moncada, también escaló la tribuna, y ante el micrófono dijo:

“Abogaremos por la creación de tribunales que juzguen y condenen a todos los que asesinaron y a todos los que malversaron el Tesoro Nacional…” Llamó a todo el que haya luchado contra la tiranía a trabajar ahora por la paz y por el porvenir de la patria. Y, finalmente, dijo que tenía fe “en el insigne líder, doctor Fidel Castro, que será el hombre con capacidad y prestigio para encauzar los destinos de la patria”.

El último orador fue Fidel Castro. Y, en la parte inicial de su discurso, dijo algo en que la historia de los últimos 50 años le ha dado toda la razón. “…este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario, engañar al pueblo despertándole engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias y estimo que hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”.

A la medianoche, concluido el acto, Fidel rehusó quedarse a dormir en Columbia. Se fue para la Habana Vieja, y en un viejo hotel de la calle Monserrate, donde acudía en sus días de estudiantes, pernoctó. Al menos, así lo publicó la prensa de la época.

por Juan Marrero

(Tomado de Cubaperiodistas.cu)

Radio Habana Cuba

domingo, 8 de diciembre de 2013

La pistola-lapicero del espía

Ciro Bianchi
 CON motivo de la página dedicada al espía alemán capturado y fusilado en La Habana en 1942, y que apareció en este espacio hace un par de semanas, Ernesto Aramís Álvarez Blanco, museólogo e investigador del Museo Óscar María de Rojas, de Cárdenas, en la provincia de Matanzas, aporta un dato de interés. Dice que la pistola-lapicero de Heinz August Kunning, conocido también como Enrique Augusto Luning, se exhibe en esa institución cultural.
En el registro que se practicó en el momento de su detención, en la habitación que ocupaba en la casa de huéspedes ubicada en el segundo piso del edificio marcado con el número 366 de la calle Teniente Rey, entre Villegas y Aguacate, en La Habana Vieja, se encontraron mapas, croquis y planos de centros comerciales y un potente aparato de radio que le permitía transmitir y recibir mensajes. Había además documentos que demostraban sus contactos con otros agentes nazis y la curiosa arma aludida, que cae dentro de las llamadas «pistolas de bolsillo» y que con posterioridad a los hechos fue a parar al museo cardenense.
Escribe al respecto Ernesto Aramís Álvarez Blanco:
«Para las personas que visitan el museo Oscar María de Rojas resulta siempre interesante conocer detalles de la historia del arma ocupada a Luning. Mide 14,5 centímetros de largo por 2,5 de ancho. Fue fabricada en Estados Unidos de América y presenta la inscripción: “The Lake Erie Chemical Co. Cleveland Chic USA”».
Precisa Álvarez Blanco que se trata de una pistola de 12 milímetros de calibre, un solo tiro y un disparador en forma de botón. «Es un arma que se puso de moda a fines del siglo XIX y que durante las primeras cuatro décadas del siglo XX fue frecuente entre viajeros, jugadores profesionales, mujeres licenciosas y espías de diversas naciones. Una curiosidad, para decirlo en una palabra».
Con la detención de Luning se relaciona el mensaje de Sergio Varela Sánchez. Expone este lector lo que le contaron su madre y su abuela y escuchó muchas veces relatar a los suyos, vecinos de la ya aludida casa de huéspedes. Referían que cuando las autoridades cubanas decidieron proceder a la detención del espía, pidieron a los inquilinos de las viviendas aledañas que permanecieran en el interior de sus domicilios, preferiblemente debajo de las camas.
Añade que no está de acuerdo con el norteamericano Thomas D. Schoonover, profesor de la Universidad de Luisiana, en Lafayette, cuando en su libro sobre Luning en Cuba dice que nunca supo manejar el equipo de radiotelegrafía y que por tanto jamás logró comunicarse con submarino alemán alguno. Puntualiza Varela Sánchez que siempre escuchó hablar en su casa de las jaulas con pájaros que el espía tenía en su habitación porque el piar de las aves disimulaba y encubría el sonido del transmisor.
Por último inquiere el lector acerca de la participación de Cuba en la II Guerra Mundial.

Victoria cubana

Cuando la primera conflagración mundial, Cuba declaró la guerra a Alemania el 7 de abril de 1917. Aunque hubo cubanos que tuvieron una participación muy destacada en esa contienda, en el orden estrictamente militar la Primera Guerra solo alcanzó una repercusión interna digna de memoria: el establecimiento del Servicio Militar Obligatorio para los varones entre los 21 y los 30 años, medida que no tuvo otra consecuencia práctica que la de precipitar numerosos matrimonios.
Cuando la Segunda Guerra, el Acuerdo-Ley número 7 de 1942 dispuso la ampliación y la reorganización del Ejército y la Marina cubanos y se volvió a establecer aquí el Servicio Militar, que esa vez sí se tradujo en el llamado a filas de muchos de los conscriptos aunque, al igual que en el conflicto anterior, ningún cubano salió del país para pelear en suelo extraño, salvo como voluntario. No existen datos precisos, pero se calcula que no menos de 3 000 compatriotas se sumaron a las fuerzas aliadas. De eso queda constancia en muchos relatos periodísticos y por lo menos en dos libros: Del Hudson al Elba, del voluntario holguinero Armando Díaz Fernández, y Memorias de un estudiante soldado, que valió a su autor, Roberto Esquenazi Mayo, el Premio Nacional de Literatura en 1951.
Tres cubanos combatieron en las filas del ejército soviético: Enrique Vilar y los hermanos Aldo y Jorge Vivó. Aldo y Enrique encontraron la muerte en la conflagración. Los padres de ambos fueron prominentes dirigentes del primer Partido Comunista de Cuba, Jorge Vivó y César Vilar. El primero ocupó la secretaría general de esa organización política. César, el llamado «Camarada Pi», encabezó la Confederación Nacional Obrera de Cuba y, siempre desde las filas del Partido, fue delegado a la convención que elaboró la Constitución de 1940 y con posterioridad resultó electo senador de la República. Pero en 1953 sus criterios favorables sobre el ataque al cuartel Moncada y la posición política de Fidel, motivaron su exclusión de la organización a la que había consagrado su vida.
La contribución cubana a la Segunda Guerra estuvo sobre todo en el mar, aunque también nuestros aviadores patrullaron el Golfo de México en el triángulo comprendido entre Mérida, La Habana y Miami. Marinos cubanos vigilaron las aguas del Caribe y del Golfo y custodiaron más de un millón y medio de toneladas de mercancías que se transportaban en buques de otros países, en misiones que los obligaron a recorrer más de 300 000 millas. Dos cargueros cubanos, Manzanillo y Santiago de Cuba, fueron víctimas de submarinos alemanes el 12 de agosto de 1942, con el saldo de 76 compatriotas muertos.
No puede olvidarse la hazaña de la tripulación del cazasubmarinos CS-13, que el 15 de mayo de 1943 hundió al submarino alemán U-173 frente a la costa norte de Las Villas, a la altura del faro de Cayo Mégano. La nave nazi era comandada por Reiner Dieriksen, que había merecido la Cruz de Hierro del alto mando alemán por haber hundido más de diez buques durante los meses iniciales del conflicto. El alférez de fragata Mario Ramírez estaba al frente del cazasubmarinos cubano cuando el sonadista Norberto A. Collado, que sería el timonel del yate Granma en 1956, detectó con sus equipos la presencia del enemigo y guió a los suyos en la persecución y aniquilamiento del adversario.

Combustible en carros de leche

Y a propósito de los submarinos alemanes, Horacio Torres Triana pregunta desde Camagüey sobre el reabastecimiento de combustible y alimentos de dichos sumergibles, dada la enorme distancia que media entre Alemania y nuestra zona geográfica.
Un cubano que falleció en Miami hace unos 25 años confesó a un colaborador de esta columna que en la finca de su familia en Camagüey se refugiaban submarinistas nazis. Había allí una barraca habilitada para ese propósito y pasaban en ella hasta dos y tres meses. Buena comida y asistencia médica; hasta extirpaciones de apéndice llegaron a practicarse en el lugar mientras el submarino permanecía camuflado en la costa.
Esa fuente, cuyo nombre podría revelar, contó también a mi informante sobre la operación del combustible. Se lo robaban los fines de semana del depósito de la petrolera Shell, en La Habana, y lo transportaban hasta Camagüey en camiones de una compañía lechera propiedad de un español falangista. Unos 400 hombres, algunos de ellos figuras notables de la radio y el deporte, participaban en ella. La Policía, al mando de Manuel Benítez, nunca los descubrió o no quiso hacerlo.
El periodista Juan Chongo Leiva publicó hace años —y están ya totalmente agotados— dos libros útiles e interesantes que bien merecen su reedición: La muerte viaja con pasaporte nazi, sobre Kunning, y El fracaso de Hitler en Cuba, acerca de las organizaciones fascistas que surgieron aquí. Pero el asunto del quintacolumnismo en la Isla durante la Segunda Guerra Mundial, y antes, resistiría otros acercamientos. Se le pasa por encima con demasiada celeridad y, en buena medida, datos que en su momento aportó la prensa quedaron congelados en las páginas de periódicos y revistas donde se publicaron sin que nadie se haya preocupado de rastrearlos, mientras mucho de lo que se repite acerca del tema sigue siendo parte de las suposiciones, sin que se sepa con certeza qué fue verdad y qué fue mentira.
En las altas esferas del Gobierno cubano de la época no eran pocos los que simpatizaban con Hitler y su política. Sin ir muy lejos, el canciller José Manuel Cortina tuvo que renunciar a su cargo luego de que en una interpelación parlamentaria se le acusara de antidemócrata y de negociar con los pasaportes de los emigrados judíos. Por otra parte, las autoridades de Inmigración acusaban de agentes nazis a judíos ricos y los encerraban en la Estación Cuarentenaria de Triscornia, en Casablanca, para exigirles luego sumas de hasta diez mil dólares para exonerarlos de cargos, mientras que gente como el príncipe Rúspoli, director de la Beneficencia Italiana en Cuba, se movía libremente por la Isla pese a que la opinión pública cubana lo tachaba de quintacolumnista.
En mayo de 1943, en el Centro Radiotelegráfico de la Secretaría (ministerio) de Comunicaciones, ubicado en el reparto Kholy, se ocuparon 17 documentos que contenían —se dice— pruebas del espionaje que funcionarios cubanos ejercían a favor de Alemania. Eduardo Chibás acusó a un ex director de ese centro, y la inculpación provocó una áspera polémica entre un hijo de este y el parlamentario en la que relucieron no pocos trapos sucios de funcionarios gubernamentales. La discusión llegó a tal punto que el fiscal del Tribunal Supremo solicitó a la Audiencia habanera el procesamiento de los contendientes. Chibás echó en cara al fiscal no haber procedido con la denuncia sustentada en los 17 documentos ocupados en Kholy. Ni procedería tampoco. Un incendio nunca esclarecido en el Centro Radiotelegráfico puso fin al asunto y el general Manuel Benítez, jefe de la Policía Nacional, asumió el control de la entidad.

Cubanismo absoluto

Otro mensaje electrónico, firmado por Andrés, sin apellidos, alude a la existencia de un partido nazi en Cuba a la que se refirió el escribidor en su página del 24 de noviembre pasado. Escribe el remitente: «Efectivamente, hace poco más de diez años realicé una investigación sobre el racismo en Cuba y buscando y buscando encontré que en octubre de 1938 se había creado un partido nazi en Cuba. Increíble, pero cierto. Es un capítulo de nuestra historia que se conoce poco. El partido fue creado por el periodista Juan Prohias y estaba compuesto fundamentalmente por pequeños comerciantes y algunos miembros de la clase media, portadores todos de una ideología racista, profundamente anticomunista y ultranacionalista («cubanismo absoluto», decían ellos). En sus primeros estatutos había cláusulas abogando abiertamente por la discriminación racial, por lo que al principio no fue aceptada la solicitud de inscripción por ir en contra de lo estipulado al respecto en la Constitución de 1940. Más tarde omitieron convenientemente todas las referencias raciales para poder obtener estatus legal. Además de este partido, existieron simultáneamente el Partido Fascista Nacional, la Legión Nacional Revolucionaria Sindicalista y la Legión Estudiantil de Cuba, y todas compartían la misma base ideológica. Estas organizaciones tuvieron su arraigo en La Habana y Las Villas fundamentalmente».
Concluye Andrés su mensaje: «Por suerte, hubo en Cuba un fuerte movimiento antifascista».

Ciro Bianchi Ross • digital@juventudrebelde.cu

Juventud Rebelde

lunes, 23 de septiembre de 2013

Contra la tortura, esperanza.



Entrevista a Hernando Calvo Ospina por Salvador López Arnal





Foto Hernando en la celda*

No hace muchos meses aparecía la noticia de que a un avión de Air France, en pleno vuelo, se le prohibía sobrevolar territorio estadounidense a causa de llevar, entre sus pasajeros, al escritor Hernando Calvo Ospina. ¿Es que se trata de un peligroso terrorista? ¿Es su pluma un arma de destrucción masiva? Hay que reír para no llorar. Antes de semejante despropósito, Calvo Ospina ya había sido sometido a detención ilegal, tortura y desaparición. Lo cuenta en su último libro, Calla y respira.


Hernando Calvo Ospina es un periodista y escritor colombiano que reside en Paris y es colaborador de Le Monde Diplomatique. Fue estudiante de periodismo en Ecuador, donde fue detenido, torturado y encarcelado en 1985. Expulsado hacia Perú, cuyo gobierno lo declaró persona “non grata”, fue acogido por Francia. Poco se ha sabido de los motivos de su captura ni los detalles de lo vivido posteriormente. Hernando acaba de publicar (Ediciones El Viejo Topo) el libro “Calla y Respira”, un relato literario de su secuestro, tortura y encarcelamiento en Quito. Una obra que le ha llevado veintiocho años escribir y que sale a la luz ahora que la fiscalía ecuatoriana acepta que existió un grupo paramilitar, el SIC-10, que adelantó la guerra sucia del gobierno de Febres Cordero. Los crímenes que se le atribuyen están tipificados por las leyes internacionales como de “Lesa Humanidad”, y no prescriben.


 

¿Por qué “Calla y respira”? ¿Quiénes debían callar, quiénes debían respirar?


En muchos momentos de la vida es mejor callar y respirar aunque estemos a punto de reventar de la ira que otros nos producen. En el caso del libro, era necesario callar ante las preguntas que me hacía el torturador, y tomar aire para soportar. También, ya en la cárcel, era indispensable para convivir entre la violencia y la miseria humana. En cualquier cárcel del mundo es indispensable “no saber nada” de lo que se ve o escucha, y respirar como las plantas.


¿Qué es “Calla y respira”? ¿Un relato autobiográfico? ¿Una denuncia de la tortura? ¿Una aventura trágica con final feliz? ¿Un canto al amor y la amistad y a la resistencia?


¡La última! Pero no en canto sino en homenaje. También he querido trasladar experiencias y reflexiones que pueden servir a los jóvenes luchadores de hoy. Son unas letras que destilan complots. Es que ya pocos saben, o se olvidó, lo que es complotar, esa bella ciencia necesaria para avanzar en la lucha política, en el camino hacia el cambio social. El libro también es un homenaje al optimismo.


¿Nos hace un resumen del contenido del libro? ¿Por qué fue detenido? ¿Qué edad tenía usted entonces? ¿Quiénes le detuvieron? ¿Dónde fue torturado? ¿Dónde la trasladaron? ¿Cómo consiguió que le dejaran libre finalmente?


El libro tiene dos partes. En la primera narro la detención, desaparición y tortura, a manos de los servicios represivos ecuatorianos. La segunda es lo vivido durante tres meses de cárcel en Quito. Son muy diferentes y no únicamente por la situación vivida. Fui detenido porque se creía que militaba en la guerrilla, cuando en realidad hacía parte de la coordinación de un grupo de solidaridad con las luchas del pueblo colombiano, llamado Centro de Estudios Colombianos, CESCO. También estaba al frente de su revista “La Berraquera”. Todo lo que hacíamos era público. Pero se dio una cacería de brujas contra los colombianos que teníamos alguna actividad política, debido a un secuestro que realizaron guerrillas de Ecuador y Colombia, en la ciudad de Guayaquil. Al frente del operativo de rescate estuvo un “especialista” del Grupo Especial de Operaciones de la Policía (GEO) enviado por el “socialista” Felipe González, como colaboración al ultraconservador y fascista presidente de Ecuador León Febres Cordero. No quedó nadie vivo, ni el secuestrado.


Después de tres meses de cárcel, y cuando ya teníamos lista una fuga, el gobierno aceptó dejarnos en libertad, pero hacia otro país. Es que la presión internacional fue grande. Y así llegamos a Lima. En Perú gobernaba Alan García, quien dos meses después nos declaró “personas non gratas”. Al tercer mes estábamos en París.


Dedica usted su libro a “Ana” y a su Paula Andrea, su hija. También a sus padres, Elvia y Nabor, y a sus hermanos Amparo y Rodolfo. ¿Cómo vivieron ellos el proceso? Permítame un comentario: las páginas que dedica a sus padres están, en mi opinión, entre lo mejor de su magnífico libro.


Es la primera vez que me preguntan sobre esto públicamente. Y le voy a contestar como se merece. Lloré escribiendo esas partes donde menciono a “Ana” y a mis padres. Mientras tecleaba los veía llenos de dolor, angustiados y buscándome en esos días que estuve “desaparecido”. Estar “desaparecido” es horrible para la familia porque es como estar muerto, pero siempre se espera que uno llegue a tocar la puerta. Mi padre sabía que yo andaba “metido en política”. Me contaron que durante mi “desaparición” y cárcel, él se iba para el patio de la casa y abrazaba a un árbol de mango que era el mío (mi hermano tenía otro) y oraba. Fue un golpe tremendo para él. La que tomó la delantera de la situación fue mi madre. Y es con ella y en la cárcel donde supe del valor, de la fuerza, del coraje de las mujeres. Ellas le hacen frente al dolor, a los problemas, y son unas guerreras cuando les tocan al ser amado.


También, por cierto, tiene un recuerdo, en el capítulo de “Agradecimientos”, para la CIA y para los servicios de represión colombianos y de otros países. ¿No es demasiado generoso?


Lo que digo es: “Y por qué no, a la Central de Inteligencia Americana, CIA, a los servicios de represión colombianos y de otros países, porque sus intentos de chantaje y amenazas me siguieron convenciendo de que la ruta que llevo es la correcta”. Es una realidad. Pero, además, yo no me paso las horas ni los días insultándolos por ser tan criminales. No. Prefiero conocerlos. Reconocerles sus capacidades para hacer mal (que son muchísimas) Y no he tenido problema en sentarme a conversar con algunos de ellos, y hasta a tomar vino durante varias horas. He aprendido bastante, no te imaginas. Pero siempre ha quedado en claro que cada quien está en una orilla, playas bien distantes, porque nosotros soñamos y luchamos por la vida, la alegría, el bienestar de todos, empezando por el de los niños. Ellos no. Ellos sólo saben robar y matar, bajo cualquier pretexto. Para ellos, la mayoría de la humanidad es desechable. Aún así no les quiero tener odio, aunque bien se lo merecen, pero el odio enceguece. Y necesitamos tener los ojos muy abiertos para conocerlos. Para mí, ellos son peligrosos enfermos mentales.


En algunas páginas del libro, en la 51 por ejemplo, habla del papel desempeñado por el Mossad en la instrucción de los torturadores. ¿Nos puede alguna información sobre este punto? ¿Qué hace el Mossad en latitudes tan alejadas de su país de origen?


El Mossad está presente hasta por debajo de las piedras en este mundo. En estos días se está enjuiciando al ex dictador guatemalteco Rios Montt por crímenes contra la humanidad, pero nadie recuerda el papel jugado por el Mossad en el adiestramiento a los torturadores. También parece haberse olvidado que el Mossad metió en computadora a miles de personas que después fueron asesinadas por las fuerzas represivas de ese país. La presencia del Mossad en Colombia es muy fuerte, y por tanto responsable de miles de crímenes del contra el movimiento popular y guerrillero. Es un trabajo muy coordinado con la CIA.


¿Por qué cree usted que un torturador actúa como tal? ¿Por odio? ¿Por convicción ideológica? ¿Por inhumanidad? ¿Por necesidad económica?


El torturador es el eslabón más bajo y despreciable en la cadena represiva de un Estado. Puede ser una persona que no fue amado cuando niño, al que se le enseña a desahogar sus instintos haciendo daño. Por un miserable salario defiende los intereses de quienes no se ensucian con ese “trabajo”. Se les enseñó, y lo creen con fervor, que defienden la democracia y una fe religiosa. Son extremadamente cobardes, pues en manada torturan a alguien indefenso tratando de arrancar una información. El mayor regalo que pueden recibir es tener entre sus garras a una mujer. Ahí son más “machos”, y cada golpe que le propinan, cada desprecio que hacen a la dignidad de ella es como un orgasmo. Quizás los que no tienen en sus hogares.


No le quiero quitar ningún mérito, tampoco al Viejo Pierre, pero Barbas es uno de los grandes personajes de su libro. ¿De dónde salió? ¿Qué representa en su opinión? ¿Tiene algún contacto con él?


Barbas era un optimista irreverente, al que le encantaba reír. Un hombre que gozaba la vida a pesar de estar en ese encierro. Por ser el jefe de la banda de colombianos, nos lo presentaron en la primera mañana de cárcel. Desde ese mismo momento advirtió a los demás capos que éramos intocables. Ello, y el ser presos políticos, hizo que nos respetaran y hasta admiraran. Y el Viejo Pierre… Bueno, él era un caso especial, que se encontraba viviendo una situación muy ilógica. Barbas se fugó unos meses después de nuestra partida, “consiguió” el dinero necesario para pagarle al juez que dejó en libertad a Pierre y a los otros dos de la Banda. No tengo contacto con ellos, aunque sí he sabido de sus locas vidas.


Capítulo XXI, segunda parte: “Unas horas después, cuando vi la tierna e inocente carita de mi hija, entendí lo que había presenciado”. Lo que había presenciado era una violación en cadena a un violador de niños. ¿Cómo debe entenderse aquí la palabra “entender”?


La ley universal de la cárcel es “vea, oiga y calle”. La otra ley no escrita es que todo violador de niños debe ser violado y/o asesinado. Y regularmente los guardias facilitan esa especie de “venganza social”. Yo, después de haber presenciado la violación al violador tuve la visita de mi hijita de año y medio. Viendo su rostro inocente y su indefensión entendí la ira de los presos: ellos están encerrados sin poder proteger a sus hijos o familiares. Si ya abusar de una mujer adulta es gravísimo…


¿Qué sintió cuando abandonaban la cárcel y alguien les gritó: “Guerrilleros, no nos olviden”? ¿Les han olvidado? ¿Habita en ellos su olvido?


Primero, que nos daban un título, el de guerrilleros, que no lo merecíamos, aunque ya estábamos acostumbrados a que nos trataran así. Esa frase y otras demostraciones de cariño nos hicieron aguar los ojos. Dejábamos ahí a unos seres que nos enseñaron en directo que muchos discursos de la izquierda son eso: discursos y buenas intenciones. En tres meses aprendí lo que la lectura de grandes tratados y los discursos de ciertos dirigentes sobre el “lumpen”, la “escoria de la sociedad”, “la miseria humana” y sobre los pobres y su pobreza son un tanto vacíos.


Por cierto, ¿le sigue gustando tanto la salsa?


Me encanta. Es parte de mi energía diaria. Aun conservo los casetes y discos que compré en Quito, y que llevé a la cárcel. Los mismos que fueron a Lima, y se multiplicaron. Esa misma música que ocupó la mayor parte de mi equipaje al llegar a Francia. El bailar sí disminuyó considerablemente y no precisamente por la edad, pues las piernas siguen con agilidad. A ciertos personajes no les gusta lo que uno denuncia en sus escritos, y pueden ocurrir “accidentes” enmascarados como peleas. Pero la salsa, la verdadera, es vida, es energía, huele a tambores, a pueblo y optimismo.

Por Salvador López Arnal*


• López Arnal es profesor, periodista y editor. Entrevista publicada en la revista El Viejo Topo, Barcelona, septiembre 2013. www.elviejotopo.com/


* Foto: Hernando en la celda, primer día de prisión, después de 12 días de tortura. Quito, sábado 5 de octubre de 1985

martes, 9 de abril de 2013

Ulises Estrada: las memorias de un internacionalista cubano



Dámaso José Lescaille Tabares (Santiago de Cuba, 1934), es uno de los más extraordinarios combatientes internacionalistas cubanos, más conocido por su nombre de guerra de Ulises Estrada Lescaille, durante la Guerra Fría fue un verdadero azote para los servicios de inteligencia de Occidente.
Estrada se ubica en la genealogía de la familia de patricios cubanos Maceo Grajales, como bisnieto de María Baldomera Maceo y tataranieto de Mariana Grajales y Marcos Maceo.
En su natal Santiago de Cuba desde muy joven se entregó a la causa revolucionaria, al incorporarse a las filas del Movimiento 26 de Julio en la lucha clandestina contra el General Fulgencio Batista.
Desde 1960 tomó parte activa en el aplastamiento de “la Guerra sucia”, fomentada por las guerrillas aupadas y mantenidas en toda la isla por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), estuvo al lado del Comandante Manuel Piti Fajardo cuando este fue emboscado y muerto en Escambray y él mismo se encargó de capturar al asesino.
Por sus méritos en esa epopeya pasó a integrar los Organos de la Seguridad del Estado, en el Departamento Técnico del Ministerio del Interior y a las órdenes del legendario Comandante Manuel Piñeiro.
Como director general de la Dirección V, encargada del apoyo solidario de la Revolución Cubana a los Movimientos de Liberación Nacional de África y Medio Oriente, desarrolló sus funciones en lo adelante.
El internacionalismo cubano nace con Joaquín Infante, el cubano que combatió bajo la égida de Simón Bolívar y el mexicano-español Francisco Javier Mina, en la Revolución de 1810, después se extiende al dominicano Máximo Gómez, los más de mil cubanos que lucharon en las filas de los republicanos españoles y los estudiantes que defendieron a Costa Rica de la voracidad de Somoza.
Ulises recuerda con admiración el desembarco cubano del 14 de junio de 1959 en las localidades dominicanas de Constanza, Maimón y Estero Hondo, que provocaron a fin de cuentas el ajusticiamiento del dictador y asesino Rafael Leónidas Trujillo, también evoca el buque Bahía de Nipe, que en 1961 llevó armas a los guerrilleros argelinos que combatían contra el colonialismo francés y regresó a Cuba con una preciosa carga de heridos y enfermos de ese conflicto.
“Fidel –precisó Lescaille- en todo momento dirigió esos esfuerzos y lo secundaron al mayor nivel el Che Guevara y el Comandante Manuel Piñeiro”.
Estrada rememoró el trabajo de los internacionalistas y dejó bien claro que: ¡Cuba no exportó la revolución, los revolucionarios nos solicitaban la ayuda que nunca negamos y por nuestra parte asumimos la responsabilidad con el ejemplo que emanaba de la Revolución cubana”.
Acerca del trabajo con intelectuales mencionó a los franceses Regis Debray, y y Francois Masperó y al italiano Gian Giacomo Feltrinelli, “no nos acercamos a estos como aparato de inteligencia sino como políticos y revolucionarios. Por respeto nunca realizamos inteligencia con ellos”, señaló.
Evocó la primera tarea que le encomendó el Che en Colombia de ayuda a unos revolucionarios que le pidieron ayuda. “Eran jóvenes del Movimiento Obrero Estudiantil de Colombia que fracasaron y luego crearon el Ejército de Liberación Nacional (ELN)”.
Aseveró que las principales dificultades radicaban en los Partidos Comunistas que abogaban por la vía electoral frente a la opción armada que emanaba de la experiencia cubana.
Por otra parte mencionó tres acciones que se realizaron desde Bolivia a inicios de los 60, y que fueron los traslados de tres focos guerrilleros desde este país hacia Perú, comandados por Guillermo Lobatón, Héctor Béjar y Luis de la Puente Uceda.
Mencionó a la guerrilla que dirigiría el argentino Jorge Ricardo Massetti, el primer director de la agencia de noticias Prensa Latina, cuya operación monitoreó personalmente el Che Guevara, el sitio escogido fueron las selvas de Salta, colindantes con Bolivia,. El trayecto hacia estas sería a través de Argelia que se ocuparía del internacionalismo cubano en América Latina, mientras Cuba se haría cargo de los intereses de esa nación árabe en Africa.
“Los compañeros que tuvieron a su cargo por la parte cubana la exploración de esos territorios lo fueron el actual ministro del interior cubano Abelardo Colomé Ibarra y el internacionalista José María Martínez Tamayo (Embili en la selva congolesa y Ricardo, Papi o Chinchú en la guerrilla boliviana).
“El Che designó a sus hombres de confianza para aquella experiencia –subrayó Estrada- estaban los capitanes Hermes Peña y Alberto Castellanos invasores con el Che desde la Sierra Maestra hasta Santa Clara”.
Según el disertante, Castellanos, en una exploración fue prisionero del ejército, que lo condenó a prisión, “y milagrosamente pudo sostener la identidad peruana que le habíamos facilitado durante sus cuatro años de prisión argentina, gracias al pasaporte y la leyenda de un estudiante peruano que estudiaba en Cuba y se le parecía físicamente”, sostuvo el disertante.
El internacionalista cubano recordó la preparación de la guerrilla boliviana del Che, el trabajo febril de los comunistas del Beni, Inti y Coco Peredo, y Rodolfo Saldaña, y la preparación esmerada que le dieron a los agentes encubiertos Tamara Bunke Bider (Tania la guerrillera) y Renán Montero.
El balance de aquellos años lo calificó de glorioso pero doloroso, la guerrilla de Salta se perdió, murieron Massetti y el cubano Hermes Peña, los focos de los peruanos Béjart, Lobatón y De La Puente Uceda fueron aniquilados y el magnífico y sensible poeta Javier Heraud caído en combate.
Por una provocación montada por los servicios de inteligencia del imperialismo a Ulises Estrada lo expulsaron de Bolivia, y ya en Cuba fue castigado por su amigo, el capitán Carlos Chaín, segundo de Manuel Piñeiro “Barbarroja” en el viceministerio técnico.
Después pasó en su discurso a Centroamérica y la actitud partidaria de la lucha armada del comunista salvadoreño Shafick Handal, esclareció los matices entre los sandinistas nicaragüenses Daniel Ortega, Jaime Wheelock y Henry Ruiz, y destacó el apoyo de los comunistas costarricenses dirigidos por Manuel Mora Valverde.
Evocó el asalto al palacio presidencial somocista, que los sandinistas no revelaron a nadie, el encarcelamiento previo del futuro jefe del comando Edén Pastora en Panamá a pedido de las autoridades norteamericanas que preparaban el viaje de Jimmy Carter a ese país, la feliz toma del palacio y la salida en libertad de los sandinistas presos.
Sobre el Che recordó que este trató de incorporarse a la guerrilla venezolana, pero la acción recibió la negativa del partido Comunista de ese país, evocó su partida para el Congo en operación preparada por el capitán Osmany Cienfuegos, en aquel momento secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista cubano, habló acerca del fracaso de aquella contienda, los disfraces del Guerrillero Heroico, y su negativa a regresar a Cuba por petición expresa de Fidel después de la publicación de su carta de despedida el 4 de octubre de 1965.
La permanencia del Che en Praga, fue otro momento importante en la exposición pues hacia ese país centroeuropeo debió partir por las posibilidades de permanencia incógnita en la ciudad del barrio de La Mala Strana, y la imposibilidad de hacer lo mismo con los soviéticos porque estos no aprobaban la actividad internacionalista armada de la Revolución cubana.
Estrada solía hacerle escuchar Los Beatles y Miriam Makeba al Che, el argentino rechazaba a los ingleses por “imperialistas” y prefería a Mamá Africa, pero al final le dijo “ponme a los imperialistas que me están gustando”.
A esa altura de las cosas, Ulises Estrada dijo algo muy interesante: “la idea de la guerrilla en Bolivia partió de los bolivianos, de Mario Monge y la dirigencia del partido comunista, el Che se incorporó a ese proyecto y se entrenó en Cuba, posteriormente llegaron las discrepancias con el Che porque el liderato del partido del país sudamericano pretendía dirigir desde la ciudad la lucha armada a lo que el guerrillero argentino-cubano se opuso.
Cuando se produce la muerte del Che se estaban preparando en Cuba unos guerrilleros uruguayos para que se le incorporaran, aunque el partido comunista dirigido por el inolvidable Rodney Arismendi, no consideraba al país del litoral como adecuado para ese tipo de lucha, ellos permitieron la participación en la contienda armada de luchadores del país de José Gervasio Artigas.
Estrada Lescaille mencionó la labor unitaria de Cuba en la Guyana de Jagan y Burham, con el Panamá de Torrijos y el partido comunista del istmo, y entre los sandinistas.
Recordó el impacto internacional del líder de Guinea Bissau y Cabo Verde, Amilcar Cabral, quien se convirtió en algo así como la estrella de la Conferencia Tricontinental, y la entrada como embajador en Guinea Conakry del diplomático cubano Oscar Oramas Oliva, quien fungió como traductor en las conversaciones del líder africano con Fidel Castro en la Sierra del Escambray.
Seguidamente volvió al Ministerio de Interior, la separación del Viceministerio técnico del área de Liberación comandada por Manuel Piñeiro y la posterior creación del Departamento América del Comité Central, revivió las protestas de los antiguos miembros del MININT a dejar sus uniformes verde olivo por la vestimenta formal del funcionariado, sus carnéts y merecidos grados militares.
Estrada rememoró los días luminosos y tristes del Chile de Allende, los contactos con Miguel Enríquez y Andrés Pascal Allende, dirigentes del MIR, el pedido a estos de que apoyaran al presidente y la aceptación entusiasta de estos.
Rememoró el golpe de estado, la valiente resistencia cubana en la embajada a metrallazo limpio de fusiles Kahlasnikov, el vuelo de las trazadoras y el susto del ejército chileno que pensaba le tiraban con lanzallamas, la partida del personal cubano a regañadientes del embajador soviético, la negativa de un funcionario de la aviación rusa a llevar carga cubana y la decisiva ayuda de un agente de la desaparecida KGB a los isleños.
Las Memorias de Ulises Estrada, uno de los grandes internacionalistas cubanos, y el novio de la famosa Tania la Guerrillera, conmovieron a todos los presentes en la Sala Simón Bolívar del Centro de Estudios Martianos, sede de esa jornada, ante la presencia de Armando Hart y un grupo de distinguidos miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Ulises Estrada había llegado a la conferencia muy delicado de salud, cojeando y casi sin el poder debido en las piernas para sentarse, como consecuencias de la diabetes que padece, a medida que fluyó su discurso la fuerza acudió a él, recordó como era o como sigue siendo. Y fue el mismo Ulises que luchó contra Batista, combatió a los alzados, o luchó en el Congo al lado del Che.

js

22 de marzo de 2012


http://www.josemarti.cu/index.php?q=node/5439
 

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