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viernes, 20 de diciembre de 2013

Parlamento cubano rinde homenaje a Nelson Mandela

 
El Parlamento cubano inició hoy la sesión plenaria del segundo periodo de sesiones de la VIII Legislatura con un minuto de silencio en honor al líder surafricano Nelson Mandela, fallecido el pasado 5 de diciembre y calificado como profeta de la unidad, la reconciliación nacional y la paz.

El Parlamento cubano inició hoy la sesión plenaria del segundo periodo de sesiones de la VIII Legislatura con un minuto de silencio en honor al líder surafricano Nelson Mandela, fallecido el pasado 5 de diciembre y calificado como profeta de la unidad, la reconciliación nacional y la paz.

Con la presencia del presidente Raúl Castro, los diputados manifestaron así su pesar por la sensible pérdida del entrañable amigo de la Revolución y pueblo cubanos.

El presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo, resaltó, además, que la presente sesión se desarrollará en medio de la jornada nacional por el aniversario 55 del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, lo que le concede especial significado a este histórico acontecimiento que marcó la definitiva independencia de los cubanos.

La diputada Arelys Santana, presidenta de la Comisión de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer, dio a conocer un acuerdo de ese grupo de trabajo que ratifica a la dirección histórica del país el apoyo popular a la obra construida durante estos 55 años.

Los diputados también conocieron sobre la repercusión y los resultados del llamamiento lanzado en la anterior sesión de la Asamblea Nacional en apoyo a la liberación de los combatientes antiterroristas encarcelados injustamente en Estados Unidos, el cual fue enviado a todos los parlamentos con los cuales Cuba tiene relaciones.

Ello permitió ampliar la información y actualizar la situación de esos cubanos, sobre lo cual ya se recibieron expresiones de solidaridad de varios países, entre ellos Venezuela, Bolivia, Belarus, Namibia, Ecuador, grupos parlamentarios y bancadas de diferentes Partidos que han emitido mensajes a las máximas autoridades estadounidenses para exigir la liberación de Los Cinco, como se les conoce.

René González (ya en Cuba luego de cumplir su sanción), Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González (Los Cinco) fueron detenidos, encarcelados y sometidos a excesivas condenas, luego de un amañado juicio por monitorear actividades terroristas organizadas y financiadas por grupos contrarrevolucionarios contra Cuba.

Durante la jornada de este viernes los diputados debatirán las modificaciones realizadas en consultas populares previas al proyecto del Código de Trabajo, recibirán una información sobre el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso del Partido, y analizarán los resultados económicos de 2013 y la ley del presupuesto para 2014.

Tomado de CubaSí

jueves, 19 de diciembre de 2013

Fidel: Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?



Fidel: Mandela era un apóstol de la paz y  jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.
Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando. 

La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.

La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.

Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.  

Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas. 

A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio, y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.

Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.

Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40         —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.

Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.

Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.

Las revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.

Hasta aquí no hay nada que no se conozca.

Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?

Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.  
  
De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas—enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.

Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito. 

Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado mas de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo. 

El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana. 

En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías,  nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.

En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.

Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.

La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.

Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100  —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.

Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.

Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.

Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros  que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos. 

Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Canberra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.

No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cunene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.

Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.

Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma. 

Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas. 

El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.

Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.

Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes. 

El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.   

Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid. 

            
  
Fidel Castro Ruz
Diciembre 18 de 2013
8 y35 p.m.

martes, 10 de diciembre de 2013

Saludo entre Obama y Raúl Castro

Histórico apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro


Video: Histórico apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro

El presidente estadounidense, Barack Obama, estrechó la mano de Raúl Castro, el líder cubano, durante la ceremonia fúnebre de Nelson Mandela.

Se trata de la primera ocasión en la que ambos mandatarios se saludan públicamente.

El histórico evento ocurrió cuando Obama estaba saludando a varios líderes mundiales presentes en el funeral en Johannesburgo.
 
Video:  http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=97_lD9IzgvM

También estrechó la mano de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, recientemente indignada por el espionaje de sus actividades realizado por los servicios secretos estadounidenses.

La ceremonia de despedida del expresidente sudafricano Nelson Mandela comenzó este martes en el estadio de fútbol Soccer City, en las afueras de Johannesburgo, y se prolongará durante cuatro días.

Se espera que en la ceremonia participen al menos 100 jefes de Estado. Entre ellos le darán el último adiós a Nelson Mandela el presidente de EE.UU., Barack Obama, y su esposa, Michelle; el primer ministro británico, David Cameron; la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff; el secretario general de la ONU, Ban Ki –moon; el presidente cubano, Raúl Castro, y otros jefes de Estado y de Gobierno.

El funeral se celebrará el 15 de diciembre en su pueblo natal, Kunu, en la Provincia Oriental del Cabo.
 
Russia Today
Siga la transmisión en vivo de la ceremonia de despedida del expresidente sudafricano Nelson Mandela.  
 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mandela y Fidel: lo que no se dice



La muerte de Nelson Mandela ha precipitado una catarata de interpretaciones sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica pero sin atentar contra vidas humanas.

Foto: Juvenal BalánEl expresidente sudafricano Nelson Mandela junto al líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, en la Cumbre de los No Alineados, en Durban, Sudáfrica, en 1998. 

Mandela recorrió diversos países de África en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y, poco después, se le condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención.

Mandela, por lo tanto, no fue un "adorador de la legalidad burguesa" sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el odioso apartheid sudafricano, lo cual es una verdad a medias.

La otra mitad del mérito le corresponde a Fidel y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por Estados Unidos a través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del apartheid sudafricano.

Por eso, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar "la Stalingrado africana" fue "el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del apartheid". La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar, terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios.

Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de 1995 Mandela diría que "los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el apartheid... Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo". Es un buen recordatorio para quienes ayer y todavía hoy hablan de la "invasión" cubana a Angola.


Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en África. Entre 1975 y 1991 cerca de 450 000 hombres y mujeres de la Isla pasaron por Angola jugándose en ello su vida. Poco más de 2 600 la perdieron luchando para derrotar el régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

ATILIO BORÓN

Granma 

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿De cuál Mandela estamos hablando?

 
De Madiba a Cuito Cuanevale
 
MADIBA, significa “padre”, en lengua xoxa, es como hasta sus noventa y cinco años se conocía popularmente a Nelson Rolihlahla Mandela, quien nació un 18 de julio de 1917. Hoy Mandela es un símbolo de la convicción de los mas altos ideales de la humanidad que lo llevaron a prisión en 1962, donde paso 27 años humillantes aislado en una celda sin comunicación con el mundo.

En esa época de combate, de constante lucha contra el Apartheid, nadie daba apoyo a ese antiguo militante y solo Cuba contribuyó a formar el Wunkhoto We Sizwe (La Lanza de la Nación) que era el brazo armado del Congreso Nacional Africano. Para esa época no existían quienes hoy le rinden homenaje, quienes lo buscan para los flashes de los periódicos y medios de difusión o aquellos que buscan parecidos forzados con frases y oraciones bien escritas y estructuradas de sensibilidades falsas.

El actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo un prólogo al último libro de Nelson Mandela “Conversaciones sobre mí mismo”, un prólogo bien escrito obedeciendo a una estrategia de venta de los editores, pero también es una búsqueda forzosa para compararse con Mandela.
 
 
No por casualidad la primera dama de USA, Michel Obama, estuvo en el mes de junio del 2011 en Sudáfrica y hacerse una publicidad anticipando el aniversario de Mandela quien estaba abatido de un cáncer de próstata desde el año 2001. Cuando Obama dice en el prólogo al libro de Mandela que “es un ser humano que eligió la esperanza sobre el miedo, y el progreso en vez de prisión del pasado”, pretende interpretar al estilo muy romántico hollywoodense de que Mandela no tuvo “temor” a morir, y todos tenemos temor, miedo, pero Mandela no tuvo pánico, que es distinto, pues, como dice Pablo Freire, todos en algún momento de nuestras vidas tenemos miedo, pero lo que no debe es envolvernos el pánico y Mandela no lo tuvo, se armó con su fortaleza interna que desde afuera se la daban las luchas de los movimientos de liberación de África, América Latina, el Caribe y el heroico Vietnam, el estímulo de la creación de la Organización de Estados Africanos, con la fuerza de Jomo Kenyata, Kwame Kruma, Sekou Toure, la solidaridad activa cubana, proceso que culminaría con la derrota de la invasión Sudafricana a Angola en 1988 con la Batalla de Kuito Kuanavale donde se selló la independencia total de Angola, Namibia y la desestructuración del régimen del Apartheid que conduciría a la libertad de Nelson Mandela en febrero de 1990, contando con la fuerza militar cubana, la Swapo donde destacan los nombres del angolano General Luis Faceira (con quien hemos conversado sobre estos temas) al igual con el General Cinta Frías (de Cuba), leyendas vivientes que lograron derrotar la “operación del desierto” sudafricana constituida por más de cien mil hombres contra 40 mil entre angolanos, namibianos y cubanos. Y eso no lo reconocen ni lo reconocerán jamás Estado Unidos ni el actual inquilino de la casa Blanca. Hablar de esperanza para el caso de Nelson Mandela es hablar de la esperanza redimida que ese hombre sintió cuando se produjo la derrota del apartheid y la liberación de Namibia, como el mismo lo dijo en uno de sus discursos.

No me atrevo a encasillar a Mandela entre la izquierda y la derecha, lo considero un hombre que luchó contra el peor régimen racista que haya conocido la historia colonial y contemporánea en África como lo fue el Apartheid. El es consciente de que la mayoría del apoyo que recibió en los tiempos más difíciles procedió de la izquierda planetaria, no fue del imperialismo norteamericano, inglés, francés o israelí, pues todos ellos fueron cómplices de sus 27 años de prisión.
 
Fue un hombre que se ubicó en el contexto sudafricano donde 4 millones de blancos por la vía de la fuerza y la represión dominaban 18 millones de Xoxa, Zulu, Koishan entre otros pueblos originarios sudafricanos, más los migrantes hindúes como Mahatma Ghandi, quien sufrió el racismo en Sudáfrica. Si eso es ser de izquierda, Mandela fue de Izquierda. Se opuso a la guerra de Irak cuando acusó sarcásticamente al presidente de Inglaterra, Tony Blair, como una especie de Ministro de Relaciones exteriores de Estados Unidos cuando ese ex presidente justificó, al lado de la ONU, Collin Power y George Bush las falsedades de la posesión de armas nucleares que supuestamente tenía Sadan Hussein para justificar la invasión de parte de la OTAN.

Mandela....un sueño incompleto
 
La lucha de Mandela dio sus frutos políticos; en primer lugar derribó todas aquellas teorías falsamente científicas y moralmente injustificables de la incapacidad del africano para dirigir su propio país, teorías inventadas por el régimen del Apartheid. En segundo lugar, dejó un camino abierto en el poco tiempo que estuvo en la presidencia (1994-1999), para la reconciliación nacional, avanzar en la derrota contra la discriminación, el racismo, y eso no es nada fácil pues hay que tomar en cuenta que en solo 17 años que lleva el Congreso Nacional Africano en el poder, partido donde milita Mandela, no es posible acabar con la aberración social y psicológica acumulada por más de 400 años, pero se hace el esfuerzo y creemos que Sudáfrica avanzará hacia una sociedad más justa y equilibrada. Esos avances lo vimos cuando visitamos ese país hace justamente una década en el marco de la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en la ciudad de Durban en el año 2001.

Hoy Mandela, al igual que Chávez y Fidel Castro, es un símbolo para los pueblos del Sur, aunque los occidentales lo han querido momificar y objetualizar, lo han querido convertir en un objeto de consumo y de moda (Ver nota del administrador)  como hicieron con el Che Guevara. Hoy más que nunca debemos revisar los discursos de Mándela y su agradecimiento a Fidel Castro, su condena a la Guerra de Irak, no podemos dejar que lo pongan en el sueño eterno de Martin Luther King con aquel famoso discurso de “Tengo un sueño”. Los sueños de Mandela por una sociedad más justa no se logró en el corto tiempo que ejerció el poder... la incertidumbre en la Sudáfrica postmandela no es muy alentadora. Hoy Mandela, junto con Graza Machel, ex esposa del lider mozambicano Samora Machel, también asesinado por los sudafricanos, son referentes para la reconciliación planetaria.
 
Jesús Chucho García, desde Bamako, Mali. (La voz de Afroamérica).
 
 
http://www.alainet.org/active/69586
 
Nota del administrador:
 
Efectivamente, la figura de Mandela ha sido manipulada descaradamente por quienes una vez lo tildaron de terrorista y apoyaron incondicionalmente al régimen del Apartheid. Obama y otros líderes de la derecha internacional hablan de Mandela con total hipocresía, llegando incluso a participar descaradamente en sus honras fúnebres. La noticia circula hoy por el mundo: "Decenas de lideres mundiales y celebridades asistirán al funeral y a los servicios en memoria del primer presidente negro de Sudáfrica y entre los que ya han confirmado su presencia están el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y sus dos predecesores, George W. Bush y Bill Clinton." (http://www.voanoticias.com).
 
Mandela, a pesar de todo, siempre será un ejemplo para los pobres del mundo por su total entrega a su causa, por su humildad y por su sacrificio.
 
 

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