A principios de 2009, un contratista de una entidad federal de
Estados Unidos envió a un promotor musical a Cuba con la orden de
reclutar a uno de los raperos más conocidos de La Habana para desatar un
movimiento juvenil en contra del gobierno cubano.
Se trataba de un proyecto, en la Cuba comunista, que podía haber
llevado a la cárcel al promotor serbio Rajko Bozic. Así que cuando le
hizo su propuesta al artista Aldo Rodríguez, Bozic no le mencionó sus
verdaderas intenciones, ni que estaba trabajando para la Agencia de
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).