El
paso de cubanos que emigraban por tierra desde Ecuador hasta México y de allí a
Estados Unidos no era cosa nueva ni insólita. Grandes movimientos migratorios
–mayores que el cubano– hoy ocurren tanto en Mesoamérica como en otras
regiones. Cerca de un millón de personas de Medio Oriente y el Norte de África
buscan refugio en Europa. En América, hace mucho sabemos del desplazamiento que
la violencia y la crisis provocan entre grandes masas de colombianos. Como
asimismo de las masivas migraciones que, por motivos económicos, millares de
mexicanos, centroamericanos y antillanos emprenden a diario. No pocas
localidades rurales mexicanas están convertidas en pueblos fantasmas.
Estas
migraciones son sistemáticamente reprimidas en Estados Unidos, su país de
destino. Cada mes sus autoridades deportan a miles de centroamericanos,
mexicanos y otros latinoamericanos. La administración Obama ha implantado
record en esta materia. Sin embargo, ella mantiene dos excepciones: las de
Puerto Rico y Cuba –dos naciones igualmente latinoamericanas y caribeñas–, cuyos
migrantes cuentan con status privilegiados que les permiten entrar y
establecerse sin dificultades. Puerto Rico debido a la condición colonial que
aún les permite a los boricuas irse a Estados Unidos, como ciudadanos de
segunda clase pero sin obstáculos. Cuba por efecto de la Guerra Fría que en
este campo Washington continúa, pese al diálogo iniciado con La Habana.