La canalla
mediática internacional se rasga las vestiduras y ensordece al mundo
entero denunciando el atropello consumado por la justicia venezolana al
haber condenado a Leopoldo López a una pena de 13 años, 9 meses y 7 días
y 12 horas de reclusión por “incitar a la protesta”, según nos
(mal)informa el decano de los periódicos mentirosos del mundo
hispanoparlante, El País. ¿Incitar a la protesta le llama este diario y
sus lenguaraces en el resto de América Latina y el Caribe a una
exhortación pública y violenta hecha por López para derrocar a las
autoridades y a alterar el orden constitucional de Venezuela? Esta
derecha desesperada porque no puede derrotar por las vías
institucionales a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región
ya ha arrojado por la borda todos sus escrúpulos y ha hecho del mentir
su segunda naturaleza. Lo de López no fue una travesura, una inocente
chiquilinada sino algo que en cualquier país del mundo se llama
sedición, y constituye, como en Estados Unidos, una ofensa criminal
penada por largos años de cárcel e, inclusive, si fue cometido en
concurso con otros actores y ocasionó la muerte de terceras personas,
reclusión perpetua. Para los espíritus colonizados que asuelan
Latinoamérica lo que “allá” (léase Estados Unidos o Europa) constituye
un crimen aquí, en los arrabales del capitalismo, es una inocente
diablura, y no importa si la “incitación” de López terminó con más de
cuarenta muertos, la mayoría de ellos fuerzas de seguridad bolivarianas y
gentes del común, en las guarimbas y por el fuego de francotiradores,
amén de una enorme destrucción de edificios y propiedades
gubernamentales y privadas.