Israel oculta sus bombas atómicas y sus letales armas químicas,
bajo el subterfugio de una deliberada política de “ambigüedad”, que no
niega ni acepta su posesión, pero que la insinúa sutilmente; altos
funcionarios lo han admitido, incluyendo al expresidente Shimon Peres.
Exitosamente, Irán negoció su desnuclearización a cambio de suspender
férreas sanciones del P5+1, mientras Israel, con 400 bombas
termonucleares, ni siquiera le compele firmar el Tratado de No
Proliferación de las armas nucleares (TNP), erosionando el orden
internacional y el consenso universal.
