He leído con detenimiento el artículo que publicó mi amigo Edmundo García y que les presento a continuación. No cabe duda, pensé que resultaría interesante una visita de Obama a Cuba, aunque la considero prematura.
Bien recibido será y con respeto, no lo dudo. Pienso, empero, que a pesar de su valentía al replantearse las relaciones entre nuestras dos naciones, mucho le ha faltado hacer todavía para eliminar los lastres de una sucia política, ya añeja y extemporánea. Por otro lado, su intención de mantener la guerra ideológica contra Cuba resulta cuestionable.
Viajar a Cuba le resultaría, sin embargo, provechoso. Miraría con sus propios ojos una realidad a la que critica y que juzga tambaléandose en el fino hilo de la visión política de otros. Podría ganar en veracidad y en percepción como lo han ido haciendo aquellos de sus conciudadanos que han visitado a nuestra patria entre enero y mayo, representando un incremento del 36 % de turistas norteamericanos, tal como reseña hoy RHC.
Las puertas están abiertas y le sugiero dejar el protocolo a un lado. Rehusar encuentros con mercenarios y reunierse con el pueblo, aquel que siempre -sin engaños-, estrechara su mano como igual, y con el respeto y cortesía que merece el visitante amigo. (NR)
¡Ay Obama!, vuélvete loco y vete pá La Habana
Hace
alrededor de un mes, almorzando en un paladar en La Habana lleno de turistas
norteamericanos, un trío de música tradicional improvisó un montuno que decía:
“¡Ay Obama!, vuélvete loco y vete pá La Habana”. Yo no sé dónde habrán
aprendido español, pero aquellos turistas coreaban de forma perfectamente
comprensible esa frase que ahora uso como título de este artículo.