Algunos monasterios se convirtieron en centros de la actividad secreta
contrarrevolucionaria y en almacenes de armas que la CIA norteamericana
enviaba desde la India. La CIA estableció un centro de entrenamiento de
agentes tibetanos en el campo Hale de Montanas Rocosas en Colorado, por
su gran altitud. También fueron entrenados mercenarios tibetanos en las
bases estadounidenses de Guam y Okinawa. En total Estados Unidos entrenó
militarmente a 1.700 tibetanos.