Manuel López de la
Portilla es el primer mártir de nuestros Órganos de la Seguridad del Estado.
Fue asesinado salvajemente, con apenas 20 años de edad, luego de conocerse su
condición de agente de la Seguridad, en la madrugada del 16 de julio de 1960,
en el Arenal de Jijira, en Vía Blanca, Santa Cruz del Norte, una zona de arrecifes
ubicada en la costa norte de La Habana.
Luego de ser
golpeado con saña criminal, su cuerpo recibió varios disparos de arma de fuego.
Su misión fue la penetrar
a una organización contrarrevolucionaria dirigida por Jaime Vega, de amplia
ramificación en diversas provincias, el joven teniente contribuye a conocer una
gran número de complotados y contribuir a la detención de cerca de 160 de los
mismos, sobre todo a los ubicados en su principal zona de operaciones en
Jaruco, al norte de La Habana. Su fachada era la de un mecánico de aviación
desafecto a la Revolución.