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viernes, 16 de agosto de 2013

Santos quiere matar al jefe de las FARC y Timochenko le responde que “cuando morimos descansamos, Santos”

Juan Manuel Santos

Santos quiere matar al jefe de las FARC y Timochenko le responde que “cuando morimos descansamos, Santos”

 “Los combatientes y mandos de las FARC somos revolucionarios, no nos mueve ningún interés personal, ni percibimos ningún salario por lo que hacemos. Hemos entregado nuestras vidas a la más bella causa del género humano, poner fin a la discriminación entre los hombres, a la explotación de unos por otros, a las injusticias institucionalizadas”.

BOGOTA / ANNCOL / 2013-08-15 / Son las palabras de Timoleón Jiménez, comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, dirigidas al presidente Juan Manuel Santos.
La carta es una respuesta a una declaración de Santos en donde el mandatario colombiano no vacila de dar la orden de matar al jefe guerrillero, si tuviera la posibilidad.
Ha mostrado que no son palabras vacías. Por que las aplicó en el mes de noviembre de 2011 cuando el comandante Alfonso Cano estaba rodeado y desarmado y en donde fue vilmente asesinado por las tropas. Ya en esa época existían contactos y preparativos entre Cano y Santos para comenzar el proceso de paz en La Habana. Santos violó flagrantemente los convenios internacionales con el asesinato de Cano.
La declaración ahora de Santos contra Timochenko ilustra la intolerancia y la posición absurda que para nada facilita la atmósfera de las negociaciones de paz en La Habana entre las FARC y el gobierno de Santos. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones comparando las dos declaraciones.
Pero es notoria la bajeza y odio de clase de Juan Manuel Santos, pese que  estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, Estados Unidos, que posee una maestría en Economía y Desarrollo Económico del London School of Economics y otra en Administración Pública de la Universidad de Harvard. También recibió becas de la Fundación Fulbright en el The Fletcher School of Law and Diplomacy de la Universidad Tufts, y de la Fundación Nieman para el Periodismo en Universidad de Harvard. Le ha sido otorgado un doctorado Honoris Causa en Leyes, Hoja de Vida de Santos, según Wikipedia.
Pero ¿para que sirven esos títulos de las universidades e instituciones más prestigiosas del mundo, si no tiene los dos pies puestos en la tierra y la realidad colombiana? Da la imagen que vive en un mundo irreal de la Oligarquía Colombiana.
ANNCOL reproduce abajo el texto del jefe guerrillero, que no falta una dosis de ironía hacia el personaje que sufre la misma obsesión como Uribe de enterrar militarmente un fenómeno social en Colombia que nació con la misma intolerancia y sed oligarca.
Los académicos lo llaman “Causa y Efecto”.

Timoleón Jiménez, comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Cuando morimos descansamos, Santos

AHÍ VAMOS, AHÍ VAMOS… respondió socarronamente el general Sergio Mantilla cuando la prensa le preguntó cuán cerca de Timoleón Jiménez se hallaba el Ejército. Como quien repite una lección aprendida, dijo igual que el Presidente, que la guerra está pronta a acabarse por las buenas o por las malas. Y aprovechó la ocasión para advertir a nuestros delegados en La Habana que siguen siendo un objetivo de alto valor estratégico, así que no vaya a ocurrírseles salirse del proceso, o de Cuba, porque perderían las garantías conocidas.
El general Mantilla al menos hizo mención a órdenes de captura. El Presidente en cambio fue mucho más explícito, la orden que tienen las fuerzas militares es ejecutar a cualquier miembro de las FARC que localicen en Colombia. Dar muerte, o de baja, o matar, especialmente a Timochenko, con quien al mismo tiempo no descarta reunirse, siempre que sirva para poner fin al conflicto. No se puede bajar un instante la guardia, porque sería un incentivo perverso para que la guerrilla prolongue las conversaciones indefinidamente, explicó.
A LA OLIGARQUÍA COLOMBIANA, como a sus verdugos de turno, no le interesa disimular su carácter violento, ni su lógica de imposiciones y dominación. Ante las tropas, por boca del Presidente, repite el estribillo según el cual la Mesa de La Habana no hubiera existido si no fuera por la campaña exitosa cumplida por las fuerzas armadas. En otros escenarios, es el Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, quien advierte que para llegar al punto actual fueron determinantes el Plan Colombia de Pastrana y el cerco militar realizado durante el gobierno de Álvaro Uribe.
El punto actual son las conversaciones de paz de La Habana. Y el punto de partida, el proceso de paz del Caguán. Resulta una monumental tontería afirmar que se requirieron diez años de guerra, aterradoras cifras de muertos y heridos, miles de millones de dólares y millones de desplazados y de víctimas para obligar a las FARC a sentarse en una mesa de diálogos, cuando precisamente allí estábamos al iniciarse semejante demostración de fuerza tan criminal como inútil. Olvidaron que fue el régimen quien se paró de la Mesa.
EN TODAS SUS GUERRAS contra el pueblo de Colombia, la oligarquía bipartidista ha apelado a los emplazamientos y amenazas. El Presidente Valencia creyó que con izar el pendón nacional en la destruida aldea de Marquetalia había finiquitado el asunto. Y el Presidente Gaviria, que con su guerra integral pondría fin al problema en dieciocho meses. El presupuesto de Uribe fue de dos años, y no lo logró en dos gobiernos. Recién posesionado, Santos advirtió que si no nos entregábamos vendrían por nosotros. Lejos de lograrlo, vuelve a mostrarnos los colmillos.
La cuestión con las FARC, que sin duda celebraremos nuestros cincuenta años de lucha armada mientras Juan Manuel hace las maletas o pugna por su reelección, es más sencilla de lo que parece. Mucho más fácil que matarnos o desmovilizarnos a todos. Más simple que encarcelar 13.700 compatriotas inconformes. Es abrir realmente las puertas a la democracia en nuestro país, desterrar para siempre la manía de imponer las decisiones a la fuerza.
EL DIARIO EL ESPECTADOR tituló recientemente que todos los días era atacado un defensor de derechos humanos en Colombia y que en los siete primeros meses de 2013 cada cuatro días ha sido asesinado uno. En un país en que el Presidente y los ministros del interior y de defensa acusan de guerrilleros de las FARC a los campesinos y mineros que protestan y paran, no es extraño que la Policía y el Ejército, en cumplimiento del público mandato presidencial, los repelan con granadas y balas de fusil. Ni que los grupos paramilitares que subsisten amenacen de muerte a líderes de la oposición o maten dirigentes reclamantes de tierra o defensores de derechos humanos.

El Estado Colombiano lo que ofrece a los campesinos en Catatumbo es represión, sostiene el jefe guerrillero.

¿Acaso valían algo los campesinos masacrados en las recientes marchas en el Catatumbo? ¿No salió todo el Establecimiento y la prensa a rodear al conductor que en Cáceres decidió arrollar con su camioneta a los mineros que bloqueaban la vía? En este último caso, todos hablaban del terrible drama del pobre hombre que accidentalmente, por obra de la infiltración guerrillera en la protesta, había matado a cinco mineros y lesionado ocho más, estableciendo una cruel segregación entre quien deliberadamente asesina y las repudiables víctimas que lo provocan. Vaya a saberse realmente cuál es la condición de semejante energúmeno.
CUANDO EL PRESIDENTE se ufana en los montes de María de haber estado allá seis años atrás, comprobando la baja de Martín Caballero, olvida que consta judicialmente que Caballero y los guerrilleros que lo acompañaban, fueron rematados salvajemente por la tropa, después que el bombardeo de la fuerza aérea los había dejado heridos, desarmados y pidiendo clemencia al tiempo que ofrecían entregarse. Y cuando celebra la muerte de Seplin en el Cauca, oculta que no fue dado de baja en combate sino asesinado a traición y sobreseguro cuando en compañía de un campesino transitaba vestido de civil por un camino. Igual a como mataron a Gabriel Zavala en Zaragoza, o al Negro Eliécer en el Norte de Santander.
La dificultad para llegar a prontos acuerdos radica precisamente en las confesiones públicas de Santos: no estamos negociando nada que pueda preocupar a los colombianos en materia económica o de aspectos fundamentales de nuestro sistema de gobierno. Los guerrilleros colombianos no estamos defendiendo ningún sistema criminal de gobierno, ni estamos empeñados en sacar adelante una política económica que beneficie las transnacionales en desmedro del pueblo de nuestro país. Santos sí, y esa es nuestra pequeña gran diferencia.

Guerrilleros de las FARC en la trocha y en el río
 LOS COMBATIENTES Y MANDOS de las FARC somos revolucionarios, no nos mueve ningún interés personal, ni percibimos ningún salario por lo que hacemos. Hemos entregado nuestras vidas a la más bella causa del género humano, poner fin a la discriminación entre los hombres, a la explotación de unos por otros, a las injusticias institucionalizadas. Defendemos la independencia y soberanía real de nuestra patria, banderas heredadas del Libertador Simón Bolívar. No pretendemos la revolución en una Mesa, pero sí al menos concertar un gran acuerdo que saque al país para siempre de la opresión violenta, que siente unas bases mínimas para la construcción de la justicia social. Nuestros adversarios sólo insisten en rendiciones.
Las amenazas de muerte y las órdenes de ejecución sin ninguna clase de juicio no sirven para intimidarnos, ni logran aclimatar el ambiente de reconciliación necesario para concertar una salida. Valga recordar, llevando abusivamente a la prosa a Jorge Manrique, que Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, por tristes casos, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas; así que no hay cosa fuerte, que a papas, emperadores y prelados, así los trata la muerte, como a los pobres pastores de ganado. Cuando morimos descansamos, Santos.
Timoleón Jiménez,
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Agosto 14 de 2013

ANNCOL

jueves, 24 de enero de 2013

La guerra no puede ser el destino de la nación: Timochenko


Timochenko
Comandante del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, Timoleón Jiménez  

Por primera vez “Timochenko”, máximo jefe de las Farc- EP,  habla sobre el proceso de paz en La Habana, en entrevista exclusiva al periódico Voz. 

 
http://issuu.com/pacocol/docs/voz_internet_2672_baja_resolucion?mode=window

 
VOZ: Se ha cumplido lo que podríamos llamar el “arranque” de la Mesa de Diálogos de La Habana, que culminó el pasado 21 de diciembre, ¿qué balance se podría hacer? ¿Pinta bien el proceso o la perspectiva es de otro fracaso como lo anuncian los pesimistas?
Timochenko: Me parece que la expresión “el arranque”, que ustedes usan, es apenas la más apropiada para describir lo cumplido hasta ahora. Se han producido anuncios, actos formales de instalación, ruedas de prensa y múltiples declaraciones, pero la verdadera discusión de los temas de la agenda apenas comienza. El Foro sobre desarrollo agrario integral abrió la puerta a la participación de la población colombiana en el proceso. También han llegado a la Mesa por otros conductos innumerables propuestas sobre la materia. Se ha empezado a hablar en la Mesa con distintos sectores vinculados al problema de la tierra. Todo eso tiene gran importancia, es indicativo de que las cosas marchan bien, sobre todo porque como informan los delegados nuestros desde La Habana, esa oleada de voces coincide en un auténtico clamor por cambios estructurales.
La posición del gobierno ha sido pública y enfática, en el sentido de no admitir debates sobre modelos de desarrollo  en ninguno de sus aspectos. Pero bueno, es su posición, la posición de una de las partes que se sienta con otra a buscar la solución política al conflicto. Por eso creemos que dicha posición está sujeta a cambios en el curso de las conversaciones. Para eso es una mesa de diálogo. Nosotros podríamos partir de exigir el poder o la extinción total de la gran propiedad rural, que siguen siendo parte de nuestras metas, pero sabemos que de ese modo no llegaríamos a ningún lado. El gobierno debe tener compromisos políticos y pactos de lealtad con intereses muy poderosos en el campo, sin embargo, ellos no pueden constituir la exclusiva guía para su conducta. La dinámica política puede conducir a la prevalencia de otros intereses. Al respecto somos optimistas. No cabe duda que las movilizaciones sociales que seguramente se producirán este año tendrán grandes repercusiones en todo esto.
 VOZ: Respecto a la duración de este proceso que es complejo y difícil, ¿Cuál es el “tiempo razonable”, para las FARC-EP, por que el gobierno nacional tiene un plazo hasta noviembre del presente año?
Timochenko: Lo razonable es no comprometer plazos, aunque voces interesadas interpreten esto como la eternización de unos diálogos inocuos. Los enemigos de las paz y de este proceso siempre se hayan prestos a las exageraciones y distorsiones. Se trata es de partir de realidades. En Mayo cumpliremos 49 años de confrontación armada que se prolongarán quizás muchos más sino se logra un acuerdo de reconciliación. Frente a esto ¿Qué sentido tiene armar un escándalo por unos meses más o un par de años más de diálogos, cuando de lo que se trata es de consolidar la terminación del conflicto y la paz en nuestro país?  Tras uno o más lustros de guerra siempre se volvería a una Mesa; así que es mejor, sin afanes, ahorrarle toda esa sangre a Colombia.
VOZ: La participación social y popular ha sido uno de los temas de debate. Es evidente que el gobierno nacional prefiere un proceso aislado de la realidad nacional, sin “ruido” como dicen con desprecio. ¿Cree que la positiva experiencia del Foro Agrario debe repetirse en los siguientes puntos de la Agenda contenida en el Acuerdo de la “Fase exploratoria”?
Timochenko: Le decía que la experiencia del Foro Agrario Integral abrió la puerta a la participación popular en el proceso. En adelante, esta debe crecer como una bola de nieve que rueda nevada abajo. El pueblo Colombiano no necesita permisos del gobierno para pronunciarse y movilizarse. En gran medida esa es la paz que buscamos, la de la participación decisoria de la nación en las grandes definiciones que atañen a su futuro. Eso ya no se puede seguir prohibiendo en Colombia.
VOZ: El gobierno al parecer tiene dos discursos respecto al proceso de paz.  Algunos voceros gubernamentales dicen que el Ministerio de Defensa suele salirse del “libreto”, pero nadie lo pone en cintura.  ¿Será una táctica del Gobierno en el sentido de que unos hagan de “buenos” y otros de “malos”? ¿O es abierto desafío al presidente Santos del sector ultraderechista y guerrerista en el gobierno?
Timochenko: No creemos que se trate de tácticas o desafíos de la extrema derecha al presidente Santos.  Más bien es el reflejo político de los distintos intereses económicos que bullen en las alturas.  El actual gobierno es heredero de la seguridad democrática, un practicante devoto del credo neoliberal, desempeña a cabalidad su papel de agente del imperio en el sur del continente, confía ciegamente en la Espada de Honor, su plan militar de exterminio.  Su apuesta a la paz por vías del diálogo pone de manifiesto la fuerza que en el interior de su coalición toman determinadas conveniencias de momento, pese a la tozudez de algunos contradictores internos.  Lo que está claro es que su idea de paz no coincide con la de las grandes mayorías desfavorecidas, y ese es el verdadero debate.
VOZ: a propósito de este tema, algunos “analistas” de la derecha le atribuyen la misma conducta a las FARC-EP (la de los libretos) y  ponen como ejemplo la ausencia del Bloque Sur en la delegación de Paz que está en La Habana. ¿Qué opina al respecto?
Timochenko: Gran parte de la intelectualidad y  la academia cooptadas por el unanimismo neoliberal desde los años 90, se especializó, no sabemos de qué modo, en el estudio de las FARC. Ustedes los escuchan o leen todo el tiempo pontificando sobre nosotros. En realidad todos ellos son agentes a sueldo del gran capital, cumpliendo con su deber de satanizar las alternativas políticas y sociales al modelo depredador, cuando no hacen parte de las operaciones sicológicas desarrolladas por la inteligencia militar. No hay una sola declaración de Joaquín Gómez o Fabián Ramírez que exprese algún tipo de discrepancia con el resto del Estado Mayor Central de las FARC. En aras de la información objetiva, podemos entregarles para su publicación, la circular emitida por el Blo0que Sur de las FARC a todos sus combatientes con relación al actual proceso de paz. Ella sola pone en su lugar toda esta charlatanería barata
VOZ: En las organizaciones sociales y populares existe una preocupación, porque el gobierno nacional mientras hace presencia en La Habana, en Colombia tiene una agenda antipopular, neoliberal y reaccionaria, como el fuero militar (ya aprobado), la reforma tributaria (ya aprobada), la reforma pensional en camino y otras medidas para descargar el peso de la crisis sobre los trabajadores. Son mensajes equívocos gubernamentales. ¿Cómo hacer para que ello no le quite legitimidad y peso a La Mesa de La Habana?
Timochenko: La Mesa de La Habana esta muy lejos de ser la Notaría encargada de avalar las antipopulares y antipatrióticas políticas del gobierno de Juan Manuel Santos. Precisamente allá estamos sentados también las FARC con el propósito indeclinable de denunciar y contradecir esas políticas que por servir de modo exclusivo a unas elites se convierten en combustible  permanente del conflicto. La Mesa es una conquista del pueblo Colombiano, una ventana a la verdad, una puerta que se le abre a la muralla de la intolerancia y la violencia, para luchar por grandes transformaciones en el país. Su legitimidad y peso real se encuentra en el protagonismo que el movimiento popular y social de Colombia asuma por la conquista de una nueva patria. En esa lógica, las políticas neoliberales de Santos solo podrían fortalecer la importancia de la Mesa de Habana como instrumento de lucha para combatirlas.
VOZ: ¿Están las FARC dispuestas mantenerse en La Mesa, hasta el final, cuando haya un acuerdo de paz estable y duradera?
Timochenko: Eso está fuera de toda duda.
VOZ: El ELN y el EPL están planteando la decisión de abrir el diálogo con el Gobierno, ¿cómo lo ven las FARC-EP y cree que en algún momento esos procesos puedan encontrarse?
Timochenko: Nos parece un planteamiento correcto, la guerra no puede ser el destino de esta nación. De hecho en el primer punto del Acuerdo General quedó planteada la invitación a los demás grupos insurgentes a sumarse a este proceso. Guardamos el más absoluto respeto por las decisiones de las direcciones de esas organizaciones revolucionarias, lo que no nos impide considerar que en una sola Mesa la unidad del movimiento popular tendría mucha mayor relevancia. Sobre todo cuando voceros de la oligarquía, como Enrique Santos Calderón, se han expresado en términos tan despectivos con relación a la importancia de esas organizaciones.
VOZ: Para algunos partidos y sectores de la izquierda, los procesos de paz de las guerrillas deben ser útiles para estimular la unidad popular, para una nueva realidad democrática y social que le dé al pueblo colombiano la opción de poder. ¿Cree usted eso posible?
Timochenko: No solamente es posible, sino absolutamente necesario y urgente.


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Agencia de Noticias Nueva Colombia, ANNCOL

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