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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Urgente solidaridad con Oscar López Rivera



Oscar López Rivera. (Photo: Jan Susler)
Jan Susler publicó ayer una entrevista al prisionero político Oscar López Rivera, aparecida en el sitio de http://www.truth-out.org con el título “"Meeting a Man Like That, You Can't Help Wanting to Do More": A Visit With Political Prisoner Oscar López Rivera”, en la que pone al desnudo el injusto encierro que padece –por más de 34 años- este patriota borinqueño.

En esencia, mediante una traducción libre, pongo a consideración de mis lectores algunos pasajes de la misma:

Oscar López Rivera ha servido 34 años en cárceles de Estados Unidos por conspiración sediciosa -en otras palabras, por su compromiso con la independencia de Puerto Rico- aunque no fue declarado culpable de herir o matar a nadie. Desde 1898, cuando los EE.UU. invadieron militarmente y ocuparon a Puerto Rico, no ha habido una sola década en la que no ha habido un independentista encarcelado. Pero es raro que López Rivera haya servido tantos años –más tiempo que cualquier otro independentista puertorriqueño en la historia, ya que sus coacusados, más que los delincuentes condenados por la violencia y más tiempo que los 27 años purgados por otro  renombrado preso político del mundo, Nelson Mandela-.


viernes, 26 de junio de 2015

MILAGRO BORICUA



http://www.telesurtv.net/__export/1432965922445/sites/telesur/img/news/2015/05/30/oscar1.jpg_1718483346.jpg

Desde que comenzó el mes de junio tanto en Manhattan como en San Juan miles de puertorriqueños han salido a las calles levantando dos demandas fundamentales: la independencia de Puerto Rico y la liberación de Oscar López Rivera quien cumple más de 34 años de prisión y es el preso político por más tiempo encarcelado en Nuestra América.
En estas manifestaciones han participado todos los sectores políticos y sociales de Puerto Rico, sin excluir a ninguno.  Convocados por todas las organizaciones patrióticas que han luchado contra el colonialismo por caminos diferentes pero ahora se juntaron para esta acción, a ellas se sumaron otras que, de un modo u otro, muestran creciente inconformidad con un régimen que, carente de soberanía, atraviesa además una profunda crisis económica y social.
La causa puertorriqueña ha sido singularmente compleja y difícil.  Enfrentando por más de un siglo al Imperio más poderoso de la Tierra, la pequeña isla ha sufrido de un muy duro aislamiento.  Por presiones de Washington su drama fue ignorado por mucho tiempo por la mayoría de sus hermanas latinoamericanas y caribeñas y silenciado por la gran prensa internacional.  Su lucha ha sido, sobre todo, una lucha solitaria desde que, apartada del gran movimiento emancipador del Siglo XIX, al que, sin embargo, aportó una importante contribución de combatientes y sacrificios, fue cedida como posesión por la Corona española al naciente Imperio norteamericano que sobre ella ejerce un dominio absoluto.  El tremendo desafío explica en gran medida las desavenencias internas que han obstaculizado la necesaria unidad del pueblo.
La situación, sin embargo, está cambiando. El motor que impulsa el cambio tiene un nombre: Oscar López Rivera.  La brutal condena que padece ha generado el rechazo unánime de todos los puertorriqueños sin excepción alguna.
Oscar no mató ni causó daño a nadie.  No practicó la violencia ni transgredió las leyes.  Su única experiencia armada fue en la guerra de Viet Nam a la que se vio arrastrado como tantos jóvenes de su generación y de la que regresó condecorado por el Ejército norteamericano.

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