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sábado, 19 de abril de 2014

Agentes brasileños enseñaron a militares chilenos a torturar

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La dictadura militar brasileña (1964-1985) no solo apoyó económicamente al régimen chileno de Augusto Pinochet (1973-1990), sino que también envió instructores expertos en tortura y operaciones encubiertas, denunciaron antiguos exiliados políticos brasileños ante un grupo de senadores vinculados a la Comisión de la Verdad.

Tomás Tarquinio, un exmilitante de izquierda, aseguró que cuando estuvo preso en Chile fue interrogado y agredido por militares brasileños, según publicaron el viernes los medios.

“Ellos querían informaciones sobre una asociación de exiliados en Chile que ayudaba a los que huían de Brasil”, declaró Tarquinio, quien afirmó que, el régimen brasileño de entonces dotó a los militares chilenos de equipos de tortura, y mandó expertos para enseñar técnicas de interrogatorio.

Ubiramar Peixoto de Oliveira, quien también fue encarcelado tras el golpe de Pinochet en Chile, donde se había refugiado después de que los militares asumieran el poder en Brasil, corroboró las denuncias de Tarquino.

De Oliveira indicó que el consulado brasileño en Santiago, capital chilena, “era un antro y cubil de torturadores brasileños”.

Por su parte, el presidente del grupo de senadores, Joao Capiberibe, dijo que los testimonios de ambos serán incorporados al informe final de la Comisión de la Verdad que investiga las violaciones de los derechos humanos durante el período dictatorial, que será divulgado en diciembre próximo.

El año pasado, el diario brasileño Folha de São Paulo sacó a la luz un documento que constata la entrega de una “importante ayuda” de Brasil a Chile, según describe un archivo del 26 de octubre de 1976.

Según el documento, durante el período de dictadura del general Ernesto Geisel en Brasil se entregó, entre otras sumas, un préstamo por 115 millones de dólares en “condiciones favorables” al gobierno de facto de Chile. 
 
HispanTV

martes, 10 de diciembre de 2013

Argentina: Hay 73 prófugos por delitos de lesa humanidad


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Un informe de la la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad reúne los reportes de todos los fiscales que intervinen en las causas por delitos de terrorismo de Estado y especifica que en los últimos diez años fueron capturados casi 100 fugitivos.

Son 73 los prófugos por delitos de lesa humanidad con orden de captura y buscados por diferentes fuerzas de seguridad, según el relevamiento actualizado a diario por la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, en tanto en los últimos diez años fueron capturados casi 100 fugitivos.Según el informe, que reúne los reportes de todos los fiscales federales que intervienen en los procesos judiciales en donde se juzgan los delitos del terrorismo de Estado, el número de prófugos se mantuvo estable en los últimos cuatro meses, aunque los prófugos no son los mismos.A pesar de la cantidad de prófugos la Procuración destacó que “en los últimos 10 años casi 100 procesados fueron capturados, entre ellos el ex juez federal Otilio Romano, recientemente extraditado de Chile”.
 
Por otra parte, se registraron en este año imputaciones y órdenes de detención masivas en la provincia de Mendoza, que sigue siendo la jurisdicción con más prófugos del país, lo cual elevó el número casos.
En tanto, en lo que va del año se produjeron varias fugas, como las de los represores Jorge Olivera y Gustavo De Marchi del Hospital Militar Central, y la más reciente de Alejandro Lawless, cuando era trasladado a los tribunales de la calle Lavalle en la Ciudad de Buenos Aires.

Antes, en mayo, se fugó poco antes de comenzar a ser juzgado en un proceso oral y público en Bahía Blanca el ex militar Carlos Alberto Arroyo, quien gozaba de la excarcelación.

Una situación similar ocurrió en Formosa, en julio pasado, con el militar Ángel Ervino Spada.

Según las cifras del informe, “45 de los 73 prófugos eran integrantes de las Fuerzas Armadas, mientras que los restantes revistaban en fuerzas de seguridad o eran civiles”.

La mayoría de los militares, 38, pertenecían al Ejército, otros seis actuaron en la Armada, uno en la Fuerza Aérea y cinco prestaban funciones en la plantilla del Personal Civil de Inteligencia (PCI).

De los prófugos, ex integrantes de fuerzas de seguridad, doce eran policías federales, cuatro policías provinciales y uno, integrante del Servicio Penitenciario Bonaerense.

En tanto, cinco de los prófugos son civiles.

La nómina se completa con 6 militares uruguayos, un número significativo que pone de relieve el alcance que tuvo el “Plan Condor”.

Según el mapa elaborado por la Procuraduría, la jurisdicción federal Mendoza, conformada por esa provincia junto a San Juan y San Luis, es la que más imputados por delitos de lesa humanidad tiene en condición de prófugos. Son 21 los “rebeldes” sobre un total de 73 en todo el país.

Las jurisdicciones que siguen en cantidad de prófugos son la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con quince; Rosario, con siete; y Mar del Plata y Bahía Blanca, con seis cada una.

La nómina se completa con San Martín (una), Comodoro Rivadavia (una), Córdoba (tres), La Plata (cuatro), Paraná (una), Posadas (una), Resistencia (dos), Salta (tres) y Tucumán (tres).

La excepción está dada por las jurisdicciones de las cámaras federales de General Roca y Corrientes, cuyos tribunales no registran prófugos en la actualidad.

El registro también revela que 11 de los 73 prófugos tienen órdenes de captura libradas en más de una causa judicial.

Tomado de Contrainjerencia.

lunes, 14 de octubre de 2013

23 italianos asesinados: La Operación Cóndor, a juicio en Roma

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Francisco Morales Bermúdez, presidente de Perú desde 1975 a 1980.

La justicia es lenta. Eso lo sabe la muerte, que ya le ha evitado el paso por los tribunales a decenas de los torturadores y asesinos de uniforme que participaron en la tétrica Operación Cóndor, el plan urdido por la CIA (según documentos desclasificados de Estados Unidos), y que significó la acción conjunta contra sus opositores de las dictaduras cívico-militares de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, y esporádicamente actuaron con militares de Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador.

En el marco de la Operación Cóndor fueron asesinadas unas 50.000 personas, unas 30.000 fueron desaparecidas y hasta 400.000 encarceladas y torturadas.

Ahora, la Fiscalía de Roma pide que se juzgue a 35 de las 140 personas investigadas durante los últimos 15 años por Giancarlo Capaldo, el fiscal que puso en marcha este proceso en 1998 por el asesinato de 23 ciudadanos italianos. Ahora, el juez Alessandro Arturi debe decidir a quién procesa de los imputados de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay a los que juzgaría en ausencia y que sólo serían pedidos en extradición en caso de ser condenados y si existe convenio entre su país de origen e Italia.

De los 140 investigados iniciales, varios han muerto, como el ex presidente de Uruguay Juan María Bordaberry Arocena o el ex militar chileno Odlanier Rafael Mena Salinas, pero el hecho de que se investiguen y esclarezcan los asesinatos, desapariciones y torturas realizados durante la Operación Cóndor es un aporte al proceso de verdad, justicia y reparación exigido por las víctimas y sus familiares.

El juez aceptó el viernes que Italia, Uruguay y el Frente Amplio Uruguayo se personen como partes en el proceso y el Partido Democrático de Italia (PD) también ha anunciado que asistirá en el proceso y que, en caso de producirse finalmente el juicio, ayudará a las familias de las víctimas para que puedan asistir.

La lista de 23 desaparecidos que tenían nacionalidad italiana incluye a seis argentinos –dos secuestrados en Bolivia, dos en Brasil y dos en Paraguay–, cuatro ciudadanos chilenos secuestrados en el propio país, y 13 uruguayos desaparecidos en la Argentina.

Estos son los imputados por la fiscalía

Bolivia: general Luis Gómez Arce, jefe del Segundo Departamento de Inteligencia del Estado Mayor, entre 1979 y 1980, y el expresidente Luis García Meza Tejada.

Chile: Daniel Aguirre Mora, ex prefecto de la Policía; el general Sergio Víctor Arellano Stark (Caravana de la Muerte); el general Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda (DINA); el brigadier Pedro Octavio Espinoza Bravo; Carlos Luco Astroza; el coronel Marcelo Luis Moren Brito, el suboficial Orlando Moreno Vásquez, el coronel Hernán Jerónimo Ramírez, el coronel Rafael Francisco Ahumada Valderrama, el excomandante del regimiento Tacna Luis Joaquín Ramírez Pineda, y el brigadier Manuel Vásquez Chahuán.

Perú: el expresidente Francisco Morales Bermúdez, Martín Martínez Garay, Germán Ruiz Figueroa, y Pedro Richter Prada.

Uruguay: los exmilitares Gregorio Conrado Álvarez Armellino, José Ricardo Arab Fernández, Carlos Calcagno Gorlero, José Horacio Gavazzo Pereira, Juan Carlos Larcebeau Aguirre Garay, Pedro Antonio Mato Narbondo, Luis Alfredo Maurente Mata, Ricardo José Medina Blanco, Iván Paulós y Ernesto Avelino Ramas Pereira. Figuran también en la lista José Felipe Sande Lima, Jorge Alberto Silveira Quesada, Ernesto Soca, Gilberto Valentín Vázquez Bisio, el exabogado Juan Carlos Blanco y Ricardo Eliseo Chávez Dominguín.
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Los EEUU, implicados

El abogado Arturo Salerni, otro de los promotores del proceso, recuerda que no resultó ajeno a la Operación Cóndor el Gobierno de Estados Unidos, muy preocupado en aquellos años por evitar a cualquier precio que el comunismo prendiera en “su patrio trasero” de América Latina. Salerni representa a la familia de Juan José Montiglio, un joven chileno de origen italiano que permaneció al lado de Salvador Allende hasta los últimos momentos. Consiguió salvar la vida cuando Augusto Pinochet tomó el Palacio de la Moneda, pero éste luego le identificó y ordenó su fusilamiento.

“Si somos optimistas, dentro de un año o dos podríamos tener ya las condenas en primer grado, siempre que el juez decida que se hace el proceso. Espero que no se demoren mucho más las cosas, pues la mayoría de los imputados pueden morir de viejos en los próximos años”, dice Salerni. En caso de que las condenas llegaran en firme, se abriría un desafío diplomático para Italia, pues debería pedir la extradición de los posible culpables a sus países de origen, ya que ninguno de ellos reside en territorio italiano.

“Ese es un problema a largo plazo. Habrá que ver cómo están los pactos de reciprocidad para las extradiciones en ese momento. En teoría sí que podrían venir a Italia para cumplir sus penas”, explica la abogada Monica Morisi, defensora de oficio de varios de los imputados chilenos. Sus representados, como ha ocurrido con el resto de imputados, no se han puesto en contacto con ella ni han dado señal alguna. “Hay uno de ellos que no sé ni siquiera si sigue vivo”, reconoce Morisi. Anxia Torti, otra de las abogadas defensoras, también asignada de oficio, dice que a pesar de que sus representados no se hayan puesto en contacto con ella, los letrados seguirán adelante con el proceso y les defenderán lo mejor posible.

OTRAMERICA.COM 

Tomado de Contrainjerencia

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