Varios medios de
prensa y agencias han puesto sobre el tapete una horrenda verdad en su momento.
Los atentados terroristas en París y Bruselas podrían haberse evitado. En ambos
casos los servicios de contraterrorismo tuvieron información creíble sobre
estas amenazas y dichas informaciones fueron descartadas e ignoradas. Por
tanto, las brechas y fallas de seguridad han sido aprovechadas con total
impunidad por los terroristas del ISIS, lo que da pie a conjeturas sobre
posibles conspiraciones u operaciones de falsa bandera.
Resulta ilógico que
la absurda y negligente actuación de los órganos policiales, inteligencia y
contraterrorismo en Europa, así como el menosprecio a cualquier alerta o
indicio sobre amenazas no hayan sido debidamente analizadas. Este
incumplimiento del deber se convierte en aliado del criminal y lo alienta.
Lo peligroso de todo
este escenario es que es sabido por las fuerzas de inteligencia y contraterrorismo
que hoy en día se están moviendo en toda Europa centenares de terroristas,
agrupados en células activas –en algunos casos y en otros conformados por
células durmientes– y todavía se dan el lujo de desechar cualquier información
sobre potenciales amenazas. El resultado de esta incoherencia es conocido por
todos: centenares de víctimas, miedo e intranquilidad ciudadana, así como una
sensación de peligro que afecta a millones de europeos.