
Si el cargo de
Presidente de Estados Unidos es considerado hoy el trabajo más estresante del
mundo, hace 150 años quizás era el más letal.
Es lo que sostienen
algunos estudiosos de la historia presidencial estadounidense, sobre todo los
más aficionados a las teorías de las conspiraciones, al revisar la vida y sobre
todo las muertes prematuras, inesperadas, de tres de las cuatro personas que
ejercieron la presidencia de este país entre 1840 y 1850.
Según registros
detallados de la historiografía presidencial estadounidense, a William Henry
Harrison, James K. Polk y Zachary Taylor los une el hecho de haber sido electos
a la primera magistratura a partir de 1840 y de haber muerto de causas
similares –o relacionadas– cuando menos se esperaba.
¿Los mató la Casa Blanca,
como muchos llegaron a sostener? ¿Fue obra de una maldición? ¿O más bien de
magnicidas o rivales políticos? ¿Quizás de una bacteria? ¿Qué misterio se
oculta en estas muertes insospechadas?