Un maestro se llevó a su hija enferma de la capital liberiana a una
pequeña localidad de 300 personas. Pronto murió, junto con toda su
familia, y ahora están todos enterrados en el bosque cercano junto a
cada vez más vecinos.
La comunidad de Jene-Wonde, en el condado de Gran Monte del Cabo,
cerca de la frontera con Sierra Leona, se ha convertido en un nuevo
epicentro del mortal brote de ébola en Liberia, que también golpea a
Sierra Leona y Guinea.
Momo Sheriff, que perdió a su hijo por la enfermedad, dijo que no hay
atención sanitaria en la comunidad y los responsables no tienen forma
de gestionarla. Desde finales de septiembre, la diminuta aldea perdió al
10% de su población por el ébola. Entre todas las muertes, los mercados
y granjas cercanos quedaron abandonados.