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lunes, 16 de septiembre de 2013

El secreto de los gases israelíes


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El doctor Wounter Basson durante su segundo juicio, en 2011. El Dr. Basson dirigió el programa secreto de investigación para la producción de armas químicas y bacteriológicas que Israel y Sudáfrica desarrollaron conjuntamente en tiempos del otro apartheid, de 1985 a 1994.

Los medios occidentales parecen extremadamente sorprendidos por el inesperado cambio de actitud de Estados Unidos ante Siria. Los mismos medios que hace dos semanas anunciaban en coro una campaña de bombardeos y la inevitable caída del «régimen», se han quedado mudos ante el retroceso de Barack Obama. Retroceso que era sin embargo muy probable, como yo mismo adelanté desde esta columna, en la medida en que la implicación de Washington en Siria carece de objetivo estratégico importante. Su política actual responde sobre todo al deseo de mantener su estatus de única hiperpotencia.

Cuando propuso la adhesión de Siria a la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas, retomando así al vuelo lo que había empezado siendo no más que una respuesta rápida a una pregunta de último momento, Moscú complació la exigencia retórica de Washington ahorrándole a la vez la complicación de tener que embarcarse en una guerra en este duro momento de crisis económica. De esa manera, Estados Unidos conserva en teoría su estatus, aunque todo el mundo se da cuenta de que ahora es Rusia quien lleva la voz cantante.

Las armas químicas tienen dos usos posibles: se les da un uso militar o se usan para exterminar a la población. Fueron utilizadas en las guerras de trincheras, desde la Primera Guerra Mundial hasta la agresión iraquí contra Irán, pero de nada sirven en las guerras modernas, con frentes en perpetuo movimiento. Fue por lo tanto con alivio que 189 Estados firmaron, en 1993, la Convención que prohibía ese tipo de armas, ya que ese documento les daba la posibilidad de deshacerse de las cantidades ya almacenadas de un armamento muy peligroso y a la vez inútil, cuyo cuidado se había hecho oneroso.

Su segundo uso es el exterminio de la población civil como paso anterior a la colonización del territorio donde vive esa población. En 1935-1936, la Italia fascista conquistó gran parte de Eritrea mediante la eliminación de su población con gas pimienta. Fue con ese mismo objetivo colonial que Israel financió –de 1985 a 1994– las investigaciones del doctor Wouter Basson en el laboratorio de Roodeplaat, en Sudáfrica. El régimen sudafricano del apartheid, aliado de Tel Aviv, trabajaba allí en la creación de sustancias químicas y fundamentalmente biológicas, que debían matar a la gente únicamente en función de sus «características raciales» (sic), ya fuesen palestinos, árabes en general o personas de piel negra. La Comisión Verdad y Reconciliación creada posteriormente en Sudáfrica nunca logró determinar los resultados que llegó a obtener aquel programa, ni adónde fueron a parar. Pero sí demostró la implicación de Estados Unidos y Suiza en aquel proyecto secreto de gran envergadura. Y también se demostró que varios miles de personas murieron al ser utilizadas como conejillos de Indias en las investigaciones del Dr. Basson.
Lo anterior explica por qué ni Siria ni Egipto firmaron la Convención en 1993. Y también explica por qué la posibilidad que Moscú acaba de ofrecer a Damasco de incorporarse a ella constituye una magnífica oportunidad, que no sólo pone fin a la crisis con Estados Unidos y Francia sino que además permite deshacerse de un arsenal inútil y cada vez más difícil de defender. Para precisar las cosas, el presidente Assad especificó que si Siria acepta esa opción no es cediendo a la presión de Estados Unidos sino a pedido de Rusia, lo cual es una manera elegante de subrayar la responsabilidad que Moscú asume en cuanto a la futura protección del país árabe ante un eventual ataque químico israelí.

En efecto, la colonia judía de Palestina sigue –por su parte– sin ratificar la Convención que prohíbe las armas químicas, situación que puede convertirse rápidamente en un problema político para Tel Aviv. Es por eso que el secretario de Estado John Kerry viaja este domingo a Israel, donde discutirá el tema con Benjamin Netanyahu. Si el primer ministro del último Estado colonial es hábil, debería aprovechar de inmediato esta ocasión para anunciar que su país está dispuesto a reconsiderar el asunto. A no ser, claro está, que el Dr. Basson haya logrado producir algún tipo de gas étnicamente selectivo y que los halcones israelíes sigan acariciando la posibilidad de utilizarlo.

Thierry Meyssan
Fuente Al-Watan (Siria)

Tomado de Contrainjerencia

sábado, 7 de septiembre de 2013

América Latina se divide entre apoyo a EE.UU. y llamado humanitario en Siria

 

La posible intervención militar de Estados Unidos  en Siria ha desencadenado una nueva división en las tendencias políticas de América Latina, esta vez entre apoyar u oponerse al país norteamericano en su "respuesta" al Gobierno sirio, si bien prima un llamado a encontrar una salida no bélica al conflicto.

Las alianzas económicas y la cooperación militar que por años ha mantenido Estados Unidos en la región han generado una correspondencia política e ideológica en algunos países de la región, especialmente en Colombia, Panamá, México y Chile.

Estos países, que abiertamente han respaldado a las Administraciones estadounidenses en otras iniciativas, han permanecido al margen en esta ocasión por las consecuencias humanitarias que acarrearía una intervención, aunque su apoyo podría presentarse con soporte militar una vez inicie una ofensiva.

Algunos de ellos han abogado por el uso de las vías diplomáticas y apoyaron, principalmente Colombia y México, la gestión del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, "para promover el diálogo que ponga fin a las atrocidades vividas por la población siria como producto del enfrentamiento armado".

"México hace votos para que se respete el marco que nos hemos dado", que "es claro" y que "solamente permite como excepción a la regla que impide el uso de la fuerza, por un lado el derecho a la legítima defensa, y por otro, las operaciones que estén sancionadas por el Consejo", dijo el canciller mexicano, José Antonio Meade, al término de la cumbre del Grupo de los Veinte (G20), celebrada en San Petersburgo.

Sin embargo, la creciente tendencia de izquierdas al sur del continente ha desencadenado una oposición clara a las políticas del Gobierno de Barack Obama con referencia al "uso de la fuerza" como mecanismo de resolución de conflictos, además de un llamado humanitario para evitar una intervención militar extranjera.

El primero en oponerse fue el presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien con una carta dirigida a su homólogo estadounidense y su unión al ayuno convocado por el papa Francisco instó a Obama y al presidente de Francia, Franois Hollande, a "detener un ataque militar" bajo el argumento de que "ninguna guerra es justificable".

"No queremos una tercera guerra mundial, por nuestros hijos, nuestras hijas, pero no vayan a creer que porque los misiles van a caer en Siria (...) no va a influir en la vida del resto del planeta. ¡Claro que va a influir!", subrayó hoy el mandatario.

El Gobierno venezolano hizo además la convocatoria en la que los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que celebraron durante la semana anterior una reunión en Surinam, se opusieron conjuntamente al plan militar y pidieron esperar el dictamen de ONU sobre el uso de armas químicas.

Perú, por su parte, invocó "a todos los actores involucrados" en la crisis "a hacer uso eficaz de los mecanismos de seguridad colectiva previstos en la Carta de Naciones Unidas" y recordó que "los Estados tienen la obligación de abstenerse de recurrir a la amenaza o el uso de la fuerza".

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, siguió en esta línea al asegurar el jueves durante la reunión de G20 que la amenaza de EE.UU. de lanzar un ataque contra Siria muestra que el "multilateralismo" es, en realidad, "una ficción", y pidió que la ONU se pronuncie sobre esta crisis.

En la misma jornada, los viceministros de Relaciones Exteriores de Ecuador, Mario Albuja, y de Sudáfrica, Marius Fransman, que se reunieron en Quito, rechazaron una posible intervención militar foránea en Siria y formularon un llamamiento al diálogo interno entre todas las partes involucradas en el conflicto.

Como Argentina, otros países latinoamericanos exigieron una "posición clara y estratégica" de las Naciones Unidas para evitar la muerte de más ciudadanos sirios, que según los registros no oficiales superan los 100.000 en más de 29 meses de confrontaciones.

Costa Rica hizo este viernes un llamado al Consejo de Seguridad de la ONU para que "remita el caso a la Corte Penal Internacional" e instó a sus cinco miembros permanentes para que "no ejerzan" su poder del veto "para bloquear decisiones destinadas a prevenir genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad".

El izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), partido gobernante en El Salvador, advirtió que las acciones militares tendrían "gravísimas consecuencias" en Oriente Medio y exhortaron "a promover la búsqueda de soluciones pacíficas bajo los principios del Derecho Internacional".

Los quince miembros de la Comunidad del Caribe (Caricom) condenaron también este viernes el uso de armas químicas en Siria, además de pedir a la comunidad internacional que no recurra a la fuerza militar para solucionar las confrontaciones que tienen lugar en el país árabe.

"Parece que Estados Unidos no aprende de los errores del pasado: la invasión unilateral a Irak que llevó a cabo el Gobierno del presidente George W. Bush fue un enorme error y fue repudiada por la inmensa mayoría de los Gobiernos del mundo", opinó el expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz 1987, óscar Arias.

El Gobierno de Estados Unidos, por su parte, continúa a la espera de la aprobación de la plenaria Senado para iniciar lo que ha denominado una "intervención temporal" y "focalizada", que define además la credibilidad de Obama, luego de condenar "el asesinato" con armas químicas de más de 1.000 menores en Damasco.

Tomado de  http://www.eluniverso.com

viernes, 6 de septiembre de 2013

‘Hacker’ publica los correos “sirios” de un coronel de EEUU


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En medio de los preparativos de EE.UU. para un ataque contra Siria un ‘hacker’ norteamericano afirma haber accedido a los correos de un coronel del Ejército de EE.UU. que indican que el supuesto ataque químico cerca de Damasco fue obra del Pentágono.

EE.UU. planea llevar a cabo una acción militar contra Siria basándose en los alegatos de las fuerzas opositoras a Al Assad, que denunciaron que el Gobierno sirio mató a centenares de personas el pasado 21 de agosto en un ataque con armas químicas cerca de Damasco.
 
Sin embargo, un pirata informático declaró, a través del portal pastebin.com, que logró acceder a la correspondencia de un coronel de la Inteligencia de EE.UU. que demuestra que el ataque químico fue un montaje organizado por el propio Pentágono.

Se trata de los correos de Anthony Jamie MacDonald, director general de Personal de la oficina de Operaciones y Planes del Jefe Adjunto del Estado Mayor de Inteligencia del Ejército.

En un correo enviado el 22 de agosto, un colega del coronel, Eugene Furst, le felicita por haber realizado una operación “exitosa” y adjunta el enlace al artículo de ‘The Washington Post’ sobre el supuesto ataque químico en Siria del 21 de agosto.


Furst también menciona que fue “bien organizado”, informa el ‘hacker’, agregando: “Mis ojos se negaron a creerlo. Malditos desgraciados, ellos organizaron un ataque químico”.

El pirata informático menciona, además, la correspondencia entre la esposa de MacDonald, Jennifer, con una amiga suya que confiesa que “no puede dejar de pensar” en los niños que fallecieron en “ese terrible ataque con gas” en Siria.

 
RT
“Yo también me asusté. Pero Tony me consoló. Dijo que los niños no resultaron heridos, fue hecho para cámaras. Así que no te preocupes, querida mía”, contesta Jennifer.


Estas revelaciones se unen a otros informes sobre el supuesto ataque químico que Washington atribuye a las fuerzas de Bashar al Assad, algo que el Gobierno sirio niega rotundamente. Hay que destacar que incluso las informaciones que vienen de EE.UU. y sus aliados a veces son bastante contradictorias. Así, un informe de los servicios secretos franceses dice que el ataque dejó “al menos” 281 muertes, una cifra que está muy lejos de las “más de 1.400 víctimas mortales” de las que habla EE.UU.

RT

Contrainjerencia

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