La política de EE.UU. en Siria está motivada, según
el politólogo Thierry Meyssan, por el deseo de desviar la atención
mediática a los problemas en ese país para alcanzar discretamente uno de
sus principales objetivos: solucionar el asunto palestino.
Numerosos analistas se preguntan por qué EE.UU. retrasó constantemente
la implementación del comunicado sobre Siria acordado con Rusia en
Ginebra en junio de 2012 y por qué, pese a los acuerdos, el reciente
discurso de Kerry en la ciudad suiza de Montreux establece que el único
propósito de Washington es un cambio de régimen en Damasco.
James Clapper, director de inteligencia nacional de EE.UU.,
durante su discurso anual ante el Comité de Inteligencia del Senado
el pasado 29 de enero de 2014 informó sobre las amenazas que afronta hoy
en día el país norteamericano. Habló también sobre Siria y afirmó que
el 80% de los insurgentes son opositores "moderados" que pueden recibir
la ayuda financiera de Washington a favor de la cual el Senado en su
momento votó en secreto. Clapper también señaló que Siria se ha
convertido en un imán para los terroristas de todo el mundo, y la mayor
sorpresa fue la afirmación de que en Siria pueden estar preparándose
ataques terroristas contra EE.UU.
El 4 de febrero, el
periódico 'The Washington Post' publicó un editorial que insta a las
autoridades a revisar la política exterior de EE.UU. debido a su fracaso
en Siria. La conclusión del diario fue la siguiente: "Con o sin la ONU,
pero ha llegado el momento de que el Gobierno de Obama determine si Al
Qaeda realmente amenaza a EE.UU. y si las fuerzas gubernamentales en
realidad hicieron aquello de lo que les acusa Washington".
Meyssan afirma, citado por el portal ruso Odnako,
que la Casa Blanca ya no está tan interesada en el petróleo ni en
Siria, sino en Israel. Según sus palabras, "Barack Obama está dispuesto a
renunciar a una parte de influencia en Oriente Medio a cambio de
obtener garantías de Rusia de proteger el Estado judío". Cuando la
situación en Siria se estabilice, en Moscú se celebrará una conferencia
internacional dedicada al tema de la paz entre Israel y sus vecinos.
"EE.UU.
está convencido de que no puede haber tratados de paz separados con
Israel y Siria, ya que los sirios quieren la solución a la cuestión
palestina principalmente desde el punto de vista del arabismo", indica
el experto y agrega que "llevar a cabo negociaciones de paz por separado
con los palestinos no tiene sentido, porque los palestinos están
demasiado fragmentados y sólo Siria es capaz de asumir el papel de
alguien que les haga considerar las decisiones adoptadas por la
mayoría".
Por lo tanto, los acuerdos que se alcancen deben tener una escala global
como la Conferencia de Madrid de 1991. De acuerdo con esta lógica,
destaca Meyssan, es Siria la que debe convertirse en garante de la
implementación de los acuerdos de la parte jordano-palestina.
Por ello el politólogo opina que las inconsistencias y contradicciones en la posición de EE.UU. sobre el conflicto sirio,
así como los síntomas que auguran un cambio inminente de la política se
deben al hecho de que el tema de Palestina no es tan fácil de
promover a nivel global. Pero esa parece ser una cuestión clave para
EE.UU. En julio de 2013, John Kerry solicitó a los dos partidos
dominantes del país (republicanos y demócratas) que aportaran soluciones
a este problema para finales del mes de abril de 2014. Esta
petición ha llevado a todos a un callejón sin salida: ¿cómo se puede
poner un punto y final a este asunto, al que desde hace 65 años nadie
fue capaz de dar una respuesta definitiva?
Esto es posible sólo si la paz en Palestina está
directamente conectada con el asunto sirio, explica Meyssan. El
primer ministro jordano, Abdullah Ensour, informó la semana pasada de
que Jordania puede aceptar a los palestinos de Cisjordania y Gaza, pero
no a cualquier precio. El rey Abdullah II proporcionará la ciudadanía
jordana a tres millones de palestinos que ya viven en el país, y a
cuatro millones que residen en otros territorios.
En este caso,
se recuperará el equilibrio que existía antes de la Guerra de los Seis
Días en 1967, cuando Jordania y no la Organización para la Liberación de
Palestina, representaba los intereses de los palestinos y mantenían el
control de Cisjordania y Jerusalén Este. Pero a cambio el rey quiere
obtener asistencia internacional que pueda garantizar el bienestar de
esos siete millones de nuevos ciudadanos. Abdullah Ensour evalúa esta
ayuda en entre 16.000 y 20.000 millones de dólares.
Se sabe que los negociadores rechazaron la idea de reconocer a
Israel como Estado judío y a Palestina como el Estado musulmán.
Acordaron que en el caso del reconocimiento oficial de estos Estados,
los 1,6 millones de palestinos que viven en Israel, así como el medio
millón de judíos que viven en Palestina, puedan permanecer en su lugar, a
condición de que acepten o mantengan la nacionalidad de la zona
seleccionada. Abbas propuso que la seguridad de los ciudadanos en este
caso estuviera garantizada por una parte "neutral", como la OTAN.
Si se implementa el acuerdo, Washington dejará a Siria en paz, a
condición de que esta apoye y garantice la decisión aprobada. Pero de
momento la guerra continúa y el Congreso de EE.UU., en una reunión
secreta, garantizó a la oposición la entrega de ayuda financiera y de
armas hasta el 30 de septiembre de 2014, concluye el politólogo.
Rusia Today