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viernes, 14 de noviembre de 2014

Cómo Carter y Gabo trataron de acercar a Cuba y EEUU

Carter y Castro
En 2002, Jimmy Carter se convirtió en el primer expresidente de Estados Unidos y visitar a Cuba desde el inicio del embargo.
El antagonismo y la agresión, en el discurso y los hechos, han marcado la relación entre Cuba y Estados Unidos desde los primeros meses de la revolución de 1959.

Solo tres meses después del triunfo revolucionario, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower decretaba imposible lidiar con Fidel Castro en el poder.

Los lazos oficiales entre ambas naciones se quebraron completamente en octubre de 1960, cuando EE.UU. impuso el embargo económico contra Cuba.
Pero en la trastienda de ese "puente roto", como lo llamó Raúl Castro en 1977, existe una historia de comunicación llevada a cabo durante décadas por negociadores secretos a ambos lados del estrecho de la Florida.


"Puerta trasera"

En la lista de participantes en aquellos contactos, que incluye políticos, escritores y diplomáticos, hay nombres tan reconocidos como el del expresidente de EE.UU. Jimmy Carter y el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez.

Sus triunfos fueron parciales, de acuerdo a sus misiones, y el embargo de Estados Unidos a Cuba se extiende ya por 55 años.

miércoles, 2 de julio de 2014

La comodidad Orwelliana

 

El 1 de junio pasado, Julian Assange escribió una polémica editorial en el diario The New York Times titulada “The banality of ‘don’t be evil’”, un juego de palabras en referencia al eslogan corporativo que de manera informal ha utilizado Google desde el inicio de la década anterior. 

El fundador de WikiLeaks criticó la banalidad del lema –que se usó como recordatorio al interior de la empresa para no utilizar los datos de los usuarios con fines maliciosos, entre otras cosas– en el contexto del lanzamiento de “The new digital age” o “La nueva era digital”, un nuevo libro escrito por Eric Schmidt y Jared Cohen

Schmidt es el actual presidente ejecutivo de Google; Cohen es el fundador y director de Google Ideas, un think tank de la empresa que se dedica a diseñar soluciones tecnológicas a los “retos globales” de la actualidad.  

“El libro ‘La nueva era digital’ es un modelo sorprendentemente claro y provocativo para el imperialismo tecnocrático”, con esa contundencia inicia el texto de Assange. 

El también periodista australiano sostiene que los autores personifican “la unión cada vez más estrecha entre el Departamento de Estado estadounidense y Silicon Valley”, y que ni uno de ellos “tiene el lenguaje para ver, mucho menos para expresar, la titánica maldad centralizada que están construyendo”. 

Y es que basta con hurgar un poco en el pasado de Jared Cohen para hacer esa conexión: ha sido asesor de Condoleezza Rice y de Hillary Clinton, además de que tiene un pie bien puesto en el Council on Foreign Relations, un think tank que se especializa en política internacional. 

Por otro lado, Schmidt ha adoptado, en los últimos meses, una actitud más diplomática en sus apariciones públicas, convirtiéndose de facto en el campeón de la libertad de Internet en el mundo. El presidente ejecutivo de Google ha hecho viajes a Corea del Norte, China y otras regiones en donde esa libertad no está garantizada, para hablar de las bondades democráticas que este derecho traería.

En una primera lectura, se podría poner en duda el alcance –o las exageraciones– de las acusaciones de Assange, quizá uno de los tipos más aguafiestas del mundo (junto al economista Nouriel Roubini, conocido como “Dr. Doom”). 

“Google, que comenzó como una expresión de la cultura independiente de los graduados californianos —una cultura digna, humana y alegre—, se ha alineado a los elementos tradicionales de poder de Washington, desde el Departamento de Estado hasta la Agencia Nacional de Seguridad”, sentenció Assange en la columna.

¿Por qué esa manía de atacarlo todo cuando estamos disfrutando de las comodidades de comunicación y entretenimiento que nos brindan gadgets, apps y redes sociales?

El ‘Gran Hermano’, versión actual

No faltó quien se burlara de la columna de Assange, y no solo en los comentarios de la nota. El sitio Techcrunch, por ejemplo, le dedicó una nota sarcástica: “La siguiente es una historia ficticia basada en una columna real –pero más extraña que la ficción– de Julian Assange, en donde acusa a Google de conspirar con el Departamento de Estado para dominar al mundo”.

Tan solo unos cuantos días después, el periodista Glenn Greenwald y el equipo de The Guardian dieron a conocer la historia sobre Prism, el programa de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) estadounidense “que le permite a oficiales de la NSA recolectar material que incluye historial de búsquedas, el contenido de correos electrónicos, transferencias de archivos y chats en vivo”.

Cuando recién se dio a conocer la investigación, los documentos que obtuvo The Guardian de parte del soplón Edward Snowden –que en ese momento se mantenía como una fuente anónima– afirmaban que la NSA “ha obtenido acceso directo a los sistemas de Google, Facebook, Apple y otras compañías” en Estados Unidos. Aunque una a una estas empresas negaron tal acceso en diversos comunicados de prensa.

Sin embargo, al poco tiempo, se reveló el verdadero alcance mundial de las operaciones de la NSA. A pesar de que la agencia había negado reiteradamente en el pasado tener la capacidad para vigilar todas las comunicaciones (incluyendo llamadas telefónicas) que sucedían en territorio estadounidense, una herramienta llamada Boundless Informant presenta a detalle la cantidad de información que recolecta de redes informáticas y telefónicas de todo el mundo. 
Boundless Informant incluso despliega la información en un mapa mundial, coloreando a los países dependiendo el volumen de información recabada. También aparece México, aunque no figura entre los países de donde más se obtuvo información: Irán, Pakistán, Jordania, Egipto e India encabezan la lista hasta marzo de 2013. 

En total, más de 97 mil millones de “piezas de inteligencia” recabó la NSA de las redes informáticas de todo el mundo durante ese periodo. Por piezas de inteligencia no se tiene claro exactamente de qué se trata, pero podría ser desde una llamada telefónica, una búsqueda en Google, un mensaje privado en Facebook, un correo electrónico o hasta un mensaje de texto o chat en vivo, entre otras formas de comunicación. 

Generación WikiLeaks vs. status quo

En los últimos cinco o seis años, a partir del advenimiento del smartphone como el aparato rector de la vida digital, parece que los ciudadanos hemos renunciado sutilmente a ciertas libertades civiles (sobre todo de privacidad) a cambio de la comodidad que ofrecen servicios y productos de Internet.

Por más que Facebook es criticado por sus políticas de privacidad, muchos usuarios seguimos utilizándolo como una plataforma de comunicación. Igual pasa con Google, a pesar de que en el pasado fue severamente criticado por prácticas monopólicas o por utilizar los datos de sus usuarios para personalizar las búsquedas e incluso los anuncios, seguimos encantados con el rediseño de Gmail y no podemos dejar de “googlearlo” todo.

¿Cómo explicarnos, entonces, cuando damos click de forma automática en “Aceptar” a los “Términos y Condiciones de Privacidad” de cada servicio que descargamos sin siquiera leer lo que dicen?

Nos alarma cuando lo leemos en noticias, pero nos importa poco mientras “chateamos” por WhatsApp o compartimos nuestra vida en Facebook.

Soplones como Edward Snowden o plataformas como WikiLeaks siguen siendo el último bastión de inconformidad en un mundo en el que sus usuarios de Internet dan Share y Like sin preocupaciones... una comodidad digital del tipo Orwelliana. 

¿Qué es Boundless Informant?

Un programa secreto que despliega en un mapa interactivo la cantidad de “piezas de inteligencia” que la NSA recaba no solo en Estados Unidos, sino por todo el mundo. Según los documentos que filtró Snowden, durante marzo de 2013 se tenían 97 mil millones de estas “piezas”.

¿Qué es Prism?

De acuerdo a los documentos filtrados por el soplón Edward Snowden, es un programa de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) que intercepta los datos de los usuarios de diferentes compañías de Internet, incluyendo supuestamente Apple, Google y Facebook.



viernes, 7 de febrero de 2014

¿Cuál es la verdadera estrategia de EE.UU. en Oriente Medio?

¿Cuál es la verdadera estrategia de EE.UU. en Oriente Medio?

La política de EE.UU. en Siria está motivada, según el politólogo Thierry Meyssan, por el deseo de desviar la atención mediática a los problemas en ese país para alcanzar discretamente uno de sus principales objetivos: solucionar el asunto palestino.

Numerosos analistas se preguntan por qué EE.UU. retrasó constantemente la implementación del comunicado sobre Siria acordado con Rusia en Ginebra en junio de 2012 y por qué, pese a los acuerdos, el reciente discurso de Kerry en la ciudad suiza de Montreux establece que el único propósito de Washington es un cambio de régimen en Damasco.

James Clapper, director de inteligencia nacional de EE.UU., durante su discurso anual ante el Comité de Inteligencia del Senado el pasado 29 de enero de 2014 informó sobre las amenazas que afronta hoy en día el país norteamericano. Habló también sobre Siria y afirmó que el 80% de los insurgentes son opositores "moderados" que pueden recibir la ayuda financiera de Washington a favor de la cual el Senado en su momento votó en secreto. Clapper también señaló que Siria se ha convertido en un imán para los terroristas de todo el mundo, y la mayor sorpresa fue la afirmación de que en Siria pueden estar preparándose ataques terroristas contra EE.UU.

El 4 de febrero, el periódico 'The Washington Post' publicó un editorial que insta a las autoridades a revisar la política exterior de EE.UU. debido a su fracaso en Siria. La conclusión del diario fue la siguiente: "Con o sin la ONU, pero ha llegado el momento de que el Gobierno de Obama determine si Al Qaeda realmente amenaza a EE.UU. y si las fuerzas gubernamentales en realidad hicieron aquello de lo que les acusa Washington".

Meyssan afirma, citado por el portal ruso Odnako, que la Casa Blanca ya no está tan interesada en el petróleo ni en Siria, sino en Israel. Según sus palabras, "Barack Obama está dispuesto a renunciar a una parte de influencia en Oriente Medio a cambio de obtener garantías de Rusia de proteger el Estado judío". Cuando la situación en Siria se estabilice, en Moscú se celebrará una conferencia internacional dedicada al tema de la paz entre Israel y sus vecinos.

"EE.UU. está convencido de que no puede haber tratados de paz separados con Israel y Siria, ya que los sirios quieren la solución a la cuestión palestina principalmente desde el punto de vista del arabismo", indica el experto y agrega que "llevar a cabo negociaciones de paz por separado con los palestinos no tiene sentido, porque los palestinos están demasiado fragmentados y sólo Siria es capaz de asumir el papel de alguien que les haga considerar las decisiones adoptadas por la mayoría".

Por lo tanto, los acuerdos que se alcancen deben tener una escala global como la Conferencia de Madrid de 1991. De acuerdo con esta lógica, destaca Meyssan, es Siria la que debe convertirse en garante de la implementación de los acuerdos de la parte jordano-palestina.

Por ello el politólogo opina que las inconsistencias y contradicciones en la posición de EE.UU. sobre el conflicto sirio, así como los síntomas que auguran un cambio inminente de la política se deben al hecho de que el tema de Palestina no es tan fácil de promover a nivel global. Pero esa parece ser una cuestión clave para EE.UU. En julio de 2013, John Kerry solicitó a los dos partidos dominantes del país (republicanos y demócratas) que aportaran soluciones a este problema para finales del mes de abril de 2014. Esta petición ha llevado a todos a un callejón sin salida: ¿cómo se puede poner un punto y final a este asunto, al que desde hace 65 años nadie fue capaz de dar una respuesta definitiva? 

Esto es posible sólo si la paz en Palestina está directamente conectada con el asunto sirio, explica Meyssan. El primer ministro jordano, Abdullah Ensour, informó la semana pasada de que Jordania puede aceptar a los palestinos de Cisjordania y Gaza, pero no a cualquier precio. El rey Abdullah II proporcionará la ciudadanía jordana a tres millones de palestinos que ya viven en el país, y a cuatro millones que residen en otros territorios.

En este caso, se recuperará el equilibrio que existía antes de la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando Jordania y no la Organización para la Liberación de Palestina, representaba los intereses de los palestinos y mantenían el control de Cisjordania y Jerusalén Este. Pero a cambio el rey quiere obtener asistencia internacional que pueda garantizar el bienestar de esos siete millones de nuevos ciudadanos. Abdullah Ensour evalúa esta ayuda en entre 16.000 y 20.000 millones de dólares.

Se sabe que los negociadores rechazaron la idea de reconocer a Israel como Estado judío y a Palestina como el Estado musulmán. Acordaron que en el caso del reconocimiento oficial de estos Estados, los 1,6 millones de palestinos que viven en Israel, así como el medio millón de judíos que viven en Palestina, puedan permanecer en su lugar, a condición de que acepten o mantengan la nacionalidad de la zona seleccionada. Abbas propuso que la seguridad de los ciudadanos en este caso estuviera garantizada por una parte "neutral", como la OTAN.

Si se implementa el acuerdo, Washington dejará a Siria en paz, a condición de que esta apoye y garantice la decisión aprobada. Pero de momento la guerra continúa y el Congreso de EE.UU., en una reunión secreta, garantizó a la oposición la entrega de ayuda financiera y de armas hasta el 30 de septiembre de 2014, concluye el politólogo

Rusia Today

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