Ana Belén Montes es una extraordinaria revolucionaria. Ha dado muestras
de la enorme estatura personal y política que tiene. Su actuar consecuente la
sitúa en un lugar especial de la historia. Cuando habla de “un país mundial”,
está trascendiendo las sociedades en las que se desarrolló.
Llegará el día que, en las calles de Washington, New York, Filadelfia, New Jersey, San Francisco y otras ciudades, su nombre se identificará con el de la mujer que se anticipó a mostrar que no es posible que un imperio dirija la humanidad.