Quien conoce las apetencias imperiales de Israel en
el Oriente Medio y su desempeño hegemónico, bendecido por los Estados Unidos,
no puede sorprenderse de la existencia de un poderoso andamiaje militar creado
por el estado hebreo, emergido sobre la base de la adquisición de cantidades de
armas sofisticadas, incluso casi 200 ojivas nucleares, así como el desarrollo
de un poderoso complejo militar industrial para autoabastecerse o involucrarse
en guerras cuyo beneficio está evidentemente claro para sus socios ideológicos
y políticos. Al referirse a Israel, uno recuerda, de inmediato, aquel refrán
anónimo que reza: “Los enemigos de la paz
viven de la guerra”. Y no se equivoca uno al verlo desde esta perspectiva.
El Ministerio de Defensa (Misrad HaBitakhon) se ha
convertido en el más poderoso instrumento del gobierno de Israel para perpetrar
su guerra permanente contra los pueblos árabes y para desarrollar sus políticas
agresivas en el exterior. Todo su accionar guerrerista y su guerra sucia se
sostiene en las Fuerzas de Defensa
Israelíes, ampliamente conocidas como Tzáhal (Tzavá Haganá LeIsrael), creadas
el 14 de mayo de 1948. La concepción militar del Tzáhal descansa en que las
propias limitaciones geográficas de Israel, caracterizadas por amplias
fronteras y escasa profundidad de territorio, le obligan a ser activamente
ofensivas y rápidas para realizar ataques quirúrgicos y devastadores contra sus
vecinos, empleando armamentos sofisticados y grupos de tropas élites de gran
movilidad. Dentro de este concepto, mantiene un limitado ejército permanente,
mientras que la gran mayoría de sus tropas están conformadas por cientos de
miles de reservistas, entrenados regularmente y con capacidad de ágil
incorporación a sus unidades respectivas. Este concepto lo emplearon durante
sus agresiones en la Guerra de los Seis Días (1967), la Guerra de Desgaste
(1969-1970), la Guerra de Yom Kipur (1973), la Primera Guerra del Líbano
(1982-1985) y la Segunda Guerra del Líbano (2006).