Obama ha tratado de
repetir los mismos shows en Vietnam que usó en La Habana durante su pasada
visita a la Isla. No cabe duda que todo responde al fin mediático de hacerse
gracioso, aceptable y campechano ante la opinión pública. Por otro lado, aparte
de intentar dejar un legado personal, trata de vender paralelamente la
ideología que sustenta y la clara intención de minar el statu quo imperante en ambas
naciones.
Esta vez no fue un
paladar habanero. Su actuar mediático lo desarrolló el restaurante Bun Cha
Huong Lien, en Hanói, donde degustó una sopa tradicional vietnamita conocida
como Bun-cha.
Por lo demás, además
del circo mediático para “encantar” a las gentes, usó la misma receta empleada
en La Habana: criticar el tema de los derechos humanos, hacer un llamado a
favor de su concepto de “democracia” y eludir la reparación histórica que
merecen estos dos pueblos por las agresiones realizadas por USA.
Si en La Habana jamás
pidió disculpas por las agresiones cometidas contra el pueblo cubano por parte
de la CIA y por grupos terroristas financiados por las administraciones
norteamericanas, tampoco se disculpó por la agresión a Vietnam y los crímenes
de guerra cometidos contra ese heroico pueblo.