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martes, 24 de mayo de 2016

Obama repite en Vietnam discurso hipócrita usado en Cuba



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Obama ha tratado de repetir los mismos shows en Vietnam que usó en La Habana durante su pasada visita a la Isla. No cabe duda que todo responde al fin mediático de hacerse gracioso, aceptable y campechano ante la opinión pública. Por otro lado, aparte de intentar dejar un legado personal, trata de vender paralelamente la ideología que sustenta y la clara intención de minar el statu quo imperante en ambas naciones.

Esta vez no fue un paladar habanero. Su actuar mediático lo desarrolló el restaurante Bun Cha Huong Lien, en Hanói, donde degustó una sopa tradicional vietnamita conocida como Bun-cha.

Por lo demás, además del circo mediático para “encantar” a las gentes, usó la misma receta empleada en La Habana: criticar el tema de los derechos humanos, hacer un llamado a favor de su concepto de “democracia” y eludir la reparación histórica que merecen estos dos pueblos por las agresiones realizadas por USA.

Si en La Habana jamás pidió disculpas por las agresiones cometidas contra el pueblo cubano por parte de la CIA y por grupos terroristas financiados por las administraciones norteamericanas, tampoco se disculpó por la agresión a Vietnam y los crímenes de guerra cometidos contra ese heroico pueblo.


sábado, 12 de marzo de 2016

La participación popular en elección de los políticos en Cuba y en USA



Un artículo de Arnold August y unos comentarios de Purificación González de la Blanca desmadejan el complejo tema de la democracia en los procesos eleccionarios en Cuba y EEUU. Sirvan los mismos para ganar una visión más precisa sobre cómo el tema de las elecciones en Cuba, particularmente, ha sido manipulado y distorsionado como parte de la guerra mediática anticubana.

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¿Tiene el pueblo Cubano “la libertad de escoger sus líderes políticos”?

En el contexto de relaciones Cuba-EE.UU., el 2 de marzo, 2016 en Ginebra, Antony J. Blinken (secretario de Estado adjunto del Departamento de Estado de los EE.UU.) emitió una Declaración Nacional en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En su declaración Blinken resalta entre otros puntos que Obama, durante su visita a Cuba en marzo, “...destacará que sería mejor para el pueblo cubano que existiera un ámbito donde la gente se sienta libre de escoger sus partidos políticos y sus líderes...”

lunes, 23 de marzo de 2015

El apresurado jolgorio del CID y las elecciones en Cuba



Yuniel Francisco López O’Farrill


La organización terrorista Cuba Independiente y Democrática ha levantado un inusitado jolgorio por la nominación de uno de sus mercenarios en Cuba, Yuniel Francisco López O’Farrill, delegado del Partido Cuba Independiente y Democrática (CID) en el municipio Arroyo Naranjo, como  candidato a la Asamblea Municipal del Poder Popular, en una reunión efectuada el pasado  martes 10 de marzo de 2015, en una de las asambleas de postulación de candidatos realizada en una  circunscripción perteneciente al  municipio de Arroyo Naranjo, Reparto Santa Amalia, en la Habana.

Cabe destacar que el susodicho Yuniel se encuentra entre los tres candidatos nominados.

No puede asombrarnos el hecho de que un contrarrevolucionario activo fuese nominado, ya que esto prueba el carácter legítimo y no excluyente de las elecciones democráticas en Cuba. Todo ciudadano cubano tiene el derecho constitucional para elegir y ser elegido a los órganos del Poder Popular.

Aunque todavía queda mucho trecho por caminar, pues las elecciones se realizarán el próximo 19 de abril, el CID ha comenzado un inusitado alboroto en relación con este hecho.


domingo, 23 de febrero de 2014

¿Está en riesgo la democracia en Venezuela?



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En meses recientes ha habido, en Venezuela, cuatro sufragios decisivos: dos votaciones presidenciales, elecciones a gobernadores y comicios municipales. Ganados todos por el bloque de la revolución bolivariana. Ningún resultado ha sido impugnado por las misiones internacionales de observación electoral. El sufragio más reciente tuvo lugar hace apenas dos meses... Y se concluyó por una neta victoria –11.5 por ciento de diferencia– de los chavistas. Desde que Hugo Chávez asumió la presidencia en 1999, todos los comicios muestran que, sociológicamente, el apoyo a la revolución bolivariana es mayoritario.
 
En América Latina, Chávez fue el primer líder progresista –desde Salvador Allende– que apostó por la vía democrática para llegar al poder. No se entiende lo que es el chavismo, si no se mide su carácter profundamente democrático.

La apuesta de Chávez ayer, y hoy de Nicolás Maduro, es el socialismo democrático. Una democracia no sólo electoral. También económica, social, cultural... En 15 años el chavismo le dio a millones de personas –que por ser pobres no tenían papeles de identidad– el estatuto de ciudadano y les permitió votar. Consagró más de 42 por ciento del presupuesto del Estado a las inversiones sociales. Sacó a 5 millones de personas de la pobreza. Redujo la mortalidad infantil. Erradicó el analfabetismo. Multiplicó por cinco el número de maestros en las escuelas públicas (de 65 mil a 350 mil). Creó 11 nuevas universidades. Concedió pensiones de jubilación a todos los trabajadores (incluso a los informales)... Eso explica el apoyo popular que siempre tuvo Chávez, y las recientes victorias electorales de Nicolás Maduro.

¿Por qué entonces las protestas? No olvidemos que la Venezuela chavista –por poseer las principales reservas de hidrocarburos del planeta– ha sido (y será) siempre objeto de tentativas de desestabilización y de campañas mediáticas sistemáticamente hostiles.

A pesar de haberse unido bajo el liderazgo de Henrique Capriles, la oposición perdió cuatro elecciones succesivas. Frente a ese fracaso, su fracción más derechista, ligada a Estados Unidos y liderada por el ex golpista Leopoldo López, apuesta ahora por un golpe de Estado lento. Y aplica las técnicas del manual de Gene Sharp.

En una primera fase: 1) crear descontento mediante el acaparamiento masivo de productos de primera necesidad; 2) hacer creer en la incompentencia del gobierno; 3) fomentar manifestaciones de descontento, e 4) intensificar el acoso mediático.

Desde el 12 de febrero, los extremistas pasaron a la segunda fase, propiamente insurreccional: 1) ulitizar el descontento de un grupo social (una minoría de estudiantes) para provocar protestas violentas, y arrestos; 2) montar manifestaciones de solidaridad con los detenidos; 3) introducir entre los manifestantes a pistoleros con la misión de provocar víctimas en ambos bandos (la experticia balística determinó que los disparos que mataron en Caracas, el 12 de febrero, al estudiante Bassil Alejandro Dacosta y al chavista Juan Montoya fueron hechos con una misma pistola, una Glock calibre 9 mm); 4) incrementar las protestas y su nivel de violencia; 5) redoblar la acometida mediática, con apoyo de las redes sociales, contra la represión del gobierno; 6) obtener que las grandes instituciones humanitarias condenen al gobierno por uso desmedido de la violencia; 7) conseguir que gobiernos amigos lancen advertencias a las autoridades locales...

En esa etapa estamos.

¿Está entonces en riesgo la democracia en Venezuela? Sí, amenazada, una vez más, por el golpismo de siempre.

 Ignacio Ramonet*

*Director de Le Monde diplomatique en español. Acaba de publicar Hugo Chávez. Mi primera vida
 
Tomado de  http://www.jornada.unam.mx



martes, 26 de noviembre de 2013

La democracia y Venezuela


 José Vicente Rangel

1
Seguro que los dirigentes de la oposición venezolana se sorprendieron con el contenido del Informe 2013 de Latinobarómetro (si es que lo leen), investigación de una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile. Por si hubiera dudas sobre la imparcialidad del documento (no faltarán descalificaciones y que se diga que es un producto de encargo del régimen chavista), conviene señalar que el estudio cuenta con apoyo de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF), los gobiernos de Noruega y de EEUU, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y Swedish International Develop-ment Agency (Sida). Lo importante del trabajo es su visión optimista. Su contenido es la respuesta al pesimismo crónico que afectó la región. Recoge cambios evidentes, desdeñados por quienes dominan los medios y manejan criterios con los que mantienen sumida en miseria a esta parte del mundo, enervando sus potencialidades. En la introducción se plantea: “En el año 2011 dijimos que la región estaba en una década de paradigma distinto. América Latina disminuyó su pobreza de 44% a 28%, aumentó su participación en el mundo de menos de 5% a 8%. Ha vivido una década sin parangón. 50 millones de latinoamericanos pasaron a ser parte de la clase media; eso es 8% de la población total de la región”. Además -agrega-, “los datos 2013 muestran una región próspera, cada día más educada y demandante, y a la vez una región con altos niveles de desigualdad”. Una primera conclusión es que los cambios se deben a la manera como la gente asume el hecho democrático, por lo que se evidencia que este se ha “vendido” bien a los ciudadanos, y se lo toman en serio.

2
¿Qué pasa en Venezuela de acuerdo al Informe 2013? Que el país está entre los que más aumentaron el apoyo a la democracia (16 puntos), y sube 10 puntos respecto al promedio 1995-2013. La información destaca el apoyo a la democracia a partir de Chávez. En 2000 estaba en 60% y en 2002 sube a 73%. El respaldo popular a la democracia crece en el primer gobierno de Chávez, y llega a 80% en su segundo gobierno. “La elección de Maduro en abril de 2013 -registra el informe- lleva ese porcentaje a un máximo histórico de 87%”. Lo que determina que con la sucesión “el chavismo se muestra muy vivo” (Vargas Llosa dice que en el país no hay democracia).

3
Se trata de un “fenómeno difícil de comprender”, y así lo consigna el informe, que atribuye lo que sucede a que, supuestamente, las instituciones en el país no garantizan los derechos democráticos a la oposición y otras consideraciones. Esta visión no la comparte la mayoría, consciente como está de la existencia de una campaña de descrédito, nacional e internacional, cuyo objetivo es acabar con el proceso bolivariano. Pero la conclusión es contundente: “Venezuela permanece en el ojo de la controversia como el país donde hay la mayor distancia entre lo que dicen sus ciudadanos y lo que dice la comunidad internacional de su democracia”. Es decir, que para los venezolanos hay democracia, y, por ello, es el país que aparece con mayor apoyo a este sistema. Al mismo tiempo, es el más cuestionado por la derecha. Para concluir, hallazgo del informe: “Lo que queda claro en Venezuela es que las actitudes autoritarias han disminuido en el tiempo, alcanzando hoy uno de sus puntos más bajos desde 1955 con 8% versus 21% de entonces. Estos resultados hablan de la sucesión de Chávez y la manera como el Gobierno confirma la existencia de un chavismo que sabe sobrevivir más allá de su líder. Otros datos confirman, por ejemplo; que “el chavismo se consolida con Maduro”. Con esta rotunda observación, que hasta hace poco suscitaba dudas, concluyo. No obstante, copio el siguiente párrafo del informe por su claridad conceptual: “Los venezolanos no están hablando de su calidad institucional y normativa, sino de la manera como la población se siente incluida en la ciudadanía política y social, que son bienes intangibles de gran poder en la región, que dibujan la visión de democracia de muchos pueblos. Chávez le dio al venezolano bienes políticos de los que carecía”. Es lo que algunos no entienden.

José Vicente Rangel

Aporrea

viernes, 22 de noviembre de 2013

España multa a manifestantes, ¿por qué no hacerlo en Cuba?

¡Sorprendente! La España gobernada por el PP trata de colocar un  anteproyecto de legislación denominado Ley de Seguridad Ciudadana, redactado por   el Ministerio del Interior español con la finalidad de poner coto a las continuas protestas de sus ciudadanos indignado por la crisis, la corrupción y otros males que padecen. Para ello, su objetivo es atacar los bolsillos casi vacíos de los manifestantes con elevadas multas de hasta  600.000 euros, en el caso de que participen  en manifestaciones no autorizadas, sobre todo en lugares públicos como instituciones del estado, aeropuertos, centrales nucleares y otros.

Igualmente, se castigará con  30.000 euros para los que insulten a un policía y hasta 600.000 euros por aquellas infracciones administrativas derivadas de concentraciones de protesta ante el Congreso de los Diputados, según anunció el periódico Kommersant.

Esta legislación, puesta en preparación desde hace casi una década, viola directamente los derechos democráticos refrendados por la Constitución española. Lo interesante del caso es que esta legislación antidemocrática y fascista es instrumentada por aquellos que instigan y financian a los miembros de la contrarrevolución interna en Cuba para que promuevan actos de desobediencia social y alteraciones del orden constitucional. ¿Paradoja, no?

Pero esto no solo ocurre en España, sino también en Estados Unidos, el Reino Unido e, incluso, en Rusia, donde las penas son igualmente intimidatorias.  En EE UU, por citar un ejemplo, según aparece en la tabla que presenta Ria Novosti, los manifestantes pueden recibir hasta 10 años de privación de libertad y multas hasta de 3 000 USD por manifestarse en lugares públicos.



De esta manera, las arcas de los estados ingresan cantidades por conceptos de multas, adicionales a lo que ingresan por concepto de impuestos, para  mantener llenas las arcas del gobierno. 

En Cuba se da el caso particular de que la mayoría de los gobiernos extranjeros que se involucran en la tenaz e inapropiada guerra ideológica anticubana, son represores injustos con sus propios ciudadanos. Todo ello me lleva a preguntarme si nuestro gobierno no es un poco suave con los grupúsculos mercenarios que montan sus shows mediáticos en calles, parques y otros lugares públicos, incluidas oficinas gubernamentales. ¿Qué moral tendrían España y EE UU para criticarnos, si aplicamos severas multas a los mercenarios provocadores?

La aplicación de multas a aquellos perturbadores del orden público haría que los señoritos de UNPACU, las Damas de Blanco y otros grupúsculos contrarrevolucionarios, se recogieran al buen vivir, so pena de perder el dinero USA que reciben como premio por su actividad provocadora.

Cuba, en cambio, gasta enormes cantidades de recursos para proteger a los provocadores del repudio popular, lo que se traduce en gasolina, horas hombres movilizados y otros gastos que nunca se recuperan. Creo que si a la contrarrevolución la mueve el afán de dinero, quitándole esa fuente de mal vivir les haría entrar en razón.

Como ven mis lectores, esta es una cuestión no solo de política, sino también de economía. De todas formas, descaradamente, nos endilgan los manipulados juicios de opinión para vendernos infundadamente como violadores de "la democracia" y de los "derechos humanos".  Y son los mismos, que en realidad lo hacen a diario.

Como dice el viejo refrán, "A quien quiera azul celeste, que le cueste."

No me imagino, pues, a mercenarios como Berta Soler, al Coco Fariñas, a Martha Beatriz Roque Cabello, a José Daniel Ferrer, etc., etc., ir por lana y salir trasquilados, con su respectiva multa al más rancio estilo de la democracia española. 

¿Lo entiendes, Papo?


Percy Francisco Alvarado Godoy


Basado en un artículo cuyo link es http://sp.ria.ru/revista_de_prensa/20131122/158611371.html

lunes, 7 de octubre de 2013

Fundación Konrad Adenauer difama a Cuba y Venezuela




La Fundación Konrad Adenauer acaba de realizar otro informe parcializado sobre el Índice de Desarrollo Democrático de América Latina, ignorando a Cuba pues, según ella, la situación es “tan deplorable” en materia de DDHH, que no valía la pena incluirla. ¿Será cierto esto o no tendrán realmente algo de qué acusarnos? ¿Habrán perdido confianza en los falsos informes de los mercenarios de la USAID, a los que ellos mismos también subvencionan?

Junto con la argentina POLITAT, éste es el XII informe, cargado de mentiras y manipulaciones. Me pregunto al conocer tal noticia, ¿en qué indicadores pueden basarse para llegar a tan dudosas conclusiones? ¿Qué entienden ellos por avances o retrocesos, si su concepto de democracia está parcializado? Como era de suponer, ninguno de los países del ALBA fueron contemplados entre los de mayor avance democrático, destacando a Uruguay, Costa Rica y Chile. Como era de suponer, la ignorada Cuba y Venezuela saldrían mal paradas en este informe berlinés con sabor a cerveza y embutidos, sobre todo para el detractor y manipulador subversivo  Olaf Jacob, quien a nombre de esta fundación contrarrevolucionaria habló como cotorrón para los micrófonos de Radio Martí.

-¿Es conmensurable la democracia?-, le preguntaron sus interlocutores, y el alemán sabe a ciencia cierta que no existe un modo para medirla, a no ser por medio de los resultados de participación inclusiva del pueblo en la gobernabilidad, así como en otros indicadores de desarrollo político, económico y social. Pero Jacob, por supuesto, no conoce un rábano de la constitucionalidad cubana, de la legislación existente y de los cambios que se van experimentando dentro de la sociedad cubana actual. Por ello, él y sus secuaces de la Fundación acudieron a un engendro denominado “Latinobarómetro”, empleado en Chile, país donde se reprimen estudiantes y los indios mapuches, así como la mayoría del pueblo es excluido de la posibilidad de acceder a la gobernabilidad.

Este engendro elaborado por oligarcas y sus profesionales corruptos, se basa en encuestas a la población, aunque ellos dicen haber recurrido a datos estadísticos. ¿De dónde los habrán sacado en el caso de Cuba y Venezuela –me pregunto-, a no ser de datos falsos inventados por sus mercenarios internos?

Jacob ataca a Venezuela pues la misma ocupa el último lugar del índice, en correspondencia con sus nada fiables informaciones. Su propio alineamiento político anti bolivariano le hace cuestionar la gobernabilidad actual, usando las mismas matrices de opinión que emplea la derecha desestabilizadora. Para él, simplemente, en Venezuela no hay democracia. ¿No habrá tenido conocimiento de las tantas elecciones y referendos promovidos por Chávez? Y, por supuesto, su alegato contra Maduro no pudo faltar. Así que, con descaro dijo: “En primer lugar consideramos que gran parte de la institucionalidad democrática venezolana  ha sido mutilada. En su lugar, en Venezuela se ha establecido el mesianismo político. El país es gobernado por una autoridad, que paulatinamente va desactivando todos los mecanismos de control democrático. Este proceso comenzó con el fallecido presidente, Hugo Chávez, y prosigue con el actual mandatario, Nicolás Maduro. En Venezuela todavía se celebran elecciones y por eso fue incluida en el índice. Pero el deterioro de las instituciones democráticas ha provocado una caída con respecto al resto de los países de la región y en cuanto al nivel que había en Venezuela hace diez años.”

Por supuesto, Nicaragua tampoco escapa a las difamaciones del tendencioso informe, en el que -como ya señalamos-, Cuba fue excluida por el siguiente argumento fabricado por Jacob: “Cuba no aparece en el índice por no cumplir con los requisitos elementales de cualquier país democrático. En Cuba no existen elecciones libres, los cubanos no pueden articularse libremente, entre otros aspectos. Por ese motivo la Isla quedó excluida del Índice de Desarrollo Democrático.”

La nada prestigiosa Fundación alemana, ligada a los partidos que desarrollan una desenfrenada guerra ideológica anticubana, hace otra vez el ridículo. Bien le vale el refrán: “Es difícil creer que existen mentiras verdaderas... porque la mentira es siempre mentira.”


Percy Francisco Alvarado Godoy

lunes, 28 de enero de 2013

Democracia sincera

Institucionalizar el proyecto revolucionario, para cimentar éticamente la República futura

La herencia de José Martí, caracterizada por su valor planetario, encarna honor y responsabilidad especiales para Cuba, beneficiaria directa de su sacrificio y su luz. Con la guía de su legado alcanzó el país la liberación nacional y desbrozó el camino para un afán justiciero del que sería infamante desertar.

La inquebrantable ética de Martí valida el arranque de sus Versos sencillos: “Yo soy un hombre sincero”. Su obra escrita y en actos, cuyo centro fue la política, fue expresión de honradez. Lo confirmó con el esmero táctico y estratégico que puso en el Partido Revolucionario Cubano, definido por Juan Marinello como “creación ejemplar de José Martí”.

Esa organización, que se proclamó constituida el 10 de abril de 1892, nació “de la obra de doce años callada e incesante”, según el propio Martí. Fue, por tanto, para decirlo apretadamente, fruto de una experiencia que aunó como lecciones o retos las heroicidades y vicisitudes de la Guerra de los Diez Años; la historia de los pueblos de nuestra América, lacerada por la herencia colonial y el caudillismo; la opresión impuesta a Cuba por España, y la voracidad de los Estados Unidos, potencia entonces naciente y presta a desplazar a la metrópoli europea en la dominación de Cuba. Martí quiso frenar el expansionismo estadounidense, y buscar el equilibrio del mundo, con la independencia de las Antillas y de nuestra América en general.

La república deseada por Martí para Cuba debía tener como “ley primera […] el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. De lo contrario, no merecería ni “una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”. Lo proclamó el 26 de noviembre de 1891, en el discurso Con todos, y para el bien de todos, umbral de los documentos rectores del Partido que se gestaba. En el Manifiesto de Montecristi plasmó la aspiración de que la guerra no fuese “la tentativa caprichosa de una independencia más temible que útil”. 

Fundar un pueblo nuevo

Martí sometió su creciente y bien ganada autoridad personal a una institucionalidad que impidiese el fomento del caudillismo, nocivo aunque lo animaran las mejores intenciones. De producirse, las deformaciones caudillescas harían que el Partido y su brújula dependieran de individualidades, tanto más influyentes cuanto mayores fueran su autoridad y sus méritos.

Escritas por él, quien propició que fueran aprobadas en el seno de una emigración patriótica mayoritariamente obrera, las Bases de la organización explicitan un propósito básico: “fundar […] un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”.

Deseaba el bien de todos, pero conocía las fuerzas que se autoexcluían de ese fin. En el artículo titulado Los pobres de la tierra, alusión a aquellos con quienes en Versos sencillos había dicho que quería echar su suerte -y la echaba-, habló de “la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que mañana querrán, astutos, sentarse sobre ellos”.

En los preparativos de la contienda resultaba prematuro —o ni tiempo habría para ello— anticiparse a teorizar sobre modos de gobierno para la paz. Pero reclama atención un apunte que diversos estudiosos —Cintio Vitier y Jorge Ibarra los primeros— han destacado por las iluminaciones que aporta —coherentes con el pensamiento general del autor—, pero no ha recibido toda la atención que merece. Tomado del volumen Fragmentos de las Obras completas martianas, y copiado, por apremio de espacio, sin los puntos y aparte que allí tiene, expresa:

“Ha de tenderse a una forma de gobierno en que estén representadas todas las diversidades de opinión del país en la misma relación en que están sus votos. Un consejo de gobierno, que elija, cada año, su presidente de su seno. El Congreso: electo cada cuatro años.– Que el pueblo elija los gobernadores; el Consejo de Gobierno corresponderá al número de votos.– De siete, por ejemplo, los siete que relativamente obtengan más votos. Que cada opinión esté representada en el gobierno. Que la minoría estará siempre en minoría: ¡como debe estar, puesto que es la minoría! Para [que] no se vea obligada a ser la oposición, como es ahora, ni influir en el gobierno como enemiga obligada, y por residencia, sino de cerca, con su opinión diaria, y por derecho reconocido. Garantía para todos. Poder para todos.– Sobre los puestos puramente políticos.– Inamovibles los empleos.–”

En particular, lo planteado sobre puestos políticos buscaba que estos no deviniesen privilegios en el vaivén del favoritismo.

Con el pueblo

El 24 de enero de 1880, en el discurso que puede tomarse como inicio público de la labor de doce años que dio origen al Partido, Martí afirmó: “El pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”; y en Nuestra América, a inicios de 1891, señaló que en esta parte del mundo se había incumplido un deber cardinal: el de hacer “con los oprimidos […] causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.

Su claridad sobre la relación entre tales intereses y hábitos de poder ilumina el alcance de aquel apunte, poco estudiado, que rompe los límites de la democracia semifeudal o burguesa que él conoció. La superó también el modo como concibió y estructuró el Partido, con elecciones anuales y la posibilidad de que los dirigentes —empezando por el Delegado, cargo para el cual fue electo él— fueran depuestos por los electores, ante quienes debían rendir periódicamente cuenta. Buscaba crear las raíces para un funcionamiento social que en el mundo sigue siendo un desiderátum incumplido, o burlado.

En campaña se dio a organizar una República en Armas que respetara los requerimientos de la lucha armada y, a la vez, asegurase la representación de la patria, para que esta no deviniese una mera “secretaría” del ejército llamado a liberarla. La clara perspectiva se aprecia en textos como el resumen de su Diario de campaña sobre la entrevista con los heroicos generales Máximo Gómez y Antonio Maceo en La Mejorana.

En su empeño organizativo y de pensamiento procuraba que, sin demoras -“son derrotas”-, se celebrase la que llamó “Asamblea de Delegados de todo el pueblo cubano visible, para elegir el gobierno adecuado a las condiciones nacientes y expansivas de la revolución”. En plena guerra la Asamblea debía hacerse con representaciones de “las masas cubanas alzadas”, para que no fuera una reunión de enviados de los jefes.

Sin moldes ni frenos

Se trataba de abonar la democracia necesaria en la paz, y también para ello urgía poner contención a los planes de los Estados Unidos. De diversas formas, hasta el final de su vida, Martí denunció los manejos de la potencia en ascenso: regida por los monopolios, había levantado en su territorio una tiranía industrial, y fomentaría a su alrededor gobiernos dóciles a sus intereses y, por tanto, opuestos a todo proyecto sinceramente democrático.

Se necesitaban prácticas democráticas nuevas, preparar creativamente al pueblo para que fuera capaz de librarse de quienes quisieran sentarse sobre él en una república a la que “nadie puede llevar moldes o frenos”. Pero Martí murió antes de celebrarse la Asamblea que él planeó, y sus previsiones sobre los peligros en acecho se confirmaron. Tal realidad frustró el proyecto democrático, de veras popular, amasado por él.

El valor de ese proyecto, como históricamente ha ocurrido con los grandes ideales liberadores en un mundo donde ha prevalecido la opresión, lo confirma lo que su frustración acarreó para nuestra América y aun para el mundo todo. Pero la actitud honrada está en no resignarse ante los designios impuestos por las fuerzas hegemónicas o dominantes, y enfrentar los obstáculos sin amedrentarse por las desventajas y la oscuridad en que la justicia pueda verse arrinconada en el planeta. El honor de los honrados vencidos será preferible a la ignominia de los vendidos exitosos.

Si Martí sometía su autoridad a una institucionalización que debía representar los intereses más abarcadores y dignos de la patria, no era para debilitar la causa por la cual dio la vida, sino para fortalecerla, y no ilusamente. Cuatro días antes de caer en combate escribió en su Diario: “Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento? Y debo desistir, en cuanto llegase la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo”.

En ese texto desistir significa acogerse a las decisiones de una Asamblea democrática que, entre sus prerrogativas, tendría decidir el futuro del Partido y trazar la Constitución para la República que debía asegurarle el camino a la soñada para la paz. Pero la Asamblea se hizo sin el fundador: ya no sería la misma que él planeó, ni lo serían las decisiones adoptadas en ella.

Muerto Martí, se violaron principios democráticos que él había procurado sembrar con el Partido Revolucionario Cubano. Sus Estatutos secretos
—redactados por él mismo— fijaron: “Caso de muerte o desaparición del Delegado, el Tesorero lo pondrá inmediatamente en conocimiento de los Cuerpos de Consejo, para proceder sin demora a nueva elección”.

Lo que perdura

Martí ­­no expresó sugerencia alguna —habría infringido aquella norma cardinal— sobre quién podría sustituirlo en un proceso que debía ser democrático desde la base. La designación de Tomás Estrada Palma para ocupar el cargo de Delegado después de la tragedia de Dos Ríos, no fue fruto de la voluntad del héroe. Pero, si fuera cierto —y ello requeriría un escrutinio inviable en los límites de este artículo, cuyo autor ha rozado el tema en otras páginas— que Martí confiaba en aquel expresidente de la República constituida en Guáimaro, la ignominia de la deslealtad recaería sobre el triste personaje, no sobre la memoria del fundador.

Su legado vive incólume y luminoso, por la coherencia de su pensamiento y sus actos, no afincada en espejismos, sino en un penetrante conocimiento de la realidad y en una proverbial capacidad creativa para encararla. El Partido Revolucionario Cubano, escudo ético, no sería de los que el 3 de abril de 1892, en vísperas de la proclamación de aquel, Martí sostuvo: “Los partidos suelen nacer, en momentos propicios, ya de una mesa de medias voluntades, aprovechada por un astuto aventurero, ya de un cónclave de intereses más arrastrados y regañones que espontáneos y unánimes, ya de un pecho encendido que inflama en pasión volátil a un gentío apagadizo, ya de la terca ambición de un hombre hecho a la lisonja y complicidad por donde se asegura el mando”.

En el corazón de Martí, y en el de sus más fieles seguidores, empezando por los humildes —pioneros en llamarlo Apóstol—, y sin excluir a nadie que honradamente lo apoyara, el Partido que él creó abrazaba aspiraciones limpias: “Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.

En ese texto Martí no deslindó si lo que el grupo quería era hipotéticamente bueno o malo: lo decisivo estribaba en que lo bueno, para merecer el triunfo, debía quererlo el pueblo. De ahí la necesidad de una prédica persuasiva, honrada y lúcida, basada en el ejemplo. El día antes de su muerte escribió la carta inconclusa considerada con razón su testamento político, y que también lo es en lo tocante a las ideas aquí abordadas.

A Manuel Mercado, fraterno confidente le dijo en esa carta: “entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen”.

Seguro de que Mercado lo conocía, añadió: “En mí, solo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución”. Convencido de que actuaba con la eticidad que dio consistencia a su práctica y a sus ideas en todos los terrenos, también le confió: “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad.–Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros”.

Queda en pie el ejemplo de quien defendió la utilidad de la virtud, no la virtud de la utilidad, y obró rectamente, sin resignación cobarde o pragmática ante las adversidades.

Por: LUIS TOLEDO SANDE* (cultura@bohemia.co.cu)
(21 de enero de 2013)

Tomado de  http://www.bohemia.cu

  • Coordinó el presente número acerca de José Martí, a quien ha dedicado la biografía Cesto de llamas y otros libros.  

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