Luego del ataque
terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono en 2001, la CIA se propuso
crear una oficina paralela a las unidades tradicionales que se dedicara a
seguir pistas que usualmente eran desechadas por la metodología convencional.
Intentar 'leer' las intenciones de los atacantes era elemental para saber qué
golpe podrían intentar dar en las semanas venideras. Casi 15 años después, la
Célula Roja de la CIA sigue en pie, tratando de descifrar la psicología de los
que amenazan la seguridad estadounidense e interpretando los hechos del mundo
desde una mirada diferente. Algunos de sus informes han sido determinantes en
la toma de decisiones.