Con sus
deudas de calidad, aún el béisbol corre por las venas de Cuba y será así
mientras un niño quiera empuñar un bate en lugar de patear un balón. Irse o
quedarse será siempre una decisión personal, aunque arrastre compromisos y
decepciones. Por suerte la Patria hace rato no cuelga de un bate de béisbol.
Desde que el pasado lunes Cuba despertó con el suceso, la fuga de los
hermanos Yulieski y Lourdes Yunielki Gourriel Castillo se convirtió en viral.
Explotó en redes sociales, foros mediáticos y red callejera.
No es gratuito el boom. Esta es quizás la “fuga” más sonada del deporte
cubano, no solo por la connotación del apellido. Con detractores y seguidores
casi a la par Yulieski era junto a Frederich Cepeda uno de los íconos activos
del béisbol nacional.
Hasta para quienes se jactan de haberlo husmeado en este o aquel gesto,
privilegio, un viaje aquí y otro allá o por su negativa de asistir al Cuba de
Toronto, el “abandono” de Yulieski, calza los spikes de la sorpresa.