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miércoles, 25 de febrero de 2015

Allí, junto a los Cinco, estaba yo y estaba el pueblo.

Allí estuve yo, en un privilegiado lugar lejos de las cámaras, acompañando a un valioso grupo de altos oficiales de nuestro heroico Ministerio del Interior, quienes conmocionados y sintiéndonos parte de ese reconocimiento a nuestro cinco hermanos, no hicimos otra cosa que sentirnos felices y honrados.

Quedará para la historia, como huella en cada uno de nuestros corazones, el gozo de verlos recibiendo el merecido homenaje a su resistencia, tenacidad y fortaleza de convicciones.

Como parte de esta experiencia, cada uno salió más comprometido en la defensa de la Patria, convencidos que estamos listos para los próximos combates.

Niños de La Colmenita saludan a Los Cinco. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Niños de La Colmenita saludan a Los Cinco. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

domingo, 10 de agosto de 2014

Una noche maravillosa con Fernando Gonzáles Llort.

Un esperado encuentro con Fernando Gonzáles Llort. La cercanía del héroe aumenta el compromiso por seguir luchando por nuestros hermanos aún presos injustamente. Salón de Protocolo de El Laguito. Fiesta Nacional del Ecuador.


Esa noche maravillosa, llena de estrecha hermandad entre latinoamericanos, sirvió no solo para recordar tan noble fecha, sino para aumentar el compromiso por denunciar la mano Negra de Chevrón, la solidaridad con el hermano pueblo palestino y por la liberación de nuestros tres hermanos aún prisioneros en cárceles del imperio.

Percy Francisco Alvarado Godoy. 

jueves, 19 de junio de 2014

Desnudando el corazón de los héroes



Sencillamente, Fernando

Teniéndolo al lado, todavía es posible que se nos resista el pedestal para hacerlo caminar por la senda del resto de los hombres, pero si le preguntas, Fernando González Llort te dice enseguida que es uno más y que sus valores son los de todo el pueblo. 

Escucharlo, no obstante, no deja de ser sobrecogedor. Es, a pesar de una timidez anunciada que por suerte no se concreta, un conversador excelente, capaz de hilvanar las ideas completas como paisajes, y su voz, siempre baja, totalmente amable, como él mismo, en todos los sentidos y formas de esa palabra, desde el pasivo adjetivo hasta la más improbable arquitectura del verbo…

¿Qué fue lo más difícil de estar en prisión?
 
La separación física del lugar donde uno nació y se crió, la lejanía de las personas que quieres, de la familia, y la añoranza, una añoranza por la casa, por la tierra, por las costumbres de tu país, que es lo que más se extraña. 

Yo, que nací y crecí en La Habana, y me acostumbré a la visión del mar todo el tiempo, me sorprendía extrañando el mar, esa sensación de sentirlo cerca. Uno extraña la vida privada, los detalles de esa vida, esas son las cosas que de vez en cuando me golpeaban duro. 

Claro que a veces bloqueaba esas cosas, no es que no pensara en la casa, en la familia, pero se crean mecanismos de defensa para que ese pensamiento no se convierta en un dolor que después es difícil de sacarte de encima. 

Todas las horas duran lo mismo, pero al margen de ese principio, algunas son más largas que otras. En esas circunstancias de encierro, ¿cuáles eran las más lentas?

No había una hora en específico, pero si había algún momento en el que uno se ponía especialmente bucólico, era el de los domingos por la tarde. Creo que, en general, es un momento en que las horas adquieren una lentitud que te pone a pensar, y a añorar cosas.

¿Qué enseñanzas le dejó la terrible escuela del presidio?

A nivel psicológico, a uno le queda la constancia de la capacidad del ser humano de sobreponerse a cualquier circunstancia, no importa lo dura y lo terrible que sea y, por tanto, el entendimiento de que no hay nada que una persona se proponga que sea imposible de lograr, si pone esfuerzo, sacrificio, tiempo en luchar por eso que quiere. 

Y eso, verte venciendo dificultades, te da una gran seguridad en ti mismo. 

Desde el punto de vista político-ideológico, puedo asegurar que yo me convertí en más revolucionario y fidelista, y en mejor cubano y hombre, después de pasar esa experiencia. Cuando me vi preso, me dije, estás aquí por una razón y tienes que aprovechar este tiempo en mejorarte. 

Por eso, me dediqué a estudiar, a hacer ejercicios físicos, a ocuparme de mí, porque era la manera de no dejarme vencer, era la manera de que no ganaran, de devolverle al menos una parte del golpe. 

¿Qué sentimientos le provocan el resto de los cubanos que decidieron pactar con el gobierno federal y abandonaron la causa revolucionaria?

En estos momentos, sinceramente, ya no me provocan sentimiento alguno: ellos sabrán qué hacer con sus conciencias, para mí es una cuestión muy personal que dejé atrás. Pero tengo que confesar que en aquellas circunstancias fue un golpe muy duro, no puedo hablar por el resto de mis hermanos, pero para mí esa ruptura fue lo más difícil de ese proceso. 

Con el tiempo, comprendí que cada cual tiene sus circunstancias y que, al final, era su decisión aunque me sorprendiera, porque los conocía a casi todos, aunque muchos de ellos no lo hicieran entre sí. 

¿En qué pensó, en quién pensó cuando tomó la decisión de seguir firme en la causa de Cuba, cuando optó por no traicionar?

Yo no tomé ninguna decisión porque, aunque tenía la opción de la traición, nunca sentí que tuviera otra alternativa que seguirle siendo fiel a mi causa. Para decidir, uno tiene que intelectualizar las alternativas y pensar en ellas. Yo no tenía nada que pensar. 

¿Cómo se siente tener tanto contacto físico, muestras de afecto, abrazos, besos…, después de 15 años de tener tan pocas oportunidades de cercanía con otro ser humano?

Es raro, en el mejor sentido. A la cárcel uno no va a hacer amigos, de modo que las relaciones, aunque haya cierta simpatía, son por lo general superficiales desde el punto de vista emotivo, y todo contacto físico está, por supuesto, descartado en esas circunstancias. 

De esas cosas, uno no se percata hasta que llega a Cuba, y es todo lo contrario. En los primeros momentos, terminaba agotado incluso de las reuniones familiares y no entendía por qué, hasta que me di cuenta de la carga emotiva de esos momentos, después de tanto tiempo sin tener algo así, de poder conversar de temas familiares, con gente que uno quiere, tener esa conexión emocional. 

Pero es gratificante tanto cariño. Y no me desagrada para nada que la gente me abrace, porque yo los abrazo también. 

El recuerdo tiene la manía de magnificar la belleza de las cosas que dejamos atrás, y añoramos. ¿Es más bello el recuerdo que lo que encontró a su regreso?

Es cierto que el recuerdo hace que imagines las cosas mejor de lo que eran, pero la Cuba que encontré es mucho más bella que la de mi recuerdo, no sé si por la emotividad del regreso a casa, por todas esas emociones juntas, pero así lo veo todavía. 

Realmente mucho ha cambiado desde la última vez que estuvo en Cuba…

Yo no creo que hayamos cambiado tanto, la vida es la misma y los cubanos también, lo que sí se ha diversificado la sociedad. Uno camina ahora mismo la Habana Vieja, que yo tanto caminé en otros tiempos, y ve una serie de expresiones comerciales que antes no existían, caminas Viñales, y es igual. 

La ciudad también ha cambiado, uno ve edificios nuevos y extraña otros que ya no están. Pero seguimos siendo los mismos, en la esencia. 

Ha sido impactante la respuesta de la juventud a su presencia, la conexión, el interés sobre todo al tenerlo cerca, al hacerlo palpable. ¿Cree que la Cuba de hoy, que estas nuevas generaciones puedan dar otros hombres como ustedes?

Absolutamente. Entre la población cubana existen millones de personas que hubieran podido hacer lo que nosotros hicimos. No somos la excepción, porque los valores que los Cinco defendimos durante todos estos años son los de todo un pueblo. 

De los jóvenes, siempre se han dicho cosas. De nosotros decían que éramos locos, irreverentes…, y siempre levantaremos opiniones, pero yo creo que esta juventud es una garantía, no importa que tengan códigos diferentes, un vocabulario propio de su edad. Por supuesto, hay que trabajar más con la juventud, ayudarlos, guiarlos desde el punto de vista político e ideológico. 

Después de tanto tiempo alejado, forzosamente, de su familia, ¿cómo lidia con la necesidad de sus seres queridos de tenerlo cerca y esta nueva ausencia, llamado por sus responsabilidades y su compromiso con la causa de sus hermanos que todavía están en prisión?

Lo hago tratando de dedicarles todo el tiempo que puedo. Ellos, por su parte, no me pelean porque me entienden como me han comprendido todos estos años en los que no sabían por dónde yo andaba ni qué hacía, más allá de la historia que les hice, de que estaba en algún tipo de intercambio comercial en el extranjero. 

Ellos asumen esta etapa con toda la seriedad y el compromiso de siempre. 

Su madre, hablando de familia, es un ser excepcional, por lo menos esa es la visión que nos queda a todos los que hemos asistido a su activismo por su regreso. Imagino que si la amaba antes, ese sentimiento se haya magnificado en este tiempo…

Mi mamá, Magalys Llort, es muy especial. A través de ella, recibí una serie de valores, el sentido de responsabilidad, deber, honor, fidelidad, lealtad, honradez…, que me hicieron el hombre que soy, aunque también los tuve de mi padre, pero ella influyó mucho en mi formación, en mi educación desde niño. 

A veces creo que sus características son las que busco y valoro como importantes a la hora de seleccionar personas a las cuales acercarme, incluso desde el punto de vista amoroso. 

Por supuesto, el nivel de respeto, de admiración y de amor por mi madre, se ha multiplicado por mil. 

¿Qué le dijo a su madre cuando pisó suelo cubano, cuando pudo por fin abrazarla en libertad?

A mi regreso, ese día que nos encontramos en el aeropuerto, todo fue tan emocionante, tan emotivo…, que no lo recuerdo. Sé que la besé, le dije algo y la abracé, porque eso es lo mío. 

¿Cuál fue su primera acción de total libertad, cuando pudo estar finalmente solo?

Sinceramente, la primera vez que pude estar en una habitación a solas, sentí una sensación de rareza muy grande, porque la primera realidad de una prisión es la pérdida absoluta de tu privacidad, y de pronto estar en un sitio en silencio, sin personas pasando constantemente por los pasillos, fue impactante. 

Para usted, ¿qué es la libertad?

Yo tuve un profesor de literatura en el Instituto de Relaciones Internacionales, de apellido Gálvez, que había luchado en los tiempos de la República Española y fue de los que llegaron exiliados a Cuba que un día, cuando le preguntamos qué era la libertad esperando una respuesta más filosófica, nosotros que veníamos del aula con todos aquellos conceptos de los más variados pensadores, nos respondió, sencillamente, que la libertad era poder hacer lo que te dé la gana. Y así lo pienso también. 

La libertad es tener la oportunidad de decidir, de tener opciones. Cuando vas al exterior, por ejemplo, se dice que en Cuba no hay libertad, cuando en realidad sí la tenemos, porque el cubano optó por tener este sistema social, y esa es la expresión máxima de su libertad. 

¿Cuál es su concepto del amor?

Es un sentimiento de vínculo intenso con una realidad que es externa, que puede ser una mujer, de naturaleza emotiva, o con la realidad de un país, de una Patria. 

En 15 años en prisión se perdió de hacer, de ver muchas cosas. ¿Qué es lo que más añora de todo eso a lo que no pudo asistir?

Tener hijos, y todo lo que eso implica. 

Por Lilibeth Alfonso Martínez
Foto: Lorenzo Crespo Silveira


Guantánamo (Redacción Digital Venceremos)

Tomado de  http://www.venceremos.co.cu

viernes, 14 de febrero de 2014

Fernando y yo




Pensé mucho el título de este artículo. Sé que es muy personal. Pero que nadie se llame a engaño: Nada más lejos de mi intención que compararme con Fernando González Llort; con ninguno de Los Cinco Héroes de la República de Cuba que por más de quince años han dado pruebas de patriotismo y valentía sin igual a todas las personas de buena fe en el mundo. Ellos han impresionado hasta a quienes no son buenos, siendo responsables de la injusta condena y la vengativa prisión que padecen. Habría que ser muy ególatra para buscar semejante comparación.

Igual creo que hay que contar ciertas cosas que vamos viviendo. Y siento que este es un momento adecuado para contar algunas que me han tocado vivir a mí. 

Dentro de dos semanas, dentro de 14 días, saldrá en libertad el luchador antiterrorista cubano Fernando González Llort. Elijo el estilo personal porque me permite exponer la calidad humana de Fernando. Los oyentes de este programa saben que el 21 de octubre del 2012 padecí un aneurisma muy grave. Estuve hospitalizado, en coma, unos diez u once días. Pero me fui restableciendo y luego de mejorar un poco regresé a La Habana; en primer lugar para ver a mi madre y recibir atenciones médicas para terminar mi proceso de recuperación. Yo soy uno de los tantos que en Estados Unidos no tiene seguro medico.

Un día, en el hospital donde estaba siendo atendido, me encuentro con Rosa Aurora, la esposa de Fernando, y le cuento lo que me había pasado. Fue una conversación sencilla, yo la conocía y estuvimos hablando. Ya yo estaba a punto de regresar. Cuando terminé el proceso de recuperación volví a Miami. Entonces yo no sé por qué vía, quizás porque Rosa se lo dijo,  es lo que queda en la memoria para siempre, la primera persona entre muchas que yo conozco en Miami, la primera llamada que yo recibo, es la de Fernando. Una llamada desde la cárcel, para saber cómo yo estaba, para decirme que me cuidara, para darme fortaleza después del proceso que yo había vivido. Es decir, desde su prisión, dejaba espacio para pensar en los demás. 

Esto sin lugar a dudas me conmovió mucho. Yo había tenido anteriormente conversaciones telefónicas con Fernando, y había estado presente en el proceso de resentencia que se llevó a cabo en Miami, donde se rebajaron algunas condenas. Por cierto, la condena de Fernando bajó bastante poco, si acaso unos meses.

Fueron resentenciados por orden de un tribunal superior, de la 11 Corte de Apelaciones de Atlanta;  no por regalía, ni compasión, ni afán de estricta justicia del gobierno norteamericano. Fue una orden de un tribunal a la jueza Joan Lenard. En esa resentencia, de la que aún hay mucho que escribir sobre las maniobras del gobierno, además de Fernando estaban los otros luchadores antiterroristas Antonio Guerrero y Ramón Labañino. Esa etapa duró en general unos dos meses, con duros momentos en la corte federal de Miami. A los presos les venden unos pequeños radiecitos para uso personal, y yo sabía que ellos escuchaban La Tare se Mueve; durante ese tiempo dirigí el programa a darles todo el apoyo.

Sobre este proceso de resentencia debo decir algo más. Un amigo común que pudo visitar a Fernando por esos días, me cuenta que al saber que Gerardo Hernández Nordelo no se iba a beneficiar de ese recurso, no quería que le bajaran la sentencia en solidaridad con su hermano de ideales. Una actitud similar a la de René González, que estaba dispuesto a no salir en libertad hasta que no salieran todos, y hubo que explicarle y convencerlo de la importancia de que saliera de prisión para luchar por los otros. Por eso, además de otras muchas cosas, es que son héroes, por eso es que el pueblo de Cuba y el mundo se solidariza con su causa. Una actitud que contrasta con la de sus enemigos, que se acusan mutuamente cuando están en aprietos para tratar de salvarse individualmente.

En una entrevista que le realicé a René  en julio del 2013 en La Habana, dijo claramente que a pesar de toda la felicidad que le daba el regreso a la patria, nada podía ser normal hasta que Los Cinco no estuvieran juntos en libertad. Dijo en aquella ocasión cuando le pregunté por la posibilidad de llevar una vida normal, pausada: “Pero creo que eso no va a pasar hasta tanto no esté aquí el grupo, o sea, esté Ramón, Fernando, Gerardo, Antonio.”  (http://latardesemueve.com/archives/1395

Entonces Fernando, después de haber cumplido la última hora, el último minuto, hasta el último segundo de su condena, dentro de 14 días, va a ser un hombre libre que no le debe absolutamente nada a la justicia norteamericana. Contrariamente, es esta la que le debe a él y los demás por tantos años de cárcel. Así que el 27 de febrero, repito, dentro de dos semanas, Fernando saldrá de la cárcel en Arizona, y será procesado por el servicio de inmigración. Estará sujeto a un proceso de deportación, sin necesidad de probatoria o condicional; como ciudadano cubano y no norteamericano. Lo que resta es que las autoridades norteamericanas procedan con rapidez para que Fernando sea libre en unas dos semanas después de la fecha señalada.

En la patria lo esperan su pueblo y su familia. Su esposa Rosa y su madre Magalys Llort. Una mujer excepcional, llena de vida y que transmite mucha fuerza. El gobierno cubano, sus vecinos y muchas personas en el mundo estarán al tanto de su vuelta.

Dicho esto quiero hacer una alerta. Liberado Fernando quedarían en prisión Antonio Guerrero, que está en la cárcel de Marianna en la Florida, y estaría saliendo de la prisión en septiembre del 2017. Antonio, por haber nacido en los Estados Unidos y ser ciudadano norteamericano debe pasar una probatoria de 5 años, mayor que la de René, así que veremos si le conceden el hecho de la renuncia a la ciudadanía y el regresar, ya que no le interesa tampoco quedarse en los Estados Unidos. Después vendría Ramón Labañino, en el año 2024 a finales de octubre; falta bastante para eso. Ramón tampoco tendría que pasar probatoria. Y luego queda Gerardo Hernández, que no tiene fecha de salida. Gerardo tiene dos cadenas perpetuas, más quince años. Hubo un cobarde ensañamiento con él.  

Todo esto se da en el marco de una gran lucha, de una intensa solidaridad internacional con Los Cinco; a pesar de que la prensa norteamericana de forma hipócrita no reportó sobre este juicio como debió hacerse. Lo reportaba en Miami la prensa local, vendida a los intereses más derechistas, con el objetivo de crear culpabilidad. Esa prensa llegó a perseguir a los miembros del jurado, como bien dijo la Jueza Joan Lenard. 

Es bochornoso que extremistas y terroristas de Miami le hayan dado una fiesta a Héctor Pesquera, mientras los terroristas del 9-11 se entrenaban en el sur de la Florida en esos mismos momentos para volar las torres de New York, ante las narices del FBI que precisamente Pesquera dirigía. Él prefería estar en la mediocre ocupación de hacer méritos con los congresistas y políticos miamenses; reuniéndose con Lincoln Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, creándole todo un caso parcializado a Los Cinco. 

Héctor Pesquera forma parte de toda esa farsa, de esa venganza que no buscaba más que castigar a los familiares, a Cuba, a Fidel, a la revolución. 

Esta situación en las relaciones de Cuba y Estados Unidos debe tener una solución política y humanitaria. Porque llegado el caso que haya que esperar, aún después de la salida de Ramón Labañino en el 2024, estaría coincidiendo en el tiempo con el cumplimiento de la sentencia de Alan Gross. Mantener las cosas así no es habitual en casos como estos en la tradición del gobierno norteamericano. Tampoco tiene que ver con la voluntad del gobierno cubano llegar a estos límites.

Pero conocemos la mala intención de políticos cubanoamericanos como Ileana Ros-Lehtinen y Bob Menéndez. Hay que estar alerta a sus argucias. Porque ellos saben que solo buscando una ventaja indebida pueden enfrentar a una dirección cubana con experiencia, a un pueblo dispuesto a apoyar a los suyos, a la solidaridad internacional y a un Partido Comunista organizado y con un claro programa

Los extremistas saben que se pueden estrellar contra una historia que recoge entre sus tantos capítulos el rescate a Sanguily por el Mayor Ignacio Agramonte en notable desventaja frente a las tropas enemigas; la búsqueda incansable de Máximo Gómez del cadáver de José Martí para que descansara en tierra libre; los esfuerzos supra humanos de Panchito Gómez Toro por rescatar el cuerpo del General Antonio Maceo junto al cual finalmente muere; la decisión de Fidel de detener el yate Granma hasta que se lograra salvar en medio de la noche y la tormenta a un expedicionario caído al agua; la doble ruptura que hizo el Comandante Che Guevara del cerco tendido por el ejército boliviano, cuando supo que uno de sus hombres se había  quedado rodeado por el enemigo. Los extremistas pueden intentar cobrarse mezquinamente en Gerardo todas las derrotas que han sufrido a lo largo de esta historia; no se les puede permitir que conspiren impunemente. Ellos no tienen otra forma de enfrentar la larga tradición revolucionaria cubana de que jamás se abandona a un compañero caído o encarcelado en medio de la lucha.

Edmundo García


@edmundogarcia65


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