El 18 de junio de 2004 escribí este artículo: "Mi hermano Antonio Guerrero", publicado en CubaDebate. No supuse entonces que, precisamente hoy, casi 11 años después, pudiera abrazarlo, ya en la Patria, en ocasión de encontrarnos en la sede de la UPEC, celebrando el Día de la Prensa Cubana.
La profunda emoción del momento me hizo recordar nuestra íntima relación postal, la que mantuvimos durante largo tiempo.
Ofrezco a mis lectores una muestra breve de "nuestros secretos" entre hermanos de trinchera.
Tuve también la oportunidad de encontrarme también con Gerardo y Ramón.
| Con Ramón, Olga y David Orrio |
Antonio Guerrero es así: cuando uno cree que la reclusión puede
enjaular ese optimismo que lo personaliza, llega de pronto con una carta
cargada de aliento para probarnos que la lontananza resulta un frágil
obstáculo para vencerlo. Uno entonces se enorgullece de merecer un breve
espacio de su tiempo y piensa en ese hombre capaz de derribar encierros
y vencer lejanías, de repartir esperanzas y dar aliento; y piensa
también, sin lugar a dudas, que lo siente cercano y solidario, tan útil
como una bitácora y hecho medida para juzgarnos en cada instante de
nuestras vidas.