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lunes, 1 de junio de 2015

Editorial: EU: violencia policial y racismo

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Una de las protestas contra la violencia policial en EEUU
 
Una investigación realizada y difundida ayer por The Washington Post revela que al menos 385 personas murieron baleadas por la policía en Estados Unidos en los pasados cinco meses, lo que coloca al número de ataques fatales de agentes en más del doble de los registrados por el gobierno federal en la reciente década. De acuerdo con Jim Bueermann, ex jefe y presidente de la Fundación de Policía de Washington, la mayor parte de estos casos no son reportados.
 

sábado, 10 de enero de 2015

The Washington Post y su aplauso a la mentira



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No podía esperarse otra cosa del The Washington Post al querer endulzar la imagen de las cuestionadas Radio/TV Martí, caracterizadas por ser un nido de falsarios y detractores de la realidad cubana, fabricantes de campañas desestabilizadoras y cuyas noticias surgen de dudosas fuentes, las que responden a la condición de mercenarios y al discurso anticubano sostenido por la derecha norteamericana.

Es por ello que el trabajo de opinión publicado ayer por este diario bajo la firma de A. Ross Johnson, ex director de Radio Europa Libre entre 1988 y 1991, y S. Enders Wimbush, director de la emisora Radio Liberty entre 1987 y 1993, no podía resultar otra cosa que un espaldarazo a sus socios de oficio provocador.

Los supuestos expertos –realmente vinculados a la CIA-, sobredimensionaron el rol de Radio/TV Martí en la implementación de la guerra ideológica contra Cuba, a sabiendas del poco impacto que estos entes han tenido dentro de la sociedad cubana.

En resumen, el Post trata de impostar las siguientes matrices de opinión:

Las transmisiones de Occidente fueron indispensables para divulgar información esencial para quienes luchaban por el cambio y para acelerar este proceso. Cuba se aproxima hoy a un momento similar y una vez más los Estados Unidos tienen un poderoso instrumento para ayudar a moldear el resultado.

La experiencia de los servicios noticiosos para Europa del Este sugiere que la función de Radio y TV Martí será cada vez más importante en el restablecimiento de las relaciones con Cuba y a medida que se afiancen los lazos culturales, académicos y económicos con los Estados Unidos.

Con los medios de comunicación en la isla todavía firmemente controlados por el Estado, los cubanos acudirán los Martís para obtener información sobre la sociedad civil, las protestas de derechos humanos, los blogs de la oposición local, las normas de viajes, los proyectos económicos, y las controversias dentro del propio régimen, en general, para todas las noticias nacionales, con un enfoque en las voces de Cuba sobre Cuba.

Esta alternativa de información tan abarcadora no podrá proveerla CNN ni ningún otro medio de información comercial. Tampoco debe verse - como algunos diplomáticos estadounidenses han valorado en ocasiones a Radio Europa Libre y Radio Libertad- como un impedimento para la mejoría de las relaciones entre los gobiernos.

El día en que Cuba alcance la libertad y la democracia como consiguieron los antiguos países comunistas de Europa del Este que ya cuentan con prensa libre, no será necesario Radio y TV Martí. Hasta entonces, la emisora puede desempeñar un papel clave en el fomento de la transición democrática pacífica en Cuba.

Los Martí tienen impacto en Cuba. Han recibido fuertes críticas por los esfuerzos infructuosos para transmitir su señal de televisión desde un avión que volaba más allá del espacio aéreo cubano. Ese avión dejó esa función en mayo de 2013.

La programación de los Martí contiene la clásica información que los medios de comunicación cubanos divulgarían si Cuba fuera libre. 

La decisión de Obama de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba, independientemente de que esto pueda traer más libertad o más represión para los cubanos, presupone un cambio de juego en el servicio estadounidense de transmisiones hacia Cuba, creado para un momento como éste. 

La Casa Blanca y el Congreso deben proporcionar los recursos necesarios para que los Martís lleven a los cubanos la información que los ayudará a conquistar la libertad.

Serias equivocaciones sufre The Washington Post y los autores de este artículo al querer igualar el rol de Radio Europa Libre y Radio Liberty con Radio/TV Martí.

Está demostrado que los índices de audiencia de las mismas son mínimos en Cuba y limitados al seguimiento, mediante servidores proxys para acceder al sitio digital Martinoticias.com, tan solo por un reducido número de contrarrevolucionarios, quienes han intentado limitadamente divulgar sus tendenciosos programas en distintas plataformas digitales.

Con independencia de que los medios de comunicación en Cuba aún adolecen de diversas fallas, tales como inmediatez en la noticia, hacer un mayor uso de un periodismo crítico, generar una programación más amena y otras limitaciones –muchas veces subjetivas-, a las que hay que erradicar, nunca Radio/TV Martí y su sitio digital serían opciones valederas para los cubanos. Ello obedece a que, si bien muchas veces se tocan temas que nos afectan y son sensibles en nuestra vida cotidiana, la manipulación de los mismos, la permanente mentira deliberada, el sobredimensionamiento del rol de la contrarrevolución interna, el cuestionamiento viciado del tema de los derechos humanos, así como la malsana intención de atentar contra nuestra constitucionalidad, le hacen ser poco identificativos con la manera de pensar de la gran mayoría de nuestro pueblo.

El llamado del Post para que el Congreso y la Casa Blanca ofrezcan más recursos a una entidad cuestionada por el desvío y mal uso de los fondos, pone en duda la efectividad futura de Radio/TV Martí.

Nunca Radio/TV Martí será realmente un efectivo vocero del sentimiento de libertad, soberanía y convicciones de nuestro pueblo. Es por ello que un restablecimiento de las relaciones entre ambas naciones descarta que la misma esté en la agenda de discusión por parte de Cuba.

The Washington Post ha olvidado un aspecto esencial. Cuba acepta establecer relaciones con Estados Unidos sobre la base del respeto mutuo, la aceptación de las partes de sus sistema político y mantener a toda costa el derecho soberano de cada cual a decidir su propio destino.

La soberanía cubana ha de ser respetada y, con ella, la soberanía de nuestro espacio radio eléctrico. Nunca aceptaremos, ni autorizaremos, que quien se nos acerca lo haga para subvertir nuestro orden constitucional.

Tampoco aceptaremos que nación alguna nos imponga el deber de escuchar a una emisora llena de desprestigio y falsedades, que desde 1984 no ha logrado otra cosa que ser ignorada por nosotros.


Percy Francisco Alvarado Godoy

martes, 21 de octubre de 2014

The Washington Post y la mentira mediática



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Contrariamente a la posición asumida por The New York Times el pasado 11 de octubre, en que colocó un editorial a favor de acabar el criminal bloqueo contra Cuba, despertando furiosas reacciones entre la ultraderecha norteamericana y los grupos mafiosos de Miami, sin entender que este diario, aun manteniendo el ataque mediático contra Cuba, empleando los mismos argumentos de esa propia ultraderecha radical, evalúa lo añejo y fuera de contexto de esa política, The Washington Post tomó las riendas de la infamia.

No podía esperarse la reacción de aquellos que se oponen al levantamiento del bloqueo contra Cuba y el The Washington Post apareció ayer con un editorial en que se posiciona contrariamente a lo dicho por The New York Times, titulado “Cuba should not be rewarded for denying freedom to its people”.

Mientras The New York Times representa una postura más atemperada con las nuevas realidades, presionando a Obama al levantamiento de esta política cavernícola –aun teniendo en cuenta la existencia de posturas ambiguas e intransigentes dentro de los grupos mafiosos dentro del Congreso y en Miami-, el editorial de The Washington Post refleja lo contrario.

Hay en el contenido del editorial del Post un posicionamiento ideológico que muestra la manipulación deliberada sobre el caso del lamentable deceso de Payá y Cepero, con las mismas gastadas injurias mantenidas por el verdadero imprudente culpable: Ángel Carromero, y que se ha reconvertido en campaña anticubana in crescendo. Parecen haberse olvidado de que la propia España le vio culpable en un indiscutible análisis de su participación en el accidente por imprudencia.

También cuestionan el alto sentido de solidaridad de Cuba hacia la hermana África, asolada por la epidemia de ébola, solicitando una colaboración desinteresada con EE UU, sin poner, a cambio, condición alguna.

La manipulación de estos temas de manera sospechosa por The Washington Post no refleja otra cosa que una salida absurda y engañosa ante el reclamo de normalizar las relaciones bilaterales entre ambas naciones, demanda sostenida por los pueblos de ambas naciones.

El intento manipulado de condicionar el levantamiento del bloqueo sobre la base de urdir una inventada “mea culpa” por parte de Cuba en relación con la muerte de Payá, es un absurdo total. Cuba siempre ha sabido reconocer sus errores y a tiempo los ha corregido, pero nunca admitirá un crimen no cometido por lograr favores a cambio.

El falsario Carromero es el único culpable en este penoso asunto y duele que Congresistas y funcionarios públicos norteamericanos le den un ápice de credibilidad a tal farsante personaje.

En nombre de nuestro pueblo, como parte de él, rechazo categóricamente las infamias, chantajes y falsas presunciones implícitas en este editorial.

La verdad y la dignidad no se negocian.


Percy Francisco Alvarado Godoy

martes, 17 de junio de 2014

Caso de los Cinco: Lo que dijo (y le faltó) a The Washington Post

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El diario The Washington Post publicó recientemente en su edición digital un artículo sobre una jornada de apoyo a tres antiterroristas cubanos que cumplen largas y arbitrarias penas en cárceles de Estados Unidos. 

No es la primera vez que esto ocurre, pues en octubre de 2013 el rotativo difundió un trabajo del escritor canadiense Stephen Kimber, quien escribió acerca de aspectos de un caso que ha chocado contra un muro de silencio a lo largo de estos años.

En esta oportunidad el material del periódico abordó el tema a partir del concierto de hip hop del dúo Dead Prez incluido en el programa de la III Jornada de denuncia y solidaridad Cinco días por los Cinco.

“Son conocidos como los Cinco Cubanos, a pesar de que solo tres permanecen en prisión (Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero). Ganar su libertad es una causa de prioridad nacional” para el pueblo de la nación antillana, señaló el texto, titulado Rapping and Rallying for the Cuban Five.

Pero también es “una cruzada emocional para muchas personas progresistas” dentro de Estados Unidos, acotó el texto al mencionar la asistencia al evento del actor Danny Glover.
Llevaba una gorra de béisbol que decía Cuba -reseñó The Washington Post- y “tenía lágrimas en los ojos cuando se dirigió a la audiencia en Calvary Baptist Church”, uno de los lugares donde sesionaron parte de los eventos del encuentro solidario, celebrado del 4 al 11 de junio en la capital estadounidense.

Glover pidió -añadió el reportero- que al salir de la jornada todos los participantes debían llevarse la comprensión de hacer más por la causa de los luchadores cubanos aún en cautiverio.

Fue, dijo el Post, “un programa de cinco días repleto de paneles de abogados y expertos en política” que debatieron sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y los intercambios culturales durante la actual administración demócrata.

Según el artículo, en Washington DC se reunieron “artistas y activistas de 31 países (…) para presionar por la liberación de los ciudadanos cubanos condenados por espionaje en Miami en 2001″.

Pero en este aspecto se equivoca el Post al seguir la misma matriz de opinión de los grandes medios de prensa, porque ni Hernández, Labañino y Guerrero, ni tampoco Fernando González y René González, lo otros dos miembros del grupo, dañaron la seguridad nacional de Estados Unidos.

Varios testigos y especialistas, algunos llevados por el propio gobierno de aquel país, testimoniaron bajo juramento que en este caso no existió siquiera intento de espionaje.
Eso lo afirmaron generales, almirantes y otros altos oficiales en retiro de las fuerzas armadas norteamericanas, entre ellos el general James Clapper, en la actualidad Director Nacional de Inteligencia, mas estos importantes detalles no los abordó el periodista en su artículo.

Le faltó explicar que, incluso, en 2008 la Corte de Apelaciones anuló “las sentencias respecto al Cargo Dos (conspiración para cometer espionaje) y ordenó las resentencias de Ramón, Antonio y Fernando, las que se efectuaron en 2009.

Pero se excluyó arbitrariamente a Hernández (doble cadena perpetua más 15 años) de la posibilidad de ir a una nueva audiencia de sentencia, pese a reconocer que también era aplicable a él.

El documento del Tribunal reiteró más de una vez que en este caso no hubo nada que amenazara la seguridad estadounidense y que, por lo tanto, las condenas dictadas resultaron excesivas y contrarias a la ley.

El diario comentó que la jornada -organizada por el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco- coincidió con una semana donde se había arreciado el debate por la decisión del presidente Barack Obama de intercambiar a cinco presos talibanes por un soldado estadounidense.

Precisamente, tanto Stephen Kimber, autor del libro Lo que hay al otro lado del mar, la verdadera historia de los Cinco cubanos, como otros comentaristas, expresaron que “el canje de (Bowe) Bergdahl mostró que este tipo de acuerdos son posibles”, añadió el artículo.

Los presentes en la cita analizaron qué impacto tendría este hecho en el supuesto -enfatizó la publicación- de que la Casa Blanca contemplara una salida al caso de Alan Gross, un subcontratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), condenado a 15 años de privación de libertad en Cuba.

El reportero dijo que Gross, encarcelado desde 2009, fue “acusado por actos contra la integridad del Estado por la distribución de los equipos de comunicaciones dentro de la comunidad judía en Cuba”.

Aquí debió ampliar el periodista que ese experto en tecnología de comunicación de larga distancia, que había trabajado en más de 50 países, violó las leyes cubanas y la soberanía, y cometió delitos que en Estados Unidos son muy castigados, como expresara Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

Las pruebas demostraron la participación directa de Gross en un proyecto del gobierno de Estados Unidos para tratar de subvertir la Revolución cubana con el uso de sistemas de infocomunicaciones fuera del control de las autoridades de la isla.

Una portavoz del Departamento de Estado aseguró a la prensa -subrayó el artículo- que el gobierno estadounidense mantiene su postura en contra de un eventual intercambio de los tres antiterroristas cubanos por Gross.

Los Cinco fueron condenados en 2001. “Uno de ellos, Gerardo Hernández, fue declarado culpable de conspiración para cometer asesinato en relación con el derribo en 1996 de las avionetas (…) pilotadas por miembros de la organización Hermanos al Rescate”, recordó el material.

Hubiese resultado interesante que el periodista se refiriera al voto disidente de la jueza Phillys Kravitch, porque ella argumentó de modo irrebatible contra el cargo tres (conspiración para cometer asesinato en primer grado).

Para la magistrada el gobierno de Estados Unidos no presentó prueba alguna de que Hernández hubiese tenido cualquier relación con el incidente de las avionetas.

A finales de mayo de 2001, cuando casi concluía el juicio de los Cinco, la Fiscalía admitió que estaba dando un paso sin precedente en la jurisprudencia norteamericana, pues pedía modificar sustancialmente el cargo tres.

A pesar de eso Gerardo Hernández fue declarado culpable y le fue impuesta la máxima sanción posible por un delito que él no cometió y por el cual no lo acusaban ya.

El artículo también mencionó que durante el evento anual Cinco días por los Cinco se proyectó el documental inconcluso La Revolución sexual en Cuba, del cineasta Saúl Landau, fallecido en 2013.

Además, se aludió a la manifestación que tendría lugar frente a la Casa Blanca, en la cual participaron más de 500 personas, así como a las actividades de cabildeo en el Capitolio, para llevar el mensaje de este caso a los congresistas.

El periodista recordó que Fernando González y René González son los únicos del grupo de los Cinco que están fuera de prisión y se hallan en su patria después de cumplir la totalidad de sus condenas.

Insistió el articulista en que “en varias ocasiones durante el proceso de apelación, por lo menos un juez federal puso en duda las pruebas contra Hernández y si los cinco recibieron un juicio justo en Miami”.

Y dijo que el abogado de Hernández, Martin Garbus, habló en el evento sobre algunos reporteros de Miami pagados por el gobierno de Estados Unidos para fomentar la cobertura sesgada que impidiera al jurado emitir un veredicto justo.

Casi al término del artículo se cita a José Ramón Cabañas, jefe de la Sección de Intereses de La Habana en Washington, respecto a lo que “significan los Cinco para los cubanos”.
En ese sentido, reseña palabras del diplomático referidas a información que ofreció Cuba a las autoridades de Estados Unidos para colaborar en la lucha contra el terrorismo.

El periodista no lo refleja en su texto, pero el gobierno de la isla le entregó a una delegación norteamericana del Buró Federal de Investigación (FBI) que visitó La Habana en junio de 1998 un abundante dossier documental y testimonial.

La lista de archivos era de 64 folios en los que se aportaban elementos acerca de 31 acciones y planes terroristas contra Cuba, ocurridos entre 1990 y 1998.

Se le dieron grabaciones de 14 conversaciones telefónicas del criminal Luis Posada Carriles, autor de la explosión en pleno vuelo de un avión civil cubano con 73 personas a bordo cerca de las costas de Barbados, en 1976.

Además, los oficiales del FBI recibieron 60 folios con las fichas de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría residentes en Miami, entre otros datos.

Sin embargo, lejos de actuar en consecuencia, las autoridades estadounidenses decidieron arrestar a los posibles mensajeros.

El 12 de septiembre de 1998, los Cinco fueron detenidos en Miami y casi al cumplirse 16 años de este hecho Hernández, Labañino (30 años) y Guerrero (21 años y 10 meses, más cinco años de libertad supervisada) permanecen confinados en cárceles federales, muy distantes entre sí.

Los tres están a la espera de que la jueza Joan Lenard -la misma que los sentenció inicialmente en la Corte miamense- se pronuncie sobre sus apelaciones extraordinarias o habeas corpus, el último recurso legal de que disponen.

Entretanto, la presión política crece sobre Washington para generar un movimiento de tales proporciones hasta que le resulte imposible a la administración Obama mantenerlos en prisión, como instó la activista por la paz Cindy Sheehan. 

(Deisy Francis Mexidor/ Prensa Latina)

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