Mostrando entradas con la etiqueta Universidad de Columbia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Universidad de Columbia. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de octubre de 2014

Otro examen sobre realidad cubana en EE UU



http://233grados.lainformacion.com/.a/6a00e552985c0d88330192ac80e29d970d-500wi

Entre los días 16 al 18 de octubre de 2014 se llevará a cabo un Foro por invitación, en New York, con el nombre “Cubriendo Cuba en época de cambios”, auspiciado por la Escuela de Graduados de Periodismo de la Universidad de Columbia, con el objetivo de analizar temas neurálgicos como las relaciones bilaterales entre EEUU y Cuba, los procesos de transformaciones que tienen lugar en la Isla, los cambios generacionales en el país y dentro de la emigración, así como aspectos relacionados con la economía cubana, la salud pública, derechos humanos y libertad de expresión, estos últimos centro de la guerra ideológica anticubana.

La diversidad de posiciones con respecto a Cuba, aunque no presuponen una confrontación abierta de posturas, sí abren las puertas a un predominio de la manipulación mediática sobre la realidad cubana. Una de las suspicacias al respecto surge de los financistas del evento, entre los que predominan The Atlantic Philanthropies y la Fundación Ford.

Entre los ponentes ya confirmados se encuentran el arzobispo Thomas Wenski de la Arquidiócesis de Miami; Marjorie Connelly, editor de proyectos especiales de votación para The New York Times; John Coatsworth, preboste de la Universidad de Columbia y destacado estudioso de la historia económica e internacional de América Latina; Jon Lee Anderson, escritor; Ann Louise Bardach, autora y periodista; Guillermo Grenier, profesor de Sociología y director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Atlántica de la Florida; Peter Kornbluh, autor y director, Proyecto de Documentación de Cuba; Achy Obejas, escritora y periodista; Louis A. Pérez, Jr., J. Carlyle Sitterson, profesor de Historia, Universidad de Carolina del Norte y editor, Revista Cubana; John Dinges, Godfrey Lowell Cabot profesor de Periodismo de la Universidad de Columbia; Victoria Burnett, periodista independiente, The New York Times; Miriam Celaya, periodista independiente y blogger; Ted Henken, profesor de Sociología, Baruch College; Mirta Ojito, directora de Noticias de Normas, Telemundo; Eric Leenson, presidente de SOL Económico; Rafael Betancourt, director, Havanada Consulting; Marlén Sánchez, profesora de Economía, Universidad de La Habana; Gail Reed, director internacional de MEDICC; entre otros.

Aunque destacan la presencia de académicos y periodistas de renombre como Ann Louise Bardach y Peter Kornbluh, no creo que haya espacio para la denuncia sobre el terrorismo contra Cuba y el papel de EEUU en la desestabilización contra nuestra patria. Habrá una puja en ese sentido, pero al parecer predominará en enfoque sobre temas económicos y de derechos humanos, los que serán aprovechados por elementos contrarrevolucionarios, como Mirian Celaya, para manipular burdamente estos temas.

Creo que poco puede esperarse de este evento, salvo sacar a la luz el importante tema de la necesidad de cambiar la política norteamericana actual hacia Cuba y apoyar un entendimiento entre ambas naciones. 

Detrás de esas finalidades habrá toda una suerte de diversas intenciones, cuya finalidad será la de buscar, a la larga, por métodos más sofisticados, remodelar la subversión contra nuestro país. Debe recordarse a los asistentes a este evento el reconocimiento de nuestra soberanía y la necesidad de acatar la selección legítima de nuestros derroteros futuros, sin injerencia y con respeto.


Percy Francisco Alvarado Godoy

sábado, 3 de noviembre de 2012

Un premio de Columbia

Un reciente premio concedido por la Universidad de Columbia, Nueva York, me ha traído el recuerdo de un sonado escándalo ocurrido en 1955, cuando esa casa de estudios concedió un Doctorado Honoris Causa al dictador guatemalteco coronel Carlos Castillo Armas.

El asunto resultó grotesco, pues el personaje carecía de todo mérito intelectual, salvo el de haberse entrenado en la base militar de Fort Leavenworth, en Kansas, EE.UU. Pero lo que le faltaba de intelecto le sobraba de contactos con la CIA, a cuyas órdenes intentó derrocar al presidente Juan José Arévalo, quien había dictado un código de trabajo y emprendido una campaña de alfabetización. Luego, tras fracasar en su intento golpista, Castillo fugó en 1951 hacia Honduras.

Desde allí comandó en 1954 la invasión militar contra Guatemala montada por la United Fruit y la CIA, para derrocar al nacionalista gobierno del presidente Jacobo Árbenz, sucesor de Arévalo, al que acusaban de “comunista”, ya que había puesto en marcha un programa de reformas moderadas, que incluía una reforma agraria beneficiosa para los campesinos y perjudicial para la empresa bananera.

La invasión fue brutal. Los aviones mercenarios bombardearon a la población civil, buscando sembrar el terror. Al fin, Árbenz renunció y salió al exilio, mientras Castillo Armas era consagrado dictador y desataba una salvaje persecución contra todo lo que oliera a democracia. Encarceló a 10 mil opositores y torturó o asesinó a otros miles, a la vez que suprimía la reforma agraria y la alfabetización, disolvía los sindicatos y cooperativas agrarias y disponía la quema de millones de libros.

Poco antes de la invasión, y para prepararla, el secretario de Estado John Foster Dulles, que era también abogado de la United Fruit, había pedido en la X Conferencia de Cancilleres de la OEA una sanción política contra Guatemala. Ante la resistencia de algunos países, Dulles se prodigó en amenazas y chantajes. Según Guillermo Toriello, canciller de Árbenz, “al canciller de Bolivia lo amenazaron con cancelar un crédito de 14 millones de dólares. Al canciller del Ecuador lo chantajearon también, amenazándolo con no darle a su país el crédito pendiente de 8 millones de dólares para la construcción de carreteras”.

En ese marco, la Universidad de Columbia premió con su doctorado a Castillo Armas, nuevo “campeón de la democracia”. Entonces, justamente indignado, alzó su voz de protesta el notable escritor y ex presidente de Venezuela doctor Rómulo Gallegos. En una memorable carta al presidente de esa universidad, expresó: “Me niego a compartir honores con Castillo Armas” y devolvió el doctorado de igual tipo que le había sido otorgado por Columbia en 1948.

Castillo Armas moriría en su ley en 1957, asesinado por uno de sus guardias, mientras crecían la buena fama y el mérito intelectual de Rómulo Gallegos. Su nombre sería dado al más prestigioso Premio Internacional de Novela de nuestra América, en 1965, así como a un afamado Centro de Estudios Latinoamericanos creado en 1972.

Por  Jorge Núñez Sánchez

Primer Dirio Público, Guataquil, Ecuador

ShareThis