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martes, 19 de enero de 2016

Correo desclasificado de la Clinton desnuda verdadero propósito de la invasión a #Libia



 Libia fue invadida a moneda Prevenir Panafricano

Un correo electrónico desclasificado enviado el 2 de abril de 2011 a la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, revela que la invasión de Libia se puso en marcha para evitar que Muammar Gaddafi estableciera una moneda panafricana basada en Dinar de oro de Libia, informa el sitio Infowars. 

Según el documento publicado en el sitio web del Departamento de Estado de Estados Unidos, asesores de Saif al-Islam Gaddafi, el segundo hijo de Muammar Gaddafi, dijeron a fuentes del gobierno que Libia invirtió 143 toneladas de oro y una cantidad similar en plata valoradas en más de 7 mil millones de USD en esos momentos. El oro y la plata serían empleados para establecer una moneda alternativa al franco francés para los países francófonos de África, ya que un gran número de países de África Occidental son antiguas colonias francesas y muchos continúan manteniendo el francés como lengua oficial. Madagascar, en el este de África, es también un país de habla francesa. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Estado Islámico amenaza con invadir Roma y el Vaticano

El Estado Islámico amenaza con invadir Roma y poner su bandera en el Vaticano

"Alá concederá a los musulmanes la conquista de Roma". Este es el argumento principal de la cuarta edición de la revista oficial del Estado Islámico, 'Dabiq'.

Para hacer más visible la amenaza, 'Dabiq', publicada en varios idiomas y destinada a ampliar el alcance de los reclutadores yihadistas en el mundo, lleva en su portada la bandera negra del Estado Islámico (EI) ondeando sobre el obelisco de la Plaza de San Pedro. Los islamistas amenazan con conquistar Roma, quebrar cruces y esclavizar a mujeres. "Si nosotros no lo conseguimos esta vez, entonces, nuestros hijos y nietos lo conseguirán y venderán a vuestros hijos en el mercado de esclavos", reza el texto citando declaraciones de uno de los portavoces de la milicia extremista, Mohammed al-Adnani citado por 'International Business Times'.

La revista detalla los principales planes de conquista de los extremistas y puntualiza que su objetivo son todos los cristianos de Europa y Siria. La publicación asegura que los ataques de la coalición liderada por EE.UU. constituyen una "cruzada fallida" y que la derrotarán.

lunes, 21 de abril de 2014

A 100 años de la invasión de #EEUU a #México

http://www.latinamericanstudies.org/mexican-revolution/vera-cruz-1.gif

A las 8:00 horas del 21 de abril de 1914, el almirante Frank Friday Fletcher, que se encontraba al mando de la flota de la armada de Estados Unidos en el puerto de Veracruz, recibió un comunicado del secretario de Marina de su país, Josephus Daniels, para ocupar las principales instalaciones del lugar.
 
De esa manera comenzó, hace 100 años, la segunda invasión estadunidense a México, y la última de una potencia mundial al territorio mexicano.

Desde el 9 de abril de ese año, con el Incidente Tampico, en el que ocho marinos de Estados Unidos fueron arrestados por 90 minutos, el gobierno de Washing-

ton, encabezado por Woodrow Wilson, buscó un pretexto ideal para debilitar y sacar de la presidencia de México a Victoriano Huerta.

Leticia Rivera Cabrieles, jefa del departamento de Historia Naval de la Unidad de Historia y Cultura Naval de la Secretaría de Marina, narró que éste fue el momento que le permitió a Estados Unidos concretar la salida de Huerta del poder y apoyar a Venustiano Carranza en sus aspiraciones presidenciales.

“Los puntos que van a debatir es que Huerta deje el poder, que no tiene nada que ver con el incidente de Tampico, y el segundo punto es que los revolucionarios, sobre todo los constitucionalistas, puedan participar en las elecciones.
“Lo que le interesa en ese momento a Woodrow Wilson es asegurarse que Huerta se retire de la escena política, y que quede en el poder el hombre que ellos creen es más afín a los intereses norteamericanos, que ellos lo visualizan en la figura de Venustiano Carranza”, explicó Rivera Cabrieles.
Cadena de pretextos

Al presidente Wilson no le agradaba la presencia de Victoriano Huerta en la Presidencia de México, debido a su origen, tras el golpe de Estado que concluyó con el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez.

Al asumir la Presidencia de Estados Unidos, lo primero que hizo el mandatario fue retirar al embajador en México, Henry Lane Wilson, tras su abierta participación en los hechos conocidos como el Pacto de la Embajada, en donde se fraguó el golpe a Madero, en la llamada Decena Trágica.

“Wilson estaba buscando esa coyuntura que le permitiera intervenir de manera directa en los asuntos mexicanos, no lo había encontrado. Lo quería debilitar.
“Tenemos que tomar en cuenta el desarrollo de Estados Unidos y la formación de Wilson, que era muy religioso pero muy imperialista, y en el caso de Huerta, se llegó a convertir en una verdadera obsesión personal el tratar de derrocarlo, pero también le reconocía que era un hombre con una trayectoria militar importante, que era un hombre fuerte; Wilson temía que si Huerta participaba en las elecciones podría triunfar”, explicó Rivera Cabrieles.
La especialista en historia naval agregó que tras el Incidente Tampico, las relaciones entre los dos países se fueron deteriorando, debido que en México el general Ignacio Morelos Zaragoza, responsable de la zona militar y gobernador de Tamaulipas, rechazó las peticiones de Henry T. Mayo, comandante de la flota del Atlántico de la armada estadunidense.

Mayo pedía que se izara la bandera de su país y se dispararan 21 cañonazos en desagravio a su personal arrestado en Tampico.

El intercambio de telegramas y mensajes diplomáticos, y la tensión de la relación entre los dos países, sólo tuvo una tregua por las celebraciones de la Semana Santa y la Pascua, del 10 al 20 de abril de ese 1914.

Fue entonces que surgió un nuevo y definitivo pretexto para que el presidente Wilson diera el golpe definitivo a sus intenciones en contra de Huerta: la llegada al puerto del vapor alemán Ipiranga, ése en el que Porfirio Díaz partió al exilio el 31 de mayo de 1911.

“Hacia el 18 de abril el gobierno de Washington se entera que viene un importante cargamento de armas para Huerta, en el vapor Ipiranga, esto hace que cambien los planes de invasión del puerto de Tampico hacia Veracruz, y que el desembarco sea el 21 de abril.

“Estados Unidos presiona a los distintos países europeos, ya hay vientos de guerra, que hace que muchas de esas naciones se alíen con Washington, pero hay banqueros de Alemania e Inglaterra que apoyan a Huerta; eso lo documenta muy bien Friedrich Katz en su obra La guerra secreta en México”, detalló Rivera Cabrieles.

De acuerdo con diversos documentos, en el navío alemán se transportaban 15 mil cajas con armas o más de 23 mil municiones de diferentes calibres, todas para las tropas federales de Huerta, lo que motivó la orden definitiva de invasión.

11:00 horas, el desembarco

Tres horas después del comunicado enviado al almirante Frank Friday Fletcher, las tropas de la Marina de Estados Unidos comenzaron a desembarcar para tomar las principales instalaciones del Puerto de Veracruz.

“Empieza una serie de radiogramas que le mandan al almirante Fletcher, que está en Veracruz, para que se prepare porque van a llevar a cabo el desembarco.
“Hacia las ocho de la mañana llega un telegrama del secretario Daniels que ordena que tomen la aduana marítima, que es en donde van a descargar las armas, y que no permitan que ningún grupo político las vaya a tomar, y le dan la orden a Fletcher de interceptar al Ipiranga, lo cual hace el armado Utah”, narró.
Aproximadamente a las 11:00 horas comenzó el desembarco, los mandos navales hacen el aviso a autoridades de otros países que se encontraban en el puerto, y hasta el final notifican al general Gustavo Maass, mando militar en el puerto.

Huerta ordenó a las tropas federales replegarse para dejar a su suerte a los habitantes del puerto, quienes se vistieron de gloria al formar grupos de resistencia para la defensa de la ciudad.

De acuerdo con los investigadores de este momento histórico, la fuerza de desembarco de la armada estadunidense fue de mil 289 hombres, con refuerzos que llegaron en días posteriores.

Los primeros combates ocurrieron en la calle Emparan y hacia la Escuela Naval, en donde debido a que nadie los había puesto al tanto de lo que ocurría, comenzaron a planear la defensa del puerto.

“La defensa es comandada por el director de la Escuela Naval, el capitán Rafael Carrión, y por el comodoro Manuel Azueta, así es como comienza. Son combates que se van a dar todo el día 21, y hacia el 22 ya han logrado tomar la ciudad.
“Hacia el 23 se declara la Ley Marcial, para el 27 llegan refuerzos, y ya la cantidad de hombres de Estados Unidos es de más seis mil”, narró Rivera Cabrieles.
A la salida de las fuerzas federales de Huerta, algunos mandos y cadetes de la Escuela Naval, y la población de Veracruz, entre ellos los internos de la prisión de San Juan de Ulúa, se sumaron a la resistencia, lo que le otorgó el cuarto título de heroica a esta ciudad.

El comodoro Manuel Azueta Perillos, su hijo, el teniente Luis Felipe José Azueta Abad, y el cadete José Virgilio Uribe Robles fueron los encargados de asumir la defensa del puerto.

Ante una inminente declaración de guerra, Canadá, Argentina, Brasil y Chile realizaron la reunión de las Cataratas del Niágara (Niagara Falls), del 18 de mayo al 12 de junio de 1914.

Huerta dejó la Presidencia el 13 de agosto de ese año, y posteriormente el país para exiliarse en Estados Unidos, y las tropas estadunidenses se retiraron de Veracruz el 23 de noviembre de 1914, sin dar mayores explicaciones.

Para recordar la gesta heroica del Centenario de la Defensa del Puerto de Veracruz, la Secretaría de Marina (Semar) realizará este lunes una ceremonia encabezada por el presidente del país, Enrique Peña Nieto.

Además de una exposición fotográfica en las rejas de Chapultepec, la Semar prepara tres publicaciones relacionadas con un análisis de los hechos históricos, otro con fotografías y uno más relacionado con documentos históricos de la invasión.

Así se gestó la defensa

El 21 de abril, al iniciarse el desembarco de las fuerzas estadunidenses, el comodoro Manuel Azueta Perillos se dirigió de inmediato a la comandancia militar con el propósito de recibir órdenes del general Gustavo Maass, quien no se encontraba en su puesto, por lo que decidió ir a la Escuela Naval Militar.

En el camino, cuenta Azueta Perillos, “No quiero pasar por alto el estupor, sorpresa e indignación que en aquellos momentos se apoderó del pueblo veracruzano, que a mi paso me pedían armas para repeler aquel atropello inaudito que se consumó ante los ojos de aquella población heroica...”.

Al llegar el comodoro a la Escuela Naval Militar y traspasar la Guardia en Prevención, exclamó en medio del patio al personal del plantel: “¡Viva México!, ¡Viva México!” Cada grito fue contestado por los cadetes gritando “¡Viva!”, expresando finalmente el comodoro: “¡A las armas, muchachos, la patria está en peligro!”

Por  David Vicenteño

Tomado de  http://www.excelsior.com.mx

jueves, 20 de junio de 2013

La izquierda y las nuevas viejas guerras

Digamos de una vez ¡NO! a enmascarar la libertad y la democracia con la ejecusión de guerras de rapiñas y asesinatos por invasiones.
En la izquierda nuestra hay cuestiones que permiten separar el grano de la paja en lo que a las actitudes morales se refiere. Cuba tiene esa capacidad. Su Revolución y como nos relacionamos con ella hace caer muchas máscaras entre los que prefieren la actitud “progre” de lo políticamente correcto a la defensa del básico antiimperialismo.
 
Hoy, la mayor de las Antillas comparte con Venezuela y los países del ALBA esa función tamizadora. Afortunadamente cada día está menos sola y parece que va ganando la batalla contra la inquina del mayor Imperio global conocido.

Con las nuevas guerras pasa lo mismo, asistimos a la fragmentación de la izquierda mundial con gravísimas diferencias. Una parte de la gente de izquierda, mucha buena gente, ha sucumbido al aplauso de las operaciones de cambio de gobierno desarrolladas por actores imperiales y neocoloniales utilizando y parasitando las legítimas aspiraciones de pueblos enteros.

Como se demostró en la agresión que destruyó la República Federal de Yugoslavia, no se pueden avalar intervenciones brutales que se enmascaran en la supuesta defensa de los Derechos Humanos por parte de los que no los cumplen jamás y cuyos pretextos, no pocas veces, son fabricados en operaciones de bandera falsa.

Apoyar aunque sea tácitamente el llamado “deber de injerencia” es no darse cuenta de que se está ayudando a romper la arquitectura básica emanada de los procesos descolonizadores, esa que dio carta de naturaleza al derecho de no intervención en los asuntos internos de los estados soberanos.

Hace 10 años estaba claro, la izquierda al unísono y un importante número de la población mundial nos manifestamos contra la agresión a Irak. No, no defendíamos a Sadam, el antiguo títere que se usó como ariete contra Irán, ese que hacía escala en Arabia Saudí para bombardear, ese que utilizaba la tortura y la persecución,… NO, ninguno lo defendíamos.

Estábamos contra el desmantelamiento de lo que quedaba de ese estado laico nacido del panarabismo socialista que se alzó contra el colonialismo en toda la región. Nos manifestábamos contra la destrucción de la sanidad pública, contra la privatización de la industria del petroleo, contra los bombardeos que sabíamos serían la puntilla de un embargo que había matado a cientos de miles de niñas y niños iraquís.

Por eso no entiendo la comprensión de parte de la izquierda ante el uso de las milicias integristas de la versión más reaccionaria del islam, el de las satrapías saudís y qatarís. A pesar de Gadafi, a pesar de Assad.

¿Dónde están ahora los que pedían una intervención en Libia? Los que espolearon y dieron pátina de moralidad a los bombardeos de antiguas potencias europeas con sueño de renovada grandeur, esos cínicos gobernantes occidentales que lanzaban a unos jóvenes contra otros como carne barata para el asador estratégico.

Ya no oígo hablar de Libia, ni de su desastre, ni de la vuelta al tribalismo, a la persecución, a los reinos de taifas en lo que antes era un estado laico, sí, gobernado como un cortijo, pero mejor que el caos de ahora donde siguen las torturas, las ejecuciones, los bombardeos con armas químicas, …

Es lo mismo que pasó en Irak tras la invasión. Yo lo vi con mis propios ojos, en 2004, en 2005 y en 2008. Vi una sociedad destruida, con dificultades en el acceso al agua potable, con cortes en la luz eléctrica, con mafias, con delincuencia, con trata de blancas, vi la vuelta de enfermedades erradicadas como el cólera. Escuché lo que me decían muchos iraquís: que los invasores habían hecho bueno a Sadam, que cualquier cosa era mejor que ese amenaza estadounidense, hoy cumplida, de hacer retroceder al país cientos de años.

En estos meses contemplo Siria con horror. Rastreo en las “informaciones” convertidas en propaganda. En nuestro lado, en nuestra prensa, esa que está de parte de los llamados rebeldes, que “informa” basándose en fuentes que están en Londres y que no son verificables. Del otro lado, busco a Sana, RT o TeleSur. Intento desgranar la realidad que se nos escapa en medio de tantas operaciones psicológicas que son propias de cualquier guerra.

Trato de ver los vídeos del denominado Ejército Libre Sirio y me espeluzno. Es su propio material y no dejo de ver a salafistas y a gentes del takfir. Los aspirantes al califato islámico, perfectos peones usados para desestabilizar. A veces veo también gente que parece estar luchando de buena fe, pero son los menos y la verdad, no percibo que tengan el peso protagónico.

También veo vídeos del Ejército Árabe Sirio, imágenes que se me hurtan en la inmensa mayoría de los informativos. Veo las miserias bélicas, pero también soldados de extracción popular combatiendo calle a calle y como son recibidos por miles en barrios de diferentes ciudades. Y otra vez me digo, no es tan fácil.

Lo que me sorprende es la inopia de algunos que parecen no ver la mano negra del Golfo, de Turquía, de Francia,… en su batalla contra Irán y contra la resistencia libanesa o en la pretensión de cortar la salida al mar Mediterráneo de Rusia. Todo, intereses geopolíticos que sustituyeron hace tiempo cualquier aspiración popular.

Y tiemblo, no por Assad, no por su cortijo de mierda, sino por el estado árabe laico donde conviven distintas etnias y religiones, mal que bien, pero conviven. Y me viene otra vez a la cabeza Irak, su desastre, la división confesional y sectaria de un tablero desmembrado y desestabilizado, como le gustaba al Imperio Británico, como le gusta a sus herederos.

Por eso, no contéis conmigo. No quiero formar parte de la coartada supuestamente humanitaria de las grandes potencias para decidir quien es el malvado de turno, ni ser parte de esa izquierda que tolera las nuevas formas de intervención del imperialismo, del viejo colonialismo de siempre.
 
Tomado del Blog de Javier Couso.
 
Antorcha Encendida 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Un premio de Columbia

Un reciente premio concedido por la Universidad de Columbia, Nueva York, me ha traído el recuerdo de un sonado escándalo ocurrido en 1955, cuando esa casa de estudios concedió un Doctorado Honoris Causa al dictador guatemalteco coronel Carlos Castillo Armas.

El asunto resultó grotesco, pues el personaje carecía de todo mérito intelectual, salvo el de haberse entrenado en la base militar de Fort Leavenworth, en Kansas, EE.UU. Pero lo que le faltaba de intelecto le sobraba de contactos con la CIA, a cuyas órdenes intentó derrocar al presidente Juan José Arévalo, quien había dictado un código de trabajo y emprendido una campaña de alfabetización. Luego, tras fracasar en su intento golpista, Castillo fugó en 1951 hacia Honduras.

Desde allí comandó en 1954 la invasión militar contra Guatemala montada por la United Fruit y la CIA, para derrocar al nacionalista gobierno del presidente Jacobo Árbenz, sucesor de Arévalo, al que acusaban de “comunista”, ya que había puesto en marcha un programa de reformas moderadas, que incluía una reforma agraria beneficiosa para los campesinos y perjudicial para la empresa bananera.

La invasión fue brutal. Los aviones mercenarios bombardearon a la población civil, buscando sembrar el terror. Al fin, Árbenz renunció y salió al exilio, mientras Castillo Armas era consagrado dictador y desataba una salvaje persecución contra todo lo que oliera a democracia. Encarceló a 10 mil opositores y torturó o asesinó a otros miles, a la vez que suprimía la reforma agraria y la alfabetización, disolvía los sindicatos y cooperativas agrarias y disponía la quema de millones de libros.

Poco antes de la invasión, y para prepararla, el secretario de Estado John Foster Dulles, que era también abogado de la United Fruit, había pedido en la X Conferencia de Cancilleres de la OEA una sanción política contra Guatemala. Ante la resistencia de algunos países, Dulles se prodigó en amenazas y chantajes. Según Guillermo Toriello, canciller de Árbenz, “al canciller de Bolivia lo amenazaron con cancelar un crédito de 14 millones de dólares. Al canciller del Ecuador lo chantajearon también, amenazándolo con no darle a su país el crédito pendiente de 8 millones de dólares para la construcción de carreteras”.

En ese marco, la Universidad de Columbia premió con su doctorado a Castillo Armas, nuevo “campeón de la democracia”. Entonces, justamente indignado, alzó su voz de protesta el notable escritor y ex presidente de Venezuela doctor Rómulo Gallegos. En una memorable carta al presidente de esa universidad, expresó: “Me niego a compartir honores con Castillo Armas” y devolvió el doctorado de igual tipo que le había sido otorgado por Columbia en 1948.

Castillo Armas moriría en su ley en 1957, asesinado por uno de sus guardias, mientras crecían la buena fama y el mérito intelectual de Rómulo Gallegos. Su nombre sería dado al más prestigioso Premio Internacional de Novela de nuestra América, en 1965, así como a un afamado Centro de Estudios Latinoamericanos creado en 1972.

Por  Jorge Núñez Sánchez

Primer Dirio Público, Guataquil, Ecuador

domingo, 4 de marzo de 2012

La operación en Libia fue una guerra colonial

Hace un año, el 15 de febrero de 2011, estalló en Libia una rebelión contra el régimen de Muamar Gaddafi.
En breve empezó una operación militar con la participación de Francia y del Reino Unido que avanzaba a trompicones y precisó de un mayor grado de intervención del que se esperaba. De modo que los proyectos de una rápida campaña colonial no llegaron a hacerse realidad.

Las acciones de guerrilla acabaron funcionando

Las acciones de la guerrilla libia no parecían tener orden ni concierto y sólo lograron la victoria gracias a la intervención directa extranjera. Consistió en ataques aéreos y con misiles contra las tropas leales al coronel Gaddafi por parte de las fuerzas de la OTAN. También en operaciones secretas de distinta envergadura, empezando por el envío a Libia de instructores y consejeros militares y acabando por la participación de unidades de misiones especiales en el ataque a Trípoli, la capital del país.

En contra de lo que pueda creer la opinión pública en Rusia, Estados Unidos no estaba muy feliz de participar en la operación en Libia. Washington se empleaba a fondo para minimizar su presencia, limitándose a asumir la principal carga de los primeros ataques aéreos a finales de marzo de 2011 y disparando contra los objetivos libios más de 200 misiles Tomahawk.

Posteriormente, el protagonismo en la operación militar en Libia se desplazó de EEUU hacia la OTAN para convertirse más tarde, debido a las crecientes discrepancias entre los miembros de la Alianza, en una operación franco-británica.

En Libia no hubo una línea de frente continua, las acciones bélicas se concentraban en focos alrededor de ciudades importantes y objetivos militares y de infraestructuras clave para el régimen de Gaddafi. Los combates estallaban y se extinguían, sin que las partes fueran capaces de lograr avances luchando.

La inexperiencia del mando de los sublevados y la falta de formación militar de sus partidarios solo se podían compensar con la fuerte presión a la que sometía la aviación de la OTAN a las tropas de Gaddafi. De lo contrario, la guerrilla en apenas tres días habría acabado aplastada por los tanques, un desarrollo de los acontecimientos bastante típico para la región.

Sin embargo, ni con esa ayuda los rebeldes eran capaces de conseguir nada. Estados Unidos, tras preparar el terreno para sus “hermanos menores”, es decir, París y Londres, abandonó la operación a principios de abril del año pasado. El respaldo a distancia por parte de Francia y del Reino Unido fue insuficiente para que los guerrilleros se impusieran a las tropas leales a Gaddafi.

Corsarios bajo la bandera de Qatar

A finales de la primavera de 2011 los participantes de la coalición de repente se dieron cuenta de que la caída el régimen de Gaddafi no estaba cerca. Más aún, incluso en condiciones de incesantes ataques aéreos y del uso de los medios de reconocimiento más sofisticados, las tropas de Gaddafi se las ingeniaban para asestar golpes bastante duros a los sublevados.

Por lo tanto, había que hacer algo urgente con las tropas del llamado 'Consejo Nacional de Transición', porque de lo contrario la guerra duraría años y los costes diarios de aquella campaña militar ya les estaban pesando a París y a Londres. Mientras tanto, la Administración de Barack Obama se mostraba esquiva, no prometía sustancial apoyo militar, pero tampoco anunciaba su completo abandono de la operación.

Fueron los instructores de los servicios especializados de la coalición los que se encargaron de los sublevados. El objetivo era claro: inculcar a las tropas de la guerrilla nociones básicas de la disciplina y elevar su grado de coordinación en el campo de batalla, dado que no parecía posible conseguir un nivel digno de preparación. El segundo objetivo consistía en formar también a los comandantes de los sublevados y el tercero, en realizar tareas de reconocimiento y guiar a la aviación aliada en sus ataques contra las fuerzas de Gaddafi.

Los observadores coincidían en que en vísperas del ataque a Trípoli en Libia hubo verdaderas y no esporádicas muestras de la 'guerra de los Toyota'. Este tipo de acciones bélicas en el norte de África se basa en el principio de la movilidad, maniobras bruscas en terreno no transitado con el uso de camionetas. Las unidades, dotadas de ametralladoras de gran calibre, sistemas de lanzamiento de misiles antitanque y demás equipo infalible, mostraron ser altamente eficaces.

En su momento, esta idea fue aplicada con éxito por Francia precisamente contra las tropas de Gaddafi durante la invasión de Chad por Libia entre 1986 y 1987. Posteriormente la 'guerra de los Toyota' se convirtió en la principal forma de acciones bélicas durante las guerras en Chad y Sudán.

¿Fueron de utilidad todas estas medidas? Los resultados del ataque a Trípoli emprendido en la segunda quincena de agosto de 2011 demostraron que hasta cierto punto sí. Se logró coordinación en las acciones de las unidades de los insurgentes, apoyadas por las tropas de desembarco aliadas.

Hasta el día de hoy no se ha encontrado respuesta a la pregunta sobre el grado de participación en las acciones bélicas de los soldados y oficiales del 22 Regimiento del Servicio Aéreo Especial británico (SAS), siendo reconocido oficialmente que los oficiales de la unidad habían asumido las tareas de mando, así como de las tropas francesas de misiones especiales (aunque fueron vistos por muchos) y de las unidades de misiones especiales de los Ejércitos de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

Los últimos, a diferencia de la supuesta participación de Francia y del Reino Unido, que no ofrecen comentarios oficiales, no ocultan haber tomado parte en las acciones bélicas.

Otra pregunta es ¿cuántos mercenarios de rasgos europeos, difíciles de camuflar ni siquiera con el intenso bronceado, que recorren el mundo desde la jungla del Congo hasta los más recónditos sitios del 'Triángulo de Oro', se escondían detrás de las banderas de Catar?

El año pasado, por ejemplo, el Gobierno de Emiratos Árabes Unidos firmó un contrato por 500 millones de dólares con la empresa privada del sector militar Xe Services, otro nombre de Blackwater tristemente conocido por ataques contra la población civil en Irak. El contrato era para un batallón de mercenarios listo para combate de más de 800 personas de procedencia europea. Se habla estadounidenses, sudafricanos blancos y colombianos, y es solo es la punta del iceberg.

El imperialismo barato de Europa

Una de las principales conclusiones de la situación de Libia tiene que ver con los dos países protagonistas de la operación, el Reino Unido y Francia, y con todos los Estados europeos en general. Y es triste, porque su disposición de sus ejércitos para el combate es en estos momentos bastante limitada.

En la pasada década se llegó a hablar mucho de los problemas con los que se estaban enfrentando las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en los puntos calientes, concretamente Irak y Afganistán. No obstante, no se cuestionaba la eficiencia de las operaciones militares del Ejército estadounidense contra enemigos más o menos organizados. Y un ejemplo de ello es la invasión de Irak en primavera de 2003.

Sin embargo, últimamente se hizo patente que los aliados más cercanos de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, disponen de unos recursos insuficientes para llevar a cabo operaciones de castigo a distancia.
Al mismo tiempo, el ímpetu con la que la 'Nueva Triple Entente' se metió en la aventura de Libia deja vislumbrar grandes ambiciones. Tanto París como Londres se veían con ganas de “hacerse con su propio pequeño Irak” para poder llevar la voz cantante en vez de Washington.

El resultado fue una guerra colonial, sucia, mal coordinada y demasiado prolongada, que hubo de acabar con una operación terrestre, por muy breve que fuera ésta. Los antiguos dueños blancos del África, sin gozar del poderío militar de antaño, solo se deleitan con la memoria histórica y con las ambiciones coloniales, que nunca han dado ningún resultado brillante.

Konstantín Bogdánov, RIA Novosti


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