Mientras el Palacio Legislativo permanecía desolado, en el jardín, al
margen de todo compromiso protocolar, la diputada Cilia Flores, esposa del
presidente, realizaba una intensa negociación en tiempo real con líderes
opositores en búsqueda de una salida a la situación creada.
En poco tiempo, con mínimos de retórica, la diputada alcanzó un
acuerdo mediante el cual la Asamblea aceptaría la renuncia de los
tres diputados en conflicto, con lo cual la sentencia del Tribunal quedaría sin
efecto.
(...)
Se trata de un momento inédito para el cual se necesitan nuevas ideas, y de un minuto decisivo en el cual si es preciso se negocia en el jardín, sin retirar la mejilla, aunque el ósculo recuerde a Judas.
En medio de una tensión extrema, desatada a partir del pasado 6 de
diciembre cuando la oposición venezolana obtuvo la victoria electoral en
Venezuela, cobró fuerza un conflicto institucional que amenazó con paralizar la
actividad del estado y alterar peligrosamente la gobernabilidad del país.
Ante denuncias de irregularidades electorales, el Tribunal Supremo de
Justicia (TSJ) ordenó suspender de manera "preventiva" la
proclamación de tres diputados opositores y, ante la negativa de la AN a acatar
el fallo, en una situación inédita, declaró al legislativo en desacato,
precisando que, hasta que esos diputados no fueran desincorporados, todos sus
actos serían nulos.