El propósito del terrorismo
es sembrar el miedo entre sus víctimas. Crear un clima de inseguridad
suficiente como para aterrorizar a la gente, de manera que interrumpa sus
actividades diarias por el temor a un ataque en el momento menos esperado. A
las autoridades locales les queda la responsabilidad de evaluar la seriedad de
una amenaza, lo que requiere un delicado equilibrio entre la seguridad máxima o
continuar la vida regular.