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lunes, 8 de julio de 2013

Mierda, la NRA nos quiere enseñar cómo matar en América Latina


La Asociación Nacional del Rifle de EE UU (NRA, en inglés) es una de las organizaciones más poderosas de Estados Unidos y una de las más férreas opositoras a cualquier modificación, por mínima que sea, a la Segunda Enmienda de la constitución norteamericana, que garantiza el derecho a portar armas. Pero su alcance va más allá de sus fronteras.


La NRA gastó cuatro millones de dólares en “inversiones” en Centroamérica y El Caribe en 2010, según una investigación difundida por la publicación America's Quarterly. Miembros de la organización están en contacto permanente con los grupos de propietarios de armas en México y otros países de la región y, en algunos casos, han ejercido una influencia decisiva en los intentos latinoamericanos por regular la posesión de armas, como en Brasil en 2005.


Si bien el presupuesto destinado por la NRA a sus “inversiones” al sur de la frontera es minúsculo comparado con su abultado presupuesto –más de 240 millones de dólares, 80 veces más que el mayor grupo antiarmas de EE UU–, la organización vigila de cerca los pasos hacia una regulación de armas en Latinoamérica, como lo ha hecho en el resto del mundo. “Pese a que la asociación no puede gastar dinero fuera de las fronteras de Estados Unidos, la NRA consigue medios para apoyar movimientos locales y ejercer influencia de distintas maneras”, señala Wendy Cukier, autora del informe.


EE UU es el principal exportador de armas personales del mundo, un sector que genera ganancias por encima de los 700 millones de dólares al año. Solamente las destinadas a México ganaron 129 millones de dólares en 2012, según un estudio de la Universidad de San Diego.


Desde casos tímidos como la organización de seminarios para defensa personal en Trinidad y Tobago y Costa Rica –como por ejemplo el curso Refuse to be a victim, dirigido a mujeres– hasta la “asesoría directa” de miembros de la asociación a organizaciones locales en toda la región.


Un ejemplo de esa asesoría directa es México Armado, un grupo que defiende el derecho a portar armas que participa en las competiciones organizadas por la NRA (que no exige la membresía para participar). Algunos de sus miembros aceptan que hay una comunicación constante con la asociación para recibir asesoría y consejos.


“Los mexicanos deberíamos ser mucho más conscientes de que tenemos que defendernos y un control de armas nos perjudicaría”, explica Alfredo Gámez, miembro de la asociación. Cita el caso de Alejo Garza Tamez, un ganadero mexicano de 77 años que se enfrentó a los sicarios que habían amenazado con matarle de no entregarles su rancho en Padilla, Tamaulipas, una de las zonas más violentas del país. Armado hasta los dientes, el hombre consiguió matar a cuatro de sus atacantes y herir a otros dos antes de caer abatido. “Es nuestro ejemplo”, dice. Pero en el caso de México, las aspiraciones de las asociaciones de tiro difieren de las de otros países: no se busca una legislación más estricta, sino relajar la existente.


La paradoja mexicana consiste en que en el país en que más de 70.000 personas han muerto a causa de la violencia del narcotráfico en los últimos seis años, para obtener un arma legal en México es necesario llenar un control ante la Secretaría de Defensa Nacional y superar un trámite burocrático de al menos una decena de pasos.


El mercado negro es otro cantar. La frontera con EE UU, no obstante, hace que las armas pasen sin problema al país. Un informe de la ONU calcula que entre el 70% y el 90% de las armas ilegales en México provienen de EE UU. “Aquí [en México] están prohibidas las armas. Vivimos en la evasión y simulación”, apunta el escritor y académico Sergio Aguayo. Subraya “el doble discurso” de la NRA y algunos sectores del Gobierno estadounidense sobre las consecuencias del tráfico de armas hacia México. “Estados Unidos es el principal exportador de armas ilegales a América Latina. [...] Tenemos 12.000 armerías instaladas en la frontera de EE UU y ni siquiera hay un reconocimiento oficial de que estamos ante un problema gigantesco. He hallado documentos del Gobierno estadounidense de hace cuatro o cinco años donde recomiendan que se haga lo posible por minimizar el tema”, añade.


Y los pocos intentos de hacer una legalización más firme se han topado con pared. Para muestra el caso de Brasil. En 2005, Charles ChuckCunningham, director político de la asociación, viajó a Brasil para reunirse con los dos principales movimientos a favor del control de armas del país sudamericano, el primer lugar de muertes con armas de fuego del mundo. Solamente en 2010 murieron más de 38.000 personas.


La asesoría consistió en traducir los anuncios difundidos por la NRA en EE UU, al punto que algunos no se ajustaban del todo a las circunstancias brasileñas: uno advertía de que no se podía “quitar el derecho a portar armas a los ciudadanos” –la constitución de Brasil, a diferencia de la estadounidense, no contempla tal derecho– y otro advertía que “la policía podría tardar hasta siete minutos en responder tu llamada”. Los brasileños bromeaban con que la policía de su país tardaría mucho más en responder. Pero la estrategia funcionó. Después de que el “sí” a endurecer las leyes contra armas contara hasta con un 80% de respaldo, a la hora de la votación el “no” triunfó con un 64%. Tras la matanza de 12 niños en 2011 en un colegio de Río de Janeiro, se ha discutido intentar llevar una propuesta similar a las urnas, pero no se ha definido ninguna fecha.


Verónica Calderón

Tomado de Paz con Dignidad
 

sábado, 25 de mayo de 2013

Por qué el reenganche de Estados Unidos con América Latina

La reciente visita del presidente Barack Obama a México y Centroamérica marca el inicio de un período de intensa actividad diplomática de Estados Unidos con la región, después de más de cuatro años de poco contacto que algunos tildarían de completa indiferencia.

A finales de mayo, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, visitará Brasil, Colombia y el Caribe y, a comienzos de junio, Washington será anfitrión de los presidentes de Chile y Perú, seguidos de las visitas de otros mandatarios latinoamericanos aún por conocerse.
El propio Biden describió la iniciativa como "el período más activo de contacto a alto nivel con América Latina en mucho tiempo", pero algunos se preguntan si EE.UU. podrá recuperar el terreno perdido en la región y cómo mantener firmes esos lazos.

Reinicio del contacto

El primer mandato de Obama fue una continuación del bajo interés reflejado por la presidencia de su antecesor, George W. Bush, en un hemisferio que poco a poco se ha ido distanciando del tradicional gigante que tiene como vecino.

Pero la reciente reunión de Barack Obama con el nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, y su posterior viaje a Costa Rica para encontrarse con líderes centroamericanos fueron elogiados por observadores y funcionarios como una señal de que el gobierno estadounidense quiere enganchar con América Latina ahora que empieza un segundo período e inaugura a un nuevo secretario de Estado.
"El Hemisferio Occidental siempre ha sido importante para Estados Unidos, pero más aún hoy en día porque tiene más potencial que en cualquier momento de la historia americana"
Joe Biden, vicepresidente de EE.UU.

"El Hemisferio Occidental siempre ha sido importante para Estados Unidos, pero más aún hoy en día porque tiene más potencial que en cualquier momento de la historia americana", expresó Joe Biden al anunciar un viaje a la región.

El vicepresidente se reunirá a finales de mayo con la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, para buscar maneras de profundizar los lazos económicos y comerciales; con el presidente Juan Manuel Santos, de Colombia, para discutir relaciones de seguridad y prosperidad mutua; y con varios líderes caribeños en Trinidad y Tobago para hablar de temas de crecimiento, entre otros.

Por su parte, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y su homólogo de Perú, Ollanta Humala, visitarán separadamente la Casa Blanca para avanzar las negociaciones del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés) y otros asuntos energéticos, ambientales y económicos.

Biden anunció que habrá más visitas de otros mandatarios a Washington más tarde en el año.

Condiciones en la región

Joe Biden (der.) con el presidente de Colombia Juan Manuel Santos

El vicepresidente Biden estará en Colombia en una gira que lo llevará también a Brasil y el Caribe.

El repentino e intenso enlace de Washington con sus vecinos responde a varios procesos en la región así como a la agenda interna y externa de la Casa Blanca en los que puede o no haber coincidencia política.

Están la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez y la polémica en torno a las elecciones en Venezuela que han incrementado la preocupación con la estabilidad de ese país y los vecinos andinos; se han formado bloques económicos regionales que no incluyen a EE.UU.; la Asamblea General de la OEA se realizará en Guatemala, en junio, donde sin duda se discutirá el reciente informe sobre las drogas.

Por otra parte, hay un nuevo gobierno en México que está tomando distancia en asuntos que son de mucho interés para EE.UU., particularmente en temas de seguridad fronteriza. Y, por supuesto, está la reforma migratoria que, aunque depende de los votos en el Congreso estadounidense, su aprobación o rechazo tendrá repercusión en la región.

Si bien las relaciones se mantienen en la mayor parte cordiales -Venezuela siendo la excepción-, hay una percepción entre los observadores de que EE.UU. está perdiendo terreno en América Latina.
"No van a poder recuperar ese terreno perdido con nuevos y audaces programas de asistencia porque no hay dinero, así que el paso lógico es aumentar la actividad diplomática"
Adam Isacson, WOLA

"No van a poder recuperar ese terreno perdido con nuevos y audaces programas de asistencia porque no hay dinero, así que el paso lógico es aumentar la actividad diplomática", dijo a BBC Mundo Adam Isacson, de la Oficina en Washington sobre Asuntos Latinoamericanos, WOLA.

El analista señaló que en la reciente visita de Obama a México y Centroamérica no se plantearon ideas ni programas especiales. "No hubo promesas concretas más allá de continuar con CARSI (la iniciativa de seguridad regional centroamericana) y lo que sea que remplazará el plan Mérida en México".

Es una apreciación con la que coincide Eric Hershberg, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Americana en Washington, quien acaba de regresar de Centroamérica donde tuvo oportunidad de hablar con aquellos que estuvieron presentes en la cumbre de mandatarios.

"Mientras reciben con beneplácito la disposición de EE.UU. al diálogo, se lamentan de que Washington no parece tener una visión estratégica de la relación a largo plazo", comentó el profesor Hershberg.

"Falta compromiso"

Según Hershberg, Estados Unidos le puso gran énfasis al intercambio educacional, que fue aplaudido, pero hubo una ausencia de compromiso para ofrecer los recursos necesarios para tal iniciativa.
"Todavía falta mucho para forjar el tipo de relaciones que deberían caracterizar la dinámica entre Washington y sus vecino", expresó el académico.
En México hay, y continuará habiendo, tensiones sobre la insistencia del nuevo gobierno de recuperar algún grado de autonomía con respecto a la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
"Todavía falta mucho para forjar el tipo de relaciones que deberían caracterizar la dinámica entre Washington y sus vecino"
Eric Hershberg, Universidad Americana

La preocupación del gobierno estadounidense respecto a la guerra contra las drogas se verá puesta a prueba con la publicación de la OEA sobre el informe que analiza alternativas en ese frente.

"La Casa Blanca querrá manejar ese asunto de manera creativa y prestándole atención a los países de la región que buscan cambiar la actual política antidrogas un poco", indicó Adam Isacson de WOLA.

Pero dentro del gabinete de Obama no hay unanimidad al respecto, dijo Isacson. Unos sectores estarían dispuestos a considerar otras alternativas, aunque no la legalización. Por otra parte, hay preocupación de que algunos gobiernos de la región están aflojando en la lucha contra los carteles de la droga con tal de que su actividad no genere más violencia.

"Aunque el tráfico de drogas continúa igual, el crimen en las calles ha disminuido y esa situación parece ser aceptable para esos gobiernos, aunque no todos en Washington están complacidos con esa política", recalcó el analista.

Cambio de foco

Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe, frente a mapa del TPP

EE.UU. negocia su vinculación al TPP, donde ya participa Chile.

No obstante, Eric Hershberg de la Universidad Americana le abona al presidente Obama la voluntad de cambiar el foco de la discusión hacia temas que debieron ser prioritarios durante su primer mandato pero se vieron opacados por el énfasis desproporcionado en una agenda antidroga y de seguridad.

"Las relaciones entre EE.UU. y América Latina deberían evolucionar bajo la luz de una agenda compartida en torno a temas de crecimiento económico, integración y administración de gobierno", dijo Hershberg a la BBC.

En ese sentido, las visitas de los presidentes Piñera, de Chile, y Humala, de Perú, a Washington están destinadas a avanzar las negociaciones del TPP, un pacto firmado inicialmente por Chile con naciones del Pacífico Sur.

Por parte del hemisferio occidental, Estados Unidos, Perú y México están negociando la entrada en el TPP, mientras que Colombia y Panamá anunciaron su interés en asociarse al pacto.
"Se desarrollará una situación en que se estrechan las relaciones con los países que no están en el bloque bolivariano o izquierdista y se evitan incidentes que puedan inclinarlos en esa dirección"
Adam Isacson, WOLA

Todos estos países ya tienen acuerdos bilaterales con EE.UU. y están más o menos alineados políticamente. Eso estaría dejando por fuera de la arena de las relaciones con EE.UU. a aquellas naciones "bolivarianas" y sus simpatizantes.

Aunque Adam Isacson no cree que se vaya a formar un cisma entre un bloque y el otro, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina han sido pasados por alto en este primer movimiento de acercamiento de EE.UU. con la región.

"No será como una Guerra Fría pero se desarrollará una situación en que se estrechan las relaciones con los países que no están en el bloque bolivariano o izquierdista y se evitan incidentes que puedan inclinarlos en esa dirección", manifestó.

El gran residuo de esa Guerra Fría, la política hacia Cuba, ni siquiera está siendo abordada, al tiempo que el Departamento de Estado ha manifestado reserva frente al resultado de las elecciones en Venezuela.

"En ese sentido, Washington ha estado completamente fuera de sincronización con los gobiernos de la región", señaló Eric Hershberg. "Así que, todavía, es muy temprano vaticinar que las relaciones con América Latina durante el segundo mandato de Obama sean menos ásperas que lo fueron durante su primer gobierno".

William Márquez

BBC Mundo, Washington

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