El Tribunal Supremo
de EE.UU. intentó dar ayer un golpe demoledor a las ansias independentistas
boricuas al, según EFE, determinar que la soberanía de Puerto Rico depende solo
de Washington y que la última fuente de poder sobre la isla es el Congreso
estadounidense. Su sentencia fue una muestra de arrogancia al llamar a capítulo
a las aspiraciones del gobierno de Puerto Rico, en un caso llevado ante esa corte por el gobierno de
Puerto Rico para dirimir sobre los límites de la soberanía judicial de la isla
y la cláusula constitucional de doble exposición, que prohíbe que un mismo
gobierno soberano acuse dos veces por los mismos hechos a una persona.