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martes, 17 de junio de 2014

A donde vaya Cuba, tiene que ir con Fidel.


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Manolín, en Radio Martí, la falaz emisora anticubana


Manolín por debajo de la bola, en Cuba y en Miami 

El cantante cubano Manuel González, conocido como Manolín, “El médico de la salsa”, está de visita en Perú. Todo el mundo sabe, y sabe Manolín, que muchas veces le he apoyado. Sobre todo en Miami, donde existen tan pocas amistades verdaderas. Pero también lo he apoyado en Cuba.  

Sabe Manolín que en la última gran reunión de la nación y la emigración, celebrada entre el 27 y el 29 de enero del 2010 en La Habana, abogué porque artistas como él, y por él en particular, pudieran regresar a Cuba y contaran con un país detrás como base para su obra. Estaba presente el entonces Ministro de Cultura Abel Prieto, el que en ese momento era Presidente del Parlamento Cubano Ricardo Alarcón, el Canciller Bruno Rodríguez y el Vice Ministro de Cultura Fernando Rojas. Un respaldo necesario porque como el mismo Manolín ha dicho, su carrera mermó mucho en Miami, donde también se quejó de que no pasaban a los artistas cubanos por la radio. Sin un país y un pueblo detrás la obra no camina.  

Sabe Manolín que aquí en Miami, en la época en que yo trabajaba en la WQBA, emisora de Univisión donde la influencia de los Estefan puede hacer que boten a un presentador, desaparezcan un programa y hasta una programación completa, él tuvo espacio en el programa La Noche se Mueve para que expusiera y denunciara, como hizo, todo lo que estimara. 

Sabe Manolín que he sido su amigo, cuando todo el mundo le ha dado la espalda. Pero está bueno ya, porque se ha convertido en un manipulador que un día se queja de Miami como víctima del exilio extremista, y mañana mismo ataca a Cuba para que ese exilio recalcitrante le vuelva a perdonar. Todo para que le saquen en su prensa manipuladora, porque ellos ni van a comprar su música ni asistir a sus recitales. 

Desde el pasado sábado 14 de junio se puede leer en el sitio oficial de Manolín en facebook un extenso cuestionamiento a la continuidad de la revolución. Desde mi regreso de Cuba el domingo 15 se repite constantemente  en Miami: en la radio, la televisión  y sitios en internet.

Tenía que ser Manolín, de nuevo Manolín; que quiso ser psiquiatra, se dedicó a la salsa y ahora, con casi 50 años en las costillas, parece que quiere ser político. 

En mi penúltimo viaje a Cuba, en marzo de este año, hablé por teléfono con él. Luego me invitó a un concierto en la Casa de la Música de Galeano al cual no pude asistir por razones de tiempo. Su representante Marcos Ayala, también amigo mío, me visitó en el lugar que yo me hospedaba. A través de Ayala  supe que a Manolín le iba muy bien y estaba a punto de obtener el carnet de identidad como ciudadano residente en su país. Manolín estaba en Cuba, muy contento de estar allá.   

Como se sabe, en Cuba las casas están libremente disponibles en el mercado, no con precios bajos pero están ahí a la venta, y como me contó  Ayala él pudo conseguir una buena oferta y me dijo que se pudo comprar una excelente casa por unos 80 mil euros en el exclusivo barrio de Miramar, que inmediatamente se puso  por encima de los 250 mil. Hizo un buen negocio que triplicaba la inversión en menos de dos meses.

Además empezó a presentarse y a sentir también el calor de su público. Un público muy específico, salsero, más bien de la época pre rap y pre reggaetón, que era muy joven a principios de los años 90 cuando él empieza a adquirir la fama en la isla. Se reencontró con ese público a principios de este 2014 y le pedía, como es lógico, números de hace veinte años atrás, como “Una aventura loca”, que fue un éxito en 1994 y la conocida “La bola” o “Arriba de la bola”, que fue un éxito en 1996. 

Pero si Juan Formell, que era, es y será  Juan Formell en la historia de la música popular cubana, dijo poco antes de fallecer que Van Van se estaba reinventando y que en su último disco había incorporado un reggaetón, Manolín tiene que saber que él se ha reencontrado con un público cambiado, que aprendió a bailar sin su música, que baila otras cosas, y que recobrar el nivel de su fama habanera de los ’90 no es algo que se le podía dar de un día para otro. 

A pesar de que en Cuba no todo el mundo baila hoy con la música de Manolín, él sabe que  sí le quieren. Es en Miami donde no se lo tragan, donde no lo van a querer jamás. A él le consta que Miami no perdona. Y lo van a despreciar, porque hasta en la calle ocho, Fabio, el dueño del club Hoy como Ayer, no lo deja cantar en ese pequeño tugurio. 

Vamos a hablar claro, Manolín nunca fue buen cantante ni un gran músico. Fue más bien un fenómeno de comunicación social. Nadie le niega que con estribillos simples y una salsa fácil de bailar, romántica, que tocaba la picaresca, conquistó al  público cubano de una parte de los años 90. No fue un logro de él solo, por supuesto, porque contó con el apoyo de maestros instalados en el panorama de la música popular cubana como David Calzado y José Luis Cortés, El Tosco, quien fue además el que lo bautizó con el sobrenombre comercial de “El médico de la salsa”; y además con excelentísimos músicos de academia en su banda.

Repito que tenía valores en el campo de la comunicación, pero eso también fue decayendo, porque no había en él un cantante verdadero. Tuvo un golpe de suerte y el talento de captar la imaginación popular. 

Cuando abandona Cuba todo eso se deshace. Mientras siguen surgiendo nuevos valores en la isla, en el mercado que él abandona. Ese país es una potencia de artistas y no para de producir talentos. Yo que voy a Cuba con frecuencia, que trato de estar al tanto, que escucho y colecciono música cubana, siempre me asombro de la cantidad de nombres nuevos en cartelera. 

Manolín debería preocuparse menos por la juventud de los políticos cubanos y entender su propia condición como músico “maduro”, “añejo”, para no decir otra cosa, en el panorama de la música cubana actual. 
  
Después de su fracaso en Miami, Manolín se va a España, desde donde habla los horrores vividos en Miami; luego regresa a Cuba como les dije, y ahora le ha dado por enviar mensajes en las redes sociales a los gobernantes cubanos. Y no a cualquiera, está dirigido a Fidel, a Raúl y a todos los miembros activos en el gobierno de la Generación del Centenario que hizo la revolución.

No es que esto sea relevante, pero todos los medios anticubanos lo están reportando; y en particular lo ha reportado la mal llamada Radio Televisión Martí y Martí Noticias, que es una emisora del gobierno de los Estados Unidos; una agencia federal. 

El mensaje de Manolín es calificado por esta última como una especie de “canción” dirigida a la “cúpula gobernante” para que se quite del medio. Manolín, desconociendo la renovación de cuadros dirigentes que hay a todos los niveles en la isla, dice que la dirección histórica de la revolución cubana está tratando de “darle un tiro en la sien a la nación Cubana”.  

Lo que quiero aclararle a Manolín es que esa generación que él descalifica, la generación histórica de la revolución, representa el patriciado de la Cuba actual. El siglo XIX cubano tuvo su Maceo y su Martí porque antes tuvo patricios fundadores como Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte y los firmantes de la Constitución de Guáimaro. De esa misma manera Fidel, Raúl, José Ramón Machado Ventura, Abelardo Colomé Ibarra, José Ramón Balaguer Cabrera, por solo citar a los que ocupan altos cargos en este momento, y otros revolucionarios fundadores, son los patricios del siglo XXI cubano que han generado hombres y mujeres encaminados a ser el relevo, como los que ya ocupan cargos de dirección y los Cinco Héroes luchadores antiterroristas cubanos, verdadera reserva moral e histórica de la soberanía de Cuba.

Le aclaro estas cuestiones históricas a Manolín porque con él nunca se sabe. Lo único que se puede hacer para tratar de comprender los mensajes de Manolín es fijarse en la hora en que los pasa. Si son de las 5 o las 6 de la mañana, generalmente se debe a que ha tenido una intensa noche y se encuentra un poco desfasado. 

Pero como mismo Manolín dio su opinión, yo tengo el derecho y lo ejerzo, a dar la mía; y voy a contar lo que le pasa realmente: lo que le pica por asunto de vanidad. Lo que sucede es que como dijo Formell una vez que llegó a Miami, Manolín ya no tiene nada en la bola. Llegó a Cuba y dio un primer concierto en La Cecilia que funcionó porque era una primera presentación. Una novedad, una atracción. ¿Qué es lo que le pasa ahora? Pues que él se está fijando que el lleno total de su primera presentación de vuelta en Cuba no se ha repetido; también, en los éxitos de otros artistas, como Gente de Zona con Enrique Iglesias, que lo mandó al banco hace rato; y la imparable Laritza Bacallao. El quiere llegar ahí, pero siente que no puede; o que hay alguna cosa que se lo impide. Y encuentra la causa de su fracaso en cuestiones  políticas; que a su vez quiere resolver usando las redes sociales para pedir la renuncia inmediata de la dirección histórica de la revolución en su mayor nivel. Por demás le recuerdo que el Comandante en Jefe Fidel Castro no gobierna desde hace 8 años, aunque a su legado práctico y teórico nunca se puede renunciar porque eso sí sería un suicidio. A donde vaya Cuba, tiene que ir con Fidel. 


Edmundo García
@edmundogarcia65

miércoles, 26 de marzo de 2014

The New York Times agrede hermandad cubano-venezolana




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El diario norteamericano New York Times publicó un mañoso artículo en que pretende impostar la opinión de que el pueblo venezolano se encuentra resentido con Cuba como con Maduro. Según este mentiroso medio de comunicación “existe una manifiesta antipatía hacia el Gobierno de Cuba” y que las actuales manifestaciones fascistas obedecen a esta razón.

El periódico neoyorquino obvia deliberadamente los lazos de solidaridad entre el pueblo cubano y el venezolano, manifestada en grandes misiones que han beneficiado en materia de educación, deportes, ciencia, salud y cultura a nuestros hermanos venezolanos. A esa hermandad no se puede herir ni ofender, y mucho menos por un medio tan desprestigiado por sus calumnias y falsedades.

¿Pruebas de su posición tendenciosa contra Cuba? Existen muchas. Sirva este artículo mío, publicado en Rebelión, Cubadebate y otros medios digitales y de prensa escrita, para demostrar las canalladas mediáticas y manipuladoras del New York Times.

La "mea culpa" que aún le falta reconocer al New York Times

Algunos tropiezos conocidos del New York Times

Todo el mundo se sintió conmocionado cuando el poderoso New York Times reconoció, hace apenas unos días, haber mantenido una cobertura distanciada de la realidad con respecto a la existencia de armas biológicas y de destrucción masiva en Irak, pretexto esgrimido por la administración de George W. Bush para invadir esa nación. La amplia cobertura con la que este importante medio abordó el tema iraquí en los meses antes de la invasión, contribuyó en gran medida a que el pueblo norteamericano tuviera una percepción errónea sobre las causas que provocaron el conflicto, a la par que favoreció a la impunidad de la Casa Blanca en su campaña bélica internacional. De hecho, el New York Times fue un cómplice más de esta maquinación.

Muchas son las causas que provocaron esta cobertura equivocada y llena de falsedades y que, sin lugar a dudas, no excluyen el comprometimiento de los medios de la gran prensa norteamericana al gobierno y su subordinación a los "intereses de seguridad nacional", en un ambiente complejo provocado después del fatídico 11 de septiembre, que supo aprovechar el gobierno de extrema derecha de George W. Bush para anular prácticamente las libertades democráticas y exacerbar un forzado e inducido patriotismo.

El propio Daniel Okrent, defensor del Lector de dicho rotativo, señaló algunas de estas causas:

-Divulgar y dar crédito a informaciones sin confirmar sobre supuesta existencia de armas químicas, biológicas y nucleares en Iraq, sobre todo cuando las mismas provenían de dudosas fuentes (funcionarios del Pentágono que solicitaban el anonimato y exiliados iraquíes) que hicieron al rotativo ser manipulado por el gobierno.

-Dejarse llevar, por tanto, por el ansia de primicias, sin corroborar las informaciones recibidas y automáticamente divulgarlas.

-Se desoyeron las opiniones de periodistas responsables, los cuales solicitaron verificar dichas informaciones, en etapas previas a su publicación.

Con independencia del reconocimiento de los errores por parte de la dirección del New York Times y de su defensor del Lector, la mea culpa no elimina las dudas sobre un posible comprometimiento del periódico a los dictados de la administración Bush e, incluso, su subordinación a los intereses gubernamentales, cosa que no es totalmente nueva en los últimos tiempos. Muchos no olvidan el sometimiento de las principales cadenas de televisión con respecto a las noticias a divulgar bajo los requerimientos goebelianos de la Ley USA Patriot impuestos por la Casa Blanca a los medios de información norteamericanos.

La mea culpa, por tanto, deja serias dudas sobre la honestidad de la dirección del rotativo, más si se tiene en cuenta que, salvo excepciones, su cobertura sobre distintos aspectos de la situación internacional ha dejado mucho que desear por su parcialidad y su comprometimiento a la extrema derecha norteamericana. Aún se recuerda cómo el New York Times fue vocero de los guerreristas de la Casa Blanca durante el conflicto en Vietnam y su postura incondicional hacia el aumento de la escalada militar en Indochina. También, y no puede ocultarse, este rotativo santificó las criminales agresiones a Panamá y Granada, de la misma manera que justificó los genocidas bombardeos a Yugoeslavia.

Uno de esos momentos, sin lugar a dudas, fue el reciente conflicto entablado entre el New York Times y el gobierno brasileño, luego de que su corresponsal en Brasil, William Larry Rother Jr, publicó un artículo en el que se tildaba al presidente Luis Ignacio Lula da Silva de ser un alcohólico. En dicho artículo, titulado "Hábito de beber del presidente se convierte en preocupación nacional", se trata de desvirtuar la figura de Lula de manera irrespetuosa.

Ante la repulsa levantada entre los brasileños y la solidaridad inicial manifestada por la dirección del periódico con su corresponsal, se le retiro la visa a Rother. Días después el periodista del Times se disculpó y se le dejó permanecer en Brasil. El suceso, sin embargo, dejó luego de su solución final serias dudas sobre el papel desestabilizador del rotativo norteamericano en Brasil y cómo en su trasfondo respondía a intereses del Departamento de Estado yanqui y a sus campañas desinformativas.

Otro hecho reprobable que vincula al New York Times a sórdidos manejos de la realidad y a hacer gala del veneno mediático, lo fue la publicación el 5 de enero de 2003 de un artículo sobre Cuba. Bajo la firma de Timothy Golden, el New York Times lanzó serias acusaciones contra la Isla que no difieren en nada de los mismos perversos argumentos que siempre han empleado los personeros del gobierno norteamericano.

Si infames fueron las excrecencias vertidas en el artículo de Golden al escribir sobre Cuba, todavía más deleznables fueron sus calumnias al referirse a los Cinco Héroes cubanos que guardan injusta prisión en Estados Unidos. Con argumentos retorcidos trató de presentar a estos luchadores antiterroristas como vulgares criminales y espías, desvirtuando las verdaderas motivaciones que los llevaron a enfrentar el más cruel terrorismo ejercido contra su Patria. En aquella ocasión, el New York Times cometía uno de sus más atroces errores al comprometerse con la mentira y dejar a un lado a la justicia y la razón. Timothy Golden, como veremos, pasó a convertirse de un genuflexo periodista a un servil instrumento de la infamia.

El New York Times, Posada Carriles y la FNCA.

Uno de los pocos momentos en que el Times de New York abordó con seriedad el tema Cuba, lo fue la publicación de dos reportajes en julio de 1998, en los cuales sus autores, Ann Louise Bardach y Larry Rother, dan a conocer declaraciones del conocido terrorista Luis Posada Carriles, en los que el mismo implicó a la Fundación Nacional Cubano Americana de financiar los atentados cometidos contra hoteles en Cuba.

Con la elocuencia digna de un criminal sin escrúpulos, Posada Carriles narró a sus entrevistadores sus inicios como asalariado de la CIA en 1960, así como facetas de su largo historial como terrorista. No omitió un solo detalle de su fuga en Venezuela cuando purgaba una condena por su participación de un avión comercial cubano en pleno vuelo, hecho criminal que provocó la muerte a 73 personas inocentes. Fue un escape garantizado por la propia FNCA y así lo declaró sin ambages.

Los articulistas también destacaron el tácito reconocimiento de Posada Carriles sobre su involucramiento en los atentados terroristas contra hoteles, discotecas y restaurantes de Ciudad de la Habana y Varadero, hechos que provocaron la muerte al turista italiano Fabio Di Celmo, varios heridos y cuantiosos daños materiales. El reclutamiento de mercenarios centroamericanos por parte de Posada Carriles para ejecutar tales acciones, respondió, según él, a un plan organizado y financiado desde Miami, por parte de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

El criminal de Barbados detalló los abastecimientos en dinero, que alcanzaron los 200 000 dólares, recibidos por él de parte de Jorge Mas Canosa, el extinto Chairman de la FNCA, para realizar dichos atentados.

Por supuesto, ambos artículos crearon una desacostumbrada conmoción entre la mafia terrorista de Miami. Incrédulos y sorprendidos por la noticia, los altos directivos de la FNCA se pusieron en guardia y reaccionaron de manera descompuesta.

"La idea de que algún miembro de la Fundación ha estado, está o estará involucrado en actos de violencia contra el régimen de Castro es una mentira, pura y llana", declaró el presidente de la FNCA, Alberto Hernández de forma airada. Y como para no dejar lugar a las dudas, agregó en la conferencia de prensa convocada por él el 15 de julio de 1998: "Esto nos es periodismo. Esto es una guerra política".

Por su parte, Jorge Mas Santos, hijo del fundador de la FNCA, declaró con visible ira y turbación: "Estos artículos son ofensivos y difamatorios".

Luego de recibir la primera estocada y rebasar la sorpresa, la FNCA intentó pasar a la contraofensiva, anunciando que demandaría al New York Times por difamación. Para ellos, según su apreciación, no había un solo cabo suelto que pudiera colocarlos en una situación desventajosa frente al rotativo neoyorkino. Se olvidaban, por supuesto que yo había sido testigo y participante de estos planes de atentado contra instalaciones turísticas cubanas y había recibido de parte de altos directivos de la FNCA el dinero y las orientaciones para ejecutarlos. Se olvidaban también que "Pepe" Hernández, su presidente, y dos de sus directores, Arnaldo Monzón Plasencia y Horacio Salvador García Cordero, estaban involucrados directamente en la planificación, financiamiento y organización de los mismos. Se olvidaban, por último, que fueron ellos los que me pusieron en contacto con Luis Posada Carriles para que éste me entrenara y abasteciera con los explosivos a detonar en el famoso cabaret "Tropicana".

A pesar del alboroto de la FNCA y de sus intentos por desvincularse de las acusaciones realizadas contra ella, a pesar de sus amenazas contra el New York Times, yo siempre supe que esta vez el criminal de Barbados no mintió. Cuba también lo sabía y se dedicó a estudiar la situación. En tal sentido, el portavoz de la cancillería cubana, Alejandro González, declaró al respecto: "Lo consideramos sumamente interesante. Estamos siguiendo el curso del debate".

Una verdad ocultada por el New York Times y de la que nunca hubo una mea culpa.

El New York Times, aparentemente interesado en esos momentos por profundizar en el tema del terrorismo, sobre la base de las confesiones hechas a Larry Rother y a Ann Louise Bardach por Luis Posada Carriles, así como protegiéndose de la amenaza de la FNCA de entablarle pleito por difamación, envió a Cuba a uno de sus más sobresalientes reporteros, Timothy Golden. Durante dos semanas, con la total cooperación de las autoridades cubanas, este periodista recibió amplia información sobre la participación de la FNCA y otros grupos terroristas en las agresiones contra la Isla. Pudo entrevistarse con cinco centroamericanos detenidos en la Habana y con varios oficiales de la Seguridad del Estado de Cuba, los que le impusieron de minuciosa información al respecto.

El 12 de junio de 1998 fue recibido por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Fidel Castro, con quien mantuvo una larga conversación. De la misma manera, fue atendido por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Como resultado de estos fructíferos contactos para Golden, éste recibió un amplio dossier, similar al que Cuba había entregado unos días antes al FBI, específicamente en junio de 1998. No existían dudas, pues, que el New York Times contaba con pruebas suficientes para enfrentarse a la FNCA en un posible litigio legal, a la par que con información suficiente para realizar un serio y profundo trabajo periodístico en relación con el tema en cuestión.

En mi caso particular, manteniéndome yo todavía en mi condición de colaborador secreto de la seguridad cubana y encontrándome en Miami, infiltrado aún dentro del ala terrorista de la FNCA y de otro grupo de similar condición, Cuba Independiente y Democrática (CID), fui convocado a la Habana el 5 de agosto de 1998. Ya se había tomado la decisión de "quemarme" en aras de denunciar el permanente terrorismo contra nuestra Patria.

Aún recuerdo con nostalgia mi arribo al Aeropuerto Internacional "José Martí". La presencia en el mismo de dos mis oficiales de caso, me corroboró la certidumbre de que mi vida anónima al servicio de Cuba estaba a punto de culminar. No sé realmente cuántos sentimientos se agolparon en mi corazón en esos momentos, tampoco conocía la razón de mi apurado retorno a la Isla, pero supe que no volvería más a Miami.

El 13 de agosto de 1998 me entrevisté con Timothy Golden en una casa del reparto Siboney. Había recibido instrucciones de la jefatura de que fuera franco y abierto con mi interlocutor, y que debía atenerme a relatarle lo que había sido mi vida como luchador antiterrorista. En sus ojos y en el resto de su gestualidad, no lo niego, percibí el profundo interés por conocer al detalle mis vínculos con la FNCA y Luis Posada Carriles. Me pareció, a qué negarlo, un periodista serio y diligente.

Reconozco, sin embargo, que fue difícil para mí ser sincero y abierto ante un periodista norteamericano totalmente desconocido y ser precisamente yo, quien había guardado celosamente, durante años, mi participación en este anónimo batallar, el llamado a retarle nombres y hechos que constituían un sagrado secreto para mí hasta ese momento. Como me fue orientado, me apegué a la verdad y le narré todo, sin ocultar detalles.

Fueron más de tres largas horas de entrevista en las que Golden grabó y apuntó cada pormenor. Fumamos ambos, hasta terminarnos una caja de mis cigarrillos. Él revisó todos mis documentos de identificación con precisión y argucia. Luego nos despedimos con un apretón de manos. Golden, mis compañeros y yo, lo sabíamos: Cuba había dado a conocer al New York Times a uno de sus más antiguos colaboradores en la lucha contra el terrorismo, lo que constituía un importante sacrificio en nombre de la verdad.

En mi caso personal, a pesar de que acepté dar este pasó que cambiaría mi vida a favor de la Revolución, me sentí inicialmente deprimido, más que orgulloso. Hubiera preferido mantenerme combatiendo de manera anónima como lo había hecho hasta ese momento. Sin embargo, acepté como un soldado y con la plena convicción del beneficio resultante de esta decisión.

En un sospechoso silencio, los meses transcurrieron y el New York Times no se dignaba a publicar noticia o referencia alguna sobre las múltiples pruebas aportadas por Cuba. Para sorpresa nuestra, treinta días después de mi entrevista con Golden fueron apresados nuestros hermanos en Miami y recibieron el escarnio y el odio del grupo intolerante de la extrema derecha miamense. La prensa y otros medios de comunicación se pusieron al servicio de esos espurios intereses.

En reiteradas ocasiones me pregunto: ¿Se hubiera podido desarrollar ese amañado juicio contra nuestros Cinco Héroes en Miami, si Timothy Golden y el New York Times hubieran publicado toda la verdad sobre el terrorismo contra Cuba? ¿Hubiera sido la misma la suerte corrida por ellos e igual la percepción del público norteamericano? ¿Hubieran triunfado, acaso, con la misma facilidad como sucedió, la intolerancia y el odio contra Cuba? ¿No se hubieran evitado tal vez, otros hechos terroristas ocurridos con posterioridad a estos sucesos, como lo fue el intento de asesinato a Fidel en Panamá o la infiltración de terroristas en abril del 2001 con la finalidad de explotar bombas en Tropicana?

No cabe la menor duda que el New York Times tiene una gran deuda con Cuba y conmigo en particular. Una gran deuda también con la verdad a la que traicionó por descarada omisión o por cuestionable compromiso con la ultraderecha de Miami y con la administración norteamericana. Pero lo más objetable para un periódico son las deudas que contrajo con sus propios lectores, a los que traicionó también y les despojó de una importante verdad.

Si el New York Times se precia de ser capaz de reparar errores, creo que ha llegado el momento de esgrimir una sincera "mea culpa" por haber escondido la verdad en este capítulo del terrorismo contra Cuba. Entonces, no lo niego, tendría razón Juan María Alponte, profesor de la Facultad Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM cuando comentó en un artículo aparecido el lunes 31 de mayo de 2004, en el Universal de México, que "The New York Times, que rectifica y esclarece, con gran valor ético, muchas de sus informaciones sobre Irak seguramente, desde esa admirable autocrítica, el diario podrá observar los problemas mundiales, cubanos y latinoamericanos, desde una perspectiva histórica que no da la razón a George W. Bush."

También, por supuesto, el señor Okrent podría sentirse más orgulloso de su periódico y el lector tendría el inigualable privilegio de leer cada página del mismo, a sabiendas de que allí aparecerá la verdad ante sus ojos por dura que ésta sea.

Hay una realidad, entonces, la "mea culpa" que falta al New York Times, más que todo, se ha convertido en una cuestión de dignidad.


Percy Francisco Alvarado Godoy
Rebelión, 7 de junio de 2004

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