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viernes, 19 de febrero de 2016

Otro tropiezo del The New York Times



http://www.panorama.com.ve/__export/1442623960694/sites/panorama/img/mundo/2015/09/18/castro.jpg

En un editorial de este poderoso diario norteamericano se conmina directamente al presidente Obama a presionar, por todos los medios posibles, al gobierno cubano para que cambie su orientación política, en una absurda invitación para que el mandatario rompa toda norma –sugerida por Cuba como condición para mantener un diálogo constructivo y eficaz– de respeto a la autodeterminación, la soberanía nacional y la no injerencia en los asuntos internos de cada una de ambas naciones.

Cuba escuchará con respeto al señor Obama y le dispensará toda la cordialidad que merece, empero dialogará abiertamente y con objetividad sobre cualquier tema, mas no aceptará imposiciones o presiones de tipo alguno. Eso parece haberlo olvidado el grupo editorial del Times, así como otros que esperan que el gobierno cubano haga concesiones que vulneren su gobernabilidad e independencia.

El contenido del editorial es conocido por todos y no vale la pena repetirlo.

Será, sin dudas, una fructífera visita y un triunfo del diálogo sincero. Es una prueba indudable para el respeto, la comprensión y encontrar coincidencias a pesar de las profundas diferencias. Obama no es tonto y sabrá actuar con tino y diplomacia. Especular sobre lo que sucederá es de ilusos.

martes, 27 de enero de 2015

Acusan de espionaje a ex oficial de la CIA

Acusan de espionaje a ex oficial de la CIA
Associated Press | Jeffrey Sterling, segundo de izq. a der., al salir de la Corte Federal de Alexandria en Virginia
Jeffrey A. Sterling, ex oficial de la Agencia Central de Inteligencia, fue acusado de espionaje ayer, por comentar con un periodista de The New York Times acerca de un operativo secreto que pretendía trastocar el programa nuclear de Irán.

La acusación es una victoria significativa para la administración de Obama, que ha aplicado medidas severas sin precedentes contra oficiales que comentan con periodistas acerca de cuestiones de seguridad sin la aprobación del gobierno.

La fiscalía prevaleció después de una lucha que duró años en la que el periodista James Risen, se rehusó a identificar a sus fuentes informativas.

El caso giró alrededor del operativo de la CIA en la que un ex científico ruso le proporcionó a Irán un esquema de componentes nucleares que tenía fallas intencionales.

viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?

The New York Times

El diario estadounidense The New York Times ha publicado cinco editoriales sobre Cuba en cinco semanas consecutivas, todos en sus ediciones de fin de semana, todos en inglés y en español.

En ellos, los editorialistas piden que Estados Unidos le ponga fin al embargo que mantiene desde 1960, retire a la isla de su lista de países patrocinadores del terrorismo, deje los "esfuerzos ocultos para derrocar el gobierno" en La Habana y restaure las relaciones diplomáticas de más alto nivel, ausentes desde 1961.

El periódico también defiende la idea de un intercambio de presos que permita la liberación del subcontratista gubernamental estadounidense Alan Gross, detenido en Cuba desde hace casi cinco años, a cambio de tres agentes de inteligencia cubanos que fueron condenados en Estados Unidos por espionaje.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Histeria mafiosa ante editorial de The New York Times


Una manifestación en pro de Alan Gross frente a la Casa Blanca el año pasado Credit Paul J. Richards/Agence France-Presse — Getty Images

Bulla, histeria, despliegue de odio irracional y otros trágicos malestares provocó en los intolerantes grupúsculos de Miami el reciente editorial del The New York Times, donde se aboga por el canje del subcontratista de la USAID, Alan Gross, por los tres antiterroristas cubanos detenidos injustamente desde hace 16 años, luego de un viciado juicio.

Para el diario en cuestión, según su editorial dominical, el caso Gross “se ha convertido en el principal obstáculo para lograr un avance diplomático” y para la “normalización” de la relaciones entre Cuba y su par norteamericano.

No podía faltar entre los protestones el terrorista disfrazado de Popeye, Saúl Ramón Sánchez Rizo, provocador consumado como líder del auto titulado Movimiento Democracia. Sus “hazañas” actuales tratan de esconder su turbio pasado como criminal cuando militaba en el grupo terrorista Omega 7 y en Los Jóvenes de la Estrella, involucrado en varios asesinatos y atentados contra intereses cubanos en el exterior y dentro de los propios Estados Unidos. 

Tampoco podía faltar en este reclamo el enajenado Orlando Gutiérrez Boronat, cabecilla de los grupúsculos Directorio Democrático, y vinculado al financiamiento de planes subversivos contra Cuba, a la par que financista de la actividad de provocadores contrarrevolucionarios dentro de la Isla.

También el paroxismo sacudió a Ángel Desfana, liderzuelo del grupo terrorista Plantados y lacayo del extremista Lincoln Díaz-Balart, quienes se han visto involucrados en planes violentos contra Cuba.

Todos ellos estuvieron de alguna forma inmiscuidos en las campañas para politizar el caso de nuestros Cinco Héroes y participaron activamente en las sucias campañas para lograr abultadas sanciones contra los mismos. Ellos fueron culpables de descargar, como lo hacen hoy, sus odios contra la Revolución en las personas de Gerardo, Antonio, René, Fernando y Ramón.

Este grupo de cotorras bullangueras, quienes tratan de apropiarse de la opinión pública de la comunidad cubana y mantener su vieja influencia sobre la política norteamericana hacia la Isla, no pueden hacer otra cosa que cacarear. No comprenden que nuevos vientos de cambio los han dejado atrás.

La cordura, la comprensión de que la política imperial ha fracasado con respecto a nuestra patria, se abren camino a pesar de los graznidos de estos mamarrachos.


Percy Francisco Alvarado Godoy

Enlaces:

http://www.nytimes.com/2014/11/03/opinion/un-canje-de-presos-con-cuba.html?_r=1

http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/2779106_el-exilio-cree-inmoral-la-peticion-del-nyt-de-canjear-a-los-espias-por-gross.html

domingo, 26 de octubre de 2014

The New York Times: Los cambios electorales respecto a Cuba

 Los cambios electorales respecto a Cuba

En tiempos pasados, no muy lejanos, todo candidato político creíble haciendo campaña en Florida para elecciones estatales o nacionales obligatoriamente debía recitar denuncias contra el gobierno cubano y proclamar su fe en que el embargo a la isla finalmente sacaría a los Castro del poder.
 
Durante generaciones, para los cubanoamericanos, un grupo que anteriormente fue altamente monolítico a la hora de votar, el embargo representó un símbolo de desafío, más credo que política.

Eso ha cambiado drásticamente en los últimos años, a medida que los más recientes miembros de la diáspora se han manifestado a favor de fomentar lazos estrechos con la isla. Cuba sigue siendo un tema político importante en Florida y, hasta cierto punto, a nivel nacional. Pero el tema se ha vuelto mucho más complejo.

Esa evolución ha permitido que un creciente número de políticos destacados puedan llamar el embargo una política fallida, y argumentar que ponerle fin a la era de enemistad con Cuba representa la mejor oportunidad para fomentar un futuro más próspero en la isla. Muchos industriales cubanoamericanos que defendieron el embargo en el pasado se han convertido en partidarios de establecer nuevos nexos con la isla. El lobby pro-embargo, hoy en día, recauda una fracción de los fondos que colectaba en años anteriores. El Presidente Obama recibe actualmente más correspondencia de legisladores que están a favor de reanudar la relación, que de aquellos que aún quieren mantener sanciones.

martes, 12 de agosto de 2014

¿Cómo se hizo pública mi identidad como agente cubano?





Mañana se cumplen, exactamente, 16 años de que fuera revelada, por primera vez, mi identidad como colaborador secreto de los Órganos de la Seguridad del Estado, por decisión expresa de la más alta dirección del gobierno cubano.

Había yo, hasta ese momento, 22 largos años de trabajo anónimo, infiltrando no solo a diversos servicios de inteligencia –lo que aún permanece en secreto-, sino a varios grupos terroristas radicados en Miami, tales como el ala militar secreta de la FNCA, Comandos L y el CID.

El afortunado periodista que recibió esta valiosa información fue Timothy Golden, entonces reportero estrella de The New York Times.

Saco a la luz este artículo de mi autoría, publicado entonces en Granma Internacional, en que reflexiono sobre este hecho, su importancia y cómo cambió mi vida.

A todos los que han manipulado mi retorno a Cuba les recomiendo leerlo y variar su discurso falaz. Nunca fui detectado por el enemigo, tampoco escapé, y muchos de ellos aún no se recuperan de la sorpresa.

26 de marzo de 1999: 40 Aniversario de Los Órganos de la Seguridad del Estado. Junto a Raúl Castro, el Ministro del Interior, los agentes Julito, Félix y Berta. Villa Marista (Foto Inédita)


Les dejo aquí el artículo de marras, esperando una respuesta que nunca llegó, pues los grandes medios de comunicación sirven, en última instancia, a los intereses de EE UU:

El mea culpa que aún le falta reconocer al New York Times

El escritor guatemalteco Percy Francisco Alvarado Godoy hubiera preferido mantenerse combatiendo, de forma anónima, como siempre lo hizo, a favor de la Revolución cubana, pero disciplinadamente acató la orden de brindar toda la información que poseía al periodista de The New York Times, Timothy Golden, al cual le relató "hombres y hechos que constituían un sagrado secreto para mí hasta ese momento". Alvarado Godoy fue "testigo y participante de planes de atentados contra instalaciones turísticas en Cuba", orientados por la Fundación Nacional Cubano-Americana.


http://id-cube.com/wp-content/uploads/2013/12/new-york-times-front-80837.jpg

PERCY FRANCISCO ALVARADO GODOY

Todo el mundo se sintió conmocionado cuando el poderoso The New York Times reconoció, hace apenas unos días, haber mantenido una cobertura distanciada de la realidad con respecto a la existencia de armas biológicas y de destrucción masiva en Iraq, pretexto esgrimido por la Administración de George W. Bush para invadir esa nación.

La amplia cobertura con la que este importante medio abordó el tema iraquí en los meses antes de la invasión, contribuyó en gran medida a que el pueblo norteamericano tuviera una percepción errónea sobre las causas que provocaron el conflicto, a la par que favoreció a la impunidad de la Casa Blanca en su campaña bélica internacional.

Con independencia del reconocimiento de los errores por parte de la dirección del diario y de su Defensor del Lector, el mea culpa no elimina las dudas sobre un posible comprometimiento del periódico con los dictados de la Administración de Bush e, incluso, su subordinación a los intereses gubernamentales, cosa que no es totalmente nueva en los últimos tiempos. Muchos no olvidan el sometimiento de las principales cadenas de televisión con respecto a las noticias a divulgar bajo los requerimientos gobelinos de la Ley USA Patriot, impuestos por la Casa Blanca a los medios de información norteamericanos.

El mea culpa, por tanto, deja serias dudas, más si se tiene en cuenta que, salvo excepciones, la cobertura del rotativo sobre distintos aspectos de la situación internacional ha dejado mucho que desear por su parcialidad y su comprometimiento con la extrema derecha norteamericana. Aún se recuerda cómo este periódico fue vocero de los guerreristas de la Casa Blanca durante el conflicto en Viet Nam y su postura incondicional hacia el aumento de la escalada militar en Indochina. También, y no puede ocultarse, este rotativo santificó las criminales agresiones a Panamá y Granada, de la misma manera que justificó los genocidas bombardeos a Yugoslavia.

Otro hecho reprobable que lo vincula a sórdidos manejos de la realidad y a hacer gala del veneno mediático, fue la publicación el 5 de enero del 2003 de un artículo sobre Cuba. Bajo la firma de Timothy Golden, The New York Times lanzó serias acusaciones contra la Isla que no difieren en nada de los mismos perversos argumentos que siempre han empleado los personeros del Gobierno norteamericano.

Si infames fueron la excrecencias vertidas en el artículo de Golden al escribir sobre Cuba, todavía más deleznables fueron sus calumnias al referirse a los Cinco Héroes Cubanos que guardan injusta prisión en Estados Unidos. Con argumentos retorcidos trató de presentar a estos luchadores antiterroristas como vulgares criminales y espías, desvirtuando las verdaderas motivaciones que los llevaron a enfrentar el más cruel terrorismo ejercido contra su Patria. En aquella ocasión, el diario neoyorkino cometía uno de sus más atroces errores al comprometerse con la mentira y dejar a un lado a la justicia y la razón.

THE NEW YORK TIMES, POSADA CARRILES Y LA FNCA

Uno de los pocos momentos en que el Times de New York abordó con seriedad el tema Cuba, fue la publicación de dos reportajes en julio de 1998, en los cuales sus autores, Ann Louise Bardach y Larry Rother, dan a conocer declaraciones del conocido terrorista Luis Posada Carriles, en las que él acusó a la Fundación Nacional Cubano-Americana de financiar los atentados cometidos contra hoteles en Cuba.

No omitió un solo detalle de su fuga en Venezuela cuando purgaba una condena por su participación en la voladura de un avión comercial cubano, hecho criminal que provocó la muerte a 73 personas inocentes. Fue un escape garantizado por la propia FNCA y así lo declaró sin ambages.

Los articulistas también destacaron el tácito reconocimiento de Posada Carriles sobre su involucramiento en los atentados terroristas contra hoteles, discotecas y restaurantes de Ciudad de La Habana y Varadero, hechos que provocaron la muerte al turista italiano Fabio di Celmo, varios heridos y cuantiosos daños materiales. El reclutamiento de mercenarios centroamericanos por parte de Posada Carriles para ejecutar tales acciones, respondió, según él, a un plan organizado y financiado desde Miami por parte de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA).

Luego de recibir la primera estocada y rebasar la sorpresa, la FNCA intentó pasar a la contraofensiva, anunciando que demandaría a The New York Times por difamación. Para ellos, según su apreciación, no había un solo cabo suelto que pudiera colocarlos en una situación desventajosa frente al rotativo neoyorkino. Se olvidaban, por supuesto, de que yo había sido testigo y participante de estos planes de atentado contra instalaciones turísticas cubanas y había recibido de parte de altos directivos de la FNCA el dinero y las orientaciones para ejecutarlos. Se olvidaban también que Pepe Hernández, su presidente, y dos de sus directores, Arnaldo Monzón Plasencia y Horacio Salvador García Cordero, estaban involucrados directamente en la planificación, financiamiento y organización de los mismos. Se olvidaban, por último, que fueron ellos los que me pusieron en contacto con Luis Posada Carriles para que este me entrenara y abasteciera con los explosivos a detonar en el famoso cabaret Tropicana.



DE LO QUE NUNCA HUBO UN MEA CULPA

The New York Times, aparentemente interesado en esos momentos en profundizar en el tema del terrorismo, así como protegiéndose de la amenaza de la FNCA de entablarle pleito por difamación, envió a Cuba a uno de sus más sobresalientes reporteros, Timothy Golden. Durante dos semanas, con la total cooperación de las autoridades cubanas, este periodista recibió amplia información sobre la participación de la FNCA y otros grupos terroristas en las agresiones contra la Isla. Pudo entrevistarse con cinco centroamericanos detenidos en La Habana y con varios oficiales de la Seguridad del Estado de Cuba, los que le impusieron de minuciosa información al respecto.

El 12 de agosto de 1998 fue recibido por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Fidel Castro, con quien mantuvo una larga conversación. De la misma manera, fue atendido por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. No existían dudas, pues, de que el periódico contaba con pruebas suficientes para enfrentarse a la FNCA en un posible litigio legal, a la par que con abundante información para realizar un serio y profundo trabajo en relación con el tema en cuestión.

En mi caso particular, manteniéndome yo todavía en mi condición de colaborador secreto de la Seguridad cubana y encontrándome en Miami, infiltrado aún dentro del ala terrorista de la FNCA y de otro grupo de similar condición, Cuba Independiente y Democrática (CID), fui convocado a La Habana el 5 de agosto de 1998. Ya se había tomado la decisión de "quemarme" en aras de denunciar el permanente terrorismo contra nuestra Patria.

El 13 de agosto de 1998 me entrevisté con Timothy Golden en una casa del reparto Siboney. Había recibido instrucciones de la jefatura de que fuera franco y abierto con mi interlocutor, y que debía atenerme a relatarle lo que había sido mi vida como luchador antiterrorista. En sus ojos y en el resto de su gestualidad, no lo niego, percibí el profundo interés por conocer al detalle mis vínculos con la FNCA y Luis Posada Carriles. Me pareció, a qué negarlo, un periodista serio y diligente.

Reconozco, sin embargo, que fue difícil para mí ser sincero y abierto ante un periodista norteamericano totalmente desconocido y ser precisamente yo, quien había guardado celosamente, durante años, mi participación en este anónimo batallar, el llamado a relatarle nombres y hechos que constituían un sagrado secreto para mí hasta ese momento. Como me fue orientado, me apegué a la verdad y le narré todo, sin ocultar detalles.

Fueron más de tres largas horas de entrevista en las que Golden grabó y apuntó cada pormenor. Fumamos ambos, hasta terminarnos una caja de mis cigarrillos. Él revisó todos mis documentos de identificación con precisión y argucia. Luego nos despedimos con un apretón de manos. Golden, mis compañeros y yo, lo sabíamos: Cuba había dado a conocer a The New York Times a uno de sus más antiguos colaboradores en la lucha contra el terrorismo, lo que constituía un importante sacrificio en nombre de la verdad.

En un sospechoso silencio, los meses transcurrieron y el diario no se dignaba a publicar noticia o referencia alguna sobre las múltiples pruebas aportadas por Cuba. Para sorpresa nuestra, treinta días después de mi entrevista con Golden fueron apresados nuestros hermanos en Miami y recibieron el escarnio y el odio del grupo intolerante de la extrema derecha miamense. La prensa y otros medios de comunicación se pusieron al servicio de esos espurios intereses.

En reiteradas ocasiones me pregunto: ¿Se hubiera podido desarrollar ese amañado juicio contra nuestros Cinco Héroes en Miami, si Timothy Golden y The New York Times hubieran publicado toda la verdad sobre el terrorismo contra Cuba? ¿Hubiera sido la misma la suerte corrida por ellos e igual la percepción del público norteamericano? ¿Hubieran triunfado, acaso, con la misma facilidad como sucedió, la intolerancia y el odio contra Cuba? ¿No se hubieran evitado tal vez, otros hechos terroristas ocurridos con posterioridad a estos sucesos, como lo fue el intento de asesinato a Fidel en Panamá o la infiltración de terroristas en abril del 2001 con la finalidad de explotar bombas en Tropicana?

No cabe la menor duda de que The New York Times tiene una gran deuda con Cuba y conmigo en particular. Una gran deuda también con la verdad a la que traicionó por descarada omisión o por cuestionable compromiso con la ultraderecha de Miami y con la Administración norteamericana. Pero lo más objetable para un periódico son las deudas que contrajo con sus propios lectores, a los que traicionó también y les despojó de una importante verdad.

Si el diario se precia de ser capaz de reparar errores, creo que ha llegado el momento de esgrimir un sincero mea culpa por haber escondido la verdad en este capítulo del terrorismo contra Cuba. Entonces, no lo niego, tendría razón Juan María Alponte, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, cuando comentó en un artículo aparecido el lunes 31 de mayo del 2004, en El Universal de México, que "The New York Times, que rectifica y esclarece, con gran valor ético, muchas de sus informaciones sobre Iraq, seguramente, desde esa admirable autocrítica, el diario podrá observar los problemas mundiales, cubanos y latinoamericanos, desde una perspectiva histórica que no da la razón a George W. Bush".


Percy Francisco Alvarado Godoy

Tomado de:
http://www.granma.cubasi.cu/secciones/comentarios/internac-24.htm

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