martes, 17 de junio de 2014

A donde vaya Cuba, tiene que ir con Fidel.


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Manolín, en Radio Martí, la falaz emisora anticubana


Manolín por debajo de la bola, en Cuba y en Miami 

El cantante cubano Manuel González, conocido como Manolín, “El médico de la salsa”, está de visita en Perú. Todo el mundo sabe, y sabe Manolín, que muchas veces le he apoyado. Sobre todo en Miami, donde existen tan pocas amistades verdaderas. Pero también lo he apoyado en Cuba.  

Sabe Manolín que en la última gran reunión de la nación y la emigración, celebrada entre el 27 y el 29 de enero del 2010 en La Habana, abogué porque artistas como él, y por él en particular, pudieran regresar a Cuba y contaran con un país detrás como base para su obra. Estaba presente el entonces Ministro de Cultura Abel Prieto, el que en ese momento era Presidente del Parlamento Cubano Ricardo Alarcón, el Canciller Bruno Rodríguez y el Vice Ministro de Cultura Fernando Rojas. Un respaldo necesario porque como el mismo Manolín ha dicho, su carrera mermó mucho en Miami, donde también se quejó de que no pasaban a los artistas cubanos por la radio. Sin un país y un pueblo detrás la obra no camina.  

Sabe Manolín que aquí en Miami, en la época en que yo trabajaba en la WQBA, emisora de Univisión donde la influencia de los Estefan puede hacer que boten a un presentador, desaparezcan un programa y hasta una programación completa, él tuvo espacio en el programa La Noche se Mueve para que expusiera y denunciara, como hizo, todo lo que estimara. 

Sabe Manolín que he sido su amigo, cuando todo el mundo le ha dado la espalda. Pero está bueno ya, porque se ha convertido en un manipulador que un día se queja de Miami como víctima del exilio extremista, y mañana mismo ataca a Cuba para que ese exilio recalcitrante le vuelva a perdonar. Todo para que le saquen en su prensa manipuladora, porque ellos ni van a comprar su música ni asistir a sus recitales. 

Desde el pasado sábado 14 de junio se puede leer en el sitio oficial de Manolín en facebook un extenso cuestionamiento a la continuidad de la revolución. Desde mi regreso de Cuba el domingo 15 se repite constantemente  en Miami: en la radio, la televisión  y sitios en internet.

Tenía que ser Manolín, de nuevo Manolín; que quiso ser psiquiatra, se dedicó a la salsa y ahora, con casi 50 años en las costillas, parece que quiere ser político. 

En mi penúltimo viaje a Cuba, en marzo de este año, hablé por teléfono con él. Luego me invitó a un concierto en la Casa de la Música de Galeano al cual no pude asistir por razones de tiempo. Su representante Marcos Ayala, también amigo mío, me visitó en el lugar que yo me hospedaba. A través de Ayala  supe que a Manolín le iba muy bien y estaba a punto de obtener el carnet de identidad como ciudadano residente en su país. Manolín estaba en Cuba, muy contento de estar allá.   

Como se sabe, en Cuba las casas están libremente disponibles en el mercado, no con precios bajos pero están ahí a la venta, y como me contó  Ayala él pudo conseguir una buena oferta y me dijo que se pudo comprar una excelente casa por unos 80 mil euros en el exclusivo barrio de Miramar, que inmediatamente se puso  por encima de los 250 mil. Hizo un buen negocio que triplicaba la inversión en menos de dos meses.

Además empezó a presentarse y a sentir también el calor de su público. Un público muy específico, salsero, más bien de la época pre rap y pre reggaetón, que era muy joven a principios de los años 90 cuando él empieza a adquirir la fama en la isla. Se reencontró con ese público a principios de este 2014 y le pedía, como es lógico, números de hace veinte años atrás, como “Una aventura loca”, que fue un éxito en 1994 y la conocida “La bola” o “Arriba de la bola”, que fue un éxito en 1996. 

Pero si Juan Formell, que era, es y será  Juan Formell en la historia de la música popular cubana, dijo poco antes de fallecer que Van Van se estaba reinventando y que en su último disco había incorporado un reggaetón, Manolín tiene que saber que él se ha reencontrado con un público cambiado, que aprendió a bailar sin su música, que baila otras cosas, y que recobrar el nivel de su fama habanera de los ’90 no es algo que se le podía dar de un día para otro. 

A pesar de que en Cuba no todo el mundo baila hoy con la música de Manolín, él sabe que  sí le quieren. Es en Miami donde no se lo tragan, donde no lo van a querer jamás. A él le consta que Miami no perdona. Y lo van a despreciar, porque hasta en la calle ocho, Fabio, el dueño del club Hoy como Ayer, no lo deja cantar en ese pequeño tugurio. 

Vamos a hablar claro, Manolín nunca fue buen cantante ni un gran músico. Fue más bien un fenómeno de comunicación social. Nadie le niega que con estribillos simples y una salsa fácil de bailar, romántica, que tocaba la picaresca, conquistó al  público cubano de una parte de los años 90. No fue un logro de él solo, por supuesto, porque contó con el apoyo de maestros instalados en el panorama de la música popular cubana como David Calzado y José Luis Cortés, El Tosco, quien fue además el que lo bautizó con el sobrenombre comercial de “El médico de la salsa”; y además con excelentísimos músicos de academia en su banda.

Repito que tenía valores en el campo de la comunicación, pero eso también fue decayendo, porque no había en él un cantante verdadero. Tuvo un golpe de suerte y el talento de captar la imaginación popular. 

Cuando abandona Cuba todo eso se deshace. Mientras siguen surgiendo nuevos valores en la isla, en el mercado que él abandona. Ese país es una potencia de artistas y no para de producir talentos. Yo que voy a Cuba con frecuencia, que trato de estar al tanto, que escucho y colecciono música cubana, siempre me asombro de la cantidad de nombres nuevos en cartelera. 

Manolín debería preocuparse menos por la juventud de los políticos cubanos y entender su propia condición como músico “maduro”, “añejo”, para no decir otra cosa, en el panorama de la música cubana actual. 
  
Después de su fracaso en Miami, Manolín se va a España, desde donde habla los horrores vividos en Miami; luego regresa a Cuba como les dije, y ahora le ha dado por enviar mensajes en las redes sociales a los gobernantes cubanos. Y no a cualquiera, está dirigido a Fidel, a Raúl y a todos los miembros activos en el gobierno de la Generación del Centenario que hizo la revolución.

No es que esto sea relevante, pero todos los medios anticubanos lo están reportando; y en particular lo ha reportado la mal llamada Radio Televisión Martí y Martí Noticias, que es una emisora del gobierno de los Estados Unidos; una agencia federal. 

El mensaje de Manolín es calificado por esta última como una especie de “canción” dirigida a la “cúpula gobernante” para que se quite del medio. Manolín, desconociendo la renovación de cuadros dirigentes que hay a todos los niveles en la isla, dice que la dirección histórica de la revolución cubana está tratando de “darle un tiro en la sien a la nación Cubana”.  

Lo que quiero aclararle a Manolín es que esa generación que él descalifica, la generación histórica de la revolución, representa el patriciado de la Cuba actual. El siglo XIX cubano tuvo su Maceo y su Martí porque antes tuvo patricios fundadores como Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte y los firmantes de la Constitución de Guáimaro. De esa misma manera Fidel, Raúl, José Ramón Machado Ventura, Abelardo Colomé Ibarra, José Ramón Balaguer Cabrera, por solo citar a los que ocupan altos cargos en este momento, y otros revolucionarios fundadores, son los patricios del siglo XXI cubano que han generado hombres y mujeres encaminados a ser el relevo, como los que ya ocupan cargos de dirección y los Cinco Héroes luchadores antiterroristas cubanos, verdadera reserva moral e histórica de la soberanía de Cuba.

Le aclaro estas cuestiones históricas a Manolín porque con él nunca se sabe. Lo único que se puede hacer para tratar de comprender los mensajes de Manolín es fijarse en la hora en que los pasa. Si son de las 5 o las 6 de la mañana, generalmente se debe a que ha tenido una intensa noche y se encuentra un poco desfasado. 

Pero como mismo Manolín dio su opinión, yo tengo el derecho y lo ejerzo, a dar la mía; y voy a contar lo que le pasa realmente: lo que le pica por asunto de vanidad. Lo que sucede es que como dijo Formell una vez que llegó a Miami, Manolín ya no tiene nada en la bola. Llegó a Cuba y dio un primer concierto en La Cecilia que funcionó porque era una primera presentación. Una novedad, una atracción. ¿Qué es lo que le pasa ahora? Pues que él se está fijando que el lleno total de su primera presentación de vuelta en Cuba no se ha repetido; también, en los éxitos de otros artistas, como Gente de Zona con Enrique Iglesias, que lo mandó al banco hace rato; y la imparable Laritza Bacallao. El quiere llegar ahí, pero siente que no puede; o que hay alguna cosa que se lo impide. Y encuentra la causa de su fracaso en cuestiones  políticas; que a su vez quiere resolver usando las redes sociales para pedir la renuncia inmediata de la dirección histórica de la revolución en su mayor nivel. Por demás le recuerdo que el Comandante en Jefe Fidel Castro no gobierna desde hace 8 años, aunque a su legado práctico y teórico nunca se puede renunciar porque eso sí sería un suicidio. A donde vaya Cuba, tiene que ir con Fidel. 


Edmundo García
@edmundogarcia65

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