El caprichoso y cíclico
devenir de la Historia, podría hacer que dos Papas de la Iglesia Católica,
separados en el tiempo y en la distancia por 35 años y un océano, queden
hermanados por la brevedad de su mandato y la imagen de descrédito de la
Iglesia que recibirán como herencia. Así, Juan Pablo I y Francisco pasarán a la
Historia por su lucha contra el establishment vaticano, su innegable carisma
personal y un estilo revolucionario plasmado en un estilo apologético propio
basado en el desapego de las formalidades y en su don de gentes, quedando sus
elecciones como hitos del finiquito de la concepción eurocéntrica de la Iglesia
Romana y la irrupción de la Iglesia centrífuga.