En 3 días, un grupo de 4 o 5 personas que dijeron
actuar en nombre de al-Qaeda en Yemen y del Emirato Islámico (Daesh)
masacró en Francia a los miembros de la redacción del semanario satírico
Charlie Hebdo y asesinó después a una agente de la policía municipal así como varios rehenes, en 3 acciones diferentes.
Francia, que no había conocido hechos de tanta violencia desde la época de los atentados de la OAS [1], hace más de 50 años, reaccionó proclamando «¡Todos somos Charlie!», abatiendo a 3 de los terroristas y organizando una gran manifestación de varios millones de personas.
El presidente la República, Francois Hollande, recibió a los jefes de
los partidos políticos representados en la Asamblea Nacional, lanzó un
llamado a la unidad nacional y participó personalmente en la
manifestación acompañado de unos 50 jefes de Estado y de gobierno
extranjeros.
En un artículo anterior [2], observé que el modus operandi
de los terroristas no tenía nada que ver con el comportamiento habitual
de los yihadistas sino más bien con el de un comando militar. A partir
de lo cual señalé que poco importa quiénes fueron los ejecutores y que
lo único verdaderamente importante es saber quién está detrás de ellos.
Ahora quisiera, en este segundo artículo, referirme a las reacciones que
esos hechos están suscitando.