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lunes, 25 de noviembre de 2013

Testigo contra Santiago Uribe se entregó a la Fiscalía



Un agente de la Policía a quien el mayor Juan Carlos Meneses denunció como autor de al menos uno de los crímenes ordenados por Santiago Uribe se entregó a la Fiscalía. Alexander Amaya tenía orden de captura y ya declaró sobre su relación con los paramilitares de Yarumal, se asume que se acogerá a principio de oportunidad.

Alexander Amaya, quien hizo parte del grupo paramilitar “Los Doce Apóstoles” ha dicho que su jefe era el hacendado Santiago Uribe, hermano del expresidente Uribe, se entregó en el Bunker de la Fiscalía en Bogotá sin que nadie se enterara.

Desde el pasado 31 de octubre, la Fiscalía General de la Nación había ordenado la captura de Amaya por el asesinato de un supuesto guerrillero el 25 de febrero de 1994 en Yarumal, Antioquia.

Juan Carlos Meneses, el mayor retirado de la Policía que le contó en Buenos Aires a Noticias Uno que Santiago Uribe era el líder de Los Doce Apóstoles y que él mismo era parte de la banda, reconoce que Alexander Amaya trabajaba con ellos.

Meneses dijo que el crimen que se le imputa a fue ordenado supuestamente por Santiago Uribe.

Meneses también aseguró en sus denuncias que Alexander Amaya era el pistolero de Santiago Uribe

Noticias Uno, supo que Alexander Amaya ratificó las acusaciones de Meneses contra Santiago.

El testimonio del expolicía Amaya se une a las declaraciones del campesino Eunicio Pineda y del propio Juan Carlos Meneses quienes como testigos presenciales y víctimas han asegurado que Santiago Uribe era el máximo jefe de “Los Doce apóstoles”.

Sin embargo la defensa de Uribe ha sostenido que todos estos testigos son falsos.
 
Fuente: Noticias UNo
 
Tomado de ANNCOL

martes, 9 de abril de 2013

La CIA sabía que indígenas eran el objetivo del ejército en Guatemala: antropóloga




La antropóloga chilena Beatriz Manz declaró hoy como testigo en el juicio por genocidio contra el ex dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt y dijo que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sabía del objetivo que la población ixil representaba para el ejército de Guatemala y de la acción militar en su contra.

Manz citó documentos desclasificados de la CIA para señalar que “el ejército de Guatemala había determinado que la población ixil simpatizaba con el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) –una de las organizaciones del movimiento insurgente– y que, por lo tanto, se podía esperar que el ejército actuaría contra la población civil de la misma manera que lo hacía contra los guerrilleros”.

Agregó que eso contextualiza la situación en que se encontraba la población indígena, en el Triángulo Ixil, en apartadas y empobrecidas zonas del departamento de Quiché, unos 340 kilómetros al norte de esta capital.

La testigo, propuesta por la fiscalía, fue la última en comparecer en la jornada de este lunes dentro del juicio contra Ríos Montt, cuyo régimen se extendió de 1982 a 1983, y su antiguo jefe de inteligencia militar, el también ex general José Mauricio Rodríguez, por los delitos de genocidio y lesa humanidad.

Durante su declaración Manz profundizó en lo que constató en sus investigaciones en 1983 en Nebaj y Chajul, Quiché, cuando, a consecuencia de la campaña contrainsurgente desplegada por el ejército, miles de guatemaltecos se vieron obligados a desplazarse hacia las montañas y posteriormente cruzar la frontera y refugiarse en México.

La antropóloga narró que en 1982 miles de sobrevivientes de las matanzas que se atribuyen al ejército se desplazaron hacia la Selva Lacandona, en Petén, Guatemala.

Explicó que ese año 36 mil cruzaron la frontera y buscaron refugio en México y que para 1983 el número se elevó a 46 mil.

Manz dijo que México debió crear la Comisión de Ayuda a Refugiados (Comar) ante el éxodo de guatemaltecos. Además, explicó que de acuerdo con distintas fuentes se llegó a estimar que dentro de Guatemala el número de desplazados fue de unos 150 mil.

La chilena señaló que en 1984 México decidió reubicar los campamentos de refugiados en Campeche y Quintana Roo por las violaciones a territorio mexicano por el ejército de Guatemala.

Describió las condiciones de los refugiados: vivían en una situación física y mental muy difícil, con un futuro incierto y quienes eran capturados por el ejército eran obligados a hacer trabajos forzados, como construir caminos entre las montañas o cumplir patrullajes contra los guerrilleros.

Cuando llegaron a México, después de cruzar la selva, iban desnutridos, con infecciones y enfermedades, sin calzado y los niños sin ropa. No podían ir por los caminos. Tuvieron que matar a sus perros para que no los delataran. Por eso llegaron tan heridos a México, explicó.

Ríos Montt y Rodríguez son juzgados por matanzas documentadas en 15 comunidades de la zona ixil, en las que murieron al menos mil 771 personas, de las cuales el 38 por ciento eran menores de 12 años, según la fiscalía.

Para este martes se espera que la defensa presente a sus primeros testigos y documentos de prueba.

La Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú, afirmó que el juicio contra Ríos Montt es el resultado de muchos avances, gracias a la fuerza y persistencia (de familiares) de las víctimas y nuestros testigos que han brindado su testimonio sobre la guerra civil guatemalteca (1960-1996).

El juicio se inició el pasado 19 de marzo y se prevé que durará dos meses.

La Jornada


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