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viernes, 23 de agosto de 2013

Fidel, el político más universal de nuestra época



La historia ha dado demasiadas lecciones sobre los aspectos sociales durante la evolución de la humanidad, y no se puede perder el optimismo ni dejar de pensar que un día las cosas tomarán un mejor camino. Por lo pronto pudiéramos exclamar: “¡Ah, si yo pudiera hacer lo que quisiera! Entonces no habría en el mundo más miseria”.Por estos días, en ocasión del 87 aniversario del natalicio de Fidel, ocurrido el 13 de agosto, muchos artículos han abordado diversas aristas de su personalidad y de su obra. También han aparecido libros en Cuba y en el extranjero que aportan nuevos elementos sobre su contribución concreta en la historia contemporánea.

Para una ocasión tan propicia de su vida, Fidel nos regaló – ahora que sentimos una cierta incurable nostalgia por la falta de sus Reflexiones – un mini ensayo en que filosofa y, a la vez, somete a un análisis escrutador muchos acontecimientos que le tocaron vivir y de los cuales ha sido protagonista. Se remonta, como quien pretende abarcarlo todo, a los orígenes de la especie humana hace aproximadamente 230 mil años. Y después de unos párrafos de esa prehistoria e historia, lanza una interrogante crucial para nuestra época. “¿Cómo enfrentar con honor el número creciente de obstáculos que los habitantes del planeta sufren?” A continuación aporta la esencia del largo proceso de evolución social. “Pensemos que más de doscientos grupos humanos se disputan los recursos de la Tierra. El patriotismo es simplemente el sentimiento solidario más amplio alcanzado. Nunca digamos que fue poco”.

En fin, en el artículo titulado Las verdades objetivas y los sueños, Fidel da riendas sueltas a sus conocimientos, recuerdos y memoria, con el ruego de que “se excuse de cualquier imprecisión. No he tenido tiempo de consultar documentos”. Es un relato condensado de acontecimientos relevantes de nuestra época, que concluye con una referencia especial a Hugo Chávez, indudablemente su mejor amigo en la liza política, y que caló muy hondo en lo personal e íntimo, de tal manera que nadie fue capaz como Chávez de bromear con Fidel o sobre él públicamente, con el desenfado característico del líder bolivariano. Una empatía particular y una audaz concepción de la vida y la política les permitían comportarse como almas gemelas y sentir y expresar la admiración recíproca de uno por el otro.

Después de concluida la lectura, uno no puede dejar de pensar en la importancia y necesidad de que Fidel aborde, como parte integrante de sus Memorias hasta ahora inconclusas, sus valoraciones y juicios sobre las principales figuras internacionales con las cuales compartió ideas, amistades o desencuentros, y, por supuesto, de las luchas y sueños que fueron dominantes en aquellas circunstancias en que se intercambiaron visiones comunes o encontradas, y se ubicaban en escenarios fraternos o contrarios.  
 
Por todo lo vivido y protagonizado en los siglos XX y XXI, y a la luz de los acontecimientos en que ha participado y de sus ideas sobre elementos raigales del mundo, con una visión iluminadora del pasado, presente y futuro de la humanidad, Fidel constituye el político más universal de nuestra época y el cubano más universal de todos los tiempos. Tal vez alguien pueda objetar esta afirmación rotunda. Pero a fin de confirmarla, bastaría profundizar en luchas, hechos, realizaciones, sueños, batallas ganadas o por ganar y sus ideas esclarecidas sobre los más variados asuntos sobre su país, la política a nivel mundial, los problemas más acuciantes de la humanidad y sus posibles soluciones.

José Martí, reconocido por su acción e ideas durante su existencia en el siglo XIX como el más universal de los cubanos, supo dar aliento a todas las luchas del pueblo cubano y proyectó sus ideas sobre las realidades del mundo a la vez que intuía vaticinios asombrosos. Fidel fue el discípulo más consecuente, como también se sintió heredero y seguidor de todos los que dieron sentido de grandeza a su patria desde sus mismos orígenes. Sus luchas revolucionarias en la Cuba neocolonial , así como el momento descollante del asalto al Cuartel Moncada, estuvieron presididas por las ideas martianas, al afirmar que el autor intelectual del mismo había sido José Martí.

La vida de Martí fue breve para tantos sueños y luchas concebidos, de sólo 42 años, y al caer en combate casi al inicio de la guerra independentista que lideraba, no pudo, por lo tanto, verlos convertidos en realidad. Sólo el triunfo de la Revolución cubana dirigida por Fidel y los acontecimientos posteriores en nuestra América permitieron su concreción y proyectar plenamente sus ideas hacia el futuro y hacia los ámbitos de todos los continentes.

En el caso de Fidel, continuador y desarrollador creativo de todas las ideas precedentes de Cuba y el mundo, ocurrió el hecho insólito de que a pesar que pudo morir tempranamente como muchos de sus compañeros de ideales y combates, pudo contemplar el triunfo de la guerra de guerrilla que libró contra la tiranía impuesta a sangre y fuego en Cuba, con el apoyo irrestricto de los Estados Unidos, y pudo ver cumplidos todos los sueños concebidos y prometidos. Pero también se mantuvo vivo y actuando a pecho descubierto, presente en la primera fila de los combates de distinta naturaleza, a pesar de los más de seiscientos planes de asesinatos planificados y organizados desde la más alta esfera del gobierno de los Estados Unidos hasta desde la más oscura caverna de cuantos grupos viles, hijos naturales y bastardos del imperio, tuvieron como propósito enfermizo y macabro el magnicidio dentro de la estrategia para derrotar a la revolución.

La presencia de Fidel en la lucha armada en Cuba, como organizador y combatiente, siempre merecerá un profundo estudio para admirar su calibre de estratega político y militar de nuevo tipo para triunfar en corto tiempo (2 de diciembre de 1956 al 1 de enero de 1959), frente a un ejército inmensamente superior. Pero hay que tener en cuenta que antes estuvo involucrado en la expedición de Cayo Confites en 1947 contra el dictador Leónidas Trujillo de República Dominicana, y en el levantamiento armado en Colombia, El Bogotazo , durante el asesinato de Eliécer Gaitán en 1948.

Pero el gran estratega tuvo sus hitos más relevantes durante las batallas libradas contra la expedición mercenaria -planificada, organizada, financiada, pertrechada, dirigida y acompañada por los Estados Unidos, en la que fue la primera derrota del imperialismo en América; durante los acontecimientos ocurridos durante la llamada Crisis de Octubre o de los Misiles, en que según Ché nunca brilló tanto su figura de estadista; y durante las batallas decisivas desarrolladas en Cangamba y Cuito Cuanavale , en Angola, frente a tropas sudafricanas y sus títeres, que aseguraron definitivamente la independencia de Angola, condujeron a la independencia de Namibia, a la libertad de Nelson Mandela y al derrumbe del aparheit en Sudáfrica.

En todos los casos el propósito de estas luchas armadas fue la causa noble de la libertad de los hombres y la liberación e independencia de los pueblos. La lucha anticolonial y de liberación nacional en África y Asia y en otras partes del mundo, tuvo en Fidel y la Revolución Cubana un aliado que compartía voz, sudor y sangre, inspirado en la idea de que con ello se estaba pagando una deuda de gratitud con la humanidad, que tuvo su forja en la propia constitución de la nacionalidad cubana y en el aporte extraordinario que realizaron los esclavos y sus descendientes africanos y de otras nacionalidades a las luchas por la independencia de Cuba.

Y alcanzando una dimensión que requerirá en su momento un análisis abarcador, está el espíritu de unidad que supo forjar en el campo revolucionario en Cuba desde fecha temprana del triunfo de la revolución. Eso puede ser calificado de milagro, de no ser por el magisterio de Fidel, capaz de persuadir hasta las piedras en la idea esencial de que sólo la unión de todas las fuerzas del pueblo garantizaría la victoria frente a la descomunal amenaza y agresiones de todo tipo de los enemigos internos y externos bajo la égida del imperialismo norteamericano. Y esa misma estrategia de unidad fue prédica invariable hacia los pueblos latinoamericanos y del Caribe y, por supuesto, hacia los pueblos integrantes del Movimiento de los Países No Alineados.

Su carácter dialéctico, su formación ética, su estrategia unitaria y su posición antisectaria, le llevaron a concebir tempranamente que la convicción o filiación socialista o comunista, no estaban reñidas con la posibilidad, necesidad y conveniencia del acercamiento estratégico entre las fuerzas de izquierda de los variados matices y los sectores religiosos de todas las denominaciones. Creyentes y no creyentes podían compartir sueños y luchas y participar en el combate de todos los males sociales que han hecho de la Tierra un infierno debido a la codicia, egoísmo y explotación ejercidos contra la humanidad. Sus ideas al respecto, recogidas en el libro Fidel y la Religión de Frei Betto , fue su primera contribución abarcadora sobre un tema polémico, que luego fue ampliando dentro de la sociedad cubana y el Partido Comunista de Cuba.

Pero cabe afirmar con toda seguridad que dos momentos históricos extraordinarios marcaron su grandeza como estadista. El primero fue durante la extinción inimaginable de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista. Ante aquel cambio colosal en el mundo existente hasta entonces, instantes que prácticamente conmovieron y voltearon de cabeza casi a la mitad de los habitantes del planeta, ante aquella debacle tremenda en lo político, ideológico, psicológico y económico, ante aquella apabullante euforia capitalista y tantas inconsecuencias, arrepentimientos o renuncias socialistas, como componente del llamado “efecto dominó”, Fidel se irguió desafiante desde la pequeña Cuba y junto a su pueblo, leal y estoico, no arrió la bandera socialista y diseñó una nueva estrategia de período especial para salvar a la Revolución y sus conquistas. A pesar del doble bloqueo que arreció sus resortes para hacer las cosas más difíciles a los cubanos y obligarlos a ceder o rendirse, Fidel y el pueblo cubano consiguieron lo que todos consideraban imposible y logró inclusive, en aquellas situaciones límites, el desarrollo en algunas esferas que constituyen hoy un modelo para el mundo. La unidad y la resistencia, presididos por una valentía a toda prueba, permitió mostrar al mundo la importancia de ser fieles a los principios y poseer como escudo de la nación la confianza mutua entre el pueblo y su dirigencia.

El otro momento histórico fue la posición defendida por Fidel frente a la llamada “guerra contra el terrorismo” propugnada por George W. Bush , y las guerras lanzadas contra Afganistán e Irak y la proclamación de un periodo de guerras infinitas bajo el pretexto insano de un imperio que pretendía aterrorizar al mundo en nombre de su seguridad nacional. En un momento en que la mayoría de los mandatarios doblaban la cerviz o bajaban la mirada ante las amenazas, agresiones y condicionamientos descomunales, y frente a las amenazas directas de W. Bush de que la hora de Cuba estaba llegando, pronunciadas en español, los desafíos de Fidel, con acusaciones directas a los mandamás del imperio, fueron luces para iluminar un periodo oscuro de la historia, que más pronto que tarde permitió que aquella inepta, criminal, mentirosa e inescrupulosa mafia presidida por W. Bush , fuera puesta en evidencia como se merecía. Desgraciadamente, en los Estados Unidos, ni Bush ni sus cercanos e influyentes copartícipes en crímenes y tropelías recibieron el castigo que les correspondían por los graves hechos delictivos nacionales e internacionales cometidos. Muchos de tales hechos y las consecuencias de aquella etapa vergonzosa, aún están presentes como legados transferidos al presidente Obama , que no ha querido o no ha podido dar por finalizados.

Otro aporte de Fidel a la política mundial y a la vida concreta de los pueblos y su desarrollo que nunca se podrá borrar es la práctica del internacionalismo y una solidaridad generosa en todas partes que se ha solicitado, requerido o aceptado la ayuda de Cuba. Lo ofrecido y aportado no provienen de los recursos materiales ilimitados que posee el país, sino de los recursos modestos que el país ha estado dispuesto a compartir porque su pueblo ha hecho suya la verdad martiana de que “patria es humanidad”.

En fin, corresponderá a pensadores, políticos y personas honestas del mundo y, en especial a los pueblos y sus organizaciones, valorar en el presente y el futuro la obra e ideas que han dado sentido a la vida de Fidel, que ha sido la vida del combate y la virtud, y sus influencias en los acontecimientos principales que actualmente están en marcha en América Latina y el Caribe, de los que han ocurrido u ocurran en África y Asia, así como aquellos que un día ocurran, formando parte de sus juicios y vaticinios, incluso en los Estados Unidos y los países desarrollados.

La historia ha dado demasiadas lecciones sobre los aspectos sociales durante la evolución de la humanidad, y no se puede perder el optimismo ni dejar de pensar que un día las cosas tomarán un mejor camino. Por lo pronto pudiéramos exclamar: “¡Ah, si yo pudiera hacer lo que quisiera! Entonces no habría en el mundo más miseria”.


Wilki Delgado Correa

Rebelión



domingo, 2 de junio de 2013

Manuel Galich o el ejemplo moral

El ciclo de revoluciones modernizadoras
A lo largo de su gestación y desarrollo, las revoluciones producen siempre conjuntos de intelectuales orgánicos que le otorgan un sentido estratégico al cambio social mediante el debate constante (y a menudo violento) acerca de las vías y los procedimientos económicos, políticos y culturales que deben romper con el viejo orden de cosas. El ciclo de revoluciones modernizadoras que se desarrolló en América Latina a lo largo del siglo XX no es la excepción a esta norma, la cual es fácilmente comprobable en las revoluciones mexicana, guatemalteca, cubana, chilena y nicaragüense. En todas ellas, parafraseando a Gramsci, un bloque histórico de intelectuales orgánicos intentó definir un interés nacional que hiciera posible el arranque y la continuidad del cambio revolucionario en la sociedad civil y en la sociedad política.
Como se sabe, el objetivo de las revoluciones latinoamericanas del siglo XX fue el de la modernización de la economía y la política, lo cual implicaba sustituir relaciones de producción feudales por capitalistas, y Estados dictatoriales por democracias representativas. En el caso de Cuba, la guerra fría definió la vía de la modernización de la Isla en sentido socialista, pero esto no ocurrió sino hasta 1962, tres años después del triunfo de Fidel Castro y sus guerrillas, quienes se alinearon con la Unión Soviética ante la presión estadunidense para que Cuba formara parte de sus designios en calidad de “patio trasero”. De hecho, la guerra fría fue el referente causal de la derrota de la revolución guatemalteca, de la chilena y de la nicaragüense. La mexicana –a pesar de que ya en los años veinte fue cooptada por su ala criolla, la cual neutralizó a su contraparte popular y así oficializó su corrupción y su dictadura de partido– sobrevivió a la locura anticomunista hasta que el neoliberalismo la alcanzó para saquearla a manos de Salinas de Gortari y sus adláteres. A pesar de eso, esta revolución es la única cuya existencia tiene como prueba un país en el que el ideario de la modernidad liberal sobrevive de muchas maneras, aunque terriblemente maltrecho. En los casos de Guatemala, Chile y Nicaragua (guardando las distancias), los rastros de sus revoluciones se han perdido engullidos por el capital corporativo transnacional y las oligarquías locales, productoras incesantes (en Chile) de conflictividad social y, además (en Guatemala y Nicaragua), de exportación perenne de mano de obra descalificada (como también ocurre con México). Por su parte, Cuba persiste como puntal de un nuevo ciclo de cambios revolucionarios, ahora por la vía de las elecciones, en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador, los cuales persiguen lo mismo: la modernidad, ahora adornada por el prefijo “post”, que remite a la necesidad de construir una alternativa al proyecto global del capitalismo corporativo transnacional, también llamado neoliberalismo.
El hombre y su trayectoria
Manuel Galich (Guatemala, 1913-La Habana, 1984) integró el bloque de intelectuales orgánicos de la Revolución guatemalteca (1944-1954), el cual contó con juristas (como Alfonso Bauer Paiz), filósofos (como Juan José Arévalo), educadores (como Carlos González Orellana), literatos (como Enrique Juárez Toledo, Otto Raúl González, Carlos Illescas y Mario Monteforte Toledo), artistas (como Juan Antonio Franco y Rina Lazo) y políticos (como Jacobo Arbenz). Algunos de ellos –tal el caso de Luis Cardoza y Aragón y de Miguel Ángel Asturias– alcanzaron reconocimiento continental y mundial como cultores comprometidos con los intereses de su pueblo y de un esfuerzo político que pretendió echar a andar un proyecto económico modernizador que involucrara a las mayorías en el empleo, el salario y el consumo, sobre la base de la pequeña propiedad agrícola como soporte económico de un régimen capitalista competitivo y de un Estado plenamente democrático.
Galich –cuyo centenario se celebra a lo largo de este año en Cuba y en Guatemala– fue un intelectual ilustrado: educador, dramaturgo, ensayista, dirigente político, historiador e ideólogo latinoamericanista. Su vasta obra así lo confirma. Producto de la educación pública durante las dictaduras “liberales” que asolaron Guatemala y el resto de Centroamérica, empezó siendo un orador estudiantil para luego pasar a escribir y representar obras de teatro en su Instituto Central para Varones y convertirse en profesor de pedagogía, literatura, gramática e historia en la escuela Normal Central de Varones y en el Instituto de Señoritas Belén (en los años treinta), y en dirigente universitario en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, contra la dictadura de Jorge Ubico (en los años cuarenta). En 1948 se gradde abogado, y en 1950 fue candidato a la Presidencia de la República cuando resultó electo Jacobo Arbenz, con cuyo gobierno colaboró como ministro de Relaciones Exteriores. Antes, durante el gobierno de Juan José Arévalo, había sido presidente del Congreso de la República y ministro de Educación. En 1954 fue nombrado embajador en Argentina, país en donde lo sorprendió el derrocamiento de Arbenz por parte de la cia, la oligarquía guatemalteca y un sector derechista del ejército nacional, y en aquel país permaneció asilado hasta 1962, cuando fue llamado a La Habana por Haydee Santamaría para que trabajara con ella en la Casa de las Américas, de la cual fue subdirector y donde fundó y dirigió el Departamento de Teatro y su revista Conjunto. Galich fue asimismo catedrático de Historia de América Latina en la Universidad de La Habana, ciudad en la que murió el 31 de agosto de 1984. El próximo 30 de noviembre de 2013 se cumplirán cien años de su nacimiento en la entonces apacible y antañona ciudad de Guatemala.
El autor y su legado
La bibliografía de Galich es, como apunté, vasta. En ella destacan algunos libros que han marcado el quehacer intelectual guatemalteco y latinoamericano por su lúcido enfoque crítico y estético del momento histórico que atravesaba entonces su país y el continente, y que por eso merecen especial mención puntual. Tal es el caso de su intensa crónica de la Revolución guatemalteca, Del pánico al ataque (1949); de sus ya clásicas piezas teatrales antiimperialista El tren amarillo (1950) y El pescado indigesto (1953); de su estudio sobre la situación política continental, Mapa hablado de América Latina (1973) y de su pionera historia de la América precolombina, Nuestros primeros padres (1979). Estos textos son lúcido ejemplo de un vibrante latinoamericanismo crítico que se profundizó en nuestro autor a medida que se identificaba con la Revolución cubana, con la agenda cultural de la Casa de las Américas y con el compromiso académico de la Universidad de La Habana, a las que dedicó sus mejores esfuerzos intelectuales.
Reconocido por algunos como dramaturgo, por otros como historiador y por otros como político, Galich fue un modelo de intelectual orgánico porque nunca desligó su actividad académica de los intereses populares, ni su esfuerzo estético de la función didáctica que la obra de arte escénico y ensayístico puede cumplir en coyunturas en las que se convierte en elemento movilizador de multitudes. En tal sentido, su legado escrito y su ejemplo personal constituyen un acervo invaluable para las juventudes que no han sido del todo seducidas por el relativismo a-moral, la fragmentariedad esquizoide y el descoyuntamiento estructural de las ideologías de la postmodernidad consumista en clave neoliberal. Hace falta, claro, que esas juventudes lo descubran. Y, para el efecto, hace falta que nosotros lo demos a conocer.
El legado y el ejemplo
En 1978, con ocasión del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, pude entrevistar en la Casa de las Américas a tres exministros de Arbenz: Alfonso Bauer Paiz, Guillermo Toriello y Manuel Galich. A los tres les hice una sola pregunta: ¿Por qué cayó Arbenz? Recuerdo que ante la severa autocrítica de Bauer Paiz, Galich reaccionó diciendo que de nada valía rasgarse las vestiduras por no haber estado a la altura de las circunstancias, y sugirió que la Revolución cubana era un resultado de los errores cometidos en Guatemala, con lo que adhería al criterio que al respecto había externado el Che Guevara, y también a su visión continental de la revolución popular como un proceso concatenado, cuya unidad estaba dada por la historia compartida de nuestros países.
Cuando le pregunté por qué no regresaba a Guatemala, me respondió que, de regresar, debía hacerlo como guerrillero y que para eso ya no tenía las facultades físicas requeridas, que sentía que podía servir mejor a la causa guatemalteca desde Cuba y que en ese sentido él seguía comprometido con la misma lucha popular que se había visto truncada en su país por la derecha local y el interés capitalista internacional.
Por su postura política y por su labor intelectual, Galich es reverenciado en Cuba. Tanto en la Casa de las Américas –en donde una sala lleva su nombre– como en la Universidad de La Habana –en la que existe una cátedra que también se llama como él. He sido testigo pleno de esto. Sobre todo cuando visité Cuba en enero de 2011 como jurado del Premio casa. Y al constatar cómo sus antiguos alumnos y los pupilos de éstos lo evocan con tantísimo afecto y agradecimiento, no pude dejar de lamentarme de que en Guatemala sólo les sea familiar a los sobrevivientes revolucionarios, a quienes se dedican al teatro y a los que asisten a las representaciones de sus obras, cuando debería ser ampliamente leído por estudiantes de secundaria, de ciencias sociales y de literatura, por políticos y activistas, y honrado como se merece en su calidad de intelectual orgánico de una revolución cuya agenda económica y política constituye todavía una asignatura pendiente en ese país.
El legado de Galich se concentra, pues, en su ejemplo: un ejemplo escritural que es político, y un ejemplo político que es moral. De aquí que sea un hecho afortunado el que su centenario coincida con el de Jacobo Arbenz, el presidente cuyo derrocamiento truncó la revolución modernizadora de Guatemala, retuvo a Galich en Argentina y después lo lanzó a Cuba, en donde desarrolló su vocación intelectual, artística y política de la mejor manera posible –dadas las circunstancias– y en donde su memoria es dignamente honrada, como tiene que llegar a serlo en su propio país.

Mario Roberto Morales

La Jornada en Línea

jueves, 25 de abril de 2013

Fidel, inagotable revolucionario

Texto leído por Hernando Calvo Ospina, el 17 de abril 2013 en la Casa de la América Latina de Paris, durante la presentación del libro “Le droit de l’Humanité à l‘existence” (El Derecho de la Humanidad a Existir), el cual contiene 22 “Reflexiones” del dirigente cubano Fidel Castro Ruz.

Fidel Castro en Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Fidel Castro en Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

«Es uno de los más grandes personajes del Siglo XX. En Francia, no existe ninguno de su talla, ni siquiera Charles de Gaulle. Se quiera o no a Fidel Castro, este hombre es un mito vivo…» Esto me lo expresó el gran actor francés Pierre Richard, durante una entrevista que realicé hace seis años.

Y sí, Fidel, como nos hemos acostumbrado a llamarle quienes admiramos su vida y obra, es un personaje fuera de serie.

En tres ocasiones he podido compartir diálogos con él, y estos quedaron grabados en mi memoria como de los más importantes momentos de mi vida. También he tenido la oportunidad de escucharlo en vivo en varias ocasiones. Yo no tomaba nota de sus análisis, pues sabía que al otro día los leería en los diarios cubanos. Es que yo prefería detallarlo. Ver cómo sus manos gesticulaban junto a la barba, mientras su dedo índice de la mano derecha parecía una batuta. Siempre creí que se quedaría sin voz, pues daba la sensación de estar agripado, pero en cada ocasión habló más de cuatro horas. Por el sentido de sus frases pasaba de dirigente a maestro; de compañero a padre.

Sería necesaria una larga búsqueda en la historia de la humanidad para encontrar a un líder político con tantas capacidades como Fidel ha demostrado. Además de tener una memoria prodigiosa, Fidel puede realizar cálculos matemáticos improvisados y en un abrir y cerrar de ojos. En la televisión, después de un discurso sobre geoestrategia, El sabía dar consejos a la población sobre la mejor manera de preparar un plato de la gastronomía tradicional cubana, con una olla multiusos que el gobierno entregaría a precio extremadamente módico; Se cuenta que durante la guerra de liberación de Angola y contra el estado racista de Sudáfrica, él asesoró a sus generales y casi dirigió las principales batallas desde La habana ; El le ha dado seguimiento al desarrollo de un ciclón, que amenazaba con pasar por Cuba, para luego explicar a los ciudadanos las medidas que se debían tomar para afrontarlo.

Es cierto que no la ha tenido fácil cuando ha realizado comentarios sobre un partido de beisbol, y una parte de la población no ha estado de acuerdo con El pues ello beneficiaba a un equipo. Tampoco produjo risas al proponer que se controlara el consumo de ron para el beneficio de la salud del pueblo: ha sido de las poquísimas propuestas de Fidel que nunca pudieron ser aplicadas.

Hasta donde he conocido, en una sola ocasión se creyó que se había vuelto loco. Fue durante un discurso en la ciudad de Camagüey, el 26 de julio de 1989. Ahí se le ocurrió decir a viva voz : « porque si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás…” Repito, eso lo dijo en julio de 1989, y mucha gente quedó preocupada pensando que el sol le estaba haciendo daño al Comandante. Y ¿qué pasó dos años después? ¡Se desintegró la URSS! El ya había analizado por donde estaba caminando Gorbachov.

Y con la desaparición de la URSS y el llamado bloque socialista europeo llegaron los momentos más difíciles que ha vivido esa revolución, pues Cuba quedó solita en este mundo. Se acabó el petróleo, la electricidad, la comida… Y muchos gatos terminaron en las ollas. Se vivió, durante casi ocho años, la misma situación que sufrió Europa al fin de la Segunda Guerra Mundial. Con una diferencia inmensa: USA entregó comida en préstamo a Europa, mientras que a Cuba le arreció el bloqueo para tratar de doblegar a la revolución por hambre. Y en ese 26 de julio de 1989, Fidel también había dicho que así se acabara la URSS: “¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!» ¡Y resistieron! El FMI y el BM no saben cómo fueron saliendo del abismo sin privatizar una escuela ni hospital. Yo busqué la respuesta en las calles cubanas. Y muchas personas me respondieron lo mismo: “Fidel nos dijo que de esa saldríamos. Y nosotros le creímos”. Y yo me atrevo a precisar: fue la fe en Fidel y en la revolución que él dirigía, pero también fue la solidaridad que existió entre los cubanos, que compartieron la poca sal y el poco arroz.

También la revolución ha sobrevivido porque Fidel y los cubanos no quisieron copiar ningún sistema, ni chino, ni soviético u otro. Construyeron una revolución a la cubana. Fidel no aprueba a los copiones. Siempre ha dicho que es mejor equivocarse por uno mismo. Así, en 50 años, a pesar de los errores, Fidel y los cubanos fueron moldeando otra sociedad más igualitaria. Pero claro, 50 años son muy poco tiempo para quitarse el lastre de 500 años de colonialismo europeo y estadounidense.

Fidel ha sido un estratega como muy pocos en la historia de la humanidad. Un soñador con un corazón inmenso, que ha vivido para su pueblo y la revolución: ha sido un soldado en la primera trinchera. Pero, además, ha hecho mucho por muchos pueblos pobres del mundo. Cuando diversos gobiernos proponían enviar tropas, El enviaba médicos y profesores de gratis. Haití ha sido el último ejemplo. Recuerdo mi incredulidad cuando supe que había decidido crear la Escuela Latinoamericana de Medicina, para becar a miles de jóvenes pobres latinoamericanos y estadounidenses. Y lo hizo a fines de los años noventa, cuando la situación económica seguía siendo difícil. Ahí sigue la ELAM, formando médicos para el continente.

En diciembre 2011 Fidel ingresó al Libro Guinness de los records como « la persona que más se ha intentado asesinar ». Se calcula que desde 1959 hasta el año 2000 se realizaron 638 planes e intentos, en su gran mayoría adelantados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA. Y no se olvide que la CIA depende directamente del presidente de esa nación. Wayne Smith, ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, me dio su versión del por qué su gobierno se obsesionó en asesinar a Fidel. Esta fue su respuesta: “Muchos líderes políticos nuestros han creído que Cuba tiene que ser parte de nuestro territorio; o que allá se debe hacer lo que nosotros queramos. Y si no hubiera sido por Castro seguramente sería así. Castro se convirtió en un entrometido que nos desafió y se burló de nosotros. Y esto le crispa los nervios a una superpotencia,”

Le faltó precisar al diplomático que Fidel y su Revolución le dieron un vuelco total al continente americano. Ya nada volvió a ser igual, ni militar ni políticamente: Washington tuvo que readaptar toda su estrategia de imperio.

Pero ¿cómo pudo Fidel Castro sobrevivir a tanto ensañamiento y tantos recursos? Muchos siguen recordando aquella tarde del 8 de enero de 1959 cuando Fidel llegó triunfante a La Habana, y en medio del discurso una paloma se posó en su hombro. En el silencio que se estableció, muchos se persignaron pues creyeron que Dios bendecía al “elegido”. Pero ningún poder extraterrenal hubiera podido hacer mucho por su seguridad, si no hubiera sido porque su pueblo, de adentro y afuera, además de muchos amigos de esa revolución, lo han cuidado.

El 19 de febrero 2008 yo estaba en La Habana. Hacía un sol resplandeciente en aquella mañana, pero el ambiente era diferente por todas partes. Es que pocas horas antes se había difundido el mensaje de Fidel donde declaraba que renunciaba a sus funciones como presidente del Consejo de Estado y de Comandante en Jefe. El pedía que lo continuaran llamando, simplemente, « compañero Fidel ». Lágrimas habían en los ojos de muchas personas que me crucé. «Es como si un padre renunciara a ser padre», me dijeron. Pero hacia el mediodía ya se escuchaba: «¿Que renunció Fidel? Pero ¡si Fidel es Fidel! El siempre será nuestro Comandante en Jefe, y ¡hasta después de su muerte!»
Como a muchos les gusta escuchar esto, pues sí, lo voy a decir: Fidel cometió errores. Humano es. Construyendo se cometen errores. Además, construyendo con la espada de la mayor potencia del mundo sobre la cabeza. Pero, además, él los ha reconocido. Para conocerlos sólo es necesario leer parte de su extensa obra intelectual. He visto su capacidad para avanzar mientras corregía sus errores.

Por todo eso y muchísimo más le tengo inmenso respeto y admiración a Fidel, como dirigente político, por humano, por soñador y visionario. Porque gracias a él, en Cuba no existe la miseria que existe en América Latina, pero también en Estados Unidos, y muchos lugares de Europa, incluida la bella Paris. Ningún niño en Cuba duerme en la calles, ni soporta hambre, o se queda sin escuela. Y esta es obra de Fidel. Y trabajar para el futuro de la infancia, que es también actuar para sus padres y las generaciones por venir, es la obra humana más noble y grandiosa.

Y aún así, muchos tratan a Fidel de dictador y han deseado su muerte. Pero es que éstos, sentados en buena mesa, no saben, o no les conviene saber, que miles de millones de humanos en el mundo necesitan “Fideles”. Necesitan a un Fidel Castro Ruz que les haga creer que son humanos y que no sólo vinieron a este mundo a sufrir.

Muchas gracias.

(*) Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su página web: http://hcalvospina.free.fr/

Tomado de Cubadebate

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