Los drones son esos
robots alados conocidos popularmente por hacer la guerra a distancia.
Hay miles de modelos; a reacción, con hélice, con forma de ala delta, y
hasta con pinta de abeja voladora. Es igual el modelo, mientras vuelen y
no estén tripulados, son drones. En el MIT (Instituto de Tecnología de
Massachusetts, por sus siglas en inglés), en Boston (EEUU), se están
desarrollando algunas de las propuestas más innovadoras en el campo de
los aviones no tripulados. Se están inventando prototipos que, además de
volar, han aprendido a aterrizar en una rama de un árbol o a volar en
bandada.
Uno de los más innovadores ha sido desarrollado por
Bhargav Gajjar, investigador asociado del Robotic Mobility Group del MIT
y propietario de la empresa que ha desarrollado un peculiar mecanismo
de aterrizaje para drones convencionales. Son unas patas extensibles
que, acopladas a la base de un dron, permiten al aparato tomarse un
descanso apoyado sobre una rama de árbol u otra superficie. Según relata
Gajjar, el proyecto es propiedad de las Fuerzas Aéreas de Estados
Unidos (USAF, en inglés) que, hace unos meses, lanzaron a concurso el
reto de acoplar unas patas mecánicas a drones convencionales.
Finalmente, este verano pasado, tras un examen final en la base aérea
militar Wright Patterson de Ohio, la USAF aprobó el mecanismo creado por
Gajjar.
En cuanto a la parte creativa, dos de los principales
retos a la hora de fabricar el sistema de sujeción del drone fueron el
peso y el consumo de batería. Y Gajjar se muestra orgulloso de este
punto ya que, "tras tres años probando centenares de prototipos" ha
creado un sistema en el que el drone "sólo consume batería a la hora de
desplegar las patas para el aterrizaje". Las extremidades, a su vez,
están fabricadas con plástico y metal "muy ligero para no dificultar el
vuelo", explica.
Las aplicaciones del
dron, dada la potestad de la criatura, son principalmente de uso militar
y seguridad. Está pensado para tener "una posición fija y privilegiada
para grabar con una cámara adicional", dice Gajjar. En este punto, el
científico se limita a explicar que su único propósito ha sido crear el
sistema de sujeción y que, de ahora en adelante, está todo en manos de
la USAF, que está desarrollando el drone en su totalidad.
Aún
así, añade que las aplicaciones de este robot son también civiles:
observación del tráfico, recuento de datos y su procesamiento, ayuda en
zonas catastróficas o como red wifi voladora. En su proceso de creación,
Gajjar insiste en que fue "básico observar y entender como funciona la
biología para crear cosas artificiales". "Observé a los pájaros y vi que
tienen un funcionamiento muy concreto en las pezuñas que les permite
engancharse a una rama y dormir de pie sobre ella. Copié ese mecanismo",
añade. "Intenté actuar como lo haría Leonardo Da Vinci durante el
proceso", añade.
Comunicación vía Wi−Fi Unas calles más allá,
sin salir de los dominios del MIT, trabaja la doctora en Ingeniería
Informática Sabine Hauert , que investiga en el área de la inteligencia
colectiva en el Instituto Koch de Cambridge. Sus primeras
investigaciones se remontan a tres años, en Suiza, cuando participó en
el desarrollo de un sistema que permite a los drones volar en grupo y
comunicarse entre ellos en el aire.
Estos drones, con forma
de ala delta, se hablan entre ellos mediante conexión Wi−Fi en un radio
de 300 metros. "Es como cuando caminas por casa con el portátil
buscando la mejor conexión a la red. Pues los drones hacen lo mismo:
'¿Estás aquí? ¿Estás aquí?', y si ya no estás aquí, modifican el vuelo
para volver a estar comunicados", describe Hauert.
En esta fase
de estudio, los drones ya fueron pensados para rescatar a víctimas en
zonas catastróficas y fueron testeados para habilitar una zona con
conexión inalámbrica en el terreno. "La idea es lanzarlos al cielo, que
se desplieguen sobre la zona y creen una red de comunicación Wi−Fi que
permita a las víctimas comunicarse entre ellas o con alguien del
rescate", declara la científica.
En cuanto al vuelo, la
investigadora comenta que crearon tres tipos de patrones. El primero, el
más sencillo, consiste en que los drones vuelen en cadena y hagan un
barrido de lado a lado hasta encontrar otro punto de conexión. El
segundo consiste en que los drones se vayan alejando de la conexión y al
perderla vuelvan al punto original. Y, en el tercero, se van dejando
información entre ellos "de manera que si uno pasa por aquí, el otro
pasa por allá".
Los resultados de las investigaciones impulsaron
la creación de SenseFly , una empresa suiza que emplea estos drones
para mapeos aéreos de alta resolución a vista de pájaro en sectores como
la planificación geográfica, la agricultura, la minería o el rescate.
Por ejemplo, los drones se han desplegado en dos ocasiones en Haití para
estudiar la zona tras el terremoto de 2010. Para ambos casos, los
resultados han sido "muy positivos", declara la compañía.
Una vez en el aire, en
caso de volar en grupo, los drones siguen a rajatabla las indicaciones
de un software en el que se ha planeado el vuelo previamente en base a
varios parámetros como la zona a sobrevolar o la calidad de las
imágenes. Los drones tienen integrado un sistema anticolisión durante el
vuelo.
También en el MIT, el departamento de Senseable City Lab
está perfeccionando un prototipo de drone para extraer y analizar
muestras de agua del río Charles que separa Boston de Cambridge. .
Con Información de La Nacion
Tomado de http://www.entornointeligente.com