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domingo, 9 de noviembre de 2014

Churchill persuadió a EE.UU. para ataque nuclear contra la URSS

Churchill trató de persuadir a EE.UU. para que lanzara un ataque nuclear contra la URSS

Un agente del FBI afirma que el primer ministro británico Winston Churchill trató de persuadir a EE.UU. de que lanzara un ataque nuclear contra la Unión Soviética para triunfar en la Guerra Fría, según recoge un medio británico.

Una nota recientemente revelada por parte de un agente del FBI informa de que Churchill instó al senador republicano Styles Bridges para que persuadiera al presidente de EE.UU. Harry Truman de que lanzara en 1947 un ataque nuclear que "exterminara" el Kremlin e hiciera de la Unión Soviética "un problema muy fácil de manejar", escribe 'The Daily Mail'. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Christine Granville: la espía favorita de Winston Churchill

 Christine Granville, espía al servicio de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.

Fotos nunca vistas de Christine Granville acaban de salir a la luz, excusa que ha servido a los medios para recordar la intrépida historia de esta mujer, agente de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial.
Granville –en realidad Krystyna Skarbek– fue una aristócrata polaca, reclutada por el SOE (Special Operations Executive), el servicio de inteligencia británico que Winston Churchill creó en 1940 con el fin de combatir el nazismo en Inglaterra y Francia.

Cuando tenía 30 años, Granville se casó por segunda vez, pero la felicidad conyugal no pudo durar, ya que en 1939 los alemanes invadieron Polonia, detonante que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. La joven no dudó en prestar sus servicios y emigró a Londres, donde fue reclutada en la sección D del Servicio Secreto Británico.

Las fotos encontradas muestran a la bella espía en su ternura y en la firmeza que le otorgó lidiar en un mundo de hombres y, además, agresivo y violento.

Las hazañas de la espía favorita de Churchill

Son muchas las anécdotas que se conocen de la intrigante vida de Granville. En una ocasión, engañó a un oficial de la Gestapo. Ella intentaba introducir propaganda británica en Polonia, y fingió que el paquete contenía té para su madre enferma: la sonrisa benigna y la belleza de la joven hicieron todo lo demás, y el oficial la ayudó a cruzar la frontera con el paquete.

A pesar de su sagacidad, Granville fue capturada una vez, junto con un oficial polaco, por la Gestapo, que pretendía torturarla y matarla, ya que se había comprobado que eran agentes que trabajaban para el enemigo. Ella, no obstante, se las arregló para liberarlos a ambos. Se mordió la lengua tan fuerte que comenzó a sangrar. Entonces la polaca comenzó a toser, fingiendo que estaba escupiendo sangre: la amenaza de la tuberculosis turbó a sus captores, que los liberaron con el fin de no contraer la temida enfermedad.

Los amantes

Christine Granville no fue sólo una exitosa espía al servicio de Inglaterra, sino que lidió con los hombres con soltura en todos los planos de su vida.
Su muerte se hizo mundialmente famosa, ya que falleció en el West London Hotel en 1952 en turbias circunstancias: fue asesinada con un solo corte de navaja por un celoso amante al que había dejado plantado. El asesino, George Muldowney, fue colgado como castigo a sus crímenes, lo que aumentó la fama de Granville y contribuyó a convertirla en una leyenda.

La realidad y la ficción

Sólo un año después, Fleming publicó Casino Royale, la primera novela de James Bond. Con ella apareció la primera ‘chica Bond’: una enigmática y bella europea de pelo oscuro llamada Vesper Lynd.

Los rumores dicen que el escritor y Christine eran amantes, pero no hay ninguna evidencia de que ambos se conocieran. Lo que sí parece obvio es que Fleming conocía la actividad de ella en la guerra, y la tenía en muy alta estima. En una serie de entrevistas concedidas en Estados Unidos acerca de la publicación de Casino Royale, Fleming habla extensamente de Christine –la única agente femenina que menciona– y sugiere que es el prototipo que define nuestro concepto del agente especial femenino.

Por otra parte, Clare Mulley, que escribió una biografía de Granville titulada La espía que amó, ha dicho: “Christine tenía una cierta vulnerabilidad. Podía ser increíblemente fuerte, y tenía ese valor tan impresionante; sabía lidiar con los hombres y demostró ser tan dura como cualquiera de ellos”. Aclara que su libro se titula así porque Granville “amó la libertad en el sentido más amplio –amó la adrenalina y las aventuras, amó a los hombres–, tuvo numerosos amantes y dos maridos. Pero por encima de todo amó la libertad, la de su país y la suya”.

Tomado de  http://blogs.elconfidencial.com

domingo, 30 de junio de 2013

Juan March, un agente del MI6 en la élite franquista

Del banquero Juan March se aprovechan hasta los restos, exhumados recientemente para completar su descendencia. La trayectoria política de uno de los mayores contrabandistas mundiales se escruta con la misma avidez que sus genes. Los servicios de espionaje del MI6 británico han liberado una información reveladora, sobre el papel del financiero mallorquín como espía a las órdenes de Churchill ante la corte de Franco. Los documentos verifican la información sustanciada en los años noventa por instancias académicas. En síntesis, March intermedió la entrega de generosos sobornos a los generales franquistas, a cambio de que estos militares de prestigio abdicaran de sus principios para disuadir al dictador de que entrara en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler.

En un solo párrafo, March se emparenta con Churchill, Hitler y Franco. Pero hay más. La operación puesta en marcha en 1940 suponía una movilización inicial de diez millones de euros en sobornos, equivalentes a 160 millones de pesetas de la época. Se trata de una cantidad astronómica, habida cuenta de que la percepción mensual de los militares de altísima graduación no superaba las cinco mil pesetas. Los sobornos que debía administrar el banquero fueron depositados en la sede neoyorquina de la Swiss Bank Corporation. Aquí aparece otra figura de relumbrón, porque la Casa Blanca paralizó la suma citada ante la fundada sospecha de que acabaría en manos de los nazis. Churchill tuvo que utilizar a su embajador en Washington, para convencer al presidente Roosevelt de que los fondos mencionados evitarían que Gibraltar cayera en manos de Hitler.

En efecto, los planes de los nazis contemplaban el bloqueo del Estrecho mediante la conquista de Gibraltar, el reforzamiento de la potencia artillera del Peñón y la instalación de baterías en la costa marroquí. El premier británico no sólo tuvo que vencer las objeciones de Roosevelt a colaborar con un notorio agente doble como Juan March. La investigación histórica ha demostrado que los colaboradores de Churchill compartían las suspicacias de la Casa Blanca. Londres desconfiaba del currículum ventajista del banquero mallorquín, que ya por aquellas fechas se enriquecía suministrando materias primas a Alemania. El primer ministro en persona tuvo que tranquilizar a sus subordinados. En un escrito de su puño y letra, admitía las numerosas facetas oscuras de la personalidad del financiero, pero lo consideraba la pieza clave para doblegar las voluntades a sueldo del generalato franquista.

La intervención manuscrita de Churchill, que había disfrutado de unas vacaciones en Mallorca, catapulta la leyenda de Juan March. En tiempos más globales, cuesta imaginar la figura de un empresario español que suscite una inquietud semejante y simultánea en Downing Street y en la Casa Blanca. Forjado en el contrabando de base, el financiero mallorquín poseía la flexibilidad de escrúpulos y la experiencia imprescindibles para corromper las voluntades de las autoridades que debían vigilar su actividad. La efectividad de Sherezade se multiplica si cobra por su trabajo de dilación. En cuanto a los perceptores de los sobornos, alcanzaron al mismísimo Nicolás Franco, hermano del dictador. El perfil de ilustres miembros del Ejército se desluce ante la confirmación de que se pronunciaron bajo precio. Con las importantes cantidades en juego, adquiere peculiares resonancias el discurso de José Varela, ministro del Ejército, al oponerse con vehemencia a la entrada española en el conflicto.

Franco se mantuvo neutral, por lo que puede hablarse de otro éxito en la carrera triunfal de Juan March. Dado que Churchill daría por bien empleados los millones cuya entrega se prorrogó anualmente hasta 1943, tampoco le molestaría saber que la libre disposición a cargo del intermediario favoreció que se autoadjudicara una comisión proporcionada a sus gestiones. El porcentaje retirado no figura en ningún archivo, de acuerdo con el sigilo que gobernó siempre la actividad del financiero. En todo caso, la percepción está justificada por el tiempo que detraía de su frenesí en los conflictos bélicos, dada su pasión por avituallar a ambos bandos. El funambulismo financiero le hizo morir en 1962 como uno de los hombres más ricos del planeta según Forbes. La imparable biografía de Juan March demuestra los efectos benéficos para el tráfico mercantil de los tiempos ya periclitados en que los banqueros podían acabar en la cárcel, como le ocurrió en un pasaje al protagonista de esta historia.

 Matías Vallés

Tomado de  http://www.levante-emv.com

viernes, 24 de mayo de 2013

El espionaje británico sobornó a militares de Franco para evitar que ayudara a Hitler

El dictador Franco
Documentos secretos de la Segunda Guerra Mundial que han sido ahora desclasificados y que pertenecían al servicio de espionaje británico MI6 han desvelado muchos detalles de los entresijos del conflicto que eran desconocidos. Como por ejemplo, que el servicio de espionaje británico sobornó a varios generales españoles para que estos disuadieran a Franco de entrar en la contienda europea del lado de Hitler.

Según publica el diario británico The Guardian, el MI6 pagó el equivalente a 200 millones de dolares de ahora (235 millones de euros) a militares cercanos a Franco para disuadirle de que España entrara en guerra. El dinero fue entregado a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, añade el diario británico.

Todo comenzó en junio de 1940, nueve meses después de que Hitler iniciase su invasión de Polonia. El entonces embajador británico en Madrid, Samuel Hoare pidió el dinero "sin retraso" al Foreign Office (Exteriores) británico para iniciar las gestiones.

"Que España entre o no en la guerra depende de la rapidez de nuestra acción", telegrafió Samuel Hoare en un aviso urgente al MI6. "La situación es crucial. No puedo malgastar más tiempo en explicar nuestra posición en este asunto".

Estas informaciones, que ya habían sido mencionada por algunos historiadores españoles, ahora se muestran con todos los detalles inéditos. Las entregas se hacía "a través del empresario balear Juan March y que un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario", ha comentado El historiador Jorge M. Reverte.

Otra de esas comunicaciones ahora desclasificas también desvelan los contactos de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos levantarse en el caso de que en España enviara tropas en apoyo a las alemanas. "Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído", terminaban el mensaje.

El banquete de Churchill y Stalin

Además, los informes desvelan que Churchill disfrutó de un gran banquete en el que no faltó el alcohol junto al dictador soviético Josef Stalin en medio de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, las relaciones entre ambos líderes eran bastantes tensas hasta que Churchill organizó ese encuentro, que implicó un banquete nocturno en 1942.

"Allí me encontré con Stalin y Churchill, y Molotov (ministro de Exteriores de la URSS), que se unió a ellos, sentado con una tabla: había alimentos de todo tipo, coronados por un cochinillo e innumerables botellas", escribió Sir Alexander Cadogan, subsecretario permanente en el exterior Oficina.

El estado de ánimo era "feliz como un matrimonio ", añadió, aunque Churchill se quejaba de un "leve dolor de cabeza" cuando Cadogan llegó. Los dos líderes no se dedican a hablar de asuntos militares durante la reunión, que se prolongó hasta las tres de la mañana, pero Churchill sondeó al ¨dictador¨ sovietico.

Tomado de  http://www.rtve.es/noticias

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