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domingo, 10 de enero de 2016

Proyecto A119: así fue como Estados Unidos pensaba detonar una bomba nuclear en la Luna



Proyecto A119: así fue como Estados Unidos pensaba detonar una bomba nuclear en la Luna
Foto portada: Razvan Lonut / Shutterstock


En 1958 se trazó un plan ultra secreto llevado a cabo por la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Bajo el nombre de Estudio sobre los vuelos científicos a la Luna, el Proyecto A119 tenía como intención la detonación de una bomba nuclear sobre la superficie lunar. Un proyecto desarrollado bajo el contexto de la Guerra Fría donde Estados Unidos pretendía demostrar su poderío frente a los rusos.

Ocurría unos años antes de que el hombre llegara a la Luna y el objetivo no era hacer volar al satélite, el proyecto tenía como “reclamo” de cara a la población que la detonación de la bomba ayudaría a la hora de responder algunos de los misterios de la astronomía y astro geología.


domingo, 20 de diciembre de 2015

La CIA planeó invasión musulmana contra la URSS




Infowars destaca en un trabajo de Wayne Madsen que, de acuerdo con un boletín TOP SECRET fechado el 4 de diciembre de 1952, la CIA intentó –durante los últimos días de la administración de Harry Truman–, desarrollar un programa secreto para fomentar el nacionalismo entre las tribus uzbekas de Afganistán con el fin de provocar una invasión contra la entonces República Socialista Soviética de Uzbekistán, parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). 

Esta revelación pone sobre el tapete que los intentos de usar a grupos musulmanes para atacar a Rusia en la actualidad tienen un fuerte precedente, en los que están implicados los servicios de inteligencia norteamericanos y otros renombrados halcones como Zbigniew Brzezinski –ex asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter–, el magnate George Soros, y el director de la CIA, John Brennan.

lunes, 1 de junio de 2015

La francotiradora más eficaz soviética

Una sniper soviética abatió a 309 soldados alemanes, entre ellos 36 francotiradores como ella, cuando resultó herida por fuego de mortero. Sucedió en junio de 1942 y tuvo que dejar el frente de guerra.  Como el francotirador soviético  Vasili Záitsev,  Lyudmila Pavlichenko se  convertiría en uno de los mitos del Ejército Rojo. Su historia empequeñece y es más increíble que la del francotirador norteamericano Chris Kyle.
 
Imagen
Lyudmila, a la izquierda
 
Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético contó con la participación de unas dos mil mujeres francotiradoras, de las cuales solamente llegaron a sobrevivir quinientas. La gran mayoría fueron nombres anónimos que perecieron en el campo de batalla junto a sus colegas masculinos. De las pocas cuyo nombre trascendió al frente de guerra fue Lyudmila Pavlichenko, una joven que estaba estudiando historia cuando la guerra estalló. Sus prácticas en un campo de tiro le sirvieron para entrar en el Ejército Rojo y convertirse en una de sus francotiradoras más letales. Herida en el campo de batalla, Lyudmila Pavlichenko pasó un tiempo viajando por Canadá y los Estados Unidos relatando sus experiencias. De vuelta a su país, continuó en el ejército donde formó a otros francotiradores. Y cuando llegó la paz se convirtió en historiadora.
 

lunes, 9 de febrero de 2015

El ejército fantasma que engañó a los nazis

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cultandexploitation.blogspot.ru
 
Varios artistas fueron reclutados para formar un 'ejército' de alrededor de mil soldados con tanques y equipos militares inflables que se hicieron pasar por 30.000 personas. Lograron con osadía su cometido: engañar a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y realizar operaciones secretas con éxito. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Churchill persuadió a EE.UU. para ataque nuclear contra la URSS

Churchill trató de persuadir a EE.UU. para que lanzara un ataque nuclear contra la URSS

Un agente del FBI afirma que el primer ministro británico Winston Churchill trató de persuadir a EE.UU. de que lanzara un ataque nuclear contra la Unión Soviética para triunfar en la Guerra Fría, según recoge un medio británico.

Una nota recientemente revelada por parte de un agente del FBI informa de que Churchill instó al senador republicano Styles Bridges para que persuadiera al presidente de EE.UU. Harry Truman de que lanzara en 1947 un ataque nuclear que "exterminara" el Kremlin e hiciera de la Unión Soviética "un problema muy fácil de manejar", escribe 'The Daily Mail'. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Cómo robó USA secretos de fuerza aérea rusa?

Cobardía y traición: así 'robaba' EE.UU. los secretos de la Fuerza Aérea rusa

Durante toda la historia, los militares de todos los países han tratado de familializarse, robar o adquirir las armas de su enemigo a veces a cualquier precio. Parte de esa historia se la ofrecemos a continuación.

El primer avión de combate soviético que cayó en manos de EE.UU. fue el Yak-23.

Después de la ruptura de relaciones con la URSS, la aeronave fue entregada por Yugoslavia a EE.UU. a cambio de  asistencia militar estadounidense, mientras que el propio caza apareció en Yugoslavia al ser robado por un piloto rumano desertor.

Yak-23 durante pruebas en Estados Unidos


viernes, 9 de mayo de 2014

Agente británica trató de reclutar a hijo de Brézhnev en Suecia

Una agente británica trató de reclutar al hijo de Brézhnev en Suecia

Se ha revelado que el Servicio de Seguridad sueco intentó reclutar al hijo de Leonid Brézhnev, Yuri, a través de la agente británica 'Ann', pero al final su plan falló.

El portal sueco 'Local' publicó los detalles de una historia de espionaje aparecida en un nuevo libro del exjefe del Servicio de Seguridad de Suecia, Olof Franstedt, titulado 'El cazador de espías'. Franstedt que en los años 1966-1978 lideró el Servicio de Seguridad sueco, habla de cómo en los años 60 querían conseguir mediante chantaje que el hijo de Brézhnev cooperara con la inteligencia sueca.

En ese entonces Yuri Brézhnev trabajaba en la misión comercial soviética en Estocolmo. La inteligencia británica proporcionó a Suecia un agente con el apodo 'Ann' a quien consideraban la agente seductora más eficaz de su época. Los británicos aseguraron a sus colegas suecos que 'Ann' no había fallado ninguna de las misiones en las que tuvo que seducir a los hombres.

La agente tenía que seducir al funcionario soviético y para eso atraerlo a una casa llena de cámaras ocultas y de equipos de vídeo. Las cintas grabadas se hubieran usado para el chantaje al hijo de Brézhnev.

Sin embargo, a pesar de la preparación cuidadosa de la operación, Yuri Brézhnev abandanó de repente el territorio de Suecia.

Resultó que uno de los empleados del Servicio de Seguridad de Suecia, Stig Bergling, reveló al KGB los planes. "Incluso hoy en día, me enojo cuando pienso en ello", reconoció Franstedt.

Bergling fue descubierto en 1979 y detenido cuando se dirigía a Israel. Luego fue deportado a Suecia, donde fue condenado a cadena perpetua por delito de traición a la patria.
 
Rusia Today

domingo, 13 de abril de 2014

CIA, Doctor Zhivago y propaganda contra la URSS

La CIA usó «Doctor Zhivago» como propaganda en la Guerra Fría
ABC

En enero de 1958 un misterioso paquete llegó al cuartel general de la CIA remitido por la Inteligencia británica. En el interior había dos rollos de fotografías de las páginas de una novela titulada «Doctor Zhivago». El libro, obra del autor ruso Boris Pasternak (1890-1960), había sido prohibido en la Unión Soviética y con tan misterioso envío los británicos estaban poniendo en bandeja a sus aliados estadounidenses la que sería la mayor arma cultural contra el comunismo durante la Guerra Fría. Y es que, según el libro «The Zhivago Affair», escrito por los periodistas Peter Finn y Petra Couvée y que será publicado en Estados Unidos el próximo 17 de junio, la Inteligencia estadounidense desempeñó un papel fundamental a la hora de hacer llegar la obra a los ciudadanos soviéticos.

En los más de 130 documentos que la CIA ha desclasificado a petición de los autores del libro, se detallan los entresijos de una operación que comenzó aquel día de enero y culminó con la publicación de «Doctor Zhivago» en ruso y la concesión del Premio Nobel de Literatura a Boris Pasternak. «Este libro tiene un gran valor propagandístico, no solo porque su mensaje y su naturaleza invitan a la reflexión, sino por las circunstancias de su publicación: tenemos la oportunidad de que los ciudadanos soviéticos se planteen que algo malo pasa con su Gobierno cuando una obra literaria escrita por el autor ruso vivo más conocido no puede ser leída en su propio país», asegura un mensaje de la CIA a los jefes de la División Soviética de la agencia, encargada de dirigir la operación. La «mano del gobierno de Estados Unidos» no podía «mostrarse de ninguna forma forma», según los archivos desclasificados.

El objetivo de la CIA

«El objetivo de la CIA era que el libro llegara a manos de ciudadanos soviéticos para que reflexionaran sobre el retrato que Pasternak hizo de la revolución de octubre de 1917 y fueran conscientes de la censura del Gobierno», explica el periodista Peter Finn en conversación vía e-mail con este periódico. Como principal punto de distribución del libro, la CIA escogió la Exposición Universal que se celebró en Bruselas en 1958, donde participaron 45 países.

El problema era cómo y dónde imprimir el libro en ruso sin levantar sospechas de la implicación estadounidense. Para ello y después de un infructuoso intento con un editor neoyorquino, la CIA contó con la ayuda de la Agencia de Inteligencia holandesa (BVD, en sus siglas en inglés). «En La Haya había una editorial muy buena especializada en cirílico. Los holandeses escogieron a un intermediario, un famoso anticomunista, para que organizara la impresión», cuenta Finn. El 6 de septiembre de 1958, la primera edición en ruso de «Doctor Zhivago» salió de la imprenta de Mouton Publishers. Se enviaron 200 libros al cuartel de la Agencia en Washington y los restantes a sedes en Europa occidental (Londres, Múnich, Fráncfort, Berlín y París). El paquete más grande, compuesto por 365 libros, llegó a Bruselas.
«La Exposición Universal fue un campo de batalla ideológico. Tanto EE.UU. como la Unión Soviética tenían enormes pabellones para desplegar sus intereses. Durante los seis meses que la feria estuvo abierta, unos 16.000 ciudadanos soviéticos consiguieron visas de Bélgica para asistir. La CIA no podía distribuir el libro desde el pabellón estadounidense, pero en el pabellón del Vaticano un grupo de católicos rusos (sacerdotes y voluntarios) había abierto una pequeña biblioteca, casi escondida, para distribuir literatura religiosa».
 
Era el lugar perfecto para que la CIA colocara «Doctor Zhivago», que empezó a circular entre los ciudadanos soviéticos. La Agencia había logrado su propósito. «Esta fase puede considerarse completada con éxito», reza un mensaje emitido el 10 de septiembre de 1958. Sin embargo, la editorial holandesa no había firmado contrato con Giangiacomo Feltrinelli, que en noviembre de 1957 había publicado una edición en italiano y poseía los derechos, por lo que la edición impresa en La Haya era ilegal.

La polémica con Feltrinelli, los ataques al escritor ruso en su país (se vio obligado a rechazar el Nobel «voluntariamente») y la presión internacional hicieron que la CIA se plantease la posibilidad de imprimir, en su propio cuartel general, una edición limitada, clandestina y de bolsillo de «Doctor Zhivago». Posibilidad que se hizo realidad en julio de 1959, cuando unas 9.000 copias salieron de la sede.

Operaciones culturales

Según los archivos de la CIA, buena parte de esas copias fueron repartidas por «agentes que tenían contacto con turistas y funcionarios soviéticos en Occidente». Además, unos 2.000 ejemplares fueron distribuidos entre estudiantes soviéticos en el Festival Mundial de Juventud por la Paz y la Amistad, celebrado en Viena en 1959. La semilla de «Doctor Zhivago» comenzaba a crecer. La fase final de la operación había concluido.

Para Peter Finn, «es muy difícil evaluar cómo influyó la novela en quienes pudieron leerla, así como los efectos del programa cultural creado en Estados Unidos en la década de 1950 y que duró hasta la caída de la Unión Soviética. Es evidente que la CIA consideró que valía la pena y gastó millones cada año en la traducción y publicación de todo tipo de obras, no solo literarias, sino también de historia, economía e historia del arte, entre otros temas».

Como apunta el periodista de «The Washington Post», «las ideas son importantes y este fue un momento histórico en el que la literatura fue de vital importancia. La Unión Soviética creía que las novelas, las obras de teatro y la poesía podían desempeñar un papel crucial en la construcción del hombre y de la sociedad soviética. La CIA, por su parte, confiaba en que distribuyendo la literatura rusa prohibida y la occidental entre los ciudadanos soviético podía sembrar dudas sobre el sistema y, con el tiempo, este esfuerzo iría corroyendo el poder soviético»

Hoy en día es imposible saber si esos esfuerzos «culturales» tuvieron éxito. Hasta el punto de que, como recuerda Peter Finn, «muchos han cuestionado la validez de este tipo de maniobras encubiertas en sociedades democráticas, ya que carecen de principios y son corruptas, incluso si la operación consiste en algo tan benigno como la publicación de libros».

El papel de Estados Unidos en la concesión del Premio Nobel a Boris Pasternak

martes, 21 de enero de 2014

21 de enero: 90 años de la muerte de Lenin

Hace 90 años, el 21 de enero de 1924, falleció Vladimir Ilich Ulianov, conocido como Lenin, víctima de las secuelas de un atentado contra su vida. Fue el arquitecto y líder de la Revolución de Octubre en Rusia, dirigente del Estado Soviético e inspirador para los pueblos que luchan por el Socialismo.

Había sido alcanzado por tres disparos con balas envenenadas al salir de la fábrica de Michelson, el 30 de agosto de 1918, donde hablaba a los obreros. Las narraciones de su reacción ante las graves heridas muestran, en boca de los testigos del hecho, médicos y familiares, la entereza y fortaleza con la cual se mantuvo firme, sin abandonar sus labores de dirección durante meses, hasta fallecer a la edad de 54 años.

El atentado no fue un hecho aislado, sino parte de un plan desatado por la reacción, pues ese mismo día asesinaron a Moisés Uritsky, comisario del Pueblo del Interior en la región norte, pero Lenin no aceptó las recomendaciones de abstenerse de asistir a su encuentro con los trabajadores.

Aún herido, siempre de pie, Lenin exhortó la tranquilidad a los obreros que lo rodeaban pues sangraba profusamente y al llegar al edificio del Krenlim subió por las escaleras hasta el tercer piso donde fue atendido por los médicos, señalan los relatos.

Sobrevivió al atentado, pero su salud se resintió demasiado. El XI Congreso del Partido comenzó sus labores el 27 de marzo de 1922. El líder abrió el encuentro y pronunció el informe político del Comité Central, en el último Congreso del Partido al que asistió. Su estado se agravó, pero se restableció en breve y volvió al trabajo.

El 5 de noviembre de ese mismo año, inició sus sesiones el IV Congreso de la Internacional Comunista, en el que Lenin rindió su informe “Perspectivas de la revolución mundial a los cinco años de la revolución rusa”.

El 20 de noviembre habló en el Pleno del Soviet de Moscú. El 30 de diciembre se celebró el I Congreso de los Soviets de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que creó la URSS. Enfermo nuevamente, no pudo asistir, pero todo el trabajo del Congreso, la Declaración y el Tratado sobre la formación de la Unión Soviética, estuvieron inspirados en sus indicaciones.

A principios de marzo de 1923, la salud de Lenin empeoró bruscamente. En mayo, volvió a trasladarse a la aldea de Gorki, a 35 kilómetros al sudeste de Moscú, y a mediados de verano se apreció cierto mejoramiento.

El 19 de octubre, llegó a Moscú, al Kremlin. Los que estuvieron con él cuentan cómo pasó aquel día. Se fue de su apartamento, estuvo en la sala de sesiones del Consejo de Comisarios del Pueblo, situada al lado de su vivienda, y permaneció allí un rato, miró alrededor, entró en su despacho, tomó unos libros de la biblioteca y bajó al patio del Kremlin.

Subió al automóvil, recorrió las calles céntricas de Moscú y visitó la Exposición Agrícola de toda Rusia. El recorrido duró dos horas, se diría que Vladimir Ilich se despedía de Moscú.
A principios de noviembre en 1923, lo visitó en Gorki una delegación de obreros de la fábrica de Glújovo. Uno de ellos, ya sexagenario, Kuznetsov, con lágrimas en los ojos, repetía sin cesar: «Soy obrero forjador, Vladimir Ilich. Forjaremos todo lo que has concebido». ¡Fue esta la última entrevista de Lenin con los obreros!

Tampoco pudo asistir al XII Congreso del Partido, pero los delegados tomaron en cuenta, en sus resoluciones, las indicaciones hechas por él en sus últimos artículos y cartas. Luego de una aparente mejoría, a fines de 1923 sobreviene un recrudecimiento de su enfermedad.

El 21 de enero de 1924, al anochecer, a las 6:50, falleció de un derrame cerebral. Por la noche se reunió el Pleno del Comité Central del Partido, y dirigió un llamamiento al pueblo: «Ha muerto el hombre bajo cuya dirección combativa nuestro partido, envuelto en el humo de la pólvora, enarboló con mano recia la bandera roja de octubre en todo el país, barrió la resistencia de los enemigos y consolidó firmemente el dominio de los trabajadores en la Rusia zarista. Ha muerto el fundador de la Internacional Comunista (…) el amor y el orgullo del proletariado internacional, la bandera del Oriente oprimido, el dirigente de la clase obrera rusa».

La dolorosa noticia se propagó rápidamente por el país y por el mundo entero. El 22 de enero M. Kalinin, presidente del Comité Ejecutivo Central, la anunció a los delegados al XI Congreso de los Soviets de toda Rusia.

El día 23 de ese mismo mes, fue trasladado de Gorki a Moscú el féretro con el cadáver de Lenin y colocado en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos. Por espacio de cuatro días, a pesar de las rigurosas heladas, centenares de miles de obreros y campesinos, soldados rojos y empleados, delegaciones de trabajadores de todos los confines de la Unión Soviética, adultos y niños pasaron, día y noche, por la Sala de las Columnas para rendir el último homenaje al gran Lenin.

El 26 de enero se celebró en el teatro Bolshoi una sesión del II Congreso de los Soviets de la URSS consagrada a su memoria.

En el Congreso hablaron la esposa de Lenin, N. Kruspskaya, así como J. Stalin, Clara Zetkin y N. Narimanov. En nombre de la fábrica Krasni Putílovets habló A. Serguéev; de los campesinos sin partido, A. Krayushkin; del Ejército Rojo, K. Voroshílov; de la juventud, P. Smorodin, y de los hombres de ciencia, el académico S. Oldenburg.

El Congreso adoptó el acuerdo de perpetuar el recuerdo de Lenin y dirigió un mensaje a la humanidad trabajadora. Subrayó que el mejor monumento a él sería la propagación masiva de sus ideas. En 1965 se concluyó la publicación de sus Obras Completas en 55 tomos, con cerca de 9.000 documentos suyos y que después se publicaron en 120 países.
A petición de los obreros de Petrogrado, el Congreso aprobó la decisión de dar el nombre de Leningrado a esa ciudad.

El pueblo soviético se despidió de su guía lleno de profundo dolor. El proletariado internacional suspendió todos los trabajos durante cinco minutos. Se detuvieron los automóviles y los trenes, se interrumpió el trabajo en las fábricas y de esa manera solemne los trabajadores del mundo entero se despedían de Vladimir Ilich.

El 27 de enero, a las cuatro de la tarde, se realizó el entierro de Lenin. El ataúd fue depositado en el mausoleo construido especialmente con ese fin en la Plaza Roja.

Vladimir Ilich Ulianov, dejó como legado un cuerpo de ideas revolucionarias que no pierden vigencia sino que por el contrario se ratifican hoy a la luz de la profunda crisis del capitalismo internacional.

Uno de los más grandes Leninistas de nuestros tiempos, el comandante Fidel Castro Ruz, en una ocasión expresó:

“Lenin es de esos casos humanos realmente excepcionales. La simple lectura de su vida, de su historia y de su obra, el análisis más objetivo de la forma en que se desenvolvió su pensamiento y su actividad a lo largo de su vida, lo hacen en realidad ante los ojos de todos los humanos un hombre verdaderamente, repito, excepcional”.

“Llegará el día en que el homenaje a Lenin sea el homenaje de todos los pueblos, llegará el día en que el homenaje a Lenin sea el homenaje de todos los Estados, llegará el día en que el homenaje a Lenin sea el homenaje de toda la humanidad. De eso nosotros no tenemos la menor duda”.

En su gran poema a Lenin el poeta Bertolt Brecht, escribió: “Al morir Lenin, un soldado de la guardia, según se cuenta, dijo a sus camaradas: Yo no quería creerlo. Fui donde él estaba y le grité al oído: “Ilich, ahí vienen los explotadores.” No se movió. Ahora estoy seguro que ha muerto”.


Radio del Sur

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Algunos de los secretos de la primera bomba atómica de la URSS

Semipalátinsk. Archivo

Para gran sorpresa del gobierno de Estados Unidos, la primera bomba atómica soviética fue detonada en el polígono de Semipalátinsk el 29 de agosto de 1949. Los documentos desclasificados relatan el papel que desempeñó la inteligencia soviética en lo que respecta a la creación de la bomba.

La culminación de un proyecto secreto tuvo lugar en la orilla izquierda del rió Irtish, a 130 kilómetros de la ciudad de Semipalátinsk, al noreste de la república soviética de Kazajstán.

Fue la instalación militar secreta una conocida como: “Polígono Nº2” del Ministerio de las Fuerzas Armadas de la URSS. Unidad militar 52 605, responsable de efectuar las pruebas del dispositivo RDS-1, o “Artículo 501” O, hablando claro, la primera bomba atómica soviética.

La noticia sobre la detonación en la URSS de un dispositivo nuclear fue un duro golpe para el presidente de EEUU, Harry S. Truman, porque todos los científicos estadounidenses y la CIA le habían asegurado que los soviéticos necesitarían por lo menos diez años para desarrollar sus propias armas atómicas.

Pero Truman recibió un segundo golpe, y mucho más fuerte, cuando los expertos al poco tiempo informaron que todos los parámetros de la bomba soviética coincidían con los de la primera bomba estadounidense explotada en 1945.

La conclusión era evidente: los rusos habían robado información ultra secreta.
Revelaciones sobre la creación de la primera bomba atómica soviética
 
La respuesta de Moscú, también desconcertó a Occidente, desde la tribuna del parlamento soviético, el físico soviético Igor Kurchátov, en un discurso cargado de patriotismo hizo el anuncio sensacional:

“Los científicos soviéticos consideraron un deber patriótico garantizar la seguridad de la Patria, y obtuvieron éxitos importantes en la fabricación de armas atómicas”, dijo Kurchátov seguido de una estruendosa ovación en la sala.
Los experimentos en materia de la física nuclear en los años 30 y 40 del siglo pasado se realizaban en Estados Unidos, Gran Bretaña, Unión Soviética y Alemania.

Pero fue precisamente en Alemania donde aparecieron tres figuras que es indispensable recordar, los científicos en física: Albert Einstein, Klaus Fuchs y Otto Hahn.

El futuro Premio Nobel Otto Hahn obtuvo pruebas irrefutables de la fisión nuclear de uranio en 1938, lo cual permitía desarrollar nuevos tipos de armas.

Afortunadamente, estas armas no cayeron en manos de Adolfo Hitler, que llevaba ya cinco años en el poder en Alemania, por una serie de razones. En primer lugar, porque el líder del Tercer Reich exigió resultados inmediatos, y nadie los pudo garantizar.

Además, muchos de los científicos destacados emigraron de Alemania. Aquellos que por algunas razones no simpatizaban mucho con el gobierno nazi, como Klaus Fuchs, que era miembro del Partido Comunista de Alemania, y aquellos que no pertenecían a la raza aria. En otras palabras, los judíos y entre ellos estaba Albert Einstein.


Mientas que Einstein emigró directamente se dirigió a Estados Unidos, Fuchs llegó al Nuevo Mundo apenas en 1943, este momento importante de su vida, lo comentaremos luego.

El 2 de agosto de 1939, Einstein escribió una carta al presidente de EEUU Roosevelt que decía: “Me consta que Alemania ha suspendido actualmente la venta de uranio extraído de las minas de la Checoslovaquia ocupada...” El científico supuso que los nazis lo necesitaban para desarrollar armas nucleares.

Dos meses y medio más tarde Franklin Roosevelt agradecería a Albert Einstein su carta y diría: “¡Esto nos obliga a actuar!”.

Sin embargo, en 1945 se supo que los alemanes habían suspendido la venta del uranio porque las fábricas de armamento alemán necesitaron el mineral de uranio para reforzar el blindaje de los carros de combate.

Mientras tanto, en la ciudad canadiense de Quebec, Roosevelt acordó con el primer ministro británico, Whiston Churchill unir esfuerzos en el desarrollo de las armas nucleares ocultando estos planes a su aliado, Josif Stalin, líder de la Unión Soviética.

Y por cuanto Gran Bretaña era objeto de constantes bombardeos de la aviación nazi, se decidió que las instalaciones nucleares se construirán en Estados Unidos.

Para la realización del proyecto, bajo el nombre en clave “Manhattan”, se creó en la población de Los Álamos, en el estado de Nuevo México el Laboratorio Nacional. Con una financiación para aquellos años inaudita más de 2.500 millones de dólares.

En marzo de 1943, lo que antes fue un sanatorio para jóvenes se convirtió en un centro de investigaciones secretas vigilado por la inteligencia militares y el FBI. Allí fueron reunidos los físicos más destacados del siglo XX, entre ellos más de una decena de los Premios Nobel. En total en el Laboratorio trabajaban unos 130 mil empleados, entre militares y civiles.

El centro secreto estaba a cargo del coronel Leslie Groves. Y su director científico, fue el físico estadounidense Robert Oppenheimer.

Oppenheimer, por cierto, estaba casado con una sobrina del mariscal de campo alemán Keitel, quien en mayo de 1945 firmaría el Acta de Capitulación de la Alemania Nazi.

Por invitación de Oppenheimer, y procedente de Inglaterra, a Los Álamos llegó uno de los físicos más destacados en investigaciones nucleares. Su nombre era Klaus Fuchs, como recuerdan emigrante alemán y miembro del Partido Comunista de Alemania.

A partir de este momento, el Kremlin comenzó a recibir información secreta sobre intensos trabajos de investigación sobre el empleo de la energía atómica con fines militares en EEUU.

Porque resultó que ya en 1941, Klaus Fuchs había sido reclutado por la inteligencia soviética o, como afirman otras fuentes, él mismo ofreció sus servicios como agente.

El 13 de junio de 1945, doce días después de terminar el montaje de la bomba, Fuchs informó sobre los preparativos de una prueba importante del proyecto Manhattan.

La primera en la historia explosión atómica en la historia de la humanidad se produjo a las cinco horas y treinta minutos de la madrugada del 16 de julio de 1945, a sesenta millas de distancia de la ciudad Alamogordo, en el suroeste de Estados Unidos.

En el polígono de prueba estuvo Klaus Fuchs.

El informe sobre la prueba exitosa fue enviado en un avión especial al presidente Truman que en ese momento se encontraba en la ciudad alemana de Potsdam. Allí tuvo lugar la tercera y última reunión de los líderes de las tres potencias aliadas.

Tras leer el informe Truman declaró: “Ahora disponemos de un arma que podrá cambiar el curso de la historia y de la civilización”.

Truman y Churchill quedaron muy asombrados de la tranquila reacción de Stalin, que permaneció inmutable. Incluso pensaron que el líder soviético simplemente no entendió de qué se trataba.

Sin embargo, inmediatamente concluida la reunión, Stalin dio la orden de acelerar los trabajos del programa nuclear soviético.

La reacción de Stalin fue muy diferente cuando le informaron sobre los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Según testigos, quedó profundamente conmocionado.
El 20 de agosto de 1945, en la URSS fue creado un comité especial para “coordinar todas las investigaciones sobre el uso de energía nuclear”.

Como presidente del comité fue nombrado Lavrenti Beria, jefe de los servicios secretos. Su director científico fue Igor Kurchátov.

El académico soviético Piotr Kapitsa, insigne físico y futuro Premio Nobel, formó parte del comité, pero muy pronto lo abandonó tras escribir una nota a Stalin con el mensaje siguiente: “Si Beria quiere comportarse como un director de orquesta, además de mover la batuta, le convendría también conocer las notas”. Y pidió ser excluido del comité. Tal declaración sólo podía permitírsela una persona de talla de Piotr Kapitsa.

Los demás participantes del proyecto aceptaron las condiciones y empezaron a trabajar.
Ya en 1943, Igor Kurchátov había informado al gobierno que la URSS estaba muy rezagada en las investigaciones nucleares. Ahora, ese retardo debió superarse en el plazo más corto posible.

En estas circunstancias, la ayuda proporcionada por los servicios de espionaje soviéticos tuvo un significado mucho más que especial.El agente ‘Charles’, nombre en clave de Klaus Fuchs, entregó en septiembre de 1945 a los soviéticos una descripción técnica de 33 páginas de la bomba atómica de EEUU.

Las pruebas de la primera bomba atómica de la URSS tuvieron lugar cuatro años más tarde, el 29 de agosto de 1949. Y efectivamente, la primera bomba atómica soviética en muchos aspectos tenía las características de la primera bomba estadounidense.

Entonces, ¿es cierto que los científicos soviéticos como escolares mediocres copiaron la tarea a los sobresalientes escolares estadounidenses?

No, todo no es así de tan simple.

Los materiales obtenidos a través de los agentes de la inteligencia soviética permitieron no cometer errores, evitar investigaciones sin sentido y, lo más importante, reducir los plazos para la creación de las armas nucleares propias.

El monopolio nuclear estadounidense dejó de existir.

Para ese momento EEUU ya había elaborado el llamado ‘Plan Dropshot’, una operación militar que preveía asestar golpes nucleares preventivos contra la Unión Soviética. En una primera etapa, el plan estipulaba lanzar más de 300 bombas atómicas y otras 250.000 bombas convencionales sobre el territorio de la URSS. Ni que decir de las etapas posteriores.

“Si nos hubiésemos retrasado un año o un año y medio, habríamos sido víctimas del plan”, dijo Stalin. Fue una de las pocas ocasiones que la que el líder soviético tuvo toda la razón.

Años más tarde, en 1992, el jefe del programa soviético de las armas nucleares, académico Yuli Jaritón, destacó el papel que habían jugado en la creación de la primera bomba atómica en la URSS los datos obtenidos por el espionaje soviético especialmente los enviados por Klaus Fuchs.

Mientras, la situación de Fuchs se hacía cada vez más inestable, ya que a partir de 1949 los servicios secretos estadounidenses y británicos empezaron a sospechar que había proporcionado la información a la URSS.

Fuchs fue arrestado en enero de 1950 y reconoció su culpabilidad. Fue procesado por el Tribunal Penal Central de Londres y sentenciado a catorce años de prisión, el máximo posible por pasar secretos militares a una nación aliada. Pudo ser peor: el mismo Fuchs pensaba que sería condenado a la pena de muerte. Pero catorce años fue pena máxima por espiar a favor de un Estado aliado. Hasta 1945, la URSS y Gran Bretaña eran aliados.

Tras cumplir nueve años y medio de condena, el físico alemán fue puesto en libertad “por conducta ejemplar”. Los últimos años de su vida los pasó en la República Democrática Alemana donde continuó con su carrera científica, logrando una considerable importancia. Fue elegido miembro de la presidencia en la Academia de Ciencias Naturales y en el Comité Central del Partido Socialista.

Klaus Fuchs suministró información importante a la Unión Soviética de forma absolutamente desinteresada, partiendo de sus convicciones políticas y la certeza del profundo peligro que suponía el monopolio nuclear que pretendió crear Estados Unidos.

El estado soviético agradeció a Fuchs condecorándolo con la Orden de la Amistad de los Pueblos, uno de los más altos galardones de la Unión Soviética.

Sin embargo, Fuchs no fue el único agente que colaboró con los servicios secretos de la URSS en materia de las investigaciones nucleares.

Los esposos Ethel y Julius Rosenberg también fueron detenidos en Estados Unidos, acusados de entregar secretos nucleares a la URSS.

Hoy en día se puede afirmar que los Rosenberg colaboraron con los servicios secretos soviéticos. Pero es muy poco probable que los datos proporcionados por ellos, que no eran especialistas en física nuclear, hubieran sido útiles para los científicos soviéticos en el desarrollo de la bomba atómica.

Por desgracia para los Rosenberg, el proceso contra ellos tuvo lugar en una época del macarthismo, cuando la simpatía a la ideología comunista ya era considerada un delito.

La colaboración de los Rosenberg con la inteligencia soviética se descubrió debido a las declaraciones de Klaus Fuchs a las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses, que fueron empleadas para la implicación de Harry Gold, un testigo clave en los juicios de David Greenglass, hermano menor de Ethel Rosenberg.

Los esposos rechazaron todas las acusaciones pero el jurado los declaró culpables y una semana después el juez Irving Kaufman los sentenció a la silla eléctrica.

La mayoría de los físicos que accedieron a los planos entregados por Julius Rosenberg los calificaron de “caricaturas” y llenos de errores.

A pesar de las protestas que provocó la sentencia judicial para los esposos Rosenberg, el presidente de EEUU, Dwight Eisenhower, aprobó la pena de muerte.

En los últimos minutos antes de la ejecución los esposos estuvieron juntos.

En la habitación había un teléfono que conectaba directamente con la secretaría de Justicia. Una llamada confesando su culpabilidad podía salvarles la vida, pero Rosenberg dio la espalda al teléfono. El 19 de junio de 1953, a las 20 horas 6 minutos Julius fue ejecutado en la silla eléctrica en la cárcel de Sin Sing. 6 minutos más tarde murió Ethel.
Posiblemente no existe ningún país en el mundo en que la traición de los intereses nacionales sea impune.

Así es.

Pero ¿quién fue castigado por la muerte de cientos de miles de civiles, víctimas de las bombas atómicas en Japón?

Repasemos una carta de Einstein al presidente de EEUU Truman: "No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: piedras y palos". 

Ria Novosti

domingo, 3 de noviembre de 2013

Simulacro militar en 1983 y posible guerra nuclear

Un simulacro militar estuvo a punto de provocar una guerra nuclear en 1983

Unos documentos desclasificados muestran lo cerca que estuvo la Unión Soviética de lanzar un ataque contra el Reino Unido y EE.UU. en 1983, tras malinterpretar unos ejercicios militares de la OTAN y considerarlos el inicio de un ataque atómico.

Los ejercicios militares llevados a cabo en el marco de la Operation Able Archer (Operación Arquero Capaz), realizados en Europa en noviembre de 1983 por EE.UU. y sus aliados de la OTAN, fueron tan realistas que los soviéticos casi creyeron en la posibilidad de que se estuviese iniciando un ataque nuclear sobre su territorio.

"La Guerra Fría se describe a veces como un 'equilibrio de poder' estable entre el este y el oeste, pero la historia de Able Archer muestra que en realidad se trataba de un período sorprendentemente peligroso en el que el mundo estuvo al borde de una catástrofe nuclear en más de una ocasión", explicó al diario 'The Guardian' el director de la organización Servicio de Información Nuclear, Peter Burt.

"Estos documentos recogen un momento crucial en la historia moderna", señala Burt, responsable de la desclasificación de los documentos, que solicitó amparándose en la Ley de Libertad de Información.

Los hechos sucedieron poco después de que el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan bautizara a la URSS como 'El Imperio del Mal', tras haber abatido un avión comercial surcoreano que se había desviado de su ruta programada y había penetrado en el espacio aéreo soviético.

En cuanto comenzaron los juegos de guerra Able Archer, el Kremlin ordenó equipar con armas nucleares a varios aviones que se encontraban en los hangares de Alemania Oriental y Polonia y enviar submarinos soviéticos con misiles balísticos nucleares a que se ocultaran bajo el hielo del Ártico. Además, puso unos 70 misiles SS-20 en estado de alerta.

Inicialmente la OTAN y sus aliados pensaron que la respuesta soviética eran otros ejercicios de guerra llevados a cabo por la URSS. Sin embargo, los documentos secretos revelan que los rusos creyeron en un principio que los ejercicios militares eran el preludio de un ataque nuclear contra su país, por lo que en realidad se estaban preparando para la guerra.

Robert Armstrong, el entonces secretario del Gabinete del Gobierno británico, informó a la primera ministra Margaret Thatcher que la respuesta de los soviéticos no parecía ser un ejercicio, ya que se llevó a cabo durante un día festivo importante en la URSS, contaba con alertas y actividad militar real y se limitaba geográficamente a la zona donde la OTAN llevaba a cabo sus ejercicios, es decir, el centro de Europa.

El rotativo británico indica que fue el desertor soviético Oleg Gordievsky quien facilitó gran parte de la información a los servicios de inteligencia.
"El alarmado Gobierno de Thatcher se dio cuenta [en ese momento] de que la Guerra Fría tenía que llegar a su fin y comenzó a convencer a sus aliados estadounidenses de lo mismo", afirmó Burt al rotativo.

Tal fue la gravedad que, según el exdirector de la Organización Conjunta de Inteligencia de Australia, Paul Dibb, "el ejercicio de1983 supuso una amenaza más grave que la crisis de los misiles cubanos de 1962". "Able Archer podría haber provocado una definitiva catástrofe no intencionada", agregó.
 
Russia Today

domingo, 5 de mayo de 2013

Los 50 años del escándalo de sexo y espionaje del 'caso Profumo'

Christine Keeler, 1963
La famosa silla de Christine Keller
Una corista convertida en sensación nacional —la foto en la que posa desnuda tras la silla con un mohín pícaro es una de las grandes imágenes de la segunda mitad del siglo XX—; un ministro de Guerra, casado, conservador y con título nobiliario, pillado en peligrosas aventuras de cama y contando mentiras a la Cámara de los Comunes; un agregado naval de la Embajade de la URSS que en realidad era espía y que también estaba liado con la misma chica, a su vez amante de un vendedor de heroína al menudeo...

¿Más pimienta? Añadan el año, 1963, en plena cúspide paranoide la Guerra Fría, y el lugar, Londres, capital del artificio, la doble moral y la prensa amarilla, y ya tienen montada la trama de uno de los grandes escándalos políticos de la segunda mitad del siglo XX, el caso Profumo.

Dimisión por "problemas de salud"

El 50º aniversario del tremendo lío de sexo, mentiras y secretos militares que llevó a la renuncia al entonces primer ministro tory Harold McMillan (que no fue muy original a la hora de justificar la dimisión: "problemas de salud") es recordado ahora en varias exposiciones en el Reino Unido, donde el escándalo se integró en la cultura popular, fue explotado por los medios de comunicación y utilizado por los artistas de la emergente generación del pop de los años sesenta del Swinging London.

Scandal '63: The Fiftieth Anniversary of the Profumo Affair (El escándalo del 63, el 50º aniversario del caso Profumo), en la National Portrait Gallery de la capital británica hasta el 15 de septiembre, demuestra que, pensemos lo que pensemos, los ingleses tienen una envidiable capacidad para exhibir los trapos sucios cuando todavía las manchas no han sido lavadas por el tiempo.

El museo público nacional saca de sus almacenes todas las obras de arte generadas por el asunto, entre ellas una colección de fotos de la gran protagonista, Christine Keeler, la showgirl de familia obrera que trabajaba en clubes nocturnos y era amante en días alternos del ministro John Profumo, el espía rezident de la URSS en Londres Yevgeny Ivanov y el camello de drogas en el submundo londinense y promotor de jazz Johnny Edgecombe.

La sesión de la silla

Entre las obras que se exhiben están, por supuesto, las fotos que Lewis Morley hizo a Keeler en la famosa sesión de la silla, aunque no se exponen otras mucho más explícitas de la muchacha, que entonces tenía 21 años y no llegó a ser acusada de ningún delito. Las imágenes, tomadas en pleno apogeo del escándalo, eran, en teoría, para promocionar la película The Keeler Affair, un documental para el que ella había firmado un contrato que la obligaba a posar desnuda, aunque en el último momento se echó para atrás y logró que las imágenes no revelasen nada.

Una de las fotos, la que abre esta pieza, fue filtrada por alguien —nunca se supo quién— al tabloide sensacionalista Sunday Mirror, que la publicó a toda página en portada. Buena parte del público del Reino Unido se enamoró de Keller, sensual y atrevida, y, de paso, convirtió en un éxito de ventas la silla del diseñador danés Arne Jacobsen, el modelo conocido como 3107 chair, uno de los muebles más copiados de la historia. Para evitar pagar copyright al diseñador, el fotógrafo Morley utilizó una copia pirata para sentar a Keller.

Pauline Boty, menospreciada por Hockney y Blake

La exposición de la National Portrait Gallery permite el redescubrimiento de una artista injustamente olvidada, Pauline Boty, de la que se expone una foto —la pintura original desapareció— en la que posa con un cuadro basado en la imagen de Keller en la silla. Muy dotada y de gran producción, Boty fue menospreciada por la crítica y por algunos de sus contemporáneos del movimiento pop inglés (era amiga de los muy admirados David Hockney y Peter Blake), que siempre la consideraron poco más que una muchacha agraciada. Tiene cierto sentido que Boty se haya interesado por la figura de Keller, también manipulada y uitilizada por su condición femenina.

No es la única exposición con obras de Boty que se va a celebrar en el Reino Unido. La antología Pauline Boty: Pop Artist and Woman (Pauline Boty: artista pop y mujer) está anunciada, entre el uno de junio y el 16 de noviembre, en la Wolverhampton Art Gallery, la primera muestra en un museo de una artista "largamente ensombrecida por sus compañeros masculinos", apuntan los organizadores. Entre los 40 cuadros que se mostrarán al público, muchos nunca antes exhibidos, hay collages con gran carga política.

El interés por la obra de Boty no repara las heridas de una vida de práctico olvido y una trágica muerte prematura, en 1966, a los 28 años, tras padecer un cáncer inoperable mientras estaba embarazada y negarse al tratamiento por temor a perder el feto. Solamente fumaba marihuana para mitigar los dolores y dibujó hasta el día antes de morir.

Por  ÁNXEL GROVE

Tomado de  http://www.20minutos.es


miércoles, 10 de abril de 2013

De cómo la CIA impulsó el expresionismo abstracto

La_CIA_y_la_guerra_fra_cultural_Frances_Stonor_SaundersWilli Münzenberg fue, según el retrato que de él hizo Stephen Koch, el gran factótum de la propaganda soviética en Europa en el periodo de entreguerras. Puso su imaginación al servicio del Komitern, el organismo que aspiraba a expandir la influencia del marxismo-leninismo por todo el mundo. Y su imaginación fue prodigiosa: inventó la operación secreta de propaganda y movilizó al servicio de sus intereses a simpatizantes que ignoraban que sus conciencias estaban siendo manipuladas.

Münzenberg comprendió que la propaganda más efectiva no era la de cuño manifiestamente bolchevique, sino la que afectos a la izquierda no comunista podrían realizar. Resultaba indispensable que ofreciesen una imagen pública de independencia; es más, ellos mismos debían creerse independientes.

Marionetas

Escritores, periodistas, actores, dramaturgos, profesores, en definitiva, líderes culturales y creadores de opinión, fueron marionetas movidas por los hilos que manejaba una intrincada red de agentes de Stalin comandada por Münzenberg. Él llamaba a aquellos intelectuales, con evidente desprecio, "los clubes de inocentes".

Inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos consideraron una prioridad absoluta erosionar la seducción que el marxismo y el comunismo ejercían sobre las elites ilustradas europeas. Se puso en marcha entonces un ambicioso programa de propaganda cultural financiado, en un primer momento, con los fondos reservados del Plan Marshall y luego, a partir de 1947, por la Agencia Central de Inteligencia, la CIA.

Misma estrategia, mismas armas

Debate acaba de reeditar el libro que la periodista británica Frances Stonor Saunders dedicó a aquella operación. La CIA y la guerra fría cultural –cuya primera edición en inglés se publicó en 1999 y su traducción al español, en 2001– detalla el empeño de los servicios secretos norteamericanos por demoler el éxito que habían alcanzado las campañas de Münzenberg. Recurrieron exactamente a la misma estrategia y a las mismas armas que el espía soviético había empleado pocos años antes.

En efecto, el mismísimo Münzenberg no habría puesto reparos a la definición de propaganda que figura en un documento de los archivos del gobierno estadounidense fechado en 1950 y exhumado por Stonor Saunders: "Todo esfuerzo o movimiento organizado empleado por una nación, excepto el combate, que comunica ideas e información con el propósito de influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamiento de grupos extranjeros, de manera que apoyen la consecución de los objetivos nacionales".

Persuasión encubierta

Se entendía que la propaganda más efectiva era aquella en la que "el sujeto se mueve en la dirección que uno quiere por razones que piensa que son propias". Teniendo en cuenta estos presupuestos, cabe deducir que la esperanza real que los Estados Unidos depositaron en iniciativas propagandísticas como la emisora de difusión mundial La Voz de América –creada en 1942 como réplica a la soviética Radio Moscú– era insignificante. La táctica sería otra: urdir campañas de persuasión encubiertas; la "voz" de América solo podría adquirir influencia si se confundía con la que elevaban públicamente los intelectuales europeos y su timbre no debía parecer impostado, era preciso que sonase como la expresión espontánea de sus opiniones.

El Congreso por la Libertad Cultural, organizado por el agente de la CIA Michael Josselson entre 1950 y 1967, fue el acto central de la inmensa operación de propaganda secreta desplegada en Europa.

Ingenuos y conscientes

Decenas de millones de dólares fueron destinados a financiar ediciones de libros y revistas culturales –Der Monat, Preuves y Encounter–, a organizar conferencias y exposiciones. Las grandes fundaciones norteamericanas –Ford, Rockefeller– colaboraron en la campaña, también museos como el MoMA, que promocionó el expresionismo abstracto como contestación al realismo socialista.
Algunos intelectuales ni siquiera fueron conscientes de ser utilizados, cooperaron con total ingenuidad; otros, a sabiendas. En cualquier caso, la nómina de los reclutados es larga e incluye, entre otros, los nombres de Arthur Koestler, George Orwell, André Gide, Bertrand Russell, T.S. Elliot, Isaiah Berlin, Raymond Aron, Jacques Maritain, André Malraux o Igor Stravinsky. Y al contrario, ciertos autores –algunos ya censurados en su día por los nazis– fueron expurgados de las listas de libros que el Departamento de Estado enviaba a bibliotecas europeas: así, por ejemplo, Thomas Mann, Herman Melville, Sigmund Freud, John Reed o Henry David Thoreau.

Prolija y elocuente

Entre 1966 y 1967, la revista Ramparts y The New York Times publicaron amplios reportajes de investigación sobre los programas culturales clandestinos de la CIA. La Agencia había hecho todo lo posible para impedir que saliesen a la luz aquellas revelaciones que atentaban contra el secretismo que necesitaba su programa. En poco tiempo, tuvo que ser desmantelado.

La exhaustiva investigación llevada a cabo por Frances Stonor Saunders permite a la autora componer una prolija y elocuente descripción de los métodos empleados por la CIA; su potente capacidad narrativa invita al lector a reflexionar sobre los efectos que tuvo aquella política intervencionista: "¿Distorsionó la ayuda económica el proceso según el cual se manifestaron los intelectuales y sus ideas? ¿Acaso las reputaciones de los intelectuales salieron consolidadas o robustecidas al pertenecer al consorcio cultural de la CIA?".

Colosales proporciones

La copiosa documentación que ofrece la obra revela las colosales proporciones que tuvo la verdadera batalla que se libraba en aquellos años de la Guerra Fría, en aquel mundo que, según la metáfora que encontró el historiador Pierre Miquel para describir el maniqueísmo imperante, era un "mundo en blanco y negro". La Guerra Fría fue, quizás antes nada, una guerra propagandística. El presidente Dwight D. Eisenhower lo explicó ahorrándose eufemismos: "Nuestro objetivo en la guerra fría no es conquistar o someter por la fuerza un territorio. Nuestro objetivo es más sutil, más penetrante, más completo. Estamos intentado, por medios pacíficos, que el mundo crea la verdad. La verdad es que los americanos queremos un mundo en paz, un mundo en el que todas las personas tengan oportunidad del máximo desarrollo individual. A los medios que vamos a emplear para extender esta verdad se les suele llamar ‘guerra psicológica’. No se asusten del término porque sea una palabra de cinco sílabas. La ‘guerra psicológica’ es la lucha por ganar las mentes y las voluntades de los hombres". John F. Kennedy lo corroboró: "El enemigo es el sistema comunista en sí: implacable, insaciable, infatigable en su pugna por dominar el mundo. Esta no es solo una lucha por la supremacía armamentística, es también un lucha por la supremacía entre dos ideologías opuestas: la libertad bajo un Dios y una tiranía atea".

¿En nombre de la libertad?

Una lectura paralela de La CIA y la guerra fría cultural de Frances Stonor Saunders y de El fin de la inocencia. Willi Münzenberg y la seducción de los intelectuales de Stephen Koch evidencia la naturaleza esencialmente totalitaria de la propaganda. Cualquiera que sea su signo político, sus armas y tácticas están siempre al servicio de la filosofía que predica que el fin justifica los medios.

Según Stephen Koch, es muy posible que Willi Münzenberg creyese honestamente que mentía en aras de la verdad que representaba la revolución soviética; según Frances Stonor Saunders, la CIA practicó una política intervencionista que alteró la libre circulación de ideas. ¿Conspiró en nombre de la libertad? No, concluye, en aras del imperio; y el imperio es el otro nombre de la verdad americana de la que hablaba Eisenhower.


Frances Stonor Saunder
Frances Stonor Saunder
Frances Stonor Saunder
Los ‘clubes de inocentes’ de la CIA
Traducción de Rafael Fortes
Debate, 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

La pesadilla de ser mujer bajo la ocupación nazi


A principios de la década de los 40 del siglo XX la vida de muchas mujeres soviéticas se convirtió en una pesadilla de la noche a la mañana. El enemigo invadió su patria, el marido partió al frente, los padres ancianos y los niños pequeños se quedaron sin sustento. La supervivencia de la familia pendía de un hilo.
Para proteger el hogar y evitar que sus seres queridos murieran de hambre, muchas aceptaron (o fingieron aceptar) las reglas de juego del enemigo.

Los territorios ocupados de la URSS se llenaron de militares alemanes, letones, estonios, finlandeses, húngaros, rumanos, italianos y españoles.

Flirteo, por una parte, y abusos sexuales, por otra. Las lugareñas sintieron en carne propia diversas maneras de interacción que elegía el enemigo.

Según el historiador Boris Kovalev, los soldados más crueles eran los efectivos de los llamados destacamentos punitivos de Letonia y Estonia. Los finlandeses también destacaron por su brutalidad en las relaciones con las mujeres soviéticas.

En el otro extremo se situaban los españoles de la “División Azul”. Fueron los “mejores” por el trato que tuvieron con la población local. Muchos se casaron con muchachas rusas y, una vez terminada la misión, regresaron con ellas a España.

Entre alemanes “había de todo” aunque Kovalev destaca el cinismo de la cúpula castrense germana y su pragmatismo en la gestión de las relaciones entre sexos.

Nada más llegar a los territorios ocupados, el comando alemán ordenó la apertura de burdeles en casi todas las localidades bajo su control. Para reclutar a las futuras “trabajadoras del amor”, se organizaban “castings” entre las jóvenes locales. Y aunque la mayoría de la población se escandalizó solo con leer los respectivos anuncios, hubo también quienes accedieron a prestar sus servicios en estos establecimientos.

¿El motivo? Son varios, según Kovalev. Pero el principal, las ganas de sobrevivir.

En todo caso, el historiador aconseja no juzgar a las que, en aquellas condiciones desastrosas, se vieron empujadas hacia algo que jamás habría pasado por su cabeza en tiempos mejores.

Además de mujeres que aceptaron voluntariamente la vida en un prostíbulo, las hubo quienes hicieron valer sus armas femeninas para el espionaje. En su caso, los fines eran bien definidos: recoger información secreta que permitiera atacar al enemigo y salvar vidas de ciudadanos soviéticos.

Eran muchas. Trabajaban en la clandestinidad. Para sus compatriotas eran “fulanas” o “pastoras alemanas”. Pero los datos que conseguían no tenían precio. Y eso les compensaba.

Aun así, el destino de estas mujeres solía ser trágico. Después de expulsado el invasor, algunas fueron linchadas por vecinos que ignoraban su verdadera misión.

Aparte del desprecio de la gente, las espías muchas veces tropezaban con la incomprensión e ignorancia por parte de los servicios secretos de la URSS. Eran frecuentes los casos de fusilamiento o confinación a los campos del GULAG de agentes encubiertas, si no demostraban a tiempo que su “relación” con el enemigo formaba parte de un plan diseñado por el servicio de la inteligencia.

Nada más invadir la URSS, los nazis comenzaron una campaña de propaganda en los territorios ocupados.

Difundían folletos y artículos sobre la opresión de las mujeres durante el gobierno de los comunistas. La mujer es una mártir y heroína que se vio obligada a olvidar su papel de madre y ama de casa para asumir una enorme carga laboral y convertirse en un instrumento de trabajo, afirmaba la propaganda.

Los escritos nazis denunciaban la pasividad de los rusos ante la “destrucción” de sus familias por culpa de judíos que iban levantando cabeza y se mezclaban impunemente con la población autóctona.

Las uniones matrimoniales entre los lugareños fueron sometidas al férreo control de los que se creían “nuevos dueños” de los territorios ocupados.

Como era de esperar, se prohibieron los matrimonios con judíos y las bodas por la iglesia, a menos que antes se registrara la unión ante la autoridad civil correspondiente.

Antes del enlace, los novios estaban obligados a divulgar la noticia, por si alguien quería denunciar el futuro matrimonio ante el nuevo régimen, por ejemplo, cuando uno de los novios quería ocultar su identidad judía o no había alcanzado la edad matrimonial.

Si los enamorados conseguían superar todos los obstáculos, su unión se oficializaba y la mujer obligatoriamente adoptaba el apellido de su esposo.
El divorcio estaba muy mal visto. El consentimiento de ambos cónyuges para romper la unión no se consideraba una justificación para poner fin al matrimonio.

Al mismo tiempo, si las partes lograban demostrar la imperiosa necesidad de separarse, había que indicar por culpa de quién se ponía punto y final en la historia del amor, y luego el “culpable” se privaba del derecho a segundas nupcias.

Vastos territorios soviéticos, principalmente en el oeste del país, permanecieron bajo la ocupación nazi de uno a tres años en los inicios de la década de los 1940 hasta que las tropas del Ejército Rojo los liberaron.


Por Anush Janbabyan

Ria Novosti

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